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Al amor y al viento

Por: Javier Humberto Arias O.*

Fecha de publicación: 21/04/2026

Poesía de José Rodrigo Zuluaga Gómez

Desde el instante en el que recibí la generosa invitación de Rodrigo para la presentación en Manizales de su libro de poesía titulado “Al amor y al viento”, tuve la sensación de emprender un hermoso viaje llevado por la fuerza sutil de los vientos de la amistad.

Conocí a Rodrigo, primero, a través de sus hermanos y hermanas, un caso muy singular de una familia en la que se fue hilando una red de personas con vocación intelectual y sensibilidad artística. La agradable conversación de su padre Don Víctor y la fortaleza y ternura maternal de doña Heroína, seguramente son los pilares de estos ambientes creativos.

Al finalizar los años setenta del siglo XX, Víctor Zuluaga y yo éramos compañeros de ensayos en el Teatro Popular Manizales “T.P.M”, allá en la sede del Galpón de Bellas Artes. Eran frecuentes las referencias que Víctor me hacía de su hermano acerca de su reciente historia teatral en Manizales y luego su partida a la ciudad de Medellín.

Posteriormente, Rubén Darío Zuluaga cuando también pasó por el T.P.M, me reiteraba aspectos del accionar de Rodrigo en el teatro manizaleño, por allá en el año 1969 con el grupo de teatro del que hizo parte junto a otros jóvenes de aquella época como Oscar Jurado, Orlando Sánchez, Edilberto Zuluaga y Judith Valencia, entre otros.

Después el establecimiento de su residencia en la ciudad de Medellín en compañía de Julia Reyna, su esposa, mujer de alta sensibilidad y formación humanista y como cosa rara, con esa indeclinable pasión por el mundo lecto-escritural. Posteriormente, su ingreso a la Universidad de Antioquia graduándose en la carrera de Bibliotecología y luego su desempeño profesional, primero como director de la Biblioteca del Centro Colombo- Americano y más tarde en la dirección de la Biblioteca Departamental de Antioquia. Y mejor no pudo ser. Este logro profesional le permitió un encuentro a fondo con su vocación de escritor en campos como la narrativa, el ensayo, la dramaturgia y la creación poética. Desde luego, su vinculación al medio teatral de Medellín. Y Edilberto, recientemente me ratificó los albores teatrales de Rodrigo y su incidencia en un histórico Movimiento Sindical Obrero en Manizales, en los inicios de los años setenta, conocido como “la huelga de la fábrica de tejidos Única” y que dejó huellas en jóvenes estudiantes, obreros, líderes sociales, artistas e intelectuales de nuestra ciudad, en momentos en que corrían los vientos del Arte y el Compromiso Político, de manera particular la práctica del teatro como “ agitación política, un medio para eliminar la falsa conciencia…” . Eran los tiempos de las corrientes del Teatro Pobre de Jersey Grotowski y del Teatro Dialéctico de Bertolt Brecht.

En años más recientes, mi compañerito en el Teatro Portátil, Jairo Gómez Hincapié, quien, a su vez, ha sido uno de los hilos fundamentales de la buena amistad con Rodrigo, me compartió una nueva obra del autor, la novela histórica El Sargento Buenaventura, de fecunda y fina escritura. Desde allí, se intensificó una especie de amistad epistolar a través de su obra literaria y dramatúrgica.

Así pues, el nuevo gesto de amistad que Rodrigo me ha otorgado para presentar su nueva creación poética me permite compartirles aspectos de su trasegar que, en su actual madurez vital, testimonia su capacidad creadora, con el cuidadoso sentir poético contemplativo, plasmado en el libro en la forma original “al amor y al viento” como un hilo universal, provocación y desafío para continuar tejiendo amistad y como él lo expresa “seguir escribiendo poesía porque ella nos salvará, no sé de qué, pero nos salvará”. Su poesía, es el testimonio de un autor que tiene la capacidad de la aprehensión y que no se siente extraño en el entorno, en su cotidiano estar con el mundo y con los otros, gracias a la sensibilidad y asombro que dan sentido creador al diario vivir, ese querer “comerse a versos el mundo”.

El poemario “Al amor y al Viento”, editado por Vásquez editores, Medellín, versión Noviembre de 2025, carátula de Pedro Canon, se convierte en reto y rebeldía a partir de su primer poema titulado Esencia. Veamos una de sus líneas:

El viento es aire,
va de viaje,
como el amor,
no los puedes ver.

