Por: Juano Jurado *
Fecha de publicación: 14/05/2025
Durante el siglo diecinueve, la literatura latinoamericana estuvo basada en el abordaje de temáticas jurídicas, políticas, patriotas y nacionalistas, precisamente, derivadas de los procesos de independencia de las diferentes naciones emergentes latinoamericanas, cada nación, contó con su obra literaria encargada de describir e ilustrar los diferentes fenómenos sociales y culturales que surgieron de los procesos independentistas.
Argentina, no fue ajena a esta dinámica revolucionaria, y a través de diferentes obras literarias se pudieron conocer los sucesos propios del proceso independentista en esta región del sur del continente americano. La constante contienda ideológica y bélica que se dio en territorio argentino, principalmente durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas como líder político de la ideología federalista, en contraposición con la postura liberal representada por los Unitarios. Fue el tema central de obras como El Matadero, Marín Fierro, El periquillo Sarmiento y Amalia.
Por lo anterior, se torna de vital importancia analizar cómo los contextos ideológicos, principalmente en cuanto a la cultura, la política y la construcción de sociedad, influyeron en la producción literaria de la época. Por tal motivo, en este escrito se hará referencia a la obra de José Mármol, para comprender el lugar de enunciación de esta creación literaria.
Aunque se podría concluir que José Mármol es un claro prototipo de lo que Ángel Rama denominaría un letrado; mientras avanzamos en el análisis de la obra podremos identificar que ya se vislumbraba cómo el hombre letrado decimonónico iba siendo permeado por otros conceptos del mismo Rama, donde se logra comprender que el autor ya no estaba delimitado por la ciudad letrada, sino que juega con elementos de las periferias para describir situaciones y dilemas emergentes en la sociedad, independientemente de la ubicación de los sujetos en una estructura cultural, social y política.
Inicialmente, es importante comprender que el tiempo del desarrollo de la novela tiene sus límites temporales entre mayo y octubre de 1840. Tal vez el periodo más sanguinario en el gobierno de Rosas. Este elemento contextual es importante tenerlo en cuenta, porque precisamente de ahí se derivan algunos pasajes descritos por el autor en Amalia, donde hace énfasis en lo cruel y sanguinario del gobierno de turno y de las personas designadas por el gobernante para mantener el régimen federal en ese momento histórico.
Esta obra, es una mezcla de sucesos reales y artificios ficcionales, donde se puede evidenciar una tendencia que iba muy de la mano con la postura de otro letrado como Andrés Bello, quien en su ensayo “La autonomía cultural de América”, propuso una conexión necesaria entre la ficción y la historia. Justamente, esta postura de proponer obras literarias donde la ficción y la historia se fusionan, perseguía una finalidad de construcción de ideales nacionales, en un entorno social donde no había una literatura ni una historia suficiente para la construcción de los nuevos estados latinoamericanos.
Sin embargo, Amalia, es una novela con un tinte más político que histórico, pero se aclara desde el inicio por parte del autor, que los hechos constitutivos de la narración ocurrieron tiempo atrás y fueron conocidos por el narrador a través de un conocido. Es decir, que, aunque en el fondo la obra es política, contiene dentro de sus descripciones momentos históricos que efectivamente hicieron parte de circunstancias acaecidas en 1840.
Otra característica transversal a las novelas del siglo XIX en América Latina, fue la relación que se intentó plasmar todo el tiempo entre el amor y la política. No porque una categoría fuese dependiente de la otra, sino que fueron utilizados para idealizar conceptos fundamentales en las naciones emergentes como lo eran el patriotismo y el nacionalismo. Esto generó que se produjeran relaciones indivisibles entre literatura y legislación, y entre lo erótico y lo político.
Por lo anterior, se hizo indispensable en las redacciones de las novelas patrióticas latinoamericanas la utilización retórica del erotismo. Se construyó entonces un concepto de romanticismo que iba más allá del concepto de tendencia literaria y transversalizaba incluso las relaciones íntimas de los asociados. En palabras de Doris Sommer refiriéndose a esas ficciones fundacionales en América Latina: “Por romance entiendo la intersección entre nuestro uso contemporáneo del vocablo como historia de amor, y el uso del siglo XIX, que distinguía el género como más alegórico de la novela.”
En conclusión, las relaciones amorosas representaban los ideales patrióticos. Bajo esa dinámica, la literatura presentaba las pasiones domésticas como triviales frente a los imaginarios patrióticos. Pues si fracasaba la patria, podría fracasar cualquier amor. Incluso, las relaciones amorosas eran un reflejo de las disonancias ideológicas de la nación emergente.
Definitivamente, se trataba de plasmar una alegoría: amor y nacionalismo; amor y patriotismo. Alegoría que no permitiera una simple relación entre significados, sino que generará una comunicación mutua entre los símbolos, el significado y la resignificación si era necesario. En palabras de Benjamin: “la alegoría es sensible a la dialéctica entre la expresión y el significado”.
* Músico, compositor, abogado y docente universitario. Especialista en Investigación Criminal y Magíster en Derecho. Doctorando en Literatura.