Por: Germán Sarasty Moncada*
Fecha de publicación: 25/04/2025
Ponencia presentada en el II SIMPOSIO DE FILOSOFÍA DE LA TECNOLOGÍA Y LA IA realizado del 9 al 11 de 2025 bajo la organización de la Universidad de Caldas.
La genial locura de los artistas no puede ser captada, ni reproducida por el algoritmo
Siendo la ética la ciencia que estudia el comportamiento humano y la sociedad, y que busca establecer reglas para lo que es bueno y lo que es malo, y teniendo presente que la economía es la ciencia que estudia los métodos más eficaces para satisfacer las necesidades humanas materiales, mediante el empleo de bienes escasos, debe analizarse el papel de cada una de ellas en el ámbito no solo personal sino institucional, local, nacional y global, y su complementariedad o contraposición.
Cada acción produce resultados a veces totalmente medibles y controlables, pero en muchas ocasiones surgen efectos no deseados, colaterales, que aunque no pudieron ser previstos, hay que encararlos, ¿cuántas medidas tomadas sin mucho análisis han resultado contraproducentes en virtud de la premura para tomarlas sin prever todas sus consecuencias, ni tener en cuenta todos los elementos implicados?
No es un tema menor, ha sido y seguirá siendo eje central de muchas consideraciones, basta con citar algunas de las más recientes: Foro Económico Mundial, Davos, 20 al 24 de enero 2025, Cumbre para la acción sobre la Inteligencia artificial, Paris, febrero 10 y 11 2025, ANTIQUA ET NOVA. Nota sobre la relación entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana del 28 de enero 2025 (Documento autorizado por el Papa y publicado por El Vaticano).
Igualmente, reconocidos escritores, filósofos e investigadores han plasmado estas preocupaciones en sus obras como Éric Sadin en La era del individuo tirano, Byung-Chul Han en La sociedad del cansancio, Yuval Noah Harari en Nexus y mucho alcanzó a vislumbrar José Ortega y Gasset en La rebelión de las masas.
Con esta misma perspectiva es necesario tener presente la agitación que se está produciendo en la geopolítica global por las medidas expansionistas, arancelarias, políticas, económicas, migratorias y regulatorias que está tomando el nuevo presidente de los Estados Unidos y su grupo plutocrático de apoyo, encabezado por Elon Musk, a quien encargó de dirigir el Departamento de eficiencia gubernamental, (al estilo de El mundo feliz de Aldous Huxley), de reciente creación para reducir el tamaño y los gastos del estado. Han finalizado con la participación en la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Acuerdo Climatológico de Paris, la suspensión de fondos para la Agencia de la ONU para los refugiados palestinos, y el retiro del Consejo de derechos humanos de la ONU. Finalmente sobre la USAID, encargada de proveer y organizar la cooperación internacional estadounidense, creada en 1961 y que trabaja en más de cien países, con ayuda bilateral promoviendo el crecimiento económico, la democracia, los derechos humanos y la salud global, ¡la han cerrado!
Las guerras continúan y las estrategias se despliegan, en esta ocasión se enfrentan los Estados Unidos y China en el campo del desarrollo tecnológico, en donde no hay cooperación ni ánimo de codesarrollo, pues el desafío está en lograr quién ofrezca un estándar confiable del que dependan todas las innovaciones y desarrollos futuros de tecnologías, robótica, negocios, salud, educación, finanzas, gobiernos. Quien lo logre, tendrá un futuro económico despejado y es lo que acaba de mostrar China quien con su anunciada DeepSeek, desarrollada con una fracción de los recursos invertidos en ChatGPT, y una mínima porción de tecnología, además de código abierto o sea, con uso sin costo para su acceso y utilización.
¿De dónde venimos? De aplicar los desarrollos de cuatro revoluciones industriales.
En 1929 se publicó La rebelión de las masas del filósofo español José Ortega y Gasset (1883-1955) quien definió allí el tipo de hombre de su época: Masa es todo aquel que no se valora a sí mismo -en bien o en mal- por razones especiales, sino que se siente «como todo el mundo» y, sin embargo, no se angustia, se siente a saber al sentirse idéntico a los demás.
