El coleccionista: un reciclador de discos abandonados

Mauricio Arboleda Hoyos participó en el encuentro de coleccionistas de vinilos “Semana de la escucha”, organizado por el Centro Cultural del Banco de la República de Manizales del 6 al 11 de julio. Se define a sí mismo como un reciclador de discos abandonados, una pasión que comenzó en 1989 cuando compró sus primeros LPs, inicialmente de rock, y luego expandió su interés a la salsa y ritmos afrocaribeños. Actualmente, su colección supera las 1,000 piezas. Mauricio comenta que él y otros coleccionistas suelen venir de familias donde la música es una forma de expresión y compartir. “Desde pequeños se nos enseñó a apreciar diversos géneros y se fue formando un criterio sobre la buena música”. Él hizo hincapié en su especial predilección por el bolero, la música afrocaribeña y la salsa.

Mauricio recuerda con nostalgia las reuniones familiares en épocas donde la tecnología no invadía los momentos íntimos. En aquel entonces, un solo tocadiscos o equipo de sonido era suficiente para escuchar una variedad de géneros musicales, desde baladas hasta música tropical. Los adultos decidían qué escuchar, y los más jóvenes simplemente seguían el gusto de ellos, un contraste significativo con los jóvenes de hoy que tienen autonomía para elegir su música con dispositivos personales.

Lo que diferencia a un coleccionista de vinilos, según Mauricio, es el valor del sonido y la curiosidad por explorar nuevos territorios musicales. Él prefiere no llamarse coleccionista, sino alguien que recicla lo que otros descartan, lo que le da la oportunidad de explorar diferentes sonidos. Para él, más que coleccionar, se trata de ser un melómano interesado tanto en el contenido musical como en el literario de las canciones.

Aunque poco activo en redes sociales o plataformas musicales, Mauricio se siente a gusto con los discos de acetato. Disfruta escucharlos y guardarlos cuidadosamente, reproduciéndolos periódicamente. “Muchos discos se compran por una sola canción, olvidando las demás que también merecen ser escuchadas”.

Recientemente ha habido un resurgimiento del interés por los vinilos, apreciados por su calidad sonora. Sin embargo, Arboleda señala que su desaparición se debió en parte al espacio necesario para almacenarlos, ya que los hogares actuales tienden a ser más reducidos y almacenar grandes cantidades de música es complicado.

Mauricio es parte de la Asociación Buenavista Social Club, un grupo de 15 amigos quienes, durante 20 años se reúnen periódicamente y  han participado en eventos nacionales difundiendo este tipo de música con un enfoque educativo y cultural.

Cada coleccionista mantiene preciados discos que consideran como las joyas de la corona de su colección. El alto costo actual de los discos, debido a compradores extranjeros con alto poder adquisitivo y vendedores que prefieren hacer la transacción en dólares, hace muy difícil adquirir música hoy. Muchas veces se tienen que esperar promociones o acceder a reediciones más económicas. “Yo solo consideraría vender las joyas de mi corona por una necesidad económica extrema”.

 

 

Taller de Ópera de la Universidad de Caldas: 35 años y 63 producciones escénico-musicales

Con solo 17 años de edad, Claudia Patricia Leguizamón se convirtió en la directora coreógrafa más joven del ámbito operístico global. Hace 35 años, junto al maestro Nelson Monroy, fundó el Taller de Ópera de la Universidad de Caldas. “Acababa de llegar a Manizales desde mi ciudad natal, Cali, para estudiar Educación Física. El maestro Nelson vino a mi casa con la propuesta de trabajar en las escenas de un taller para presentarlas durante el intermedio en una graduación de estudiantes de la Universidad de Caldas.”

Así comenzó esta historia, el 18 de diciembre de 1991 con el montaje de fragmentos de Las bodas de Fígaro. Claudia Patricia, quien había estudiado Arte Dramático en la Universidad del Valle, vino contratada por la Fundación Ballet de Caldas. “Nunca pensamos que esto se iba a convertir en una institución y que este sueño, porque es un sueño que soñó Nelson y que yo me pegué de ese sueño, iba a repercutir en la vida de tanta gente porque por el taller se han formado alrededor de 1500 personas”, exclama Leguizamón con la emoción que la caracteriza cuando se refiere al proyecto de su vida.

Además, más allá del impacto en las personas, destaca la influencia en sus entornos familiares: “Agradezco mucho haber fomentado la creación de públicos, atrayendo a personas que nunca se habrían imaginado ir a la ópera; en Manizales ahora saben que asistir a la ópera es genial.”

El Taller de Ópera no solo se ha centrado en producciones clásicas universales, sino que también ha creado su propio lenguaje a través de escenificaciones y musicales que cuentan historias propias, del país y su música. “Estamos forjando y fortaleciendo la identidad cultural regional y nacional, recuperando autores como José María Ponce de León, autor olvidado de las primeras óperas colombianas, quien merece reconocimiento al nivel de compositores como Bach.”

Con el impulso y preparación de Claudia Patricia, el Taller ha demostrado resiliencia ante las dificultades que enfrentan las empresas culturales. “Afortunadamente contamos con el apoyo de la Universidad de Caldas para sostener nuestro trabajo docente y nuestro sueño, sin limitar nuestras aspiraciones. “Hasta hoy, el taller ha creado 63 obras escénico-musicales con la colaboración de músicos corales, de la Orquesta Sinfónica y otras agrupaciones locales. “Ha sido un trabajo arduo durante todo este tiempo, pero lleno de muchas satisfacciones.”

Para festejar este aniversario, el Taller de Ópera presentará una retrospectiva, los días 15 y 16 de julio, repasando sus montajes históricos, con el acompañamiento de la Orquesta Sinfónica de Caldas, la Orquesta Típica Contrastes, Danza Lab y el Giro.

La trayectoria musical de Lorena Uzuriaga: un testimonio de vida

Desde la terraza del noveno piso del Centro Cultural del Banco de la República, compartimos la inspiradora historia de Lorena Uzuriaga, una joven artista que, gracias a su talento, virtuosismo y gran disciplina, ha conseguido sobresalir en diversas facetas de su carrera musical. Su trayectoria abarca desde la producción musical hasta el canto, tanto en grupo como en solitario, la composición, la interpretación de instrumentos, la danza, además de desempeñarse como docente y destacarse, a su vez, en el ámbito de la gestión cultural.

Soy oriunda de Manizales. Tengo tres hermanas: Luisa con quien crecí y Yuly y Andrea por parte de mi papá. En mi familia no existe una tradición musical, pero desde pequeñas, Luisa y yo jugábamos a cantar juntas, a hacer armonías, y fue en esos momentos donde nació mi pasión por la música.

Recuerdo que estuve en la banda de marcha de mi colegio; comencé con los platillos y luego pasé a la lira. Aquello me hacía inmensamente feliz. Más tarde, participé en el curso básico de música en Bellas Artes de la Universidad de Caldas, y esa también fue una experiencia maravillosa para mí. Desde entonces la música ha sido una constante en mi vida. Después de graduarme del colegio no tenía muy claro qué profesión elegir. Entré a estudiar Derecho, pero la música siempre permaneció latente en mi corazón. Hasta que un día decidí arriesgarme y dedicarme a ella por completo. Fue una decisión valiente, porque muchas personas me cuestionaban preguntándome cómo iba a sostenerme. Mi respuesta siempre era: “Ya encontraré la manera”.

Gracias a una beca, me mudé a Bogotá para estudiar Producción musical en la Universidad de los Andes. Durante ese tiempo comencé a participar en presentaciones y grabaciones junto a compañeros en distintos lugares. Luego de un año de haber culminado mi carrera decidí regresar a Manizales, ciudad donde empecé a trabajar en Batuta como profesora de producción musical y canto. También fue allí donde comenzó mi recorrido con Tambor Hembra como cantante y productora musical. Esa experiencia marcó profundamente mi vida y me ayudó a crecer en muchos niveles, especialmente a defenderme en el escenario.

Como cantautora desde el año 2019, hago mis propias composiciones y actualmente formo parte del live band de Julián Cardona, explorando géneros como música electrónica, afro, house y melodic. Ha sido un universo completamente nuevo y emocionante para mí. La dinámica de la música folclórica es muy distinta a la del pop o al ambiente de los DJs en las fiestas nocturnas; desde los horarios hasta las energías, todo cambia de un espacio musical a otro.

Me considero muy afortunada y le agradezco a Dios por todas las oportunidades que he tenido. No ha sido un camino fácil; al principio hice muchas cosas gratuitamente para construir mi portafolio, pero esos pasos fueron necesarios para despegar. Con el tiempo gané experiencia, maduré mentalmente y se me abrieron puertas. Hoy puedo decir que vivo bien económicamente, gracias a mi trabajo en la música, y al apoyo incondicional de mi familia.

Mis canciones están disponibles en plataformas digitales, pero reconozco que vivimos tiempos retadores debido a grandes avances tecnológicos, como la inteligencia artificial. Me impacta ver cómo competimos con herramientas o artistas que producen enormes cantidades de contenido en plazos imposibles para los humanos. Mi ritmo creativo es distinto: está marcado por lo que puedo hacer tanto emocional como desde las finanzas. No tiene sentido competir con las máquinas porque seguimos caminos muy diferentes. Aunque es crucial adaptarse al panorama actual, creo firmemente que debemos ser fieles a nuestras raíces; no podemos permitir que las demandas del mercado nos desvíen de nuestra esencia artística y humana.

Recientemente, el Congreso de la República aprobó la Ley de la Música, oportunidad que considero una bendición. Aún necesito estudiarla a mayor profundidad, pero ya he oído de detalles alentadores, como incentivos específicos para apoyar a las mujeres en la música y fondos destinados para impulsar las presentaciones en vivo. Esto último me parece fundamental ya que siento que estas actuaciones son esenciales dentro de la industria.

En lo personal, antes me aterraba subirme sola a un escenario. Me sentía vulnerable, como si no fuera suficiente llenar ese espacio con mi voz y mi guitarra. Sin embargo, de tanto practicar, fui superando ese miedo. Con cada presentación entendí que no se trata de alcanzar la perfección, sino de disfrutarlo y compartir lo que amas hacer. Hoy en día alterno entre presentarme sola con mi guitarra y actuar junto a mi banda, lo cual me encanta porque puedo compartir escenario con amigos extraordinarios: Juan Manuel Ocampo en la percusión, Javier Loaiza en la guitarra, Jerónimo Salazar en el teclado, Diego Oyola en la batería y Oscar Castaño en el bajo. Me siento profundamente agradecida de poder tocar con músicos tan talentosos; su energía convierte cada concierto en una experiencia única e inolvidable.

