Por: Martín Rodas *
Fecha de publicación: 26/06/2024
Antonio María Cardona, el “Chaplin” de La 23. (Fotografía: León Darío Gil)
Casting
Desde hace seis años, el “Chaplin” de La 23, en Manizales, se ha convertido en un personaje que integra la comparsa de esta memorable calle de nuestra ciudad. Por ella siempre han desfilado Quijotes, tigres, elefantes, leones, estatuas humanas, los y las mimos, librerías ambulantes, vendedores y vendedoras… gente del común y no tan común… en fin, una caravana permanente, carnavalesca, funambulesca, variopinta, que fluye y fluye desde que tengo memoria, y de la cual yo también hago parte como caminante consuetudinario del “Tontódromo”, como también llaman a La 23.
Antonio María Cardona es el nombre de este “Chaplin”, que llegó por casualidad a encarnar al ícono de la cinematografía mundial. Antes tuvo diferentes trabajos en el rebusque vendiendo, por ejemplo, los productos de Crem Helado en las calles y luego cuidando carros en las Zonas Azules. Un día decidió emparejarse el bozo, que lo tiene, lo mismo que su abundante cabello y las cejas, de un negro azabache intenso. Un taxista que pasaba casualmente por el lugar se fijó en él, pues se le pareció a un actor de cine famoso… ¡Chaplin!…, entonces decidió proponerle, dada su admiración por las películas de Carles Chaplin, que se dedicara a imitarlo y que él le regalaba el disfraz. A Antonio María, que por esos días estaba aburrido y mal de dinero, le sonó la idea y aceptó la propuesta a pesar de que no sabía quién era “Chaplin”. El taxista volvió al día siguiente y le mostró una fotografía del famoso actor y lo llevó a una sastrería para que le confeccionaran el traje. También le consiguió un bombín, el icónico sombrero que acompaña al cómico en sus películas, un bastón y le dio un bafle para colocar la música.
Antonio María, ya con el plante para representar al personaje consiguió la música que consideró se acoplaba a la figura de su nuevo otro yo. Así empezó, hace seis años, el “Chaplin” de la 23, ambientando a su manera el escenario callejero que les brinda a los transeúntes unos instantes de humor y alegría y le permite a él transformarse por breves instantes en aquél gran actor que está en el corazón de muchas personas en el mundo.
Como el personaje del poema de Juan de Dios Peza, “Garrick”, aunque su labor es divertir a las personas que circulan por La 23, a veces está triste y de mal genio, pues su vida no es nada fácil. Así es la cotidianidad de quienes tratan de que los caminantes se diviertan un poco y depositen unas monedas en sus recipientes. Generalmente la gente no se fija en la profunda humanidad que hay en estos sobrevivientes y no valoran su trabajo, su resistencia, pero ellos persisten porque es la única manera digna de hacer la existencia llevadera.
Cuando pasen por La 23, no olviden que en una de sus esquinitas está el “Chaplin” de la 23, con su bozo, su cabello y sus cejas abundantes y de negro azabache… el traje negro y blanco, el bombín, el bastón y la inigualable mirada triste que trasciende fronteras e inunda las almas, acompañada de la misma banda musical, estridente y ruidosa, que éste, nuestro “Chaplin”, escogió para acompañar sus horas divirtiendo a los andantes del “Tontódromo”.
* Poeta, anacronista y pintor; editor de «ojo con la gota de TiNta (una editorial pequeña e independiente)».