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Dayro Moreno, símbolo contracultural

Por: Martín Rodas *

Fecha de publicación: 01/07/2025

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Confieso que no soy deportista y que los únicos deportes que practico son el levantamiento de copa, la locha libre y el lanzamiento de colilla… no, rectifico, solo le hago al levantamiento de copa. En cuanto a estar pendiente de la escena deportiva, sí soy un aficionado fiel cuando mis equipos o deportistas en diferentes disciplinas están arriba, pero cuando están abajo, “llevados”, soy un hincha infiel… mejor dicho, una plaga de hincha, de los malos. En cuanto al fútbol, nunca he asistido a un partido profesional, siempre me veo los picaditos por televisión, pero solo los de la Selección Colombia y los del Once Caldas, pero cuando van punteando o haciendo historia… mejor dicho, cuando están en la buena.

A nivel internacional, tengo algunos preferidos, como el Liverpool de Luis Díaz, porque lo relaciono con los Beatles, o el Boca Juniors, el equipo de Maradona, a quien considero el mejor jugador de todos los tiempos, por sus actitudes contraculturales e irreverentes. En España, el Barcelona, porque es de origen obrero y se opone al Real Madrid, monárquico y déspota (ahí dejo notar mi mamertismo).

Como soy bohemio de pura cepa, la lente que utilizo para ver el mundo siempre está sesgada por este aspecto de mi personalidad. Por eso me gustan las historias en donde nuestro dios Baco o Dionisos ha tenido incumbencia. Y una de estas gestas influidas por él es el fútbol en sus orígenes, pues este deporte proviene de rituales sagrados y simbólicos. En épocas muy antiguas, algunas tribus en la Gran Bretaña decidieron dirimir sus conflictos mediante este juego, en vez de ir a la guerra. El ritual consistía en utilizar un terreno determinado y sagrado que simbolizara a la Madre Tierra, y una pelota que representara al sol. Se buscaba que los bandos golpearan con el balón un sitio determinado de la cancha, simbolizando la fecundación del Sol a la Tierra. Esto se realizaba en medio de músicas, danzas y bebidas espirituosas, como debe ser. La paz se lograba mediante el goce y la vida, no con la muerte.

Por eso para mí el fútbol es una simbiosis entre sagrado y lo profano, como la vida misma, con dioses, héroes y grandes historias; en el, todos participamos de una danza mediada por cánticos, coros, aullidos, gritos… pasión. Y en esta euforia, a veces surgen personajes que se salen de los esquemas y realizan hazañas que estarán por siempre en la memoria. Una de ellas es la realizada por Maradona en la derrota de Argentina a Inglaterra y su maravillosa… genial “mano de Dios”, con la cual sellaron su victoria y simbólicamente derrotaron a esa superpotencia que hacía poco tiempo los había masacrado al mejor modo imperialista en la Guerra de las Malvinas.

Maradona es un caso único, siempre en la gloria, con sus desórdenes y adicciones, pero incondicional en las causas sociales, enfrentándose dentro y fuera de la cancha al poder opresor y atreviéndose a tomar posiciones políticas que lo tuvieron en el ojo del huracán y del sistema, lo que nunca hizo Pelé, amañado a las mieles de la fama y alejado de compañeros que no tuvieron la misma suerte y que quedaron en las márgenes de la sociedad como Garrincha… inigualable jugador de todos los tiempos… a quien nunca quiso reconocer y ayudar. Y menos lo hacen los futbolistas de hoy. ¿Cuándo las figuritas de mostrador como Messi o Ronaldo han sentado posiciones políticas o sociales?, ¡nunca!… solo se dedican a amasar toneladas de dólares, mansiones, carros, aviones, mujeres… y mostrar su exagerada vida personal y social en las redes.

De esos deportistas que se salen de los moldes, una figura para mí relevante en Colombia es Dayro Moreno, quien desde sus orígenes humildes en Chicoral, Tolima, vino muy joven a Manizales a probar suerte… y nuestra ciudad y el Once Caldas le dieron la mano. Por eso su reconocimiento perenne a esta tierra que lo acogió y en la cual empezó a labrar la gloria. Hoy en día es el máximo goleador del fútbol colombiano y creo que su récord será difícilmente superable. Siempre me ha gustado su fútbol, creativo y contundente, de guerrero.

Tengo una lejana cercanía con él por parte de mi hijo, que militó en las reservas de Once Caldas y que ha tenido con Dayro una relación amistosa. Sé que en su época, estos muchachos también tenían una vida rumbera profusa, pues siempre han gustado de los guaritos y la salsa. Muchos de estos jóvenes nunca accedieron al profesionalismo, pues esta carrera está llena de inconvenientes de todo tipo, uno de ellos la “fiesta”, pero bueno, eso es algo muy personal y cada quién elige su destino. Dayro es una excepción… porque en medio de su vida personal “desordenada”, nunca ha dejado de ser un crack y un símbolo contracultural que le ha dado identidad al Once Caldas, a Manizales y a Caldas a nivel nacional e internacional.

Recuerdo un partido suyo memorable en el cual luego de anotar un golazo, el gesto inmediato que tuvo fue abrazar una botella inflable gigante de Aguardiente Cristal… todo el mundo se le vino encima, pero a mí me dio mucha risa, pues fue un acto provocador de humor sutil y profundo. Lo mismo hizo hace poco cuando le preguntaron qué vitamina tomaba para mantener tan buena forma a su edad, a lo que respondió: “el guarito, el guarito”. A pesar de las críticas, Dayro sigue demostrando que es un fuera de serie, tanto al interior como al exterior de la cancha, pues siempre es un caballero y un ciudadano a carta cabal, dispuesto a prestar su colaboración en causas sociales y de ayuda a los demás. Me gusta pensar en Dayro como un punkero del fútbol, con su aspecto alternativo y su cuerpo tatuado de símbolos tribales, ejerciendo una performancia transparente y contestataria.

Dayro significa para mí una transición entre el fútbol popular y el profesional. En la historia de Manizales, las canchas de barriada son el escenario de jugadores que han marcado leyendas en el imaginario social. Personajes inolvidables como “Zapote” en La Bombonera del barrio El Carmen siguen en el voz a voz de los aficionados, quienes transmiten de generación en generación las hazañas realizadas por estos adalides barriobajeros que pudieron llegar a ser glorias del profesionalismo, pero que decidieron que su historia estaba en escenarios alternativos en medio de barras bravas populares, camajanes y gente del común, pues estos escenarios también tienen sus encantos y maneras de vivir propias y auténticas.

Así son los irreverentes del deporte que me han gustado… Mohamed Alí, Antonio Cervantes “Kid Pambelé” y su sabia frase: “es mejor ser rico que ser pobre”, Ayrton Senna, Myke Tyson… Maradona… Dayro… héroes discutidos y gloriosos, muchos de ellos también bohemios discípulos de Baco, nuestro dios, a quien también le debemos estas maneras alternativas de ser distintos, románticos, anarquistas, herejes, desobedientes… pero ante todo, humanos, demasiado humanos.

* Poeta, anacronista y pintor; editor de «ojo con la gota de TiNta (una editorial pequeña e independiente)».

En la foto Dayro Moreno y Emiliano Rodas Vergara. (Fotografía de Sebastián Rodas).