 

 

 

Ciudad Impresa: imágenes que siguen haciendo preguntas

Un ojo de un perro blanco me mira directamente y parece que entra hasta el fondo de mis pensamientos. Puedo imaginarme su cuerpo desde esa mirada que penetra en cualquier esquina, de cualquier barrio. Esta es una de las imágenes que se encuentran sobre la mesa en una reunión a la que Ciudad Impresa ha invitado a varias personas para reconstruir el fotolibro que está próximo a imprimirse con Matiz Editorial. Estas páginas son producto del Programa de Aceleración para Emprendimientos Culturales y Creativos, Viveros creativos, un espacio donde durante seis meses participaron de capacitaciones y mentorías, para al final ganar un incentivo que permite la creación de este dispositivo, entre otros procesos, para condensar un recorrido largo, complejo y colectivo.

Las fotografías pasan de mano en mano. Se comparan, se mueven, se agrupan. Algunas permanecen. Otras desaparecen. Alguien anota una idea en el margen. Otra persona tacha una palabra. Una página cambia de lugar. Una secuencia se rompe. El libro apenas existe en un primer borrador, pero ya respira.

Pienso entonces que una imagen tiene una fuerza extraña. Hay cosas que las palabras rodean y explican. La fotografía, en cambio, a veces llega de golpe. Resume. Condensa. Señala. Ataca directamente. Una imagen puede contener una tarde entera, una herida abierta o una forma de resistencia.

Mientras el país vuelve a discutir nombres, candidatos y promesas, Ciudad Impresa lleva años haciendo otro tipo de política. La de sentarse a escuchar donde casi nunca llegan las cámaras. La de quedarse cuando ya pasó la urgencia. Siete años parecen poco tiempo. Pero son suficientes para demostrar que una fotografía puede abrir conversaciones que de otro modo nunca ocurrirían.

Durante sus inicios, Ciudad Impresa trabajó junto a organizaciones barriales de Manizales realizando montajes de fotografía de gran formato en el espacio público. Ha participado de espacios para hablar sobre el territorio desde la imagen, donde rebuscan en archivos barriales otras memorias de la ciudad. Pero también ha estado presente en momentos específicos de la historia reciente: durante el paro de 2021 exploraron formas de llevar al espacio público las imágenes de las manifestaciones a través del fanzine, el collage y otros dispositivos de circulación colectiva. Al mismo tiempo, han construido procesos más íntimos y afectivos, desde bitácoras y talleres con instituciones donde se repiensa lo cotidiano.

En sus fotografías se ven personas que ya no están, transformaciones que ocurrieron lentamente y huellas que suelen pasar desapercibidas. Incluso la pandemia, que para muchos parecía un tiempo suspendido, aparece como evidencia de que la vida comunitaria nunca dejó de construirse: pantallazos, mensajes y documentos que daban forma a ideas y retomaban conclusiones.

Esta reunión no se siente únicamente como la edición de un libro. Se parece más a un juego sobre lo que pasó, lo que cambió y lo que debe permanecer. Porque un fotolibro nunca es solamente un objeto, es apenas la parte visible, debajo de sus páginas hay años de discusiones, amistades y afectos acumulados.

Escuchando a Ciudad Impresa pienso que los proyectos autogestionados tienen vida propia: Crecen, mutan, atraviesan momentos de tensión. Aprenden, se equivocan y encuentran nuevas preguntas. Sobre todo, necesitan redes para sostenerse. Ningún proceso colectivo permanece siete años por la fuerza de una sola persona, sino por las muchas manos que lo empujan, lo discuten y lo cuidan.

Además, si hay algo que los procesos colectivos terminan enseñando tarde o temprano, es que nadie permanece para siempre. Las personas llegan, se van y cambian de rumbo, pero algo queda circulando… una pregunta, una metodología, una forma de mirar. Los colectivos dejan rastros que continúan expandiéndose mucho más allá de quienes los conforman en un momento determinado, como un eco que nace y se mezcla con las esquinas de otros barrios, las paredes de otras instituciones y la mirada de otros perros.

Durante años se ha hablado de la ciudad desde aquello que no tiene: grandes instituciones, grandes presupuestos o grandes escenas culturales. Sin embargo, ese mismo vacío obligó a muchas personas a inventar otras formas de hacer. A trabajar más cerca de los barrios, de las comunidades y de los afectos. A construir redes antes que estructuras.

Ciudad Impresa es una muestra de algo más amplio, apenas la punta visible de una montaña de proyectos de educación popular, creación artística y trabajo comunitario que existen en Manizales. Experiencias que a veces parecen pequeñas, pero que llevan décadas construyendo formas distintas de habitar la ciudad.

Por eso, cuando se mira con atención, la pregunta cambia de qué le falta a Manizales, a qué ha sido capaz de producir desde esas condiciones. Muchas de las prácticas que hoy aparecen en los discursos de las grandes ciudades —la autogestión, el trabajo situado, la mediación, la educación popular, la construcción colectiva de conocimiento— llevan años ocurriendo aquí desde colectivos, procesos barriales, artistas, organizaciones e instituciones que aprendieron a trabajar juntos.

Ciudad Impresa hace parte de esa historia. No como una excepción, sino como una de sus múltiples manifestaciones.

Cuando nos citaron a este espacio nos pidieron que lleváramos libros que nos inspiraran o que quisiéramos compartir. Y mientras las fotografías cambiaban de lugar sobre la mesa, esos otros libros empezaron a entrar en los diálogos. Alguien señalaba una secuencia de imágenes. Otra persona mostraba una técnica para encuadernar. Aparecían referencias, preguntas y ejemplos. Lo que comenzó como una reunión para editar un fotolibro terminaba abriendo espacio para muchas otras apuestas. Como suele ocurrir en los espacios colectivos, una idea llevaba a la siguiente.

En algún momento Ciudad Impresa propuso grabar parte de la conversación para uno de sus microdocumentales, uno de sus últimos trabajos, dedicado a personas y procesos que admiran, acompañan y consideran fundamentales para comprender las imágenes que habitan. La idea parecía sencilla, pero produjo una pequeña tensión divertida: de repente nos volvimos conscientes de nuestras palabras, de las pausas, de los comentarios a medio terminar. Y creo que eso decía algo importante sobre la reunión, no se trataba solamente de construir un libro, sino de preguntarnos qué parte del proceso merece ser recordada; entender que la memoria estaba tanto en las fotografías y las páginas impresas, como en los comentarios, los desacuerdos y las asociaciones inesperadas que hacen posible que algo exista.

Al final de la reunión las fotografías siguen sobre la mesa. También los libros, las anotaciones y algunas conversaciones que quedaron abiertas. El perro blanco continúa observándome desde una de las imágenes. Quizá por eso sigue mirándome. Porque algunas fotografías no terminan cuando uno deja de verlas. A veces apenas empiezan allí.

Microdocumental disponible en https://www.instagram.com/p/DWaWiQhjA1u/
@ciudadimpresa

* Artista plástica. Investigadora.

Las disciplinas artísticas son el medio más idóneo para fomentar una cultura de paz

Artes para la Paz es una iniciativa impulsada por el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes. A través del nodo gestionado por la Universidad de Caldas, el proyecto ha integrado a 923 artistas formadores en 560 instituciones educativas, abarcando más de 180 municipios ubicados en seis departamentos. En total, esta labor alcanza a 82,400 niños y niñas en el territorio.

El programa nació en el año 2023 bajo la dirección del viceministro Jorge Zorro, pianista y reconocido director de coros nacionales. En sus inicios, fue denominado Sonidos para la Construcción de Paz y estuvo enfocado exclusivamente en la música. Sin embargo, con la llegada de la ministra Yanai Kadamani, se amplió su alcance a otras disciplinas artísticas, transformándose en Artes para la Construcción de Paz. Hoy día incluye, además de música, expresiones como danza, teatro, escritura creativa y audiovisuales.

La Universidad de Caldas en su momento lideró exitosamente Sonidos para la Construcción de Paz, destacándose desde lo artístico hasta lo administrativo y financiero. Producto de esos resultados, en 2025 el Ministerio adjudicó a esta universidad el mayor de los seis proyectos que componen actualmente Artes para la Paz, iniciativa gestionada por seis universidades del país.

El convenio firmado con la Universidad de Caldas inició con un presupuesto de 21 mil millones de pesos para 2025.A estemontosesumaron10 mil millones más en el primer semestre de 2026,extendiéndose su vigencia hasta el 30 de junio. Bajo la dirección del flautista y docente Yovanny Betancur, el proyecto de este nodo se lleva adelante en los departamentos de Caldas, Risaralda, Quindío, Valle del Cauca, Tolima y Cundinamarca, zonas densamente pobladas.

Más allá de los recursos económicos destinados, el objetivo central radica en ofrecer formación artística en cinco disciplinas a estudiantes de escuelas públicas en estos departamentos. Alcanza más de 180 municipios y 560 instituciones públicas, trabajando tanto en zonas urbanas como rurales, incluyendo comunidades indígenas, negras y territorios afectados por violencia. Según relata Betancur, esta labor enfrenta desafíos diarios relacionados con alertas de seguridad y orden público.

Otra de las fortalezas del proyecto, resalta Betancur, es la generación de empleo a artistas profesionales y sabedores locales con experiencia previa, lo que ha proporcionado una dinámica significativa al sector artístico, históricamente precarizado. “Ha permitido dignificar la vida laboral de muchos artistas, quienes incluso acceden por primera vez a servicios bancarios o regularizan su situación militar. El proceso ha evidenciado las difíciles condiciones en las que suelen vivir los artistas”.

La ejecución del proyecto opera a través de un equipo multidisciplinario compuesto por pedagogos, comunicadores, investigadores, juristas y personal administrativo, entre otros. En total, unas 42 personas conforman el núcleo central del equipo. Adicionalmente, los seis departamentos participantes están divididos en 33 nodos locales con estructura organizativa propia: cada nodo cuenta con un gestor territorial y equipos encargados de pedagogía, enfoques y soporte operativo. En total, 132 colaboradores lideran la coordinación territorial junto a los 923 artistas formadores que llegan directamente a las comunidades.

Durante el desarrollo del proyecto, se ha descubierto, además, un aspecto clave: el arte no necesariamente transforma por sí solo la realidad personal o social. Según explica el maestro, es indispensable un componente transversal relacionado con los enfoques psicosociales y humanos del programa. Este elemento busca fomentar herramientas sociales, espacios de diálogo y convivencia que promuevan relaciones más saludables entre las personas. El significado profundo del nombre Artes para la Paz radica en esta concepción integral: las disciplinas artísticas son el medio para fomentar una cultura de paz. “Mientras que las actividades artísticas impulsan el talento y la expresión creativa, el componente psicosocial trabaja como una base transformadora que conecta a niños, jóvenes y adultos en diversidad de contextos”.