También nos mostró como era el pensar en esa época: Tres principios han hecho posible ese nuevo mundo: la democracia liberal, la experimentación científica y el industrialismo. Los dos últimos pueden resumirse en uno: la técnica.
La manera como avizoró el futuro, es interesante: Ahora ya no sabemos lo que va a pasar mañana en el mundo, y eso secretamente nos regocija; porque eso, ser imprevisible, ser un horizonte siempre abierto a toda posibilidad, es la vida auténtica, la verdadera plenitud de la vida… La vida es cada vez mejor, pero, bien entendido, cada vez más complicada. Claro es que al complicarse los problemas, se van perfeccionando también los medios pata resolverlos. Pero es menester que cada nueva generación se haga dueña de esos medios adelantados.
Pero aunque hay coincidencias en esa época y la actual, necesariamente prima otro ethos que es el resultado del paso del tiempo y sus problemas irresueltos. Una nueva condición del individuo contemporáneo, ya no ese hombre masa de ayer. En esa búsqueda incansable de la singularización de uno mismo con la finalidad de demarcarse de esa masa, facilitaron el proceso: la aparición de internet, Google y sus motores de búsqueda y las redes sociales. Fue definitivo el advenimiento del Smartphone en 2007 y luego la cascada de aplicaciones para él. Esa ansia de libertad fue explosiva, pero pronto se dio cuenta el hombre de que también estaba bajo control. Así se pasó rápidamente de la era del acceso, a la del exceso lo que conllevó a la adicción. Todo condujo a una polarización exasperada y exacerbada.
¿En dónde estamos? Hemos pasado del asombro a la cotidianidad, de la exclusividad a la masificación. Contamos con una herramienta disruptiva, la inteligencia artificial (IA), que a no dudarlo reconfigurará los ámbitos, económicos, políticos y sociales y su masificación traerá múltiples beneficios, no exentos de complicaciones y planteamientos éticos en su desarrollo y aplicación.
En La era del individuo tirano, el escritor y filósofo francés Eric Sadin, describe el ethos actual predominante así:
… nos muestra el entrecruzamiento de la sensación de haber sido engañado durante largo tiempo, el hecho de estar dotado de instrumentos que dan la impresión de que uno es menos tonto, al mismo tiempo que más activo, y la voluntad resuelta de no dejarse engañar mas, y de exigir –por las buenas o por las malas— cambios y resarcimientos, pudiendo llegar al punto de desertar de lo común.
Algunos de quienes contribuyeron a los desarrollos que hoy podemos disfrutar masivamente, han sido Steve Jobs, cofundador de Apple, Bill Gates fundador de Microsoft, y ahora continúan algunos como, Elon Musk (Tesla, SpaceX), Marc Zuckerberg (Facebook, Instagram, WhatsApp), Jeff Bezos (Amazon, The Washington Post), y Larry Page (Google) quienes con su talento, recursos y visión, pretenden “hacer del mundo un lugar mejor”. Han ido encontrando respuestas y las han puesto a nuestra disposición.
Uno de los campos actuales más importantes de los sistemas de información, corresponde a aquellas aplicaciones desarrolladas para ejecutar actividades que antes solo realizaban los humanos y han sido denominadas IA. Basados en algoritmos y modelos matemáticos y de lenguaje, han logrado que las máquinas aprendan después de largos procesos de entrenamiento en gigantescas bases de datos, mejoren su desempeño y se adapten a nuevas situaciones. Desde los asistentes virtuales en nuestros smartphones, como Siri de Apple, Dixby de Samsung, Alexa de Amazon y otros similares, los simuladores en los procesos financieros, los textos predictivos en WhatsApp, los auditivos como Shazam, los reconocedores visuales de Google, y otras aplicaciones dispersas, se han configurado este tipo de ayudas.
Por la capacidad para procesar gran cantidad de datos y análisis de información compleja, permite visualizar patrones de comportamiento. Esto ha permitido el establecimiento de sistemas especializados de reconocimiento de voz e imagen, procesamiento de lenguaje natural, vehículos autónomos y asistentes virtuales y hasta aprendizaje profundo usando redes neuronales artificiales para aprender y asimilar comportamientos y particularidades de los datos que han servido para su entrenamiento, y así poder realizar actividades de clasificación, detección de objetos y generación de texto, audio y videos.
