Volver

“A Manizales le hace mucha falta un teatro que se ubique en contextos sociales”

Por: Quehacer Cultural

Fecha de publicación: 17/06/2025

En un gesto de amistad, cariño y colegaje, dos talentosas profesionales del teatro de largas trayectorias vitales y artísticas: Liliana Hurtado Sáenz, directora, actriz, pedagoga, gestora cultural y además dramaturga; Yolanda Arias Gómez, directora, actriz, pedagoga, gestora cultural y además bailarina;  se juntaron para poner en escena la obra “El ojo de la casa”, bajo  la dirección de Yolanda y la dramaturgia y actuación de Liliana, producción del Grupo de Teatro El Escondite y La Esfinge Teatro de Ilusiones.

“Hicimos una alianza muy femenina desde la solidaridad y la confianza. Teníamos muy claro para dónde íbamos,  se fue dando de una manera muy fluida, sobre todo porque no hay una dirección vertical, todo es muy conversado, muy creado entre las dos, muy de ponernos de acuerdo. Nunca habíamos trabajado juntas, pero venimos de la misma escuela que es la creación colectiva, del trabajo en grupo, del probar y de renunciar y de equivocarse una y otra vez, de no saber cómo empezar, pero ir buscando ese empezar entre las dos, en la dramaturgia del actor, en el ojo de la directora”.

En la reseña de “El ojo de la casa”, obra escrita por Liliana Hurtado hace 15 años, en la época de los falsos positivos, se lee: “Una mujer que pierde a toda su familia en hechos violentos de la Colombia actual, decide emprender la búsqueda de sus dos hijos desparecidos, luego de verse obligada a abandonar su tierra tras el asesinato de su marido. Con su ladrillo a cuestas como reflejo de su propia historia, buscará incesante la verdad”.

¿Por qué decidieron llevar a las tablas una obra con dramaturgia de Liliana?

Liliana. Primero que todo porque nos conocemos desde hace mucho tiempo y siempre hemos estado muy cerca, porque compartimos este oficio, porque nos hemos visto la una a la otra, mientras Yolanda era estudiante yo era su profesora y siempre fue una estudiante aventajada. Hemos estado muy cerca, además siempre habíamos tenido la idea de trabajar juntas, pero no se había dado la oportunidad. Creo que lo fundamental en esta relación es la confianza mutua, de vernos la una a la otra en la movida teatral y saber quiénes somos, no necesitamos preguntarnos qué somos, sino que a partir de lo que nos hemos visto, sabemos quiénes somos.

Yolanda. Yo conocí a Liliana desde antes de ingresar a trabajar en la Licenciatura en Artes Escénicas en la Universidad de Caldas, ella trabajaba en las Casas de la Cultura y conversamos, me pareció una mujer fantástica, y luego nos encontramos en el campo de la enseñanza del teatro y participamos en “Shakespeare a todo color”, obra dirigida por el maestro Carlos Sánchez.

Ahora hablemos sobre la determinación de asumir el montaje de una obra tan dura, fruto de uno de los episodios más dolorosos de este país como han sido los falsos positivos

Liliana. Yo considero que a Manizales le hace mucha falta el teatro que se ubique en contextos sociales. Hemos sido timoratos en los últimos tiempos en cuanto a montajes fuertes, en donde sin tapujos se hable del hecho social y político. Ya es urgente que se pongan muchas puestas en escena de estas temáticas, porque es lo que estamos viviendo día a día. Lo importante es que no se convierta en un panfleto simplemente, sino que el tema sea entendido desde la estética, sea la línea de teatro que sea.

Yolanda. Este texto está dentro de un conjunto de textos creados por Liliana, una escritora que le está aportando mucho a la nueva dramaturgia colombiana. Para ella es un reto muy grande que como dramaturga actúe su propia obra, una distancia que tiene que tomar con respecto al texto, siendo ella actuante.

Es una obra al mismo tiempo que conmovedora muy poética, ¿ustedes dos en su condición de  mujeres y desde el protagonismo del montaje, cómo asumieron el dolor de las madres buscadoras que también experimentamos como espectadores?

Liliana. Fue un proceso muy interesante. Creo que también derramamos lágrimas, porque realmente esta obra nace del dolor, de la rabia, de la indignación, pero también nace de un dolor personal. Cuando yo empecé a trabajar con Yolanda en la obra, estaba acabando de salir de un duelo muy fuerte, muy fuerte, que fue la pérdida de mi amigo Carlos Sánchez, que para mí significó perder un pedazo de mi vida. Y creo que ese fue un motor muy importante, porque con Yolanda entendemos que uno tiene que transformar el dolor, el dolor no se puede quedar ahí adentro, sino que toca transformarlo, y qué mejor homenaje para este hombre de teatro, para este amigo entrañable, que transformar ese duelo en una obra artística. Ese fue un motor que impulsó, pero no de forma negativa sino de una forma muy positiva, con mucho valor, con la certeza de que el dolor no puede causar más dolor, sino que se tiene que transformar en hechos artísticos. Hubo mucha hermandad en eso. Esta obra tiene un valor importantísimo y es la alianza femenina.

