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El valor transformador de aprender juntos

Por: Quehacer Cultural

Fecha de publicación: 08/09/2025

La Universidad de Caldas, con el respaldo de la Fundación Luker y Procaldas, ha dado un paso significativo hacia la consolidación de la Universidad Intergeneracional. Este proyecto surge como respuesta a los desafíos que plantea el envejecimiento acelerado en un territorio como Caldas.

Según los datos del programa Manizales Cómo Vamos, la mayoría de la población caldense actualmente se encuentra entre los 20 y 54 años; sin embargo, en las próximas dos décadas este rango se desplazará a edades entre los 40 y 74 años, lo que evidencia una transición demográfica hacia una sociedad mayoritariamente envejecida. En Manizales, el nivel educativo entre los mayores de 60 años revela importantes brechas: el 40% apenas concluyó su educación primaria básica. Además, existen marcadas diferencias de género en la percepción de las actividades que realiza esta población. Mientras los hombres se enfocan en acciones vinculadas al ocio y el disfrute personal, las mujeres continúan dedicándose al trabajo doméstico y al cuidado de otros mayores, un fenómeno extendido en la ciudad.

Esta situación refuerza la necesidad de diseñar políticas públicas inclusivas que respondan a las realidades sociales y educativas de los adultos mayores. En septiembre de 2025, la Universidad Intergeneracional celebró la graduación de los primeros 288 estudiantes del programa, pioneros en una iniciativa que combina educación, creatividad y encuentro. Este esfuerzo no solo dignifica la adultez y la vejez, sino que también fortalece el tejido social y contribuye a construir una sociedad más equitativa e inclusiva.

Como parte del debate sobre estos temas, se organizó el conversatorio “La escuela sigue abierta: aprendizajes en la vejez“ durante la 16ª Feria del Libro de Manizales, con la participación de los expertos Silvia Molina, Miriam de Paoli, Lina María Aristizábal y Camilo Vallejo.

Entre las ideas clave que surgieron para avanzar en la inclusión social se destacó el concepto de rapidez: el envejecimiento está ocurriendo más rápido de lo previsto. Aunque América Latina se percibe como un continente joven, nos enfrentamos al reto de envejecer antes de haber alcanzado niveles amplios de riqueza. Esto exige, como región, actualizar los paradigmas desde una perspectiva moderna para adaptarnos a los cambios.

La calidad de vida en la vejez emerge como una preocupación clave. No se trata solo de extender los años de vida, sino también de garantizar que estos sean dignos. Las personas mayores deben afrontar cómo continuar trabajando, especialmente para garantizar su bienestar económico en los últimos años. Aquí resulta fundamental una capacitación constante y asesoría profesional para reincorporar a quienes están o estuvieron fuera del mercado laboral, así como acelerar los cambios necesarios.  Si este reajuste no se materializa con el apoyo de iniciativas nacionales y locales que integren gobiernos, fundaciones, empresas y sociedad civil, el debate quedará estancado.

Otro punto crucial está en distinguir entre multigeneracionalidad e intergeneracionalidad. Aunque vivimos en una sociedad multigeneracional donde diferentes generaciones conviven, especialmente en ámbitos laborales, aún queda por implementar estrategias intergeneracionales coherentes que fomenten el aprendizaje compartido y la colaboración mutua. La educación continua para las personas mayores desempeña un papel determinante.

Es necesario abrir estos espacios no solo para su formación específica sino también para promover el diálogo y aprendizaje conjunto entre diversas generaciones. Reflexionar sobre este modelo puede ayudarnos a reconocer el valor transformador que emerge cuando aprendemos todos juntos como sociedad.

Fotografía Universidad de Caldas.