Su utilización ha servido para el reconocimiento de patologías diferentes en gran cantidad de pacientes y su respuesta a los fármacos y tratamientos suministrados a los mismos, al igual que evaluar beneficios y riesgos en procedimientos médicos en situaciones delicadas. De la misma manera con sensores ambientales externos pueden establecerse posibles impactos ambientales. Con cámaras inteligentes en semáforos o vías públicas se puede con reconocimiento visual detectar personas buscadas por la justicia, con reconocimiento facial en las terminales de transporte, puede agilizarse el ingreso y salida de viajeros, brindar un apoyo efectivo en muchos tramites, y así hasta donde la imaginación nos alcance. Todo esto implica consideraciones éticas.
Desde el punto de vista económico, el impacto es innegable, indudablemente la automatización y el uso intensivo de la IA contribuirán al crecimiento e industrialización global, razón por la cual gobiernos y empresas hacen inversiones considerables con el fin de optimizar la producción, reducir costos, procesar pedidos, gestionar reclamos, reducir tiempos de entrega y lograr eficiencia operativa. Lo preocupante es que ese beneficio económico está desigualmente distribuido y la concentración de riqueza se acentuará.
El desarrollo y la implementación implican desafíos éticos tales como la forma como se establecen los algoritmos, la privacidad de los datos, la equidad en el acceso a los nuevos desarrollos, igualmente los criterios implícitos en los procesos de selección que se deleguen a la IA (concesión de créditos, selección de candidatos a un empleo, determinación de seguros, etc.). Hay casos en los cuales los factores económicos pueden presentar convergencia o divergencia frente a los planteamientos éticos que deben ser tenidos en cuenta, tales como la trasparencia y comprensión de los algoritmos, los sesgos y equidad en los sistemas de IA, la privacidad y protección de los datos, la responsabilidad y rendición de cuentas, el impacto en el empleo y la automatización.
Por eso, es necesario que los algoritmos desarrollados sean interpretables y permitan así a los usuarios comprender cómo se toman las decisiones. Dado que el entrenamiento de los sistemas de información de la IA se basa en el análisis de grandes cantidades de datos, si estos tienen algún sesgo, el sistema lo asume en la toma de decisiones, perjudicando a ciertos grupos y generando desconfianza y resistencia en la adopción de la IA. De la misma forma entre los datos usados para el entrenamiento puede haber datos personales de cuya obtención no se haya solicitado el consentimiento de las personas implicadas; por eso, debe haber transparencia en la forma como se recopilan, almacenan y utilizan los datos. De los resultados de las decisiones tomadas usando la IA, es necesario tener muy claro ¿quién es el responsable: los desarrolladores, los usuarios o la máquina?, la falta de claridad puede generar incertidumbre y riesgos legales para las empresas que los desarrollan o los utilizan.
Finalmente, el impacto en el empleo, su destrucción, generación, la precarización laboral, deslocalización industrial, etc. deben ser tenidos en cuenta en programas de reconversión, capacitación y reciclaje profesional para que la transición del empleo sea equitativa y asequible para todos.
Existen otros aspectos cruciales que es necesario atender como el impacto en la autonomía humana, pues con los nuevos desarrollos se posibilita la delegación de toma de decisiones a los sistemas inteligentes, en áreas como la salud y las finanzas, por lo cual es necesario mantener un sano equilibrio entre la delegación y comprobación de resultados y en esa medida de avance controlado ir haciendo los ajustes pertinentes.
¿Para dónde vamos? Son muchas las incógnitas.
Los días 10 y 11 de febrero de 2025 se reunieron en Paris, participantes de más de cien países, (Colombia participó) incluidos jefes de Estado y de gobierno, organizaciones internacionales, representantes de la sociedad civil, del sector privado, del mundo académico y de la investigación, en La cumbre para la acción sobre inteligencia artificial. En ella se suscribió una Declaración sobre una inteligencia artificial inclusiva y sostenible para los pueblos y el planeta, la cual contempló:
Como fundamental servir al interés general reduciendo la brecha digital bajo tres grandes principios: la ciencia, las soluciones y las normas dentro de los marcos internacionales. Definió un enfoque centrado en los derechos humanos y en las personas, subrayando la necesidad urgente de reducir las desigualdades y ayudar a los países en desarrollo a fortalecer sus capacidades en inteligencia artificial. Estableció como prioritario:
Fomentar el despliegue de la IA para que tenga un impacto positivo en el futuro del trabajo y de los mercados laborales y que abra perspectivas de crecimiento sostenible y así permitir la innovación en el ámbito de la IA creando las condiciones favorables para su desarrollo y evitando la concentración del mercado, apoyando así la recuperación industrial y el desarrollo.
