Volver

Esta versión intenta hablarle al mundo actual

Por: Rubén Darío Zuluaga G. *

Fecha de publicación: 05/10/2025

CRÍTICA TEATRAL
57 FESTIVAL INTERNACIONAL DE TEATRO DE MANIZALES
GRUPO: TEATRO EL GALPÓN
OBRA: RICARDO III

“A veces coronamos monstruos porque no los vemos, tienen una apariencia distinta de lo que son, van al oratorio y sonríen, se muestran como mansas ovejas y esconden el aguijón”

Es una obra de Shakespeare sobre el poder y todo el entramado humano y de perversidad que se mueve en esas instancias, analógicamente en la política y en todos los niveles donde se mueven categorías, posesiones, tesoros, y el control sobre los demás.

La puesta en escena es adaptación, una versión hecha colectivamente, pues los textos escritos deben interpretarse, no hay una manera específica y única de hacerlo; hay muchos indicios, la literatura los da, pero esto personajes ya son símbolos en la historia de la humanidad, entonces entran los imaginarios de manera contundente, la contemporaneidad que permita hacer una lectura de los tiempos que corren; contextualizar era el interés del equipo creativo de El Galpón de Montevideo.
Lo que describe Shakespeare en sus historias tiene un carácter universal, pasó ayer y pasa hoy. Lo importante es que sea creíble, verdadero, entonces es necesario imprimir carácter a los personajes. La obra pone más acento en los personajes femeninos, son muy aguerridas, ellas luchan por cuidar la vida de su familia.

Ricardo es un guerrerista (en Colombia tenemos muchos Ricardos, en todos los flancos hay quienes se benefician de la guerra), muchos personajes, en apariencia pacifista, nacen para hacer la guerra. La versión intenta hablarle al mundo actual, hacerla comprensible hoy y reducir la gran maraña de personajes y situaciones que en general pueblan el teatro Isabelino.

El ambiente de toda la pieza es lúgubre, obvio, no es una comedia romántica, toda la atmósfera es funeraria, se planea o se ejecuta un vil asesinato, y aunque es lenta, el espacio del teatro Los Fundadores contribuye por la distancia a la escasa conexión, por identificación o por oposición con los personajes. El vestuario no es estrictamente de época, la ambientación musical no es muy presente, y el lenguaje conserva cierto acento tradicional del autor, pero seguramente allí hubo una gran transformación en pro de la comprensión de la trama.

Una obra más en el Festival referida al lado oscuro de la vida, a la sombra que ha recorrido todos los siglos y ahora vive con más potencia que nunca. Shakespeare fue un genio para presentar esa fatídica energía que nos asedia en la misma medida que su contrapuesto, la luz, las fuerzas que buscan restituir la vida, lo Dionisiaco que abraza la paz y alimenta la vida.

El autor en mención siempre será un maestro para presentar la contradictoria semblanza de la vida humana, sin moralizar, Dios y Demonio en el combate eterno, no habrá vencedor ni vencido. Tal vez, en el arte hay un resquicio de comprensión, de aceptación y tal vez… digo tal vez… de sublimación (atentamente Freud).

Mi compañera de butaca anonadada por el espíritu clásico, expreso en cálido consentimiento: Rubén tenía razón, hay que ver los clásicos… pero en Los Fundadores se ven tan lejos…

* Crítico teatral