¿Cuál fue el reto fundamental para la puesta en escena de “El ojo de la casa”?

Liliana. El reto fundamental, como sucede en las obras en las que se habla sobre el acontecimiento social, es encontrarle poesía al horror, y creo que eso fue lo que nosotras logramos. Primero que todo, la confianza que Yolanda puso en mí como actriz y la confianza que yo puse en ella como directora, porque hubo mucho respeto, en el sentido de que yo, que también soy directora, nunca hubiera montado la obra como la montó Yolanda. Por obvias razones, porque uno tiene una forma de crear un poco diferente, pero Yolanda me proponía, me iba convenciendo, o sea, yo fui muy juiciosa. Yo, así como respeto el campo de la dirección, de la dramaturgia y en la actuación, he aprendido que uno tiene que conversar con su director y llegar a acuerdos mutuos y creerle para dónde es que va.

Un elemento escénico muy significativo es la presencia protagónica de un ladrillo. ¿Es una metáfora inserta en la obra a propósito?

Yolanda. Es un ladrillo que Liliana guarda hace mucho tiempo, ya lo había traído a un festival de literatura. No lo agregamos en la producción, ella lo trajo, ya tiene la pátina del tiempo y una energía impresionante; en ese sentido el espacio tenía que hablar para que tuviera relación con ese ladrillo. Es protagonista la madre buscadora, pero el ladrillo es el objeto que se entroniza, siempre los desplazados tienen algo que los identifica, y en este caso es el ladrillo que es la metáfora de la casa y la tragedia de este país. Es la síntesis de su universo.

Liliana. Yo digo que los objetos son metonímicos, es decir, que son la parte por el todo. Un ladrillo no es el ladrillo, es su casa. El lazo que está ahí no es el lazo, representa toda la tortura, y se vuelve muchas cosas, y cada una tiene un elemento, son elementos básicos y entran a ser determinantes en ciertas escenas. Hay objetos que ni siquiera nosotros nos damos cuenta de que están tan permeados. Por ejemplo, la madre, cuando acaban de matar al marido saca del bolsillo dos ganchos y dice, ¡y mis muchachos! Una vecina mía que vio la obra me dijo, muy bien pensados para lo que estaban representando porque los hijos son los ganchos de uno. Y nosotras no los habíamos pensado así, fue la lectura de una espectadora. Eso es lo hermoso, es el poder de esos objetos, claro, ¿qué más ganchos tiene uno en la vida que los propios hijos? Es una cosa increíble, el espectador incluso hace lecturas superiores a las que uno hace, y ese el poder del arte, el arte nos atraviesa.

Yolanda. No podemos caer en un panfleto, lo fundamental es que exista la metáfora, en tanto exista la metáfora, en tanto existan objetos con significados, hay otras lecturas. Por ejemplo, la de la espectadora vecina que empieza a mirar ella misma qué elementos privilegia para sus referentes personales.

Liliana, quien es la autora del “Ojo de la casa”, ¿cómo se sintió actuando su propia obra?

Lo que pasa es que yo nunca me he alejado del oficio de la actuación y primero que todo me encanta, me parece un arte que es de funámbulo, es estar uno al borde de la navaja, y es esa sensación lo que siempre me ha gustado de la actuación. Los actores siempre decimos que nos jugamos la vida en el escenario y es cierto. Nos gusta el riesgo y cuando se trata de un monólogo es mayor. Es como subirse a un tobogán y lanzarse y ya no tiene vuelta, sálvese como pueda. Requiere mucha destreza, lo mismo que ocurre en la vida. Yolanda me insistía que respetara el texto,  respeto total a Yolanda como directora. Yo la verdad me olvidé de que soy la autora, como si la obra fuera de otra persona y me dediqué a la actuación porque también quería hacer un trabajo diferente, quería rescatar esa cosa de lo campesino, no tenía ni idea que iba a emular el acento cundiboyacense, inspirada en mi abuela y en mi madre que son de esa región.

Y Yolanda ¿cómo se sintió dirigiendo a Liliana?

En la dirección una cosa muy importante, que creo se debe tener en cuenta, es también mucho respeto por lo que hace el actor, porque el actor, por lo menos en la creación colectiva, no es un sujeto pasivo, como en otros métodos donde el director lo resuelve todo. Una mujer que está criada y amamantada en la creación colectiva, obviamente tiene el hábito de hacer dramaturgia de actor, o sea, Liliana hizo dramaturgia de texto e hizo dramaturgia de actuación, entonces fue muy fácil porque era dejarla sin decirle nada, irla llevando, irle armando ritmos a su actuación, y eso es de mucho cuidado. Todo fue absolutamente natural, era como dejar fluir todo, dejar hablar el espacio, dejar hablar los elementos, dejar hablar a la actriz, dejar hablar el texto, todo se dio con mucha tranquilidad,

Liliana. A Yolanda le fascinan los detalles, y uno le copia porque hay directores que lo dejan a uno resolver un montón de cosas, no, ella es detalles, detalles, detalles y eso es muy femenino.

Nota: Las dos fotos de Liliana Hurtado son de Simón Marín. La de la portada del Teatro El Escondite.