Por: Andrea Ospina Santamaría *
Fecha de publicación: 10/05/2024
En la fotografía NFTs: Tokens No Fornicables, Claudix Vanesix, Centro de Convenciones Teatro Los Fundadores.
Dentro de toda la programación de la vigésima tercera versión del Festival Internacional de la Imagen había una sola franja con un límite de edad: el performance de Claudix Vanesix y Dj Edna titulado “NFTs: Tokens No Fornicables”. Es curioso porque aunque la obra contiene desnudos y algunas referencias de trastornos alimenticios, el lenguaje utilizado resulta ser más cercano para alguien de 14 años que para alguien de 50. Esta propuesta, llena de memes, frases y audios trending, avatares virtuales y filtros de redes sociales, sin duda ha sido de lo mejor de esta edición del festival. Creo que no estoy sola en esta afirmación: nunca en mi vida había visto tantas personas ponerse de pie en un efusivo aplauso ante un performance de arte contemporáneo.
Lo que hace interesante la propuesta de Claudix se podría separar en dos capas: por un lado la materialización de la obra, porque el uso del cuerpo, los temas en tendencia como las redes sociales y las herramientas como la realidad aumentada son actuales y pertinentes. Por otro lado, lo más importante para mí es el punto de enunciación de la artista peruanx Claudix pone sobre la mesa la mirada indígena y racializada, la diversidad de género, el feminismo, la decolonialidad y la experimentación crítica con la tecnología, recordándome que siempre es admirable ver a una persona joven que se posiciona con fuerza frente a todo un sistema de consumo de estereotipos; además, me lleva a reflexionar sobre la falta de diversidad que tengo en mis referentes profesionales y me invita a sentirme identificada con ciertas capas de su propia vida.
Además de presenciar su performance, fue posible escuchar una conferencia de Claudix donde compartió las bases de su trabajo y algunos fragmentos de otras de sus obras: una serie de imágenes potentes, valientes y sin disimulo, acompañadas de una persona tranquila, sincera y graciosa que nos presentó, desde historias personales, varias realidades que tocan, me atrevería a decir, a muchas vidas del sur global. Su mensaje es claro: el uso de la tecnología es político.
Doy inicio a la nota final de este cubrimiento 2024 con estx participante en especial porque transversaliza los tres temas que quiero tocar: primero, lo importante para mi de este festival, segundo, la proyección hacia 2025 y tercero, algunas preguntas que siento que se deben continuar trabajando.
Conocer el trabajo de Claudix y de muchos otros artistas, ya sea porque participan directamente de esta edición o porque son mencionados por teóricos y gestores, es una oportunidad muy valiosa que abre el Festival de la Imagen. Entre tantos espacios es inevitable remover muchos de los referentes creativos que teníamos previamente, preguntarse por contextos históricos, conocer nuevas teorías y nutrir investigaciones personales y colectivas. Si nos involucramos atentamente en este tipo de eventos, nos damos cuenta de que son espacios que nos llevan a conversar con otros, tensionar conceptos y miradas, poner capas adicionales a discursos que ya conocíamos, distanciarnos aún más de lo que no compartimos y encontrar nuevos caminos a lo que sí creemos.
Otro aspecto a resaltar del festival es la vocación pedagógica de un gran número de sus participantes. Por ejemplo, en la conferencia de Pilar Rosado el día de cierre del Festival aprendí sobre el funcionamiento de las redes neuronales y cómo la lectura de categorías de imágenes cambiaba y era aprendida por las máquinas de la misma forma en la que lo era por los humanos. Recordé la especificidad del arte como un tipo de imagen de compleja comprensión que aún se sigue escapando a los rótulos y categorías que tanto la inteligencia artificial como los humanos pueden generar, y de nuevo, la necesidad de entender la máquina para que ella no domine nuestra capacidad crítica y de poner en valor el error, la prueba fallida y el absurdo. Solo en el último día del Seminario Internacional me informé sobre la historia de los videojuegos en relación con el arte, la relación del Urbanismo Táctico con el Situacionismo, algunas metodologías de investigación creación con la experiencia de artistas, entre otras cosas. Sin hablar de que para escribir estas notas removí en mi cabeza temas tan distantes como el narcotráfico en Medellín o la arquitectura en Cataluña, relacionándolos en lo visual, lo sonoro y lo espacial. Dentro de estos escenarios tan diversos de la programación del festival muchas preguntas teóricas y prácticas quedan rondando y eso siempre será una ganancia ¿Cómo nos situaremos frente a la migración climática? ¿Qué pasa con las reflexiones sobre las ruralidades latinoamericanas? ¿Cuál es el papel del archivo en el ámbito tecnológico? ¿Qué pasará con los límites éticos y prácticos de la inteligencia artificial? ¿Cómo se sitúa la interacción interespecie en el arte de 2024? entre muchas otras que detonan nuevas investigaciones.