El maestro Yovanny Betancur muestra algunas de las 80 mil cartas recibidas en el nodo de la Universidad de Caldas, redactadas por niños y jóvenes en las que expresan mensajes vinculados a la paz, el amor, la empatía y el compartir. Una prueba más del impacto humano que Artes para la Paz está dejando en todo el territorio.

 

 

 

 

 

 

Georgina Montoya y su fotolibro “En busca de la verdad”

La artista manizaleña Georgina Montoya forma parte de los invitados destacados a la exposición en el Museo de Are de Caldas, “Escuchar de otra manera: imágenes, textos y sonidos del Tomo Testimonial de la Comisión de la Verdad”, donde presenta su fotolibro titulado “En busca de la esperanza”, creado en el año 2020. Esta obra comenzó como un homenaje a su madre, sobreviviente del genocidio perpetrado contra integrantes de la Unión Patriótica en Caldas, y evolucionó hacia una profunda investigación sobre la memoria histórica. “Yo era niña, tenía 10 años cuando asesinaron a Bernardo Jaramillo, y esa experiencia me impulsó a empezar a explorar los archivos relacionados con lo que ocurrió en este territorio”, comparte Montoya. A partir de esta inquietud, su fotolibro se transformó no solo en un compendio de fotografías y documentos, sino también en un valioso testimonio histórico que refleja un segmento significativo de la historia reciente de Colombia en relación con este crimen y los que siguieron.

“Mi madre crece en una familia sin madre, con siete hermanos y un padre que jamás pronunció su nombre. Sin embargo, esta no es la historia que contaré sobre Mercedes, este ensayo fotográfico expandido tiene que ver con su vida, y con la lucha que emprendió desde su juventud. Esta no es sólo la historia de Mercedes, es la historia de las luchas que se han dado en Colombia, es la historia de los desaparecidos y de los asesinados, y de quienes aún guardamos la esperanza de que algún día todo será mejor o por lo menos más justo”.

El fotolibro fue posible gracias al apoyo del Ministerio de Cultura, a través de una beca dirigida a artistas en trayectoria intermedia. La obra está repleta de pequeños detalles reveladores, como la imagen del documento de identidad de su madre con la marca del dedo, símbolo de la forma en que se votaba anteriormente.

El último capítulo  se centra exclusivamente en la Unión Patriótica. Montoya describe cómo su madre, que comenzó militando en el Partido Comunista, vivió los años iniciales del primer acuerdo de paz, instantes en los que se desató una ola de violencia y asesinatos contra aquellos que promovieron este proceso revolucionario. Historias que se niegan a desaparecer. “Este cierre del libro busca rendir tributo tanto a las víctimas como a la memoria histórica del país”, dice.

 

La elusiva realidad

Paul Benjamin Auster (Newark, Nueva Jersey; 3 de febrero de 1947-Nueva York, 30 de abril, de 2024) fue un escritor, guionista y director de cine estadounidense, traductor, novelista, poeta, ensayista, profesor universitario, autobiógrafo, dramaturgo, músico, libretista, crítico y editor. Sus textos han sido traducidos a más de cuarenta idiomas. Nombrado Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de Francia en 1992 y Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2006. Estudió literatura francesa, italiana e inglesa en la Universidad de Columbia de Nueva York. Comenzó a traducir a autores franceses tales como Jacques Dupin y André du Bouchet y como parte de su trabajo viajó a París, donde regresó en 1967 para evitar ir a la guerra de Vietnam.

En 1976 escribió su primera novela: Jugada de presión, con escaso éxito editorial. La muerte de su padre le proporcionó una pequeña herencia que lo sacó de apuros económicos y lo inspiró para escribir La invención de la soledad.

Como no cree en la causalidad, se considera un escritor del azar y la contingencia, de lo fortuito, por eso en sus libros aparecen a veces hechos casi inexplicables, a los cuales hay que buscar muchas veces sin lograrlo, alguna razón. Además su erudición hace que el lector analice con cuidado hechos aparentemente insignificantes, pero cargados de aspectos históricos o socioeconómicos que contienen respuestas o mensajes.

Su obra se destaca por tratar de encontrar sentido a la vida, cuando a veces parece que ésta no lo tiene, explorar las razones de ser de situaciones aparentemente sin ella, la búsqueda de un significado y de una identidad personal. Su estilo es aparentemente sencillo, gracias a su trabajo y conocimiento de la poesía, pero esconde aun así, una compleja arquitectura narrativa en la cual sin motivo aparente cambia de enfoque en la historia o trata de confundir al lector poco atento, da explicaciones de la forma de narrar, del oficio del escritor y de la escritura misma, de historias dentro de la historia y de espejismos entre personajes y narrador, combinación del pasado y el presente, apuntando al futuro, o de mezcla de historias, todo un arsenal de recursos para captar nuestra atención.

De esta manera parece ser un poco oscuro, pero lo que es, es un filósofo en búsqueda del sentido de la vida y la elucidación de los hechos que él mismo ha creado. Una de las muestras de su exigente trabajo lo constituye su obra La trilogía de Nueva York, que consta de tres relatos aparentemente sin conexión, pero ésta irá apareciendo. Son La ciudad de cristal (1985), Fantasmas (1986) y La habitación cerrada (1986), en el fondo constituyen el estudio de la naturaleza humana, una introspección para el conocimiento propio y una búsqueda de identidad y la razón de ser del hombre.

La esencia de La ciudad de cristal es la de un padre que ha sido encarcelado trece años por haber ejercido violencia familiar a su hijo, desde sus tres hasta los doce años, habiéndolo encerrado en un cuarto obscuro, aislado completamente, tratando de que así lograra acceder al lenguaje de Dios, según sus investigaciones lingüísticas. Acaba de salir de la cárcel con la pretensión de matar a su hijo.

La esposa del ya no tan muchacho pues estuvo, hasta hace dos años interno en un hospital por doce años, en donde ella durante cinco fue su logopeda y para rescatarlo de allí buscó la forma de poderse casar con él. Por equivocación resultó contratando como detective privado a Daniel Quinn quien había sido en un tiempo escritor y ahora de incógnito como William Wilson, escribía novelas de detectives. La orden fue: -Quiero que le vigile cuidadosamente. Quiero que averigüe qué se propone. Quiero que le mantenga alejado de Peter. -En otras palabras, un trabajo de sabueso distinguido.

Ahora Quinn se daba cuenta en el laberinto en que se había metido pues en sus recorridos siempre había considerado, que eso constituía el medio en donde vivía:

Nueva York era un espacio inagotable, un laberinto de interminables pasos, y por muy lejos que fuera, por muy bien que llegase a conocer sus barrios y calles, siempre le dejaba la sensación de estar perdido. Perdido no sólo en la ciudad, sino también dentro de sí mismo. Cada vez que daba un paseo se sentía como si se dejara a sí mismo atrás, y entregándose al movimiento de las calles, reduciéndose a un ojo que ve, lograba escapar  a la obligación de pensar. Y eso, más que nada, le daba cierta paz, un saludable vacío interior. El mundo estaba fuera de él, a su alrededor, delante de él, y la velocidad a la que cambiaba le hacía imposible fijar su atención en ninguna cosa por mucho tiempo. El movimiento era lo esencial, el acto de poner un pie delante del otro y permitirse seguir el rumbo de su propio cuerpo.

Al tiempo de haber asumido su rol, se sintió desconcertado pues consideraba que el papel fundamental era el de observador de detalles y entre mas acucioso se fuera, los resultados serían palpables. Bien sabía que el comportamiento humano podía comprenderse al analizar concienzudamente lo que había en los gestos, ademanes, tics, afirmaciones y silencios; siempre existía una coherencia, un orden y una motivación. La forma como cierra este primer relato conserva lo incomprensible del mismo: En este punto la historia se vuelve oscura. La información se agota y los sucesos que siguieron a esta última frase nunca se sabrán. Sería estúpido incluso aventurar una hipótesis.

El segundo relato Fantasmas, de entrada se muestra enigmático, pues los personajes se identifican con nombres de colores y así el detective Azul es contratado por Blanco para vigilar a Negro, para lo cual alquila un apartamento en el tercer piso a todo el frente de donde vive Negro. Al comienzo todo es rutinario, mismos horarios, mismos sitios de caminadas y de lugares de alimentación. Al comienzo Azul establece formas de vigilancia que le dejan mucho tiempo para pensar mientras simplemente observa al otro, pero termina observándose el mismo:

Por primera vez en su vida le parece que le han dejado a solas consigo mismo, sin nada a que agarrarse, nada que le permita distinguir un momento del siguiente. Nunca ha pensado mucho en su mundo interior, y aunque siempre ha sabido que estaba allí, ha sido un territorio desconocido, inexplorado y por tanto oscuro, incluso para sí mismo. Se ha movido rápidamente por la superficie de las cosas hasta donde puede recordar, fijando su atención en esas superficies sólo con el fin de percibirlas, valorando una y pasando a la siguiente, y siempre se ha conformado con el mundo tal cual era, sin pedir más a las cosas que su presencia allí…. Ahora, de repente, con el mundo apartado de él, sin nada que ver excepto una vaga sombra llamada Negro, se encuentra pensando en  cosas que nunca se le habían ocurrido, y esto también ha empezado a inquietarle.

En su trabajo de detective ha ensayado muchas opciones y ahora tiene la oportunidad de utilizar la imaginación como instrumento de investigación, se plantea hipótesis, busca asideros, encuentra disonancias, hace ajustes y aproximaciones buscando corroborar sus intuiciones y así va en una cadena que cree es la acertada, hasta que algo fortuito desbarata sus elucubraciones y debe volver a intentar, pero cada vez se da cuenta que no solo es el observador, sino que está siendo observado por su objetivo. Todo esto le refuerza el que: … las oportunidades perdidas forman parte de la vida igual que las oportunidades aprovechadas, y una historia no puede detenerse en lo que podría haber sido.

El final del relato intempestivamente termina con un final abierto al lector así: Y a partir de ese momento no sabemos nada.  

Completa La trilogía de Nueva York, el relato La habitación cerrada, en el cual un amigo de infancia de un escritor desconocido e inédito, es contactado por la esposa de quien ha desaparecido dejando instrucciones para que su obra manuscrita sea evaluada por su antiguo compañero y haga con ella lo que considere.