Desde la misma carátula, el libro advierte los grises, entreverados en los pequeños blancos y fondos negros de la dualidad humana inseparable entre el eros y el tánatos, esa pugna existencial o conflicto que abraza y desgarra, que ata y desune, que se esfuma y permanece, que siente y razona, congrega y disuade; que permiten buscar y dar sentido al diario vivir. Y aquí el asombro de su poesía: La imagen de no separar lo inseparable. La levedad del viento y gravidez del amor. Aparece esa lucha de contrarios, la sonoridad de las fuerzas incontenibles que emergen de las profundidades misteriosas del sentimiento y que afloran en el alma de un poeta, como bien nos lo recuerda el clasicismo del Siglo de Oro Español de Don Pedro Calderón de la Barca en el célebre monólogo de Segismundo, de la obra La Vida es sueño: “…pues estamos en un mundo tan singular , que el vivir solo es soñar; y la experiencia me enseña que el hombre que vive sueña lo que es hasta despertar.”

En el poema Contienda, ahora es Don Rodrigo Zuluaga Gómez, igualmente, quien nos pone ante el poder de los sueños que crea el amor frente al fracaso o caída, veamos:

“Reventaste con fuerza,
aunque me estrellaste,
no perdí mi altura,
abatirme no pudiste.”

En los poemas de esta nueva obra, se percibe la calidez de un suave viento en imágenes que llevan entre otras, a visitar meandros exquisitos de lirismo clásico o recónditos lugares de la memoria, la cotidianidad y el diario vivir, elementos esenciales y por eso frecuentemente invisibles en los mundos de la realidad y los de su potencialidad, que cobran vida y sentido en el mundo del sentimiento poético: la naturaleza y la vida, la nostalgia, el amor penetrante, la alegría, el olvido, la juventud, la vejez y la caída inevitable, entre otras sensibilidades y formas poéticas. Permítanme ilustrar esta feliz coincidencia, con un texto de Safo de Mitilene o Lesbos (S. VII-VI a.c), escrito hace unos dos mil seiscientos años:

“Amor ha sacudido mis sentidos,
como el viento que arremete en el monte a las encinas.
El viento, que lleva tu voz,
traza caminos entre olivos y mares,
y me llega a mí, susurrando tu nombre.
Mi corazón late al compás de su paso,
y cada ráfaga trae tu ausencia y tu deseo”.

Así mismo, “Al amor y al viento”, poemario que en sus veintisiete poemas Al amor, primera parte y sus veintiocho poemas Al Viento, segunda parte, crea esa pareja o tercer sujeto del amor humano. Quizás, ese sea el objeto perdido, esa furia de los vientos que lanza a los enamorados a sus búsquedas o a la apacibilidad de la ternura de los vientos que los hace esperar y permanecer. Deja el poeta de manera implícita el diálogo entre estos dos elementos, dándoles una personificación, apareciendo así, el Dramaturgo o “artesano de la imaginación”.

El libro transcurre a través de versos limpios, pacientes y breves. Sus cúspides son la contemplación y la profundidad de las fuerzas que luchan en el sentimiento profundo de formas que solo son posibles en el mundo poético del asombro y la simpleza elaborada. Rodrigo aparece con la sapiencia de quien ha aprendido a trasegar deteniéndose en los recodos del camino con serenidad para recoger una buena cosecha de las horas bien vividas, como bien ha quedado constatado en el siguiente fragmento del poema “Volar”:

Aprendí a volar alto
como vuela el cóndor
para circundar
los montes nevados

Pero, para volar, el amor y el viento ponen sus reglas: El amor reclama ser escuchado y el viento viaja en el ruido, como lo plasma el final del poema Amor y Viento, al terminar el libro:

“El amor se oye
si el viento no hace ruido”

No renuncia a su poder de enunciación, está la intimidad de un instante, la contemplación, a la manera de los versos sáficos representando emociones con imágenes de la naturaleza. El viento interfiere como elemento natural con la percepción del amor, los ruidos externos (el mundo, las distracciones) paradójicamente, impiden percibir los sentimientos.