Durante la Cumbre, más de 60 países asumieron estos compromisos. Entre los firmantes figuran los 27 Estados de la Unión Europea (así como la propia UE), China, India, Japón, Australia, Canadá, Brasil, Chile y el Vaticano.
Es necesario mencionar que Estados Unidos no suscribió el documento por considerar que coartaba el libre desarrollo de los sistemas de IA. Tampoco Inglaterra. El vicepresidente de los Estados Unidos, JD Vance afirmó que «una regulación excesiva de la IA podría matar a un sector en plena eclosión» y que tiene «implicaciones revolucionarias», antes de lamentar que a veces «nuestras respuestas tienden a ser demasiado cautas, de aversión al riesgo»… También recalcó que «Estados Unidos es el líder en inteligencia artificial y queremos que siga siendo así». Por su parte, el portavoz oficial Keir Starmer, primer ministro británico, ha dicho que Reino Unido decidió no adherirse al pacto internacional porque el gobierno “solo se sumaría a iniciativas que fueran de interés nacional”, según una declaración retomada por The Guardian.
Informe de Foro Económico Mundial sobre el futuro del empleo 2025
En él se expone textualmente que el impacto global en el empleo de ahora al 2030, se reflejará en la creación de 170 millones de nuevos puestos de trabajo, a la vez que habrá una supresión de unos 92 millones. En cuanto a las áreas de mayor crecimiento estarán la tecnología, las bases de datos y la IA, a la vez que habrá un incremento en sectores esenciales como: reparto a domicilio, cuidados, educación, agricultura y ganadería.
Las capacidades más demandadas en cuanto a tecnología serán: IA, big data, redes y ciberseguridad. Se privilegiará lo relacionado con las habilidades humanas como: pensamiento analítico, habilidades cognitivas, liderazgo, colaboración y resiliencia. Dado que la brecha de cualificación se está ampliando, urge una acción inmediata y concertada de los sectores público, privado y educativo, para adaptarse a las nuevas demandas surgidas, por la redefinición de los modelos de negocio.
La respuesta a la adecuación de las empresas para la utilización de la IA, presenta el siguiente panorama: el 50 % de las empresas planea rediseñar sus modelos de negocio por la IA, el 77 % mejorará las capacidades de sus empleados, el 41 % reducirá personal por automatización, y el 50 % reubicará empleados afectados por la IA en otras áreas, como estrategia de adaptación y retención.
Igualmente, la Iglesia Católica a través del Dicasterio para la doctrina de la fe y el Dicasterio para la cultura y la educación, divulgaron el 28 de enero 2025 el documento ANTIQUA ET NOVA Nota sobre la relación entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana (Documento autorizado por el Papa y publicado por El Vaticano).
Lo más importante de resaltar del documento podría ser lo relacionado con la distinción entre la inteligencia humana y la artificial, lo concerniente a la educación, el trabajo, la innovación y sus consideraciones éticas respectivas. Veamos una síntesis de algunos de esos 117 párrafos propuestos, en el reto y las oportunidades que aparecen:
La IA, una valiosa herramienta que no sustituye al ser humano, es solamente un instrumento: que realiza tareas, pero no piensa, no posee una comprensión semántica de la realidad, ni una capacidad genuinamente intuitiva y creativa, la inteligencia humana es, en efecto, individual y al mismo tiempo social, racional y afectiva. Al respecto puntualiza:
…aunque la IA procesa y simula ciertas expresiones de la inteligencia, permanece fundamentalmente confinada en un ámbito lógico-matemático, que le impone ciertas limitaciones inherentes. Mientras que la inteligencia humana se desarrolla continuamente de forma orgánica en el transcurso del crecimiento físico y psicológico de una persona y es moldeada por una miríada de experiencias vividas en el cuerpo, la IA carece de la capacidad de evolucionar en este sentido. Aunque los sistemas avanzados pueden “aprender” mediante procesos como el aprendizaje automático, este tipo de formación es esencialmente diferente del desarrollo de crecimiento de la inteligencia humana, ya que está moldeada por sus experiencias corporales: estímulos sensoriales, respuestas emocionales, interacciones sociales y el contexto único que caracteriza cada momento. Estos elementos configuran y modelan el individuo en su propia historia personal. En cambio, la IA, al carecer de cuerpo físico, se basa en el razonamiento computacional y el aprendizaje a partir de vastos conjuntos de datos que comprenden experiencias y conocimientos recogidos, en cualquier caso, por los seres humanos.
