Por: Germán Sarasty Moncada*
Fecha de publicación: 01/10/2024
El poema Ventanas de Konstantino Kavafis, sirve de uno de los epígrafes para el libro El oído miope de Adriana Villegas Botero (Manizales, 1974), escritora, columnista, periodista y abogada. Doctora en literatura de la Universidad Tecnológica de Pereira y magister en estudios políticos de la Universidad Javeriana. Recibió el premio Simón Bolívar de periodismo en 1.999 por el cubrimiento de la noticia sobre el terremoto en el eje cafetero para el diario El Espectador, en donde hoy en día se desempeña como columnista.
El poema habla de días sombríos del personaje que narra, la ilusión de que algún día al abrir una de las ventanas de su agobiante encierro, logre alguna luz, pero no encuentra la ventana o no sabe abrirla, además al final esa luz podría perjudicarlo más. ¡Qué incertidumbre!
Aplica muy bien para Cristina, la joven abogada que al perder su trabajo en Colombia decide que su futuro está en Nueva York; definitivamente la cultura o incultura que nos inunda con la música, las revistas, las películas, la farándula y un largo etcétera, permea fácilmente a las personas desesperadas por un mejor estar, pero piensan que ese sueño americano es perfectamente alcanzable, cuando la realidad es otra.
Obviamente la primera barrera es el idioma, cuánto se ha pontificado sobre la importancia de los idiomas, cualquiera que se escoja, pero no nos parece pertinente, ni convincente, hasta que la dura realidad nos golpea de frente. Cuántas oportunidades no se han perdido en entrevistas de trabajo por ese pequeño detalle. En una promoción de profesionales de cualquier disciplina, todos recibieron la misma formación, pero los que se preocuparon por aprender algo mas, serán los seleccionados. Indudablemente.
Después de instalarse en un modesto apartamento de otros colombianos que la supieron acoger, se dio a buscar en qué trabajar y obviamente logró con algunos contactos, hacer el aseo en varios apartamentos y dejar un tiempo para el estudio en una escuela de inglés, de 8 a 10 de la mañana de lunes a viernes. En el examen de nivelación quedó en nivel 3 de 8. Los fines de semana los reservó para tratar de conocer algo.
Los contrastes y las desigualdades están a la vista en uno de los apartamentos en donde hace su oficio, siempre hay flores frescas en el lobby y todo reluce, obviamente esa familia vive en un dúplex de Park Avenue con 79.
El ascensor se abre directo en la sala del apartamento. Piso de madera y sala amplia, con ventanal a la avenida. Cortinas de velo blanco. Pared llena de cuadros de diferentes tamaños y marcos. Todos originales. Retratos, naturalezas muertas, bodegones, paisajes en tonos verdes, azules, grises, negros y cafés, firmados por Rachel W.
No puede evitar pensar en su habitación, en donde los Giraldo, pues así como hay en Nueva York, China Town, Little Italy, Korea Town también hay Little Colombia en Queens, en donde vive. Su cuarto es tan pequeño que aun tiene su ropa dentro de la maleta. Además, está invadida de juguetes del niño. Cristina sabe que en ese cuarto ella es un fantasma, pero no importa: en ninguna otra parte de la ciudad va a conseguir alojamiento por cuatrocientos dólares mensuales.
Son muchas las frustraciones a las cuales se halla sometida, esa labor del aseo de los apartamentos de otras personas, lo que no hizo en su casa, la hace sentir impotente, humillada, rebajada, no quisiera que nadie la viera en esas actividades. Pero es lo que hay y al mal tiempo buena cara, así sea a regañadientes. Es tan asqueroso el oficio que un día le ofrecieron 250 dólares por desinfectar y limpiar una habitación en donde alguien permaneció varios días muerto y nadie se percató. El señor del apartamento en donde vive narra su inicio:
Rubén empezó a trabajar haciendo limpiezas en un hospital, en turno de la noche. Vomito, sangre, vísceras, orina, excrementos, gasas, todo tipo de fluidos corporales. El trabajo era duro pero bien pago porque nadie más lo quería hacer.
Su mayor desahogo lo hace a través de internet con su mamá y sus amigas, pero hay días en que se siente incapaz de continuar y así lo manifiesta, pues se ha dado cuenta, aunque tarde, que las oportunidades que le pintaron allá no son ni ligeramente parecidas a la realidad de acá y que seguramente habrá otros horizontes inexplorados.
Comenzó la búsqueda de otros oficios y le sugirieron la bolsa de empleo, Employment Corporation, cuando llega al edificio de la dirección que le dieron, estaba llena de expectativas que fueron decayendo al dirigirse al segundo piso, en donde una dominicana atendía en un pequeño cubículo en el que cabían una silla y un computador, eso era todo.