Por otro lado, algo que trabajan un gran número de las personas participantes, y que conecta a personas tan aparentemente distantes como Claudix o Pilar Rosado, es el archivo. Ya sea a través de fotos familiares, fragmentos de video, colecciones de filtros en redes sociales o grandes bases de datos de imágenes de internet, muchas de las conferencistas y artistas parten de un universo previo de información que piensan al momento de crear, que actualizan, catalogan y deforman. Por ejemplo, la obra de Eva Marín entrelaza una declaración de 1914 sobre los derechos de la mujer con fotografías de archivo de las sufragistas estadounidenses y la conquista de algunas cimas de montañas, contraponiendo en una reflexión visual formas de conquista ciudadana, como los derechos civiles, con el habitar de un espacio comúnmente asociado al triunfo masculino, como el alpinismo.

Cimas, conquistas y grietas, Eva Marín, Museo de Arte de Caldas.
A su vez, un gran número de participantes del festival se preguntan por la circulación de la tecnología y la imagen en lo local: la circularidad del diseño, el uso sostenible de la tecnología, el contexto localizado de las reflexiones, las particularidades del territorio, etc. todo ello desde la importancia de la colectividad, la ciudadanía y el trabajo colaborativo. Estos dos temas me dan pie para dar un abrebocas sobre los objetivos que tiene el Festival de la Imagen para el año 2025.
Bajo la noción de archivo y de lo local, el Festival de la Imagen en su XXIV versión se preguntará por el tema de lo regenerativo. Dentro de este espacio se espera aprovechar la oportunidad para pensar las memorias y, teniendo en cuenta que ya se acercan sus 25 años de existencia, es importante reflexionar sobre la contribución del evento a la ciudad, así como el aporte y continuidad de las personas que han hecho parte de este. Es importante recordar que durante su casi cuarto siglo de vida las áreas del festival han cambiado (como en cualquier evento de estas magnitudes) e incluso hay procesos que hoy ya no se están realizando, como el mercado o las residencias, que pueden reflejar de alguna forma el cambio de objetivos de quienes lo organizan. También, al haber nuevas sedes del evento en Bogotá, preocupa a algunas personas de la ciudad la posibilidad de que el festival pueda migrar y centralizarse, así que analizar el desarrollo del propio evento es prioritario. Por último, hay eventos llenos de presencia local que llevan mucha continuidad, por ejemplo, el Salón de Estudiantes Diseño Visual, el primer espacio expositivo para muchos de los estudiantes del Programa de Diseño Visual de la Universidad de Caldas, o laboratorios como el de Sebastián Gonzales y Julián Cardona en conjunto con el Banco de la República, en donde participan jóvenes músicos, artistas visuales y algunas personas interesadas en la discusión de género en la creación de un paisaje sonoro colectivo.
Como una arqueología de contenidos, la próxima edición, según uno de los miembros de la organización, espera conversar sobre recuerdos olvidados que detonan relatos y establecer el impacto del ejercicio académico en las economías locales. Así mismo, en conversaciones con miembros del festival, se menciona un interés por las memorias ancestrales y las economías circulares que disminuyen nuestro impacto en la Tierra y se centran en lo que nos rodea como comunidad.
Dentro de este mismo marco el festival será sede de la siguiente versión del Media Art History Conference: un encuentro que procura situar el media art en el ámbito de las diversas historias del arte tanto interdisciplinares como interculturales. Insertar dentro de este discurso estas otras formas de producir conocimiento situado, como son las prácticas artísticas y la conversación, podría significar darle un giro importante a este entramado histórico y académico. Lo más importante, en este caso, sería traer el archivo al presente y creo que los objetivos que se plantea el festival son muy necesarios, especialmente porque en este tipo de eventos, con una alta carga académica, siempre sentimos que la teoría no alcanza aún a la práctica. Creo que las reflexiones sobre el archivo y la contribución a la ciudad no pueden hacerse solo en cifras sino recordar que, aunque el arte si es un espacio de encuentro, no necesariamente es un lenguaje universal. Entre tantas reflexiones sería pertinente también revisar cómo ha funcionado el festival no en términos de gestiones internacionales y alianzas sino hacia adentro, con los estudiantes, docentes y articulaciones, tanto con la Universidad de Caldas como con otras iniciativas ciudadanas. También pensar los públicos de una forma más crítica y articuladora; como docente presente en muchos espacios, casi vacíos, me preguntaba dónde estaban los estudiantes de diseño, de artes, de arquitectura, de gestión cultural o de informática, y cómo habría sido de útil, para mí, en mis tiempos universitarios, que alguien me dijera las palabras que justo estaba escuchando ¿Cómo ampliar la red de afectos y de intercambio, no sólo con los invitados sino a todos los participantes y, especialmente, los asistentes?, ¿Qué artistas y diseñadores jóvenes están trabajando estos cruces en la ciudad?, ¿Con qué otros proyectos de largo alcance (no eventos) podría conectar el festival para que el impacto no sea sólo momentáneo? Al igual que en la obra de Eva Marín, el tema de la próxima edición nos deja una invitación a repensar las cimas en las que estamos emplazados desde lo colectivo y lo sensible, y a conquistar nuevos espacios hacia adentro y no sólo hacia afuera. Nos veremos en 2025.
* Museóloga y docente.