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Entre el magma y la niebla: crear en colectivo

Por: Andrea Ospina S.*

Fecha de publicación: 06/11/2025

Hace unos tres años decidimos juntarnos para crear. Y ese simple hecho ya fue un acto de resistencia. En un mundo que nos quiere todo el tiempo produciendo dinero y explotando nuestras capacidades de autogestión, juntarse ya es un reto y más aún si es para una acción tan aparentemente innecesaria para el sistema como es el arte.

Definimos entonces dar inicio a un colectivo, un espacio para reflexionar — desde el cruce de disciplinas — el espacio que habitamos. Entre las primeras conversaciones, encontramos una pasión que nos unía como músicos y artistas plásticos: la montaña, esas cadenas de formas llenas de vida que vemos cada día cuando nos levantamos, que recorremos sin darnos cuenta y que cuentan con ecosistemas tan preciados como los páramos. Desde allí nace esta idea del Soroche, es decir, el mal de altura, donde el cuerpo parece enfermar cuando intenta adaptarse a estas geografías andinas donde todo cambia drásticamente, incluyendo el tiempo, el oxígeno, el movimiento y el corazón.

El proceso inicia con ejercicios de reinterpretación, es decir, un artista visual genera una imagen (o una serie de ellas) y un artista sonoro realiza a partir de ellas un acompañamiento auditivo, y viceversa.  Estos primeros ejercicios fueron una excusa para disponer el tiempo y la atención en comprender el lenguaje de las personas con quienes estábamos creando.

De este detonante nace el proyecto Entre el Magma y la Niebla, un proceso que, curiosamente, se encuentra con la danza contemporánea, el vestuario y el mundo audiovisual, como formas de encarnar ese páramo que nos rodea especialmente en el Parque Natural los Nevados y sus zonas aledañas. Generamos unos seres a partir de tres espíritus ancestrales, que están silenciosamente presentes en el cotidiano del páramo y, por consiguiente, en el nuestro: el magma, la sangre de las entrañas del volcán que circula el suelo que pisamos y que ha moldeado la tierra fértil que nos alimenta; la niebla, un movedizo estado de la materia que puede ser lenta y rápida al mismo tiempo abrazando todo a su paso y modificando el paisaje; y la flora, compuesta por extrañas y densas plantas, representadas en el frailejón, que han desarrollado un modo de vida extremadamente particular para vivir en este ambiente tan rico como pesado. Cada ser genera una serie de movimientos que responden a su propia naturaleza y así mismo es acompañado por una composición sonora que se basa en instrumentos que dialogan con este espíritu: un magma rastrero y pesado acompañado de percusiones, una niebla alta y rápida al sonido de la flauta, y  un frailejón estático y sutil acompañado por el arpa, quienes bailan individual y colectivamente con el paisaje.

Las máscaras de estos tres espíritus fueron afieltradas en lana, un material que nos hace recordar que cuando hablamos de paisaje no podemos pensar sólo en un esquema puro y neutral que funciona en postales y programas estatales. Ese paisaje también está atravesado por tensiones, por vidas humanas que lo han habitado por años, por el turismo regulado y orgánico que traza sus caminos, por proyectos de desarrollo urbanístico e infraestructura que lo atraviesan. Un paisaje que además de aguas termales y frailejones, tiene tabla parada, vacas, papas y motos, donde al final del video se pueden ver también estos seres.

Y es allí donde nace otra capa de este proyecto, la socialización que nos lleva a realizar exposiciones y talleres con diferentes comunidades para ampliar la idea del video al espacio físico. Estos espacios en el Centro Cultural Rogelio Salmona, la Alianza Francesa de Pereira y la Biblioteca de Herveo, Tolima estuvieron llenos de recuerdos, porque la vida campesina, en la mayoría de habitantes del país, esta a sólo un par de grados de distancia. Conversaciones que no buscaban centrarse en el cuidado del medio ambiente como un discurso de restricciones, sino más bien, estaban en torno a entendernos como parte de ese ecosistema, tan frágil como milenario, que nos cobija. A partir del collage (Club de Collage de Pereira), la cartografía (Tribu Llagui), y las mismas máscaras y movimientos del video, convivimos con personas desde los 7 meses hasta los 90 y tantos años, con el fin de, por un momento, sentir de otra manera las texturas, sonidos y memorias tanto afectivas como corporales del territorio.

Entre el Magma y la Niebla ha sido un proceso que nos ha recordado que crear es reírse con amigos, hablar con las tías del pueblo y llorar con la inmensidad del nevado saludándonos; pero también es ser conscientes de que la conversación medioambiental y la memoria del territorio sigue en deuda en muchos espacios culturales. Uno de muchos proyectos, espero, que se consolidan gracias a la importancia de mantener los estímulos públicos a la cultura a nivel regional y nacional, así como la capacidad de hacer redes entre espacios autogestionados para darle cada vez más sentido a estos seres montañeros que somos.

* Artista plástica. Investigadora.