Como es un columnista reconocido, con extrañeza, pero con sumo interés asume la tarea no solo de evaluar la obra de su antiguo camarada, sino que se propone buscarlo para aclarar la situación, además, termina tratando de elaborar una biografía de quien ha resultado un fenómeno literario, pero empieza a tropezar con planteamientos existenciales que le van complicando su quehacer:

Existimos para nosotros mismos quizá, y a veces incluso vislumbramos quiénes somos, pero al final nunca podemos estar seguros, y mientras nuestras vidas continúan, nos volvemos cada vez más opacos para nosotros mismos, más y más conscientes de nuestra propia incoherencia. Nadie puede cruzar la linde que le separa de otro por la sencilla razón de que nadie puede tener acceso a sí mismo.

 Su labor como biógrafo lo ha absorbido de una manera tal que lo ha llevado a sitios donde nunca había estado, tratando de esclarecer pistas que ha ido encontrando, situaciones aparentemente inexplicables, personas que conocieron en diversas situaciones al novelista, visita accidentada a la mamá de su amigo, que termina después de una cena con licor, de una manera poco apropiada, etc. Todo esto le ha ido creando una confusión que lo va trastornando emocionalmente de una forma increíble, esa inmersión en su personaje lo desestabiliza:

Estaba reconstruyendo la historia de la vida de un hombre. Estaba reuniendo información, recogiendo nombres, lugares, fechas, estableciendo una cronología de sucesos. Por qué persistía en ello es algo que todavía me deja perplejo. Todo se había reducido a un solo impulso: encontrar a Fanshawe, hablar con Fanshawe, enfrentarme a Fanshawe una última vez. Pero nunca podía pasar de ahí, nunca podía concretar una imagen de lo que esperaba conseguir con tal encuentro. Fanshawe me había escrito que me mataría, pero esa amenaza no me asustaba. Sabía que tenía que encontrarle, que nada estaría zanjado hasta que le encontrase. Esto era el dogma, el primer principio, el misterio de fe: lo reconocía pero no me molestaba en cuestionarlo.    

Por salud mental, el columnista termina desechando el trabajo de escribir la biografía. Sabe que la vida nos lleva por diferentes senderos, nos entrecruza con situaciones inesperadas y debemos por tanto estar preparados para lo inaudito y obviamente con la esperada muerte que nos acecha constantemente, pero solo nos asesta el golpe de una manera imprevista. Obviamente este tercer relato deja muchas posibilidades al lector y el libro logra cautivar a tal punto que en mi caso, para poder tratar de entender sus planteamientos, leí dos veces sus trescientas treinta y cinco páginas. ¡Valió la pena!

* Profesional en Filosofía y Letras Universidad de Caldas.

 

 

Natalia Castañeda y su expedición a la Antártida

La artista Natalia Castañeda Arbeláez, nacida en Manizales en 1982, ha dedicado sus investigaciones a los glaciares del mundo, mediante recorridos por los de Colombia, y varios países de Europa. A inicios de 2025, fue seleccionada para formar parte de la 11 Expedición Antártica Colombiana. Su enfoque está estrechamente ligado a su proyecto doctoral en artes titulado *Cuerpos glaciares, ancestros hídricos de una extinción futura*. Este trabajo busca promover la divulgación científica a través del arte, desarrollando un enfoque interdisciplinario que abarca diversas áreas de conocimiento. Asimismo, crea un espacio reflexivo para “dialogar” con la montaña, intentando desentrañar los secretos de su continua y sistemática transformación a lo largo del tiempo. Su estilo abarca expresiones plásticas entre la pintura, la escultura, la fotografía y el videoarte.

En sus constantes travesías por los glaciales alrededor del mundo, logró postularse y ser aceptada en la expedición Antártica Colombiana como parte de un equipo del que hizo parte también el artista antioqueño Juan Camilo Londoño. ¿Cuál fue el camino que la llevó a lograrlo?

El programa fundado por Natalia López, Arte en la Antártida, ha gestado un espacio para el arte y la divulgación científica dentro de la Comisión Antártica Colombiana y la Comisión Colombiana del Océano, ofreciendo la oportunidad a artistas colombianos de participar en las expediciones colombianas. Colombia, al no tener base en la Antártida, pero como país participante del Sistema del Tratado Antártico, y por cooperación internacional, Juan Camilo Londoño y yo, Natalia Castañeda Arbeláez, fuimos aceptados como investigadores en la 11 Expedición Antártica Colombiana y acogidos por cooperación internacional en ANTAR XXXI Expedición Antártica Peruana, instituciones que cuentan con plataformas marítima BAP CARRASCO, buque oceanográfico, el ECAMP, la Base Científica Antártica Machu Picchu, además de contar con el apoyo de las fuerzas Aéreas de Perú.

¿Cómo estaba compuesto el equipo y su participación como artista fue una decisión deliberada de la organización?

Desde el programa Arte en la Antártida y la Comisión Antártica Colombiana, coordinaron con el Ministerio de Relaciones Exteriores, y su programa de Asuntos Antárticos, para que Juan Camilo y yo, participáramos tanto de la fase 2 de ANTAR XXXI y del crucero oceanográfico del BAP CARRASCO, y este Programa Arte en la Antártica, PAC, hace convocatoria abierta junto con Viajelogía para artistas colombianos y extranjeros como investigadores que representan a Colombia. Mi proyecto “Inlandsis sur, cuerpos glaciares” busca hacer una documentación artística donde hacer confluir la divulgación científica y el entendimiento del enclave antártico visitado, la Base Machu. De esta manera doy continuidad a mi investigación “Cuerpos glaciares” que hace seguimiento a glaciares colombianos como Poleka Kasue y Dulima. Y ahora estoy desarrollando una cartografía sobre el glaciar Znosko, un mapa donde contextualizo los estudios que se realizan en ese glaciar como indicador del cambio climático global. Esperamos publicarlo este año.

¿En qué etapa se encuentra esta expedición dentro de su investigación sobre los glaciares de la Tierra?

Poder visitar, caminar, recorrer, sentir un glaciar Antártico, me ofrece otro punto de referencia para el estudio de los cuerpos glaciares como entidades vivas que también se extinguen.

Fotos Natalia Castañeda.

Nota. Los hallazgos obtenidos durante esta expedición fueron exhibidos por la artista en el Centro Cultural del Banco de la República en Manizales en sesión realizada en enero de 2026.

 

Artes para la Paz sigue su camino por Colombia

El encuentro territorial de la Región 4, operada por la Universidad de Caldas, dejó una impresión clara: el programa Artes para la Paz está consolidando una red que se reconoce, se escucha y trabaja como un cuerpo articulado en los territorios.

Durante dos días, representantes de los 33 nodos de Caldas, Risaralda, Quindío, Tolima, Valle del Cauca y Cundinamarca se reunieron en Manizales para revisar lo que ha significado implementar el programa en los municipios: los desafíos propios de la operación, los aprendizajes acumulados en el camino y, sobre todo, las transformaciones personales y comunitarias que están viviendo gestores territoriales, apoyos pedagógicos, equipos operativos y profesionales de enfoques diferenciales.

El espacio permitió trazar un panorama honesto de lo que hoy ocurre en los 183 municipios donde se desarrolla Artes para la Paz. Cada nodo presentó sus avances, identificó puntos críticos y compartió las estrategias que han fortalecido su trabajo. Sin embargo, el encuentro trascendió la dimensión técnica.

La palabra se convirtió en un puente para narrar cómo los procesos artísticos están modificando la vida cotidiana de niños, niñas y jóvenes que encuentran en la danza, la música, el teatro, las artes audiovisuales y la creación literaria un lugar seguro para expresarse, construir comunidad y ampliar sus posibilidades.

Evaluación de crecimiento personal

Los equipos territoriales también reconocieron la huella que el programa ha dejado en ellos mismos: mayor paciencia, más escucha activa y un compromiso ético renovado frente a las realidades que acompañan.

Esta lectura interna complementó la revisión operativa y permitió dimensionar cómo el arte, al ser llevado al territorio, transforma simultáneamente a quienes lo facilitan.

Entre las jornadas de diálogo hubo espacios para lo que también es parte esencial de la práctica artística: el movimiento. Bailes, dinámicas corporales y ejercicios creativos sirvieron como pausas inteligentes entre discusiones profundas. Esas interacciones, pequeñas y alegres, terminaron de sellar la atmósfera del encuentro.

Al cierre del martes 25, ya no había departamentos separados ni nodos dispersos. Había un colectivo consciente de su rol en 183 municipios, un equipo que entendió que Artes para la Paz no es solo una operación técnica, sino una red humana que se sostiene en la cooperación, la escucha y la sensibilidad territorial.

La confraternidad del final no fue improvisada: fue la consecuencia natural de mirarse a los ojos, reconocerse en el otro y asumir que la construcción de paz también avanza así, paso a paso, encuentro tras encuentro.

Para más información: comunicaciones2.artespaz@ucaldas.edu.co

 

Obra de la maestra Clemencia Echeverri cierra el ciclo 200 años de Salamina

Con la exposición “Sacrificio” de la maestra Clemencia Echeverri Mejía, el Centro Cultural del Banco de la República de Manizales culmina el ciclo de actividades realizadas este año con motivo del Bicentenario de Salamina, las cuales contaron con el apoyo de otras instituciones entre ellas la Alcaldía del municipio caldense.

“Estoy totalmente emocionada, un poco nostálgica, porque este evento cierra las actividades que, durante un año, desde hace dos años, nos propusimos hacer con Salamina y para Salamina. Hemos hablado de música, hemos hablado de historia, hemos hablado de arquitectura patrimonial, hemos hablado de literatura, hemos hablado de gastronomía, hemos hablado de la importancia de cuidar lo que significa el patrimonio y hoy, las artes plásticas son las protagonistas y como los dioses y las diosas del Olimpo, la maestra Clemencia Echeverri nos dio un sí”, expresó la Gerente del Centro Cultural, Ivonne Mendoza durante la inauguración de la exposición en la Casa de la Cultura de Salamina.

Clemencia Echeverri nació en Salamina y es una de las cinco artistas plásticas vivas más importantes actualmente en Colombia. Desde hace 30 años está dedicada al video arte, formato con el que ha mostrado los efectos y afectos que ha tenido por los asuntos del medio ambiente y también la fiereza de la violencia que nos ha rodeado por tantos años. Su obra circula por ciudades colombianas y extrajeras, muchas de ellas adonde no ha llegado un artista de nuestro país.

