Por: Uriel Giraldo Álvarez
Fecha de publicación: 03/05/2026
El escritor Uriel Giraldo Álvarez, presentó el 24 de abril pasado su segunda novela “Ayer Acaso”, en compañía del profesor de literatura en la Universidad de Caldas, Carlos Andrés Colorado. Esta obra fue publicada dentro de la colección de escritores caldenses de la Secretaría de Cultura de la Gobernación de Caldas y la Red de Bibliotecas Públicas. Uriel Giraldo Álvarez, es además poeta con varios libros publicados y codirector, con Yolanda Arias, de la sala de teatro El Escondite. “Ayer Acaso” posee una especial y agradable narrativa en dos enfoques al mismo tiempo de una historia con agudo humor que arranca con el extraño suceso de la aparición de un gran sapo en un colegio que refleja la común metáfora del sapo en la cotidianidad colombiana.
Publicamos a continuación un capítulo de “Ayer Acaso”:
BRINDIS 15
La nostalgia aparece sin previo aviso en un improbable y solitario salón. De pronto, la canción de José Feliciano que alguien entona a su lado, pueblo mío que estás en la colina, lo resucita en una mañana lluviosa, tendido como un viejo que se muere, en un lejano undécimo de bachillerato, la pena, el abandono son tu triste compañía, de un pueblo lluvioso, de calles agrietadas, pueblo mío te dejo sin alegría, alargado como un lagarto, siguiendo el filo de una colina ¿Qué será, qué será, qué será? ¿qué será de mi vida, qué será? La nostalgia de la canción le recordó la carta de su madre que tenía en el bolsillo. Si sé mucho o no sé nada. La había recibido esa misma mañana, ya mañana se verá, pero había decidido no abrirla, y será, será lo que será, hasta no presentar el examen. Ya mis amigos se fueron casi todos. Temía no una mala noticia, y los otros partirán después que yo, pero sí algo que lo contrariara. Lo siento porque amaba, o por lo menos que lo perturbara, su agradable compañía, y lo pusiera en otra órbita de preocupaciones, mas es mi vida tengo que marchar, diferentes al examen, ¿qué será, qué será, qué será? seguramente su madre volvía con sus aprehensiones y consejos inoportunos e impositivos, ¿qué será de mi vida, qué será? Allí mismo, mientras sus compañeros seguían cantando decidió leerla. Si sé mucho o no sé nada, ya mañana se verá Querido hijo, No sabes la alegría, y será, será lo que será, que nos da, saber que dentro de poco estarás de nuevo con nosotros, ¿sí? y ¿eso por qué? En la noche mi guitarra, No te imaginas todo lo que le tocó bregar a tu papá, ¿sí?, me imagino, dulcemente sonará, para conseguir que en la empresa, La Empresa, como si fuera de la familia o no existiera sino esa empresa, y una niña de mi pueblo llorará, te permitan hacer el ruralito ahí, ¿y quién dijo que a mí me interesa? amor mío me llevo tu sonrisa.
Pero finalmente consiguió que te aceptaran, a mi? ni siquiera se me había ocurrido, que fue la fuente de mi amor primero, Sólo falta que vengas y ultimes los detalles, todo tan sencillo, ¿no? amor, te lo prometo, bueno allá te dirán qué papeles necesitas, cómo y cuándo no lo sé, todo va a salir bien. mas sé tan sólo que regresaré. Confiamos en que, portándote bien, te puedas quedar en la empresa trabajando cuando te gradues, no importa que te pudras en este pueblo. ¿Qué será, qué será, qué será? y todos estaremos dichosos de tenerte, ¿qué será de mi vida, qué será? después de tanto tiempo sufriendo y gozando fuera de casa, si sé mucho o no sé nada, será lo mejor para todos, siempre pensando que lo que es mejor para ella, es también lo mejor para todos, ya mañana se verá, aquí te ahorrarás, yo no, mi papá, el alojamiento, la alimentación, arreglo de ropa, y será, será lo que será. Deseando que llegue pronto la hora en que estés de nuevo en casa, ya decidieron por mí. Qué raro, primera vez que no se queja de nada. Así que ya habían decidido que eso era lo mejor para él. Su familia era la única que estaba al tanto, no del dilema en que se hallaba, pues ellos ya creían haberlo resuelto, sino del paso siguiente de sus estudios.
La carta y las canciones que siguieron, le trajeron a la memoria una lejana mañana en el colegio de su pueblo. En plena izada de bandera, cuando un estudiante leía su discurso de homenaje a la historia del colegio, al describir el significado de su escudo, apareció, encima del porche donde se había instalado el podio, sin saberse cómo había llegado hasta allí, un hermoso sapo de bronce. Hecho que fue el comienzo de una cascada de bromas inofensivas y fabulosas que desencadenaron una serie de investigaciones que mantuvieron a los estudiantes durante un semestre en un vilo feliz, en un estado de exultación, casi de exaltación erótica. Apenas ahora, seis años después, vino a descubrir, a creer descubrir, su asociación erótica inconsciente, tal vez por la inmediatez de los sucesos y no tanto por la corriente y vulgar denominación de sapo a los genitales femeninos.
Estaba empezando el acto de izada de bandera y de pronto se despejó el firmamento. Las gruesas nubes se desplazaron hacia la cordillera y el sol llegó despierto y quemante. Pronto empezó a salir de entre las diminutas piedras de la capa de grava que cubría la tierra, un vapor tibio, como de un inmenso sauna que quedó atrapado entre las faldas de las colegialas y humedeció sus calzoncitos fragantes.
Esas eran las imágenes que siempre le venían sin esfuerzo alguno, que se le imponían como si tuvieran vida propia, autonomía. Luego habría de recordar, ayudado por la atención expectante de los compañeros del grupo de teatro y por las preguntas ávidas de Mimí, una sucesión de hechos, de esos que requieren mayor dedicación de la memoria para hacerse presentes y que por ello, uno no sabe si ocurrieron así o si es que el recuerdo los corrige, los mira con la perspectiva de ahora, a través de las vivencias tenidas después de lo recordado, en ese privilegio y necesidad de los seres humanos de corregir su propio pasado.
