Por: Rubén Darío Zuluaga Gómez*
Fecha de publicación: 06/09/2024
Es la historia de un actor venido a menos en una compañía, que empieza a pensar en demasía, y se confunde entre la ficción y la realidad. Ahora no sabe qué clase de personaje es en la historia y en la medida en que elucubra sobre las tramas conocidas, recuerda parlamentos y ya no se sabe si los dice él o pertenecen a alguien más. Es muy crítico con todos sus compañeros de oficio y los va caracterizando uno a uno y develando sus fortalezas y debilidades. El siempre hace personajes de poca importancia, pero tiene la capacidad de representar protagónicos y hace mímesis de algunos de ellos, demostrando que de verdad tiene gran virtuosismo.
El personaje solitario que monologa sobre el escenario hace muchos años trabaja en una compañía de repertorio, se preparó para ser bueno, es formado y estudioso de las técnicas, pero siente que nunca le darán el papel que se merece. Al parecer siempre está esperando un golpe de suerte, pero no está acreditado con el director de la compañía, que aunque conoce de su gran ambición por los grandes papeles, no le cree y solo le asigna los pequeños, y aunque tiene participación en todas las obras, está insatisfecho por su fugaz aparición. Reconoce en los demás miembros de la compañía grandes falencias, defectos e incompetencias de las que el director hace caso omiso porque está engañado.
La obra hace una reflexión sobre el trabajo teatral, una crítica al teatro comercial y de profesionales mediocres que solo les importa la reproducción de modelos obsoletos y no saben nada del arte vivo. El personaje es un gran observador y tiene consciencia de todo lo que lo rodea, pero no es respetado por sus compañeros: no le dan los “pies” a tiempo, le cortan su poca participación, lo ignoran. A veces el personaje-actor se da más importancia de la que tiene y demerita de manera egoísta todo lo que hacen sus compañeros, da muestra de sus dotes cómicas. Su retahíla da cuenta de historias inventadas, exageradas y llenas de broncas innecesarias y da a entender que es un desperdiciado.
La obra alude al sentido de justicia, el merecimiento y la frustración, habla además de la importancia del teatro y la cultura. El teatro no solo es un mundo de mentiras en la representación, sino que de simulación y engaño se visten sus hacedores y nuestro monologuista, virtuoso y malhadado actor, termina drogando y matando accidentalmente a su principal rival en la escena. La historia termina con un director de teatro en un penal que igual empieza a ser invadido por un mundo ficcional y el teatro le pudre las entendederas.
NOTA AL MARGEN: El mundo del teatro es el mundo de la ficción, ficción que también se explaya hacia la realidad y cuando el performer se da cuenta está atrapado en un mundo fantasmal. El actor aprende a habitar tantos “yoes”, que finalmente no encuentra el suyo: tan inteligente, tan sagaz, tan prepotente. Tan perdido como Arturo Cova.
* Crítico teatral.
Foto Andrés Valencia.