Por: Quehacer Cultural
Fecha de publicación: 19/03/2026
Esperanzo Uribe Correa fue más que la esposa de Sady González, pionero del fotoperiodismo en Colombia, fue artífice como gestora, administradora y organizadora de un archivo invaluable que sin su dedicación y esfuerzo quizá no existiría.
Sady González capturó con su lente los acontecimientos políticos y sociales más significativos de Colombia durante las décadas de 1930, 1940 y 1950, con especial relevancia las icónicas fotografías del 9 de abril de 1948, que le valieron el reconocimiento de fotógrafo de El Bogotazo.
Actualmente, la exposición “Sady, recuerdos de una realidad”, se presenta en el Centro Cultural Banco de la República de Manizales. En su inauguración, Guillermo González Uribe, escritor y periodista e hijo del matrimonio, destacó con cálidas palabras el papel crucial que su madre desempeñó en la preservación y consolidación de este legado histórico.
También lo hizo en su momento el crítico de arte Eduardo Serrano. “Esperanza fue pionera en la organización de archivos fotográficos en Colombia. Gracias a su trabjo tenemos hoy el testimonio gráfico de un pedazo de la historia del país. Esperanza fue el polo a tierra de Sady pues, al poco tiempo de estar juntos, aprendió el proceso de preparar los químicos para el revelado de los rollos y la ampliación de las imágenes sobre el papel emulsionado, el fijado de las imágenes sobre el papel verificado. Mientras Sady tomaba fotos aquí y allá, Esperanza era la gerente todera de Fotos Sady”.
Este patrimonio cultural, que resalta momentos esenciales de la historia colombiana, lo difunde Guillermo con exposiciones itinerantes por el país, libros, artículos periodísticos y charlas que mantienen viva esta memoria colectiva. Estas fueron las palabras con las que se refirió al trabajo de Esperanza Uribe Correa, su mamá, en la formación del archivo:

¿Por qué hablo del archivo de Sady y Esperanza, y no solamente del fotógrafo? Es un archivo que nació del amor. Mientras espera el tren en la estación de Barbosa, Antioquia, con dos amigas, Esperanza siente que algo extraño pasa. Revisa a su alrededor, ve a un hombre apuesto que lleva un maletín blanco. La observa cada momento. Cuando ella responde su mirada, él se tapa la cara con el periódico que aparenta leer. El tren está abierto. Al subirse, Esperanza ve que el hombre con el que se ha estado cruzando miradas con cierta picardía, le hace señas para mostrarle un asiento libre que hay a su lado. A partir de ese momento estuvieron juntos casi cuarenta décadas, hasta la muerte de Sady González. Un amor a primera vista, apasionado, no exento de momentos difíciles.
El feliz encuentro de Sady y Esperanza ocurrió en la tarde del domingo 7 de diciembre de 1941, hace ya ochenta y cinco años. Por aquel entonces Sady se desempeñaba como fotógrafo y filmador, recorriendo pueblos y lugares de Antioquia, Boyacá, Cundinamarca y otras regiones del país. Iba haciendo un impresionante registro personal y creativo de imágenes de los pueblos y personas por donde pasaba. Una especie de archivo etnográfico realizado de manera intuitiva, guardado sin una clasificación diagramática. En aquella época no existían las cámaras digitales ni los celulares, así que las fotos se hacían con cámaras analógicas cargadas con rollos de película negativo, desde los cuales se revelaban las imágenes en un cuarto oscuro y se pasaban a papel fotográfico.
Después del primer encuentro vendría el comienzo del romance a través de cartas, telegramas, llamadas telefónicas y visitas. Es una correspondencia apasionante sobre la que estoy trabajando. Una de las cartas dice “Jardín, 21 de febrero de 1942. Mi buena y amada Esperanza. No es posible trazar en este papel la suprema mácula que experimenta mi alma con la cruel separación de ti, adorable mujer. De ti que has transformado mi vida con la magia divina de la belleza rara y que se ha apoderado de mi corazón y de todos mis pensamientos con esa infinita nobleza que emana de tu alma blanca. La gran alegría que experimenté en estas horas fugaces que pasé a tu lado me hizo comprender la dicha sublime que Dios tiene reservada para los seres que se aman eternamente…”
A los dos días Esperanza le responde. “Febrero 23 de 1942. Nunca imaginé que te fueras a adueñar tan pronto de todos mis pensamientos. Debes saber que tu recuerdo no me desampara un solo momento y que está ya ligado a mi vida. Nuestras buenas amigas se han portado muy bien y me han acompañado en estas largas y perezosas noches, pero no creas que con sus palabras y risas han conseguido capturar siquiera por un momento tu recuerdo. Me he concentrado en estas noches a pensarte, a seguirte en espíritu a todas partes y he conseguido con esto no sentir celos, ya que tengo plena confianza en ti y una gran envidia de las personas que pueden verte y estar contigo. Ya te vas dando cuenta de lo bien que he cumplido la promesa formal que te hice un día de mantener tu recuerdo con constancia y con cariño. Cuando veas esta, piensa que yo estoy a tu lado en espíritu. Te quiero muchísimo y te agradezco”.

El amor sigue creciendo mientras crece también la oposición de las hermanas de Esperanza al romance, pues Mercedes, su mamá, murió un año atrás y Manuel, su padre, está enfermo. Tienen que cerrar el almacén que tenían y Esperanza mantiene ahora la familia. Las hermanas no trabajan, la oposición lo único que logra es que el matrimonio se apresure y Esperanza se casa en el 29 de agosto de 1942, solo ocho meses después de conocerse. Se establecen en Bogotá en 1943, fundan Foto Sady, no hay una fecha exacta de cuando se fundó, pero los dos primeros registros que encontré en el archivo son de una salida del presidente Alfonso López Pumarejo hacia Estados Unidos por el aeropuerto de Techo, fechada el 1 de octubre de 1943.
Sady había sido ciclista, boxeador, una persona polifacética, con don de gentes, que recorrió el país capturando valiosas imágenes durante más de 50 años. En el fondo fue un ser despierto y creativo, un tanto idealista, que encontró en la fotografía el medio de expresarse y en su esposa la verdad de un amor que le estimuló para consolidar su oficio, su arte.
Esperanza había acumulado conocimiento en el manejo de cifras, inventarios y archivos, conocimiento que aplicó para dar forma a lo que es hoy, hasta donde sabemos, el más completo y mejor archivo fotográfico de la historia política, social, cultural y deportiva del país desde mediados del siglo pasado. Supervisaba empleados, llevaba las cuentas, ampliaba las fotografías y las enviaba a los periódicos, a los clientes, cobraba y a partir de los papelitos que Sady escribía, ella guardaba los negativos en sobres y los iba clasificando, ordenándolos con fechas exactas del evento, dónde, el motivo y cuántos negativos había. Además, criaba siete hijos.
La pareja de Sady y Esperanza conformaba un éxito visionario que dio vida a la primera agencia fotográfica que repartía materiales a los diversos medios de comunicación, en momentos en que no tenían ese recurso. Aparte de los documentos periodísticos, la labor de Sady recogía fotografías de reuniones políticas, empresariales y familiares.