Sobre su obra “Sacrificio”, que expone en Salamina dice: “Hace algunos años me enteré de que en una finca por la zona de San Félix unos grupos armados estaban extorsionando a los dueños de las fincas y cuando no había respuesta a la extorsión quemaban en los patios el ganado vivo, horrores y sacrificios críticos y crueles de los que mucha gente en el país no se enteró y que posiblemente en Salamina y San Félix si supieron, pero no le dieron mucha trascendencia. Cuando supe me pareció una historia de una crueldad y de un atrevimiento máximo. Descifrar estos problemas no es que uno piense que es difícil, la gran dificultad para nosotros los artistas es señalar algo que hay ahí, algo que está por decir, que siempre está por decir y que quizá el arte lo dice de otra manera, porque el documental da cuenta de unos datos y de unas localizaciones precisas y tiene más vínculo también con lo que es la noticia, pero nosotros en el arte estamos explorando con otros lenguajes, de una manera un poco más profunda, aquellas razones, motivos y afectos que nos movilizan para hacer una propuesta”.

Ivonne Mendoza explicó que el Banco de la República no monta exposiciones ni saca obras de su colección de arte, como “Sacrificio”, prácticamente a ningún sitio que no sean sus salas de exposición y espacios del museo. “El Banco le dijo sí a Salamina con un concierto de la temporada nacional de conciertos que estuvo magnífico, y el Banco le dijo sí a traer la obra de la maestra Clemencia Echeverri a Salamina. ¿Eso qué significa? Que las cosas con un poquito de voluntad y mucho trabajo sí se pueden hacer. Entonces este momento es simbólico porque cerramos este ciclo con una mujer artista salamineña y cerramos este ciclo viendo tantos rostros tan lindos que nos han acompañado este año y que le han puesto el hombro, el impulso, el dinero para que las cosas se den”.

Enfatizó que Salamina se merece esto y mucho más, muchas cosas mejores. “Salamina no puede estar al vaivén de algunas voluntades. Salamina es un tesoro de los colombianos y como tesoro debemos cuidarla, amarla, respetarla y trabajar por ella y para ella”.

La exposición “Sacrificio” estará hasta el 12 de diciembre en la Casa de la Cultura de Salamina.

Audio de Ivonne Mendoza:

 

 

 

Latitud Cero, lecciones de equilibrio

“El barrio queda abajo”, es la primera oración del libro, para instalar al lector en un espacio geográfico y social. Es la escena de “la cueva de fuego donde vive doña María”, donde hacían las arepas del barrio cuando Mario Armando era niño. Así, el lector desde el comienzo es atrapado por una pluma cálida, un espacio acogedor, en un barrio humilde de una ciudad de los Andes colombianos, espacio que luego evoluciona al sur del país y del continente.

La novela (¿la autobiografía?), Latitud Cero, lecciones de equilibrio (Ediciones Hespérides, 2024), de Mario Armando Valencia Cardona, se ubica en Kumanday, el nombre que quimbayas y carrapas dieron al Nevado del Ruiz, cuyo significado es padre mayor (vea usted como todo es sicológico). Kumanday en realidad es Manizales, la ciudad donde queda el barrio El Carmen, donde nació el autor, lugares que son narrados con soltura, con naturalidad, pero sin localismos; presenta con virtud estética los dolores de una infancia y juventud duras. También hay espacio para el buen humor, especialmente cuando desnuda a algún intelectual local.

La primera mitad narra su vida universitaria, en la Universidad de Caldas, la bohemia tranquila de la ciudad, momento que es, al mismo tiempo, un periodo de catarsis y de despedida de su padre, el que “todos los días salía a vender la suerte”. Posteriormente, en Popayán y en el ombligo del mundo, la obra redondea su reflexión sobre el destino, el autoconocimiento y crecimiento personal.

Y, a pesar de que el libro narra una infancia llena de carencias económicas, no se inscribe en lo que ahora está de moda, el pobrecismo. Es decir, ni exalta ni sacraliza la pobreza y por tanto no está escrito para presentarse en una categoría moral superior. Por el contrario, es un libro valiente porque se sale de cierta moda política y estética y, más bien, la critica con legitimidad, porque el autor no es sólo un narrador, es igualmente un pensador que, al cuestionarse a sí mismo y también al pensamiento latinoamericano en boga, “se sitúa por encima de sí”, cambia su esencia y desgarra su propia conciencia, como lo exigen los filósofos alemanes (Nietzsche y Heidegger).

Es una catarsis personal; y, por supuesto, queda el lector con la idea de que en realidad es una autobiografía de excelente factura, una vida novelada, centrada en la elusiva búsqueda de la autorrealización personal. El autor, que se presenta en la solapa como “filósofo del arte y la cultura en la Universidad del Cauca”, no cesa, en sus propias palabras, de buscar, y a veces, encontrar “el sentido de las rutas” que se le presentan en la vida. Su recorrido vital podría ser el de un típico profesor de cualquier universidad pública del país, sin grandes sobresaltos.

Pero, y allí está su valentía, Valencia no se conforma con una cátedra y un cubículo de investigación. Expresa con buena prosa su inconformidad hasta consigo mismo y busca su propio camino. Así, la autobiografía (¿la novela?), es una profunda crítica al “pensamiento social”, a los discursos que se pelean “el emblema de la decolonialidad”, a quienes tienen, en el fondo, “rabia contra occidente” y acaban en el activismo, sin profundidad, los “falsos gurúes”.

La obra, entonces, llega al mismo lugar que “Delirio Americano”, el libro de Carlos Granes, que desnuda el victimismo del arte y la política latinoamericanas durante el siglo xx. Valencia, como Granés, encuentra en el “racismo invertido… bajo la apariencia de radicalismo democrático”, retos que no hemos superado, un “zumo de iras”, y no una reflexión ni una capacidad constructiva, solo el mero rechazo.

Es un trabajo original, de buena factura intelectual. Vale la pena.

Nota: alguien me dice que los escritos en los que comento libros son en exceso elogiosos. Mi respuesta y mi criterio es sencillo: los libros buenos, que bueno apoyarlos, promover su lectura.

* Rector de la Corporación Universitaria Iberoamericana.

Entre el magma y la niebla: crear en colectivo

Hace unos tres años decidimos juntarnos para crear. Y ese simple hecho ya fue un acto de resistencia. En un mundo que nos quiere todo el tiempo produciendo dinero y explotando nuestras capacidades de autogestión, juntarse ya es un reto y más aún si es para una acción tan aparentemente innecesaria para el sistema como es el arte.

Definimos entonces dar inicio a un colectivo, un espacio para reflexionar — desde el cruce de disciplinas — el espacio que habitamos. Entre las primeras conversaciones, encontramos una pasión que nos unía como músicos y artistas plásticos: la montaña, esas cadenas de formas llenas de vida que vemos cada día cuando nos levantamos, que recorremos sin darnos cuenta y que cuentan con ecosistemas tan preciados como los páramos. Desde allí nace esta idea del Soroche, es decir, el mal de altura, donde el cuerpo parece enfermar cuando intenta adaptarse a estas geografías andinas donde todo cambia drásticamente, incluyendo el tiempo, el oxígeno, el movimiento y el corazón.

El proceso inicia con ejercicios de reinterpretación, es decir, un artista visual genera una imagen (o una serie de ellas) y un artista sonoro realiza a partir de ellas un acompañamiento auditivo, y viceversa.  Estos primeros ejercicios fueron una excusa para disponer el tiempo y la atención en comprender el lenguaje de las personas con quienes estábamos creando.

De este detonante nace el proyecto Entre el Magma y la Niebla, un proceso que, curiosamente, se encuentra con la danza contemporánea, el vestuario y el mundo audiovisual, como formas de encarnar ese páramo que nos rodea especialmente en el Parque Natural los Nevados y sus zonas aledañas. Generamos unos seres a partir de tres espíritus ancestrales, que están silenciosamente presentes en el cotidiano del páramo y, por consiguiente, en el nuestro: el magma, la sangre de las entrañas del volcán que circula el suelo que pisamos y que ha moldeado la tierra fértil que nos alimenta; la niebla, un movedizo estado de la materia que puede ser lenta y rápida al mismo tiempo abrazando todo a su paso y modificando el paisaje; y la flora, compuesta por extrañas y densas plantas, representadas en el frailejón, que han desarrollado un modo de vida extremadamente particular para vivir en este ambiente tan rico como pesado. Cada ser genera una serie de movimientos que responden a su propia naturaleza y así mismo es acompañado por una composición sonora que se basa en instrumentos que dialogan con este espíritu: un magma rastrero y pesado acompañado de percusiones, una niebla alta y rápida al sonido de la flauta, y  un frailejón estático y sutil acompañado por el arpa, quienes bailan individual y colectivamente con el paisaje.

Las máscaras de estos tres espíritus fueron afieltradas en lana, un material que nos hace recordar que cuando hablamos de paisaje no podemos pensar sólo en un esquema puro y neutral que funciona en postales y programas estatales. Ese paisaje también está atravesado por tensiones, por vidas humanas que lo han habitado por años, por el turismo regulado y orgánico que traza sus caminos, por proyectos de desarrollo urbanístico e infraestructura que lo atraviesan. Un paisaje que además de aguas termales y frailejones, tiene tabla parada, vacas, papas y motos, donde al final del video se pueden ver también estos seres.

Y es allí donde nace otra capa de este proyecto, la socialización que nos lleva a realizar exposiciones y talleres con diferentes comunidades para ampliar la idea del video al espacio físico. Estos espacios en el Centro Cultural Rogelio Salmona, la Alianza Francesa de Pereira y la Biblioteca de Herveo, Tolima estuvieron llenos de recuerdos, porque la vida campesina, en la mayoría de habitantes del país, esta a sólo un par de grados de distancia. Conversaciones que no buscaban centrarse en el cuidado del medio ambiente como un discurso de restricciones, sino más bien, estaban en torno a entendernos como parte de ese ecosistema, tan frágil como milenario, que nos cobija. A partir del collage (Club de Collage de Pereira), la cartografía (Tribu Llagui), y las mismas máscaras y movimientos del video, convivimos con personas desde los 7 meses hasta los 90 y tantos años, con el fin de, por un momento, sentir de otra manera las texturas, sonidos y memorias tanto afectivas como corporales del territorio.

Entre el Magma y la Niebla ha sido un proceso que nos ha recordado que crear es reírse con amigos, hablar con las tías del pueblo y llorar con la inmensidad del nevado saludándonos; pero también es ser conscientes de que la conversación medioambiental y la memoria del territorio sigue en deuda en muchos espacios culturales. Uno de muchos proyectos, espero, que se consolidan gracias a la importancia de mantener los estímulos públicos a la cultura a nivel regional y nacional, así como la capacidad de hacer redes entre espacios autogestionados para darle cada vez más sentido a estos seres montañeros que somos.

* Artista plástica. Investigadora.

Un encuentro con lo azaroso que la naturaleza propone

“El caos sensible”. Olga Lucía Hurtado (Manizales). “La naturaleza, mi respeto y fuente de inspiración; el dibujo, mi forma de expresión; la pintura, mi liberación; el arte, mi pasión”.

