Por: Quehacer Cultural
Fecha de publicación: 11/07/2025
El pianista manizaleño Andrés Santander Ospina tuvo la oportunidad de ser invitado al Segundo Festival de Piano organizado por la Universidad de Pamplona, en Norte de Santander. En el marco de este evento, se otorgaron doctorados Honoris Causa a las destacadas maestras Teresita Gómez y Blanca Uribe, figuras emblemáticas del mundo de la música clásica en Colombia. Según Andrés, su presencia es profundamente inspiradora: “Están llenas de vida, energía y pasión por enseñar y por tocar en conciertos. Verlas en acción es realmente motivador”.

La maestra Blanca Uribe ha sido una guía clave en la trayectoria de Andrés, desempeñándose como profesora y mentora desde sus días como estudiante en la Universidad EAFIT de Medellín hasta su consolidación como pianista profesional. Andrés considera que la influencia de Blanca va mucho más allá de los aspectos técnicos del instrumento: “Te transforma la vida. Su ejemplo inspira profundamente, no solo por enseñar los componentes técnicos del piano, que son fundamentales, sino también por transmitir la resiliencia necesaria para enfrentar los retos de esta difícil carrera artística. A través de ella aprendí a amar la música de manera desinteresada. Considero que en esta profesión es fundamental tener un mentor que le enseñe bien y en este sentido he sido muy afortunado porque ella sigue siendo mi consejera principal”.
Andrés Santander nació en 1992 en una familia donde, aunque no abundaban los músicos profesionales, el amor por la música estaba presente. Su padre, aficionado al clarinete, inculcó desde pequeños el aprendizaje de solfeo tanto a él como a su hermano, e incluso les buscó maestros para que aprendieran piano y guitarra. “Eso siembra una semilla”, reflexiona. Por parte materna, su abuelo también sentía afinidad por la guitarra.
Aunque inicialmente Andrés optó por estudiar Ingeniería Química al terminar el colegio, pronto descubrió que su verdadera vocación era la música y tomó una decisión que marcaría su vida. Tras un año en la Universidad de La Plata en Argentina, regresó para iniciar estudios en la Universidad EAFIT de Medellín. “Creo que fue la mejor decisión que he tomado. Hubo críticas, diciendo que cómo se me ocurría y cuestionando de qué iba a vivir. Sin embargo, dos factores determinaron mi camino: mi terquedad por ser músico y el haber encontrado a la maestra Blanca Uribe como mentora. En esta profesión es crucial tener alguien que te guíe bien”.
Andrés resalta las diferencias formativas entre Colombia y otras regiones como Europa o Estados Unidos, donde los músicos comienzan desde edades muy tempranas con educación técnica rigurosa. “Cuando participas en concursos internacionales percibes que llevas diez años de retraso respecto a otros competidores. Por eso es fundamental la dedicación extrema: practicar no solo dos o tres horas al día, sino cuatro, cinco o incluso seis horas”.
La pasión de Andrés por el piano se refleja en su enfoque hacia la música y su conexión con el público. A pesar de los desafíos laborales que implica ser músico clásico, se tocan cientos de puertas y solo se abre una, para él lo esencial no es el dinero, sino la relación que establece con sus oyentes. “Tocar para el público es lo que realmente importa. Es una experiencia performática en la que puede suceder cualquier cosa, por lo que siempre es valiosa la retroalimentación”.
Andrés, quien se destaca en sus conciertos por la buena energía, alegría y estilo didáctico, destaca la belleza inherente al arte y a su capacidad para unir personas más allá de sus diferencias: “Es muy gratificante reunir a tanta gente en un mismo espacio sin importar ideologías, edades o géneros, simplemente para compartir y disfrutar del arte. Es un privilegio que existan estos espacios”. Además, valora el papel del espectador desde una perspectiva sencilla: “La audiencia no necesita saber sobre música clásica o quién fue Beethoven. Solo tiene que ir y disfrutar del acto de comunicación que representa un recital; conectar con el discurso musical es lo más bello”.
En cuanto a su repertorio, aunque se especializa en música clásica internacional, también tiene un interés particular por las obras colombianas académicas, con la interpretación de composiciones de figuras como Luis A. Calvo o Enrique Murillo.
Actualmente, Andrés Santander es docente en la Universidad de Antioquia y realiza un doctorado sobre el pedagogo, pianista y compositor Antonio María Valencia. Su talento musical lo ha llevado a presentarse en diversas ciudades dentro y fuera del país, acumulando premios y distinciones que respaldan su trayectoria. En Manizales ha ofrecido conciertos en escenarios destacados como el Centro Cultural del Banco de la República, la Universidad Nacional y el Centro Cultural Universitario Rogelio Salmona. Además, ha formado duetos de piano y canto con colegas provenientes de Barranquilla y Venezuela.
A los 22 años, y durante una década, fue el pianista de Prolírica de Antioquia, una experiencia que considera sumamente enriquecedora y definitiva para su carrera. “Fue un trabajo altamente exigente, con ensayos que podían durar entre siete y ocho horas. Era como una escuela diferente: el cantante aprendía la obra, después se incorporaba la puesta en escena, luego llegaban los bailarines, el escenógrafo y, casi de la nada, se montaba un espectáculo grandioso”. Y así se gestó otra semilla para triunfar como pianista.