Por: Ástrid Arboleda Fernández
Fecha de publicación: 08/07/2024
“Hacer lo útil, decir lo justo y contemplar lo bello es bastante para una vida de hombre.
J.S.Eliot
Estando el domingo 30 de junio pasado, en la presentación de la ópera “REGRESO”, obra del Taller de Ópera de la Universidad de Caldas, me enteré del fallecimiento de LEO.
Las amistades con quienes compartía este evento cultural recibieron con pesadumbre, igual que yo, la nota que uno de ellos leyó en las redes sociales. Su deceso ocurrió accidentalmente.
Mi espíritu se inundó de tristeza desde ese momento.
Al asistir a su sepelio, pude corroborar que no solo yo estaba sintiendo su ausencia. Fuimos muchos los que asistimos a despedirlo hacia su viaje sin retorno, acompañando a su esposa, hijos y demás familia.
Posteriormente, pude enterarme del ambiente que rodeó su infancia, las múltiples tareas que aprendió y desempeñó en su adolescencia hasta irse acercando, paso a paso y con ciertas dificultades, al mundo mágico de los libros, al oficio de librero, que se convirtió en su labor habitual y continuó, con mayor ahínco, una vez obtuvo su grado en Administración de Empresas.
Cuando conocí a LEO, trabajaba en la librería “Palabras” y yo, cerca, en el Palacio de Justicia, y desde esa época, fue naciendo en mí un sentimiento de respeto y admiración muy especial hacia su ser, el de un hombre sencillo y prudente, de cálida apariencia al cual su amplia y sincera sonrisa iluminaba aún más su mirada y rostro, siempre tan amable y generoso que hacía lo posible por conseguir el libro que uno quería conseguir. Luego, ya lo frecuentaba en su propia librería que muy acertadamente bautizó “LEO LIBROS”.
En mis caminatas por el sector donde está ubicada la librería arrimaba así fuera para darle un saludo, conversar y tomarnos un tinto que tan gentilmente ofrecía él o su querida familia. Hasta me recibió en consignación unos ejemplares de “ Neblina y Fuego”, mi primer poemario.
¡Cuántos libros comentamos!…¡Cuántos he leído, fruto de esas charlas con él o con algunos de aquellos otros amantes de los libros con los que coincidíamos en su librería, convirtiéndose tal lugar en un tertuliadero!.
No estará ya más mi amigo LEO, con quien compartí ratos, momentos, placenteros y gratificantes.
Con seguridad será extrañado- ya se extraña- por todos aquellos a quienes, con su sencillez y vocación de lector voraz, iluminó el sendero que conduce a sentir amor hacia los libros de todo género, ayudándolos en la decisión de compra del libro que se ajustara a lo buscado.
En ocasiones, al comentar LEO sobre el libro que estaba leyendo o el que ya había terminado, sacaba su celular, buscaba algo y leía lo que era de su interés, compartiéndome que de algunas obras-no sé si de todas las que leía- tenía por costumbre hacer un pequeño resumen para ayudar a su memoria.
¡Cuán valioso sería una recopilación de dichos apuntes!
Tengo que confesar que siento profundamente la partida de un buen amigo de la palabra, se me ha ido un gran amigo, sencillo y sincero, un ser auténtico, con su don de gentes, ejemplo de honestidad y de lo que significa ser un hombre intelectual y serio, mi amigo LEO, de quien solo tras su partida, me enteré de su nombre completo, JOSÉ LEONEL OROZCO BOTERO.
LEO cómo resulta de aplicable a tu vida la hermosa frase plasmada al inicio de este escrito, del famoso poeta y crítico literario británico-estadounidense.
Amigo LEO: permaneces – permanecerás- en los corazones de quienes tuvimos la fortuna de conocerte.
Manizales, julio 7 de 2024.
* Poeta.