El poema Injusticia, por ejemplo, conmueve por la simpleza contemplativa, la fugacidad de la imagen desnuda y potente, el instante de creación poética como si fuera una imagen escaneada de las fuerzas, relaciones y tensiones a través de su propia forma:

“Una hormiga desea subir al cielo
por el tallo de un árbol.
Una nube brillante quiere ser eterna…
Dios debería proporcionar estos caprichos,
sería más justo”

Rodrigo Zuluaga. en sus poemas, deja la impronta de algunas de sus profundas orillas de enunciación creativa como las siguientes: “en una edad madura, lo acostumbrado es no cantarle al amor sino al desamor”, “mi Poesía no es intelectual”, o mejor aún, nos comparte su aproximación a la antipoesía, según él, para “observar y definir ciertos conceptos o contemplar”. Rodrigo exalta la obra poética de quienes considera sus más apreciados maestros: Juan Gelman y Nicanor Parra. Pero, además, el interés que últimamente le despierta su colega, ya desaparecido, el poeta Roberto Juarroz.

Abramos entonces la grata conversación con José Rodrigo Zuluaga Gómez, el poeta que de niño, en el colegio de su amado pueblo natal Aranzazu, alguna vez recibió como castigo, por una inocente pilatuna escolar, el tener que presentar en varias izadas de bandera la biografía de un prócer de la historia de Colombia; después, el joven que en su casa reunía a hermanos y hermanas a escuchar las declamaciones de los poemas del Indio Rómulo, o que en bellas sesiones artísticas o Veladas en el teatro de Aranzazu, era escogido para las actuaciones por su buena estatura y ser buen mozo.

Hechos simples y trascendentes, constituyen serendipias o felices hallazgos, como en este caso, el descubrimiento a esa temprana edad de Rodrigo, el humanista y causante de que muchos amigos de infancia y juventud torcieran su camino de una cultura del determinismo hacia el éxito, por el siempre transgresor camino del Caos y la Incertidumbre, senderos de la pasión y el sentir poético frente al mundo y sus maravillas, sin abandonar esas curiosidades espontáneas y existenciales que como el amor, hace recordar a los seres humanos el inacabamiento como reto y utopía. Y, por otra parte, la vida como un delicado e irrepetible viaje en las alas del viento con osadías y prudencias. Porque como dice uno de sus versos:

“Amor y viento un día se van,
vuelven misteriosos, huidizos”

Hoy, José Rodrigo Zuluaga Gómez, tambien regresa en este poemario “Al amor y al viento”. Sus poemas traen la fuerza del amor, la búsqueda incesante y la potencia de los vientos existenciales. En el fondo esa nostalgia que conmueve al poeta de estas tierras y que mantienen encendida la llama creadora de un hombre con espíritu de trotamundo y que nunca pudo abandonar la magia de la infancia:

“De mi infancia rememoro el columpio,
la veleta, el salto al vacío
del árbol, los clavados en el río,
en el monte suspenderme en el aire,
agarrado de una liana.
De las atracciones mecánicas,
la rueda de chicago, el vértigo de la velocidad.
Del auto rondando por la carretera,
la mano por la ventana,
palpar el viento, sentir su fuerza, su volumen
y no poder llevarlo a casa.”

En el anterior poema titulado Lo Inasible, continúa el viaje de nostalgia, ahora en vientos otoñales con la pasión palpable del amor anidado desde la infancia.

Rodrigo, en su libro “Al amor y al viento”, deja asomar el vuelo del antipoeta que “bajó del Olimpo” como Nicanor Parra, a decirnos: “la poesía murió… el poeta es un hombre como todos” o el hombre que “busca la mano que lo sostenga en este vértigo” o que “elige esta esperanza que come pan”, según Juan Gelman o también aquel poeta vertical que como Roberto Juarroz, aprendió a decir: “Soy el que se va y el que se queda, todo me pertenece y nada es mío.”

Hoy, Rodrigo ha regresado a estas tierras cafeteras que lo vieron nacer, con el roce sutil e intemporal del viento en diálogo amoroso, ahora en forma de narrador protagonista, a decirnos: “Añoro el viento helado de los montes nevados”, conmovedor verso final del poema Mirador, con el que seguiremos tejiendo esos misteriosos hilos vitales del teatro con los del poeta.

Abril 10 de 2026 durante la presentación del libro en Ágora Café Libros de Manizales.