Ha sido utilizada para potenciar las relaciones entre los hombres y entre estos y las comunidades buscando compartir un bien común, más allá de la acumulación de datos y conocimientos. Se pretende así una mejora continua del ser humano. Aunque la IA “generativa” es capaz de producir texto, voz, imágenes y otras opciones avanzadas, hay que considerarla como una herramienta, que no tiene responsabilidad moral, responsabilidad que recae en cambio en quienes la diseñan y utilizan. Al producir cambios importantes, puede también ayudar a complicar situaciones discriminatorias como brecha digital, desigualdades sociales, raciales, de género, etc. Los beneficios obtenidos deben ser equitativamente compartidos y no concentrados corporativamente.
También se destacan los riesgos en el ámbito de la educación, pues el solo proporcionar respuestas inmediatas, sin inducir a los estudiantes a encontrarlas por sí mismos, puede conducir a un fracaso en el desarrollo del pensamiento crítico. En el ámbito de la guerra no deja de constituir un peligro por las tragedias que puede desencadenar su utilización, y si se deja a su criterio el control de las vidas humanas en una confrontación virtual, es impensable el daño emergente y las devastaciones colaterales.
Finalmente, hace un llamado para comprobar la veracidad de las noticias producidas, pues se pueden con la IA generar todo tipo de noticias falsas con imágenes y videos incluidos, que terminan por confundir lo real con lo virtual, o lo falso con lo verdadero en una mezcla bastante tóxica.
Ahora veamos otro peligro latente vislumbrado por el filósofo surcoreano Byung-Chul Han, quien en su libro La sociedad del cansancio, hace un análisis sobre la organización del trabajo actual, que está llevando al deterioro del ser humano de una manera que ni el mismo se percata y esto se puede acelerar con las nuevas tecnologías. Esta mecanización al límite del ser humano, esa atención dispersa a la que es sometido con el multitasking, impide una atención profunda, pues esta se reemplaza progresivamente, y esa dispersión causada por el acelerado y continuo cambio de foco entre diferentes tareas, fuentes de información y procesos, a la larga no es conveniente para la salud mental, se convierte el ser humano en otra máquina de la cadena de producción, sin capacidad de pensar razonada, concentrada y tranquilamente. Una persona piensa en lograr cada vez más objetivos por inalcanzables que parezcan, nunca está satisfecha, pues no hay para ella objetivo definitivo, le es inalcanzable esa realización. Al respecto sostiene:
El imperativo de rendimiento lo fuerza a rendir cada vez más. Por eso, nunca se alcanza un punto de gratificante reposo. El sujeto narcisista vive con una permanente sensación de carencia y culpa. En definitiva, compite contra sí mismo, y por eso trata de superarse a sí mismo hasta que se derrumba. Sufre un colapso psíquico que se designa como burnout o “síndrome de desgaste laboral”.
De otro lado, actualmente China y Estados Unidos lideran el desarrollo de la IA, pero otros países y bloques igualmente lo hacen: La Unión Europea, India, Brasil, Rusia, etc., cada uno dentro de sus esferas políticas culturales y religiosas. De esta manera siempre estará latente el conflicto armado y es que hoy en día con los avances, las ciberarmas serán más letales, pueden hacer caer redes eléctricas de un país entero, capturar base de datos de todo un país, alterar los sistemas de defensa automatizados, interferir sensores enemigos, manipular elecciones, piratear teléfonos inteligentes, difundir noticias falsas y alarmantes, etc.