En la naturaleza habita lo inesperado, el azar y la fuerza de lo inabarcable. Estar frente a su inmensidad implica disponerse a escuchar su llamado y atender a sus manifestaciones. Justo eso es lo que Olga Lucía Hurtado propone con su trabajo: desafiar no sólo el espacio artístico, sino también las nociones plásticas desde las cuales la naturaleza ha sido expuesta y representada.

La artista se adentra en las formas sinuosas y cambiantes de la naturaleza para asociar, a través de su propia mirada, los juegos que ella despliega: sus riesgos, sus amenazas, la vulnerabilidad del ser humano frente a su fuerza, pero también el desahucio al que lo conduce cuando se rompe el equilibrio. Siempre está presente la tensión entre explorar y explotar la naturaleza como recurso, entre contemplarla como fuente de vida y reducirla a materia disponible.

En donde surgen nuevas formas vivas. Es precisamente en ese umbral donde Olga Lucía sitúa su obra: en el encuentro con lo azaroso que la naturaleza propone, en la experimentación con diversas formas artísticas que buscan traducir sus dinámicas.

Pintura, dibujo, video, fotografía y performance son medios que la artista asume como riesgo y como posibilidad.
Cada gesto creativo busca revelar aquello que la naturaleza, en distintos momentos de su trayectoria, le ha entregado como materia estética. En ese diálogo constante, Olga Lucía nos invita a develar y a revelar lo que late tanto en la superficie como en lo profundo del mundo natural.

La exposición propone un recorrido por varios momentos de su quehacer, en los que se despliegan no sólo la creación en distintos medios, sino también una propuesta artística entendida como un ejercicio continuo: el deseo de ver la naturaleza como un organismo dinámico. Este trayecto sitúa a la artista en varios tiempos y nos conduce por sus
inquietudes: desde las primeras aproximaciones realistas y contemplativas, hacia búsquedas más abstractas y experimentales que marcan una ruptura con la tradición pictórica, dejando entrever tanto lo real como lo poético en las formas más inquietantes que emergen en sus videos, fotografías y performances.

En esta travesía no se trata ya de la representación, sino de la presentación de las cosas: el límite del hombre frente a la naturaleza, y la posibilidad de repensar su relación con ella desde la creación artística. El título de la exposición remite al libro Caos sensible de Theodor Schwenk, quien define este concepto como un ámbito de creación y transformación.

* Curador.

Exposición Centro Colombo Americano. Manizales.

Fotografía de Carlos Enrique Ruiz.

Inconmensurable amor

Para ambientar la presentación inicialmente se escuchan los boleros Quizás, quizás, quizás y  Sabor a mí, luego entenderemos el porqué. Será Malicho Vaca Valenzuela quien con una pantalla gigante, un computador y su destreza informática combinada con su ansia de crear, nos presentará su obra, por medio de teatro documental con elementos biográficos, políticos y socioeconómicos. Su idea se concretó durante la pandemia y por medio de la autoficción y recursos tecnológicos logró impactarnos.

Dirigida por Malicho Vaca Valenzuela, ‘Reminiscencia’ es una obra chilena que ha recorrido más de 40 festivales en América y Europa. Desde una mirada de la existencia y el legado, narra una historia llena de reflexiones personales con las que el público en general logra identificarse.

Comienza mostrándonos a Santiago de Chile, por medio de fotografías, videos y medios de georeferenciacion, ampliándolos hasta el extremo, haciendo acercamientos y alejamientos convenientemente ajustados a lo que pretende presentar. La creación, presentada durante el Festival Internacional de Teatro de Manizales, de grandes estructuras como hospitales, su evolución, sus lugares icónicos y luego su desaparición por el progreso o por la obsolescencia, vaya a saberse, comienza a interpelarnos.

Durante la presentación y a causa de los cambios en los lugares, a través del tiempo, le surgen al expositor preguntas tan profundas como:

¿Qué va a pasar con nuestras huellas cuando ya no estemos aquí? ¿Quedarán nuestras voces en las calles en la carpeta de una memoria externa? ¿Qué relato de nosotros contará Google cuando ya no estemos acá? ¿Podremos volver a encontrarnos, a   tocarnos, a evocar juntos la realidad que queremos?

No solo para rescatar la historia, sino para mostrarnos las posibilidades de registro y su uso, presenta los hechos recientes de Chile en 2019, cuando el país por falta de acceso a educación gratuita y de calidad, el alza en el costo de la vida y el incremento del transporte público, produjeron un estallido social en el cual millones se volcaron a las calles con pancartas para protestar ante el gobierno quien no quería escuchar. Se dejaban mensajes en las paredes y por todos lados. Él se pregunta: “¿Qué significa dejar un mensaje en un lugar que no fue destinado para ser mensajero? Y así desarrolla toda una explicación filosófica muy interesante.

De esa misma manera y recorriendo la ciudad encontró varias placas metálicas en el piso con bellos poemas escritos en ellas, se pregunta su origen e intención, igual que pretende explicarse lo que sucede con corredores en algún edificio al los que falta algún tramo, quizá por el uso o el paso del tiempo, son cicatrices, al igual que los mensajes dejados en sitios no aptos para ello.

Su inquietud surge sobre la forma de recordar, cómo lo hacemos  y de qué manera queremos que nos recuerden y se pregunta si ¿quedará algo de cartografía de nosotros en un recuerdo? Para ello comienza de lo más general, va descendiendo y detallando y finalmente llega a lo intimo de su familia y así nos va revelando metodología, recursos y verdades a veces felices, otras no tanto. Aparecen aspectos políticos, marchas multitudinarias, fiestas pequeñas y grandes eventos, en los cuales él participó.

Luego se adentra en la historia de sus abuelos y lo hace con un amor que se siente así su admiración por ellos quienes vivían cerca a su casa.

“Mi abuelo siempre se encargaba de la música en reuniones”, dice ‘Malicho’ y lo ilustra con   un corto video en donde se observa la pareja cantando y bailando un bolero, luego aparecen una serie de fotografías y otros cortos en una incesante serie como si se quisiera que ese recuerdo permaneciera. Las letras de los boleros nos hacen rememorar aquellos momentos inolvidables de nuestras vidas y de esa manera surge de inmediato una clara identificación, con esa bella inspiración de esa linda pareja y ese verdadero amor, como lo dice el bolero.

Sin ti / Es inútil vivir / Como inútil será / El quererte olvidar”, de la célebre canción “Sin ti” del trío latinoamericano Los Panchos, quienes lograron marcar varias   generaciones con sus poderosos boleros.

Con el paso del tiempo, la abuela  empezó a sufrir de alzheimer y el único vehículo que encontró el abuelo para mantenerla en el presente fueron los boleros. “Comenzó a olvidarnos a todos”, dice mientras observábamos unas imágenes de ella en cama cantando. Su increíble memoria resaltaba de manera irónica, pues si bien en algunos tramos le costaba atinarle a palabras precisas, en la mayoría de los casos los hacía muy bien. Su memoria ya no estaba ligada al presente, era la música la encargada de reactivar su memoria involuntaria y revivir a partir de experiencias y recuerdos.

Esta pieza biográfica de teatro documental ha sido uno de los éxitos de público y crítica el país austral y es la tercera obra chilena invitada en la historia del prestigioso Festival de Avignon. El montaje trasciende el ámbito familiar del artista para convertirse en un manifiesto de los sueños y las búsquedas de justicia social de todos los latinoamericanos. Bello homenaje a los ancestros y la herencia por medio de la ternura.

Todo este despliegue de tecnología e investigación histórica, cartográfica, socioeconómica y otra cantidad de parámetros ha sido solo un marco para resaltar no solo el amor del autor hacia sus abuelos, sino el amor entre ellos que debió haber sido una conquista del abuelo con los boleros dedicados a su pareja y luego que le fuera arrebatada por el cruel alzhéimer lograr recuperarla a través de ellos nuevamente. Precioso y sentido homenaje.

Profesional en Filosofía y Letras Universidad de Caldas.

 

La capacidad de aguante del espectador, del ciudadano, es llevado al límite

CRÍTICA TEATRAL
57 FESTIVAL INTERNACIONAL DE TEATRO DE MANIZALES
GRUPO: YELLOW FACTORY Y OBLIVIO TEATRO
OBRA: DICIEMBRE

Con una adaptación al contexto colombiano de la obra original del dramaturgo chileno Guillermo Calderón, observamos un relato que enfrenta tres hermanos: contradicciones, polémicas y afectos, donde se exploran razones profundas de la existencia humana, familiar y social. Es una obra intensa, vibrante y que tal vez, no se ahorra ningún exceso, en todos los sentidos: el espacio se los traga, los supera, siempre están corriendo, gritando, tirando y golpeando las puertas. Son dos horas de espectáculo, en las cuales el texto verbal nunca para y muchas de las veces es atropellado, no se escucha, apenas puede leerse el gesto, acciones sueltas, retadoras, desafiantes.

Bien podría identificarse en la obra cierta “estética de la estridencia”, pues desde que inicia, uno duda si quiere permanecer ahí o coger las de Villadiego (léase escapar), pero para salir es necesario atravesar la escena y meterse entre los intérpretes, por lo tanto hay que esperar y aguantar un poco, pues la temática es agresiva, sin embargo, una íntima sospecha me tranquilizaba: esta incomodidad es intencional, por lo tanto esto va para alguna parte, es decir, al final entenderé porque tengo que aguantar una atmósfera tan pesada y podré salir de la confusión.

Seguramente la metáfora que subyace en todo el intríngulis de la obra es la polarización política y social que se sufre en Colombia hace muchos años y para ello se hace ficción de una guerra en el año 2033, tres hermanos, dos tíos, una novia; dos falsos embarazos, un soldado cuyo dilema es si vuelve a la guerra o se esconde, según propuesta de una de las hermanas. Y por supuesto, las hermanas están en polos opuestos y representan los extremos que enfrentan hoy a Colombia, sin posibilidades de reconciliación. Lo que pasa en el Congreso, pasa también en las salas de reunión familiar, se enfrentan posiciones que bien pueden terminar en violencias, y la batahola aguanta todo, menos la Paz.

