Conocer mejor nuestro patrimonio es la condición para protegerlo y soñarlo hacia el futuro.
“El centro no solamente se mira, el centro también se vive. Cada uno de nosotros tiene una relación distinta con este lugar. Para algunos comienza temprano con el comercio, el trabajo, el café, para otros está en la plaza, en los parques, en una iglesia, en una esquina o en una conversación”. Así inició su intervención la directora de la Asociación Cívica Centro Histórico de Manizales, María Alejandra González, durante el Primer Encuentro Patrimonio Arquitectónico y su Futuro realizado el pasado 15 de septiembre bajo la organización de la asociación, la Fundación Patrimonio Pasado Presente y Futuro, Hoyos Editores y la Sociedad de Mejoras Públicas.
El Centro Histórico de Manizales es un monumento nacional de Colombia, reconocido oficialmente por medio del decreto N° 2178 del 2 de diciembre de 1996. Este grupo arquitectónico republicano es considerado uno de los conjuntos más extensos y homogéneos del país en cuanto a su valor histórico y artístico. Dado su vital importancia, especialmente en el contexto de la reconstrucción pos-sismo del 10 de agosto de 2026, que afectó varias edificaciones de nuestro centro patrimonial, compartimos a continuación los fragmentos más relevantes de la presentación de María Alejandra. Así continuó su exposición:
Hay quienes lo viven a diario y hay quienes vienen ocasionalmente. Pero todos tenemos una memoria del centro, y esa memoria también hace parte de nuestro patrimonio. El centro cambia durante el día, el centro cambia ritmos, cambia personas, cambia sus actividades, es comercio, es trabajo, es encuentro, es cultura, es todo eso y eso lo hace cada vez más complejo.
Por eso cuando hablamos de patrimonio, no hablamos únicamente de las fachadas, de las iglesias, de las casas, de los edificios, Y el 10 de agosto ocurrió algo que cambió, a lo mejor por unos minutos, nuestra manera de sentir el centro. Después de ese movimiento vino el silencio, y después de ese silencio ocurrió algo muy particular, y es que comenzamos a mirar, y a mirar hacia arriba. Miramos las fachadas, miramos las cubiertas, miramos las cornisas, las paredes, la grieta, nos convertimos en expertos de si se tiene que tumbar o no, de por qué sí, de por qué no, y empezamos a mirar esos edificios por los que habíamos pasado cientos de veces, pero que quizás nunca habíamos observado realmente. Y cuando miramos con atención, se comienza a preguntar por qué apareció aquí una grieta y aquí no, por qué algunos edificios parecen haber respondido de una manera y no de otra ¿qué hay detrás de esa diferencia? Y el sismo nos hizo precisamente detenernos, nos hizo mirar y nos hizo preguntar.
El Centro Histórico es el lugar que reúne las partes más originales de nuestra ciudad, construidas en tiempos que quizás ya sean irrepetibles. Y el centro hizo pensar que de alguna manera también es un libro, un libro que nos habla de las ideas, un libro que nos habla de los sueños y de las decisiones de quienes nos precedieron, porque ellos también, al igual que nosotros, tuvieron sus desafíos, incendios, sismos, que les hicieron enfrentar su propia realidad, resolver esos problemas y desde allí imaginar cómo querían ese futuro para ese centro histórico y para la ciudad. Entonces, cuando caminamos por el centro, estamos caminando sobre esas decisiones.
Y de ahí está el paso que queremos proponerles hoy, de ese sentir, de esa excusa, de esa oportunidad que nos trajo quizás el sismo, de volver a mirarlo, de mirarlo con más sentido, con sentido del lugar. Porque una de las primeras preguntas que apareció después del sismo fue precisamente esta, ¿por qué unos edificios accionaron de una manera y otros de otra? Y con esto lo que queremos es, en primer lugar, no responder con una falsa certeza, porque esto lo dejamos a espacios un poco quizás más técnicos, pero sí desde la sociedad civil organizada, aprender a leer lo que el sismo nos está mostrando. Y para hacerlo como asociación cívica, desde ese momento posterior al sismo, empezamos a recoger información, a hacer recorridos por el centro, por las calles, por algunos de los inmuebles, por donde se permitía transitar, hablar con los propietarios, y a observar.
Y aquí entra un dato, un dato que, hago la salvedad, no va a reemplazar las evaluaciones técnicas, oficiales e internacionales que a nivel institucional deban hacerse sobre estos inmuebles, pero sí al menos en el universo de la Asociación Cívica Centro Histórico logramos identificar que 64 inmuebles de los que pudimos recorrer, y quizás observar y hablar con sus propietarios durante esa primera semana, 48 de ellos presentaban afectaciones menores y hay algunos, puntuales casos, en los que requieren mayor verificación y seguimiento. Y por eso quiero insistir en que es apenas un balance ciudadano preliminar, construido a partir de esta información disponible que les cuento, pero que nos permite quizás dar pistas y dar insumos sobre adonde debemos seguir mirando. Y este balance nos devuelve a la pregunta inicial, no todos los edificios responden de la misma manera frente a un fenómeno como el que aconteció el 10 de agosto.