La oferta era ya conocida. Cristina buscaba en una biblioteca, una librería, un museo, una galería o algo así. Y le ofrecían limpiezas, cocinas en restaurantes, cabinas de giros, de llamadas, lavanderías, cajera en supermercado, domicilios, aseo en hoteles, y clínicas, lavaplatos… Fuera de eso, debía llenar la aplicación, aportar los papeles en regla y cancelar 350 dólares. Al día siguiente estaría trabajando. Otra farsa.
Lo que sí tuvo claro desde el principio, fue reservarse los fines de semana para tratar de conocer algo de toda esa inmensa oferta de museos, parques, avenidas, vitrinas, edificios, el solo ver pasar el mundo en Times Square, en donde desfilan todo tipo de personajes que muchas veces es la primera vez que uno los ve, grupos musicales callejeros, personas de todas las razas, colores y saberes. Rosario, quien le ayudó a conseguir su trabajo le indicó:
Uno nunca sabe cuánto tiempo se va a quedar, y si usted decide devolverse, o si la llegan a deportar, Dios no lo quiera, que por lo menos se vaya después de haber visitado la estatua de la Libertad y el Empire State. Fue un buen consejo. Un lujo que casi ningún inmigrante en su condición tiene: fines de semana libres.
Para la legalización de la situación, siempre hay salidas que aunque peligrosas, el desespero las minimiza. Cristina consiguió sus papeles ilegalmente, pero en donde un falsificador que se preciaba de su trabajo, seguramente colombiano.
Una hora después regresan donde Gerardo y recogen el carnet. Rosario lo revisa: quedó perfecto, pasa cualquier revisión. Gerardo confirma: Usted sabe que acá trabajamos correctamente, todos los papeles míos pasan. Cristina revisa su tarjeta verde de residente y su carnet de seguridad social.
No siendo suficiente las angustias que soporta aquí, no deja de pensar en los suyos y las preocupaciones que ella sin querer les causa por su ausencia.
Lucia sufriría mucho si pudiera ver minuto a minuto como se evapora la juventud de su hija en una sucesión de horas y días sin que pase nada extraordinario y con peligros que la acechan todo el tiempo, como morir atropellada y sola en un país extraño. Empieza a calmarse. Existe el presente, lo otro es memoria o imaginación.
Los complejos de culpa siempre atormentan a los espíritus nobles y hasta se ensañan en ellos. Por eso Cristina cree que si hubiera estudiado algo diferente a Derecho, tendría más opciones, cree que si medicina, enfermería o algo similar, le hubiera facilitado las cosas, lo que no sabe es que un médico graduado en Colombia debe estudiar en Estados Unidos unos dos o tres años para poder ejercer como enfermero. Así se lamenta:
Pero el derecho que aprendí allá solo me sirve allá y acá es como si fuera bachiller, pero además como si fuera discapacitada, porque no puedo hablar bien. Cuando los gringos se dan cuenta de que uno no habla inglés empiezan a hablar más duro, como si uno fuera sordo. En vez de hablar despacio. En todo caso, si debí estudiar más inglés allá antes de venirme.
Todo proceso en la toma de decisiones implica un riguroso análisis que permita contemplar diferentes opciones y descartar algunos riesgos. Es necesario reunir suficiente información pertinente, analizar evidencias, contemplar alternativas y actuar de acuerdo con esos análisis. De todas maneras debe tenerse cuidado en no caer en la parálisis por el análisis, ni menos actuar impulsivamente. Es importante tener presente lo afirmado por John Lennon: La vida es lo que te sucede mientras estás ocupado haciendo otros planes. Finalmente sigue siendo válido lo planteado por el intelectual y político romano, Séneca: La suerte es donde confluyen la preparación y la oportunidad.
Qué manual de preparación nos ha entregado Adriana Villegas, para hacer lo que se requiere antes de viajar, y valga la distinción de que el mundo en cualquier lugar es para los audaces, y la audacia implica la preparación requerida para las circunstancias a afrontar, y el talante para superar las dificultades de cualquier cambio.
Con otra perspectiva, hay que saberla disfrutar, como informó la agencia EFE: “La ciudad de Nueva York recibió 61.8 millones de turistas en 2023, una recuperación del 93 % con respecto a los datos pre-pandemia, lo que generó un impacto económico de más de 74,000 millones de dólares… Según el desglose, la mayoría de visitantes son estadounidenses (unos 51 millones), pero los internacionales (unos 10 millones, casi un 15 % más) son los que más gastan, y constituyen casi la mitad del gasto turístico”. Si la podemos gozar en todo su esplendor como espectadores, no lo dudemos, constituye un excelente plan.
* Profesional en Filosofía y Letras Universidad de Caldas.