La obra molesta tanto como la guerra interna en Colombia, sin embargo, parece que se les va la mano en todo, es decir, si es intencional, que lo es, hay un abuso expreso de la capacidad de aguante del espectador, del ciudadano, es llevado al límite: las expresiones verbales, insultos, el caos es permanente, cada uno quiere la muerte del otro. Solo al final hay un pequeño oasis de tranquilidad (en la obra, no en el país), donde las verdades se dicen sin filtros, se escuchan, las mujeres hacen catarsis y así se relajan; el soldado, el hermano menor trae recuerdos familiares: la madre, la niñez, los sueños. El soldado quiere ir al campo de batalla y luchar por Colombia y no ser más botín de disputa familiar…

Obvio, hay allí un realismo exacerbado, heredado un poco de “La Maldita Vanidad”, tal vez falta la prudencia, el justo medio, la ponderación, la ecuanimidad, pero la realidad política va más lejos (será que el teatro se puede autorregular). Tal vez… el artista solo tiene que mostrar, evidenciar una realidad, tal vez… solo pueda ser un lente de aumento, o tal vez… tenga que ser como dice Bertolt Brecht: “ El arte como un martillo para modelar la realidad.

Mi vecina de butaca esta vez no aguantó la pesadez de la obra ni la del país y migró al norte…

* Critico teatral

¿El teatro está en el deber moral de mostrar la herida abierta y sangrante de la tragedia humana?

CRÍTICA TEATRAL
57 FESTIVAL INTERNACIONAL DE TEATRO DE MANIZALES
GRUPO: CONGREGACIÓN TEATRO
OBRA: EL LUGAR DEL OTRO

Las últimas obras vistas en el Festival de la Congregación han sido verdaderos éxitos de público, han tocado las fibras más sensibles del alma humana y valga decir que la experiencia se ha humedecido con lágrimas, ha despertado emociones, solidaridad; un acercamiento vibrante a la tragedia y en general unos contenidos muy originales, un tratamiento de los temas atravesados por el realismo, cierta poética de las historias cotidianas y aspectos formales muy desenfadados, ágiles, minimalistas; son puestas íntimas, sin enormes despliegues o estructuras, logran enganchar de inmediato; cercanos a la gente, interpretan sus dolores y afugias.

“El lugar del otro”, como casi toda las obras anteriores, es localizada, con nombres propios de la ciudad, con historias de sus calles. Ahora nos cuenta una “autoficción”, un suceso del futuro, cuyo lugar es el Metro y allí sucede el hecho truculento, la explosión mayor, la conflagración, el abandono del padre, el hijo que odia y la madre que muere. Es común el relato de los hijos olvidados y negados por sus progenitores y la Congregación trae el tema de manera descarnada, directa.

Es narración elemental, básica, sin complejos o intrincados nudos dramáticos, sin exceso de metáforas o analogías para interpretar, no, el lenguaje es directo, sin ambages, ni tramas por resolver, todo se pone de frente: la madre fue una mujer fácil de una noche, el padre es Lucho, porque salió su vivo retrato. Le pasa lo que a muchos padres, eluden su responsabilidad, no asumen su compromiso por juventud, indecisión o incapacidad moral y crecen los hijos con su frustración, luego viejos, vuelven sobre sus pasos, no toleran la distancia y llegan los rezagos cristianos de la culpa, el arrepentimiento y cuando el B.B. crece y los mira a los ojos, ellos se derrumban, la flojera los carcome y quieren resarcir lo no resarcible.

“El lugar del otro”, es mímesis del formato de la obras anteriores, allí está Johan Velandia, como director, dramaturgo y su equipo versátil de intérpretes. Sin embargo, el realismo tiene sus fisuras, pues a veces no nos permite ver la esperanza en el horizonte y nos quedamos anclados en la catástrofe, entrampados en la maraña, medio bazofia y medio miserable, esa que se expresa en el último escalón de la dignidad humana y que pareciera no tener voluntad para ascender, para visualizar hacia adelante la posibilidad de salvación, más acá de la muerte y que la metáfora no termine en planos metafísicos, aturdida negación de la felicidad.

El teatro es metáfora en movimiento, nos da la posibilidad de tomar distancia y tal vez la tragedia requiera ser mirada con un lente, que para la Congregación se tiñe progresivamente de escepticismo; hay placer en el dolor, en reconocer situaciones límites; la crudeza en la narración es un estilo propio de esta estética, depurada, de simbolismos muy estrangulados, de verdades crueles y expresadas sin tapujos: así nos trata la vida, será necesario que así nos trate el teatro también. La pregunta es si el teatro nos tiene que acariciar, dorar la píldora, pasar la realidad por filtros, alejarse y decirnos mentiras para que aspiremos a un cielo después de atravesar el infierno. O si el teatro está en el deber moral de mostrar la herida abierta y sangrante de la tragedia humana.

Ahora repito lo que decía una compañera de butaca al terminar la obra: “…Final catastrófico y sin esperanza que me recuerda la crudeza de la realidad… ¿yo pagué por esto?”

* Crítico teatral.

Fotografía Festival Internacional de Teatro.

La maestra Oliva Manchola responde a homenaje de la Universidad de Caldas

Durante la inauguración del 10 Festival Internacional de Música CiMa, el 25 de agosto de 2025, la Universidad de Caldas rindió homenaje a la Maestra Oliva Manchola Lastra “figura emblemática de la música en nuestra región. Como decana y directora del Departamento de Música, fue impulsora del programa de Licenciatura en Música en la Universidad de Caldas y una incansable promotora de la formación musical en niños, jóvenes y adultos”, afirmó el profesor Giovanny Betancur director del festival y quien tuvo a cargo la presentación del reconocimiento.

“Su legado educativo y cultural, semillero de generaciones de músicos, resuena con fuerza en cada espacio donde hoy celebra la comunidad musical. Durante su constante y sólida vida académica, doña Oliva, además de educar a varias generaciones de músicos en las aulas universitarias, de ser una gran impulsora de inicio al programa de Licenciatura en Música, ha participado con pasión en proyectos importantes como la profesionalización de músicos en todo el país, el programa Colombia Creativa del Ministerio de Cultura y, por supuesto, de la formación de numerosos niños, niñas, jóvenes y adolescentes, de directores de banda y de coros del Eje Cafetero”.

La Maestra Manchola respondió emocionada a la universidad y al público que colmó la sala principal del Teatro Los Fundadores, con estas palabras:

“En la inauguración de la décima versión de tan importante festival, mi corazón está recargado de gratitud con la vida, porque puedo ver el producto de muchas de las semillas que sembré con el alma mientras impartía información como docente.

“Décadas en las que la música como sustrato de amor y de vida era el objetivo central. Todos sabemos y sentimos que la música como lenguaje universal une emociones y sentimientos, trascendiendo las barreras de la cultura, del idioma y del lugar de su procedencia. No importa de dónde se venga o hacia dónde se va, el corazón salta igual y con la misma emoción, ante el ritmo, la melodía y la armonía de cualquier estilo o forma musical.

“Hoy aquí, además de agradecer este reconocimiento, invito a los creadores y organizadores del festival a continuar avanzando estos eventos y deseo además que se mantengan vigentes y en permanente evolución y crecimiento, aquellos programas en los cuales Caldas y Manizales han sido pioneros desde los años 80, como lo son el Programa de Bandas Estudiantiles de Caldas, Batuta, el Taller de Ópera y por supuesto, nuestro mayor orgullo, la Orquesta Sinfónica de Caldas, que abren posibilidades de seguir viviendo la música en todas sus manifestaciones como el mejor aliciente y estímulo para afrontar realidades. Gracias, gracias, gracias. Gracias”.

Por su parte el rector de la Universidad de Caldas, Fabio Hernando Arias, anunció la entrega de cerca de 3 mil millones de pesos en dotación, infraestructura y apoyo a proyectos culturales, recursos provenientes del Fondo para el Fomento, Desarrollo y Fortalecimiento de la Gestión Cultural y Artística, creado por la administración a través del acuerdo 73 del Consejo Superior de diciembre del 2024.

El Vicerrector de Proyección Universitaria, Darío Arenas Villegas, puntualizó en que se van a invertir estos recursos: renovación del teatro El Galpón de Bellas Artes, terminación del Centro de Museos en el CCU Rogelio Salmona, implementación de salas de exhibición en el mismo centro cultural, entrega de instrumentos al Departamento de Música y de materiales al Departamento de Artes Plásticas, y generación de nuevas inversiones en los proyectos de arte y de cultura de la universidad.

Por último, el director de CiMa 2025, Yovanny Betancur, al invitar a la comunidad a participar, resaltó las bondades del festival, que este año se realiza bajo el lema “Ecos de la Cima”, en sus 10 años resonando el territorio, “celebramos no sólo la continuidad del festival sino el eco profundo que la música ha dejado en nuestra región, generando diálogo, comunidad y memoria. La programación de 2025, la más ambiciosa que hemos realizado hasta ahora, contiene 22 conciertos, 11 países invitados, un foro académico con 17 conferencias, 20 clases magistrales, un panel de expertos, un foro de industrias musicales que abre la puerta a pensar la música, también como motor económico y de desarrollo cultural”.

Fotografía del Facebook Facultad de Artes y Humanidades Universidad de Caldas.

“ABITAR”. El velo de lo visible, lo invisible sin el velo

Exposición Adriana Sofía Gaviria Botero. Alianza Francesa Manizales.

Más allá de la mera representación, esta obra nos invita a una profunda reflexión sobre la visibilidad, la vulnerabilidad y la dignidad humanas en el espacio público. La fotografía, como un medio poderoso, tiene la capacidad de influir en la percepción pública y moldear narrativas. En esta era de la “postfotografía”, donde la toma de imágenes se ha vuelto un hecho radicalmente cotidiano y las imágenes son efímeras, la representación honesta y precisa se convierte en una prioridad ineludible.

La figura del habitante de calle, a menudo, es objeto de estigmas y estereotipos negativos, percibida socialmente como un “bulto sospechoso” o un individuo problemático, descontextualizado y fragmentado.

La presencia del plástico transparente en la imagen es simbólica: un material que, si bien permite ver, también subraya la fragilidad y la precariedad de la existencia en la calle, y cómo, a pesar de la visibilidad física, estas personas a menudo permanecen “invisibles” para una sociedad que desvía la mirada.

Con su capacidad de observación fotográfica, inquieta por todo lo que la rodea, Adriana Sofia, se encuentra de frente con esta escena (en la que a priori no se nos permite identificar al sujeto) logra su encuadre con un marco natural, esquivando caer en la “pornografía de la pobreza” y permite hacer visibles y comprensibles estos fenómenos sociales que a menudo se dan por naturalizados y, por tanto, resultan imperceptibles en sus implicaciones.

Esta exposición busca ser un espacio de interacción y diálogo colectivo. Adriana Sofia al presentar estas imágenes singulares, nos contextualiza con las múltiples perspectivas que tenemos sobre la fotografía y la exclusión social, invitándonos como espectadores a ir más allá de la superficie…(sí, de esa superficie “plástica” que se multiplica y sigue hasta nuestro pies) fomentando una visión crítica sobre cómo percibimos a quienes viven en los márgenes y cómo nuestras propias vidas, en la era de la imagen digital, están entrelazadas con la visibilidad y el olvido.