Manizales ha tenido que reconstruirse muchas veces y esas reconstrucciones también han hecho parte de la historia. Y por eso un edificio patrimonial no solamente conserva una imagen del pasado, también conserva conocimiento.
Como les decía ahora, un inmueble o un conjunto de inmuebles o un sector patrimonial es un archivo, es un libro. Y por ese libro nosotros caminamos todo el tiempo. Sus materiales, sus técnicas constructivas, sus soluciones constructivas o no tan buenas soluciones constructivas, sus transformaciones, toda esa información y al final una edificación también es un archivo.
Y cuando termina la emergencia, digamos la etapa reactiva, existencial, aparecen nuevas preguntas para nosotros cruciales desde las sociedades civiles organizadas. ¿Quién inspecciona? ¿Quién evalúa? ¿Quién determina el riesgo? ¿Quién define la intervención? ¿Quién autoriza? ¿Quién acompaña o quiénes acompañan la recuperación? Y estas preguntas no las hacemos para buscar responsables, las planteamos porque es necesario una ruta clara, el sismo nos sacudió física y emocionalmente. Y después de eso, ¿cómo va a ser ese proceso de reconstrucción que ha caracterizado a la ciudad al enfrentarse a este tipo de fenómenos? Porque recuperar no puede significar simplemente reparar lo que se dañó y volver al punto anterior. Sería como tener un lapso de tiempo de pérdida de memoria que un sismo nos hizo vivir de otra forma, tomar otras decisiones y querer volver a como estaba antes. Y por eso para nosotros es importante preguntarnos qué aprendimos, qué funcionó, qué debemos conocer mejor, qué debemos cuidar e incluso qué nos podemos permitir olvidar,
Y entonces aparece por ello la pregunta, y después de lo que vimos, ¿qué centro histórico queremos? Queremos un centro para trabajar, para habitar, para disfrutar, para vivir, para recorrer, para sentarse, para permanecer. Día y noche, literalmente, día y noche.
Porque para tener el patrimonio, no significa congelarlo, inmunizarlo, significa permitir que tenga, que siga teniendo vida. Y es probable que para nosotros esa sea la tesis fundamental. Y para ello necesitamos conocer estos edificios, conocer sus materiales, sus historias, lo tangible y lo intangible, la tecnología y la técnica, las transformaciones que ha tenido, sus problemas, posibilidades, desafíos y retos.
Y algo que para nosotros ha sido fundamental es asumir compromisos, todos y todas. Porque hay algo que parece muy sencillo, pero que a veces olvidamos, y es que no podemos proteger aquello que no conocemos. Por esto, comenzamos hablando de sentir, porque primero tenemos que reconocer esa relación que tenemos con el centro histórico. Porque después de reconocer esta relación, este vínculo, estas redes que tenemos con la historia que albergan estas edificaciones patrimoniales, pues necesitamos pensarlo, hacernos preguntas, para quizás no quedarnos en lo romántico del patrimonio, que es muy bello, pero que quedarnos ahí nos limitaría el futuro en vida. Conocerlo, entenderlo, proponerlo y finalmente necesitamos soñarlo. Soñarlo no como una forma de escapar de la realidad, sino como una manera de decidir qué futuro queremos construir.
Un centro que conserve su memoria, un centro que cuide su patrimonio, que aprenda de lo que ha vivido y que, como les decía ahora, sea un lugar para trabajar, para habitar, para disfrutar, para vivir. Porque el patrimonio no es solamente aquello que terminamos heredando, sino que también es lo que comenzamos a decidir para dejarles a quienes vienen detrás. En ese sentido, el sismo nos hizo mirar el centro de otra manera y por eso queríamos aprovechar la oportunidad de que las personas están mirando el centro de otra manera y descubrir y hacernos preguntas de todo tipo. Y al preguntarnos, descubriremos incluso cuánto más necesitamos conocer, cuánto todavía desconocemos de esas edificaciones y del lugar como tal. Porque el Centro Histórico, el conjunto de colores de arquitectura patrimonial está en un centro que es institucional, que es comercial, que es financiero, que es comunitario, que es dinámico, que es educativo, que tiene una interdependencia en sus multidimensiones y que hay que poner a jugar el patrimonio alrededor de eso y no contra eso.

Participaron en el Primer Encuentro Patrimonio Arquitectónico y su futuro: De izquierda a derecha: Jorge Alberto Jaramillo, abogado y fundador de la Asociación Cívica Centro Histórico de Manizales; María Alejandra González, trabajadora social y directora de la asociación; historiadora y director de Hoyos Editores; María Eugenia Beltrán, arquitecta y Presidenta y de Academia Quindiana de Historia; Fernando Macías, historiador y restaurador; Franklin Muñoz Giraldo, presidente de la Sociedad de Mejoras Públicas de Manizales. Participó además Jorge Enrique Martínez, arquitecto y director de la restauración de la Juan XXIII, quien no aparece en la foto.