Teniendo presente todo lo anterior, es válido pensar que el peligro siempre está latente, más ahora si nos damos cuenta las decisiones que han estado tomando los máximos exponentes de las nuevas tecnologías como es el caso de quienes rodean al actual presidente Donald Trump. Es el caso del diario The Washington Post, ícono del buen periodismo, cuyo dueño Jeff Bezos, decidió la semana pasada modificar su independencia manifestando que en la sección de opinión solo se podrían defender “las libertades personales y el libre mercado”, lo que produjo la salida de David Shipley, editor de opinión.
Todo esto en consonancia con el caótico ejercicio del poder de Trump, que, a través de sus órdenes ejecutivas, desconcierta y preocupa pues no se sabe si con ellas ¿defiende el mercado o lo ataca?, ¿protege la libertad o la restringe?, ¿busca la eficiencia o el poder? Y resulta muy cómodo cuando uno es el que decide como en el caso de Elon Musk que defiende la libertad de expresión en su red, cuando se trata de aspectos racistas, degradantes o violentos, pero tiene especial cuidado con las cuentas que pagan y manipula el algoritmo para imponer su forma de pensar. De la misma manera que Zuckerberg quien promueve la seguridad y privacidad de la información en Facebook, se ha visto comprometido en el uso indebido de datos, o como vimos Jeff Bezos, imponiendo su criterio como propietario del diario The Washington Post. ¿Qué nos espera?, si ellos son parte de quienes están modelando nuestro futuro.
Una de las consideraciones fundamentales que hace Yuval Noah Harari en su último libro, Nexus sobre el desarrollo de estas nuevas tecnologías apunta fundamentalmente al aspecto ético que no debe primar sobre el tecnológico, sino más bien que lo debe regular:
…para crear redes más sabias debemos abandonar tanto la idea ingenua como la populista de la información, dejar de lado nuestras fantasías de infalibilidad y comprometernos con el trabajo duro y bastante prosaico de construir instituciones con mecanismos de autocorrección sólidos… Las decisiones que tomemos en los próximos años determinaran si convocar a esta inteligencia ajena ha sido un error terminal o el inicio de un nuevo y esperanzador capítulo en la evolución de la vida.
Todos los desarrollos en IA, la han hecho muy poderosa y su uso muy conveniente en muchos campos de nuestro devenir, pero la naturaleza humana sigue predominando en aspectos tales como: comprensión de problemas complejos y toma de decisiones en entornos inciertos, interacción con el mundo físico y contacto humano, creatividad, arte y expresión emocional, y adaptabilidad y aprendizaje en entornos dinámicos
La influencia de la tecnología en las diferentes aéreas del conocimiento y de la sociedad es más profunda de lo que nos percatamos, al respecto el premio nobel de física del 2024, Daron Acemoglu, profesor del MIT, sostiene:
Lo sorprendente de los gigantes tecnológicos actuales, sobre todo Facebook, Google y, hasta cierto punto, Apple, Amazon y Microsoft, es que no solo son enormes y multinacionales, sino que además controlan las fibras mismas de la sociedad. Dan forma a la información, están integrados en todos los aspectos de la vida cotidiana e influyen en la opinión pública. Nunca hemos tenido empresas tan poderosas como las grandes tecnológicas.
La IA llegó para quedarse, pero lo importante es que la consideremos como un buen complemento y no como un prometedor reemplazo. Si queremos mejorar nuestras capacidades, contrastar nuestras decisiones y podernos concentrar en aquello que requiera nuestra creatividad, empatía y buen razonamiento, es fundamental entender muy bien sus alcances y limitaciones.
El interés sobre los avances de la utilización de la IA y sus aplicaciones, no solo debe ser un tema académico, sino que nos debe competer a todos. Por estas consideraciones, lo que nos espera constituye un gran desafío, pues el desarrollo y la implementación de la IA no es solo un asunto técnico, sino que implica por sus resultados a veces inciertos, una postura clara frente a los valores fundamentales del hombre y la visión colectiva de un mundo mejor e inclusivo. Se hace necesario un trabajo conjunto de desarrolladores, tecnólogos, filósofos, legisladores y la sociedad en general para estructurar esa vía de desarrollo, y así evitar las amenazas para que esta herramienta ayude a configurar adecuadamente el futuro.
* Profesional en Filosofía y Letras Universidad de Caldas. Ingeniero Civil Universidad Nacional.