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En la formación médica la letra con sangre entra: disciplina o violencia

Por: Juano Jurado *

Fecha de publicación: 07/10/2024

Conductas como el acoso sexual, la discriminación o acoso basados en raza, religión, etnia, género u orientación sexual, el castigo físico o psicológico y el uso de evaluación y otras formas de asesoría de una manera punitiva, han sido identificadas como comportamientos que promueven la violencia en escenarios educativos, en especial en algunos entorno de los cuales ya hemos conocido múltiples noticias de violencia, como sucede con el sector de formación militar y el sector de educación médico.

La Asociación Médica Americana (2011) ha definido la violencia en entornos educativos como “el comportamiento intencional o no, que muestra falta de respeto por la dignidad de otros e interfiere sin razón con el proceso de aprendizaje”. Basados en esta definición, podemos entrar a analizar lo que ha pasado en Colombia los últimos meses frente al aumento de denuncias de estudiantes de especializaciones médicas frente a la violencia sistemática que sufren por parte de docentes e instituciones, llevando a los estudiantes hasta el punto de tomar la decisión de quitarse la vida por la sobrecarga de actos violentos que generan problemas de salud mental como la depresión, la paranoia, la pérdida de autoestima, entre otras.

En Colombia, la última noticia sobre esta problemática se desarrolló el pasado 19 de julio, la residente Catalina Gutiérrez Zuluaga oriunda del departamento de Caldas, se suicidó mientras realizaba su primer año de posgrado como residente de cirugía general en la facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Javeriana en la sede de Bogotá.

El motivo de su suicidio fue atribuido precisamente al presunto acoso y maltrato de sus superiores, así pudo inferirse en una nota escrita que dejó la médica para explicar su trágica decisión: “A todos los residentes, gracias. De cada uno me llevo muchas enseñanzas. Siempre los llevaré en mi corazón. Ustedes pueden. Ánimo. CGZ”.

Aparentemente las palabras de la fallecida médica no denuncian directamente una violencia o la presencia de acoso; pero. Según expertos, es evidente que la víctima del flagelo estaba ya sobrecargada psicológicamente y que posiblemente padecía estrés o depresión.

El plus del asunto. es que la normalización de la violencia en estos escenarios genera que no sea fácil de percibir cuando se está frente a la presencia de un docente estricto por su compromiso frente a la garantía del derecho a la salud, o frente a un docente agresor y maltratador. Esas líneas delgadas entre disciplina y violencia, entre exigencia y acoso, son las que han permitido que el flagelo de la violencia educativa siga persistiendo en escenarios como la formación médica y militar.

Algo todavía más interesante y preocupante, es que este no es un fenómeno netamente colombiano, y que tampoco se trata de una problemática reciente. Estos son algunos datos a nivel nacional e internacional sobre violencia en pregrados y posgrados médicos:

Las denuncias de varios médicos frente a los actos de violencia en la formación médica han permitido identificar que los principales medios de maltrato y acoso son: cumplir jornadas de hasta 20 horas diarias, se les castigaba delante de sus compañeros, ridiculización frente a los pacientes, imponer tareas que no estaban relacionadas con sus estudios, exigencia de una vida académica sin relaciones sentimentales, entre otras.

Finalmente, hay algo que alarma, pues según las propias denuncias y los diferentes estudios que se han desarrollado a nivel nacional e internacional, se ha logrado establecer que en algunos casos son los y las profesionales en medicina susceptibles de experimentar y así mismo, perpetrar abuso y discriminación. Es decir, primero se es víctima, y después se convierten en victimarios. 

* Músico, compositor, abogado y docente de la Universidad de Manizales y de otras universidades. Especialista en Investigación Criminal y Magíster en Derecho. Doctorando en Literatura.

Octubre 2024.