Por: Martín Rodas *
Fecha de publicación: 29/10/2025
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Mi querido amigo el historiador y geógrafo Luis Gustavo de los Ríos, me ha enviado la siguiente carta comentando la última columna “Campos de exterminio”. Titula esta correspondencia como “Apreciaciones con afecto” y yo la denomino una “cátedra magistral de historia y geopolítica”, en la cual él realiza un análisis profundo sobre el sionismo y precisa algunas ideas expresadas en mi texto. Agradecimientos a Lucho por este valioso aporte:
Creo, Martín, que lo hablamos en algún momento. Mi hermana menor vive hace cerca de tres años en Israel. Trabaja con una familia judía de origen argentino. Con ella compartimos nuestras percepciones y análisis de la situación. Su condición de inmigrante no la inhibe de un entendimiento crítico y objetivo de las condiciones políticas y económicas que permiten que este país se constituya en el mayor agresor en esa zona del Levante Mediterráneo. Me reitera siempre que el gobierno actual de Israel no cuenta con el apoyo masivo de la población. Son frecuentes las marchas de rechazo a la política imperialista, que responde a intereses globales de una geopolítica dirigida por Estados Unidos; marchas y protestas que nunca veremos en los noticieros nacionales.
En las redes sociales son frecuentes las conferencias y charlas en las que judíos de distintos orígenes rechazan este genocidio y reconocen el derecho palestino a una nación.
Recuerdo que en mi época de estudiante en la universidad tuve la oportunidad de ser anfitrión de una delegación conjunta, conformada por palestinos y judíos, que estuvieron en gira por el país hablando de este conflicto.
Eso me lo reitera mi hermana: la solidaridad judía es notable. Claro que el Estado sionista no permite el envío de ayudas.
El actual Estado-nación de Israel, fundado sobre el principio nacionalista, está gobernado mayoritariamente por el sionismo y sus distintas fracciones como la laboralista (asociada a figuras como Golda Meir).
El sionismo surge en Alemania a finales del siglo XIX, a la par de otros movimientos nacionalistas, principalmente en este país e Italia, como consecuencia del fraccionamiento de los imperios europeos (en este caso, el austrohúngaro). Simultáneamente, otras corrientes como el socialismo y el liberalismo crecen con la consolidación de las naciones europeas y el ocaso de los imperios monárquico-militares.
El sionismo, desde su origen, es un movimiento internacional, y su columna ideológica es el nacionalismo; esto define su origen común con otros nacionalismos, como el nacionalsocialismo nazi alemán y fascismo italiano.
En su estructura ideológica y principios programáticos, todo nacionalismo es imperialista.
Y su primera definición imperial es la construcción de un Estado-nación en un territorio que no les pertenece, a su vez que la aplicación de una política expansionista.
Los principales líderes creadores del sionismo se caracterizan por ser grandes industriales, comerciantes y banqueros en diferentes países europeos y Estados Unidos; en este país llegaron, incluso, a manejar la Reserva Federal. Es decir, formados en países con larga trayectoria imperialista fueron quienes patrocinaron las primeras migraciones judías (aliyás) al territorio Palestino. Recordemos que todo el Levante Mediterráneo se encontraba bajo dominio otomano a principios del siglo xx. Fueron los turcos los que le vendieron parte de las tierras palestinas a los sionistas migrantes. Esta transacción comercial, además de las invasiones, facilitaron los asentamientos.
En una primera conclusión podemos afirmar que tanto el origen como el posterior desarrollo de Israel como Estado están ligados a unas condiciones político-económicas marcadas por el surgimiento de los nacionalismos y sus expresiones imperialistas. Fue Inglaterra quien dominó el territorio una vez se retiraron los otomanos, y fue ella quien, prácticamente, les entregó el territorio a los sionistas.
Desde sus inicios, este movimiento ha soportado grandes corrientes opositoras al interior del judaísmo. Su primer gran cisma fue el rompimiento con la cultura rabínica. Se entendía con principios similares al antisemitismo, al negar la condición de nacionales a los judíos nacidos en países distintos de Israel. Solo a partir del Holocausto, como gran patrocinador de las migraciones, logró mayor crecimiento entre estas comunidades.