Esta obra no solo es un testimonio visual, sino una pregunta abierta a nuestra conciencia colectiva. Nos interpela sobre nuestra responsabilidad social y el poder de la fotografía para impulsar el cambio y el desarrollo social, promoviendo la empatía, la cohesión y la liberación de las personas. Es una invitación a mirar de nuevo, a ver la humanidad que persiste bajo el velo de lo visible y a recordar que ninguna persona debería ser invisible en nuestras ciudades.

* Fotógrafo y naturalista.

Fotografía tomada del Facebook de la Alianza Francesa.

40 años auditorio Hernando Aristizábal Botero de Confa Caldas

En 2025, el Auditorio Hernando Aristizábal Botero de Confa celebra cuatro décadas siendo un espacio emblemático para la cultura y el sano esparcimiento en Manizales y el departamento de Caldas. Desde su inauguración en 1985, este auditorio ha sido testigo del crecimiento artístico de la región y ha brindado a la comunidad un lugar para disfrutar de diversas manifestaciones culturales.

Ubicado en la sede de Confa en la Avenida Paralela con calle 50, el Auditorio ha sido diseñado para ofrecer una experiencia cómoda y accesible en un espacio moderno, con equipos de última tecnología. Con una programación que incluye funciones de cine gratuitas y eventos culturales, se ha convertido en un punto de encuentro para familias, estudiantes y amantes del arte.

Un poco de historia

El programa de cultura inició en 1984 promocionando los valores artísticos existentes en las empresas afiliadas y demás grupos folclóricos y culturales de la ciudad, para ello utilizaban los espacios disponibles en el edificio de Versalles, que se estrenaba para la época.

Así se realizaron múltiples actividades como: el primer taller de pintura infantil, la primera jornada recreativa y cultural para niños, el primer concurso de fotografía y el primer concurso de intérpretes musicales para adultos, todos buscando involucrar a la comunidad en la cultura y el arte.

El programa de cultura inició formalmente en abril del 1985, con la inauguración del Auditorio Hernando Artistizábal Botero, un nombre que representa el homenaje póstumo al Director de la Caja de Compensación por muchos años,  el 25 de abril de ese año y partir de ese momento los eventos abarcaron una amplia gama de géneros artísticos que resaltan los valores culturales de la región y congregan a su alrededor a diferentes tipos de población acorde con la programación.

En este escenario se han realizado congresos nacionales, seminarios, conferencias, asambleas, grados, conciertos, presentaciones de danzas, grupos musicales, títeres entre otros, testigo de alegrías, de triunfos, de aprendizajes y momentos de crecimiento.

En 1985 se realizó el evento Grandes Maestros Caldenses Cuentan su Historia y también se presentaron obras del Festival Latinoamericano y Festival Departamental de Teatro, se convirtió en un escenario para proyecciones cinematográficas para niños y adultos acercando el séptimo arte como una opción de sano esparcimiento y entretenimiento para la familia y lo mejor, de manera gratuita.

Desde este se promovió en la ciudad la conformación del Comité intercultural que originó programas como bolero y balada, temporada de audiciones musicales y homenajes a personajes célebres, además se realizó la primera muestra cultural de empresas, colegios y universidades con la participación de toda la ciudadanía.

Desde 1992 se descentralizaron las manifestaciones culturales a otras unidades de servicio como La Asunción, Anserma,  Villamaría, Chinchiná, Arauca entre otras, llegando a romper los límites de acceso e iniciando cine al parque, títeres en colegios y un sinnúmero de actividades que llevan en el alma el arte, la cultura y la posibilidad de aprender a través de ellas.

40 años impulsando el talento local

El Auditorio ha sido cuna de numerosos artistas que han iniciado sus carreras en este escenario. Eventos como “Confa le Canta a Caldas” han brindado oportunidades a jóvenes talentos de la región para mostrar su arte y conectar con el público. Además, festivales como Confa Jazz, Confa Salsa, Confa Tango, Confa Danza entre otros,  han enriquecido la oferta cultural, al presentar una variedad de expresiones artísticas que reflejan la diversidad y riqueza cultural de Caldas. Incluso han presentado artistas de talla internacional en algunos eventos.

Más allá de ser un espacio para el entretenimiento, el Auditorio Hernando Aristizábal Botero ha desempeñado un papel fundamental en el fortalecimiento del tejido social de la región. Al ofrecer eventos gratuitos y de calidad, ha promovido la inclusión y el acceso equitativo a la cultura, en beneficio de miles de personas a lo largo de los años.

En su 40 aniversario, el auditorio no solo celebra su historia, sino que también reafirma su compromiso con el presente y futuro cultural de Manizales y Caldas. Con una programación diversa y un enfoque en la comunidad, continúa siendo un pilar en la promoción del arte y la cultura en la región, un espacio vigente para todos.

Auditorio Hernando Aristizábal Botero de Confa, cuarenta años de historias, de aplausos, de emociones que nos han unido. Aquí han nacido sueños, han resonado versos, han vibrado la música, el teatro y la danza. Un espacio donde el arte y la cultura son de todos…

Vívelo, también es tuyo.

Confa, contigo, con todo

Femenina LIVERDAD: florecer desde lo que somos

“Una mujer libre tiene que ver con una decisión, con la decisión de ser para poder servir”, testimonio de una de las participantes en el proyecto.

El arte y el saber se conjugaron y produjeron una entrañable y potente exposición de fotografías de gran formato (en el CCU Rogelio Salmona), autoría de la terapeuta Carolina Galvis y del fotógrafo Julián Madrid con el acompañamiento del colectivo Mujeres Impactantes. Se trata de uno de los resultados del proyecto Femenina LIVERDAD en el que participaron 72 mujeres con sus cuerpos desnudos: 7 sesiones con 7 mujeres cada una y la última con 32.

Carolina Galvis nació en Bogotá y desde el año 2002 vive en Manizales. Su camino como terapeuta femenina, terapeuta menstrual “madre luna”, comenzó en Ecuador y se consolidó en Canadá. Se especializó en ginecología natural. “Lo que hago es acompañar a las mujeres”.

¿De qué se trata la propuesta que denominaron Femenina LIVERDAD y cuál fue el proceso de construcción?

LIVERDAD combina la palabra libertad con verdad y la idea es que saliera el concepto de mujeres reales y poder así liberarnos de todos los estereotipos que tenemos sobre el cuerpo, porque la desnudez y en grupo es muy difícil. El propósito es poder llegar a esa verdad de cada quien con lo que es, como es y podernos conectar desde la piel. La profundidad del proceso se da desde el sistema endocrino. Cuando las mujeres nos reunimos se despierta lo que yo llamo la Sabiduría del cuidado de la vida, que son estas memorias hormonales que nos permiten que como mujeres seamos cuidadoras de la vida, fenómeno que libera mucha oxitocina. Esta situación nos permite entrar en amor, en confianza, en vínculo. Y lo que podemos observar en las fotos finalmente es eso, que estas mujeres entraron en ese lugar seguro en que podían ser ellas y podían estar en libertad desde su propia verdad.

En ese contexto, ¿qué significado tiene para una mujer el concepto de LIVERDAD?

Significa que pueda pasar más tiempo siendo ella en vez de pensando en cómo debería ser. Desde mi experiencia de 17 años acompañando mujeres aprendí que nos consume mucho tiempo el pensar en las formas, en qué consumo y qué no consumo, en qué debería decir o qué me pongo qué no me pongo y eso nos ata profundamente. Desperdiciamos, digo yo, nuestra inteligencia en pensamientos establecidos por la costumbre. Creo que la libertad es poder liberarnos de eso para florecer y ser nosotras mismas desde lo que somos.

¿El proceso se desarrolló en Manizales?

Se desarrolló en Manizales, en el estudio fotográfico de la Universidad de Manizales hicimos nueve sesiones. Las primeras ocho con grupos de siete mujeres, era el principio y en la última, la que nos permitió las fotos grandes, tuvimos 32 mujeres.

Cuando usted dice que las mujeres nos podemos liberar de tantas ataduras, y siendo Manizales una ciudad con patrones culturales tan conservadores ¿cómo poder avanzar para que sus mujeres vayan asumiendo la necesidad de llegar a esta libertad?

Gracias por esa pregunta, porque para mí el desafío en Manizales ha sido intenso con esa tradición. Cuando las mujeres llegan a consulta me doy cuenta de las profundidades de esta realidad, del miedo que hay al qué dirán, de cómo las posee realmente. Creo que parte de la liberación son ejercicios como el proceso  que hemos adelantado desde LIVERDAD porque rompe estructuras. Yo sé que genera mucha polémica también, desde las generaciones antiguas y desde las generaciones nuevas para quienes ha sido muy lindo este despertar. Hemos tenido en la exposición estudiantes de las universidades con sus profesores y me han compartido testimonios que me llevan a la conclusión de que necesitamos realmente romper, romper creencias, romper pensamientos, romper estructuras desde lo más íntimo para poder llegar a estos resultados.

¿Tiene el proyecto Femenina LIVERDAD otros sentidos así de profundos?

Si. Gran parte se trata de recordar la sabiduría endocrina que traemos las mujeres, es el cuidado de la vida, viene en nosotras y no es desde afuera, sí, se transmite piel a piel, pero es desde adentro que se nos permite despertar realmente ese cuidado.  Yo sé que el viaje que nos ha tocado para ponernos en un lugar en esta sociedad nos cuesta dolor y una historia muy pesada, por obvias razones, pero también es el momento de recordar que ser mujer es una bendición, que poseemos la capacidad de cuidar y de cuidarnos y cuidar la vida que damos y la que tenemos. Es por eso que hay que romper muchas estructuras.

La exposición que se encuentra en el 4 piso del CCU Rogelio Salmona de Manizales, celebrará el 5 de marzo el Día de la Mujer para luego continuar su itinerancia por varias ciudades del país.

Otros testimonios de algunas mujeres participantes en el proyecto Femenina LIVERDAD.

“En mí habita la memoria del cuidado de la vida”.

“Que estas imágenes sean luz para que los caminos de todas sean más comprensibles”.

“Es muy emotivo sentir la piel de la otra desde una sensación de calma, de maternidad”.

“Todas las creencias limitantes se hacían cada vez más evidentes. El proceso me liberó de una cárcel o atadura frente a ellas”.

“Muchas veces, familiar o socialmente, me he negado la oportunidad de declarar y expresar mis sentimientos”.

“Aquí estoy recorriendo mi vida, reconociéndome en lo que soy”.