Difiero, Martín, en la consideración de que Israel sea un Estado judío, entendiendo lo judío como una religión monoteísta de origen abrahámico, compleja y diversa, y a Israel como un Estado-nación, fundado sobre principios políticos nacionalistas
Como bien lo reseña su artículo, faraones, emperadores, reyes, los dictadores nuestros, los demócratas -también nuestros- han utilizado los mitos, creencias y religiones como elemento fundamental en el sostenimiento de su poder. El dominio de las emociones en la población, de sus sueños y esperanzas, será siempre el mayor soporte del establecimiento, incluso más efectivo que la fuerza militar y represiva. “Quien tiene mentalidad de esclavo, no necesita cadenas”.
Una casta rabínica, holgazana y poderosa, controla el ejercicio religioso en Israel; por supuesto, son soporte de este régimen cruel y despiadado.
Pero este país es, ante todo, una nación militar, de moral y ética bélica como principio ciudadano.
Opino, Martín, un poco diferente. Solo a partir del surgimiento del sionismo y su proyecto de Estado-nación llamado Israel, este país incursiona como potencia militar imperialista, despojando de territorio a otras naciones. Actúa como punta de lanza en el oriente del poder occidental -principalmente de Estados Unidos- y como contrapuerta al surgimiento de nuevos imperios igual de violentos, como los rusos, árabes y hasta chinos. Es cierto que sus víctimas son, en su mayoría, de creencias musulmanas, pero no es esta divergencia religiosa la principal causa de estas guerras de dominación territorial.
La historia de la humanidad sería muy diferente, entendiendo la inmensa mayoría poblacional de los Estados de creencias islámicas y de poder económico como Arabia.
Las comunidades judías, temprano en la historia, vivieron dispersas en diferentes países, con crecimientos y decrecimientos de acuerdo con el grado de persecución y desplazamiento por parte de otras comunidades. Nada más feroz y despiadado que el sufrido por la intolerancia de las iglesias cristianas: la inquisición en América Latina y el casi exterminio de estas comunidades en Lima y Ciudad de México.
Lo que más se asemeja a una guerra religiosa en la historia de la humanidad son las cruzadas, propuestas por imperios medievales como Francia: incursiones militares con el apoyo de la Iglesia Católica bajo el pretexto de recuperar la Tierra Santa (lugar del nacimiento de Jesús) del dominio musulmán. Es decir, esta nueva incursión imperialista en la zona palestina tiene una amplia participación del cristianismo. Los cruzados son mercenarios contratados por los grandes mercaderes italianos y franceses para recuperar las rutas de tráfico con Oriente. A cambio, las coronas prometen títulos nobiliarios, tierras, salarios, entre otros. Sin ellas, la consolidación -sobre todo de Italia como potencia comercial mediterránea- no hubiera sido posible. Se monopolizan las rutas y se desarrollan instrumentos de transacción comercial como la letra de cambio y los avales de crédito.
La Iglesia, como gran inversionista, dueña de la economía medieval y el poder político, frota sus manos de ambición y riqueza.
Recordemos, Martín, que la “historia” de los pueblos israelitas (judíos o hebreos), tiene un componente considerable de mito y leyenda, recopilado en numerosos libros que recogen su tradición oral, como el Tanaj, la Torá, el Talmut, e incluso en otras religiones hermanas, como el cristianismo en su Antiguo Testamento y el islam con su Corán.
Es cierto: el sionismo define a los habitantes de su nación como israelíes, no con criterio histórico-religioso (israelitas, hijos de Jacob). En ello hay un principio tácito de pureza de raza. Recordemos que esta ideología tiene su origen común con el nazismo.
Ilustración: “Mapas en los que se muestra una evolución histórica de la disputa territorial entre Israel y Palestina. En algunos de ellos se ve cómo Palestina habría ido perdiendo territorio de lo que llaman “Palestina histórica” desde 1947 hasta la actualidad, de la que ahora quedarían unos pocos territorios disgregados.” (Fuente: https://maldita.es/malditateexplica/20231010/israel-palestina-territorio-mapa/)
* Poeta, anacronista y pintor; editor de «ojo con la gota de TiNta (una editorial pequeña e independiente)».