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Fluye la terapia. Viva el Psicoanálisis

Por: Rubén Darío Zuluaga G. *

Fecha de publicación: 03/10/2025

CRÍTICA TEATRAL
57 FESTIVAL INTERNACIONAL DE TEATRO DE MANIZALES
GRUPO: CONEJILLOS DE INDIAS
OBRA: ALGODÓN DE AZÚCAR

“La infancia es un sueño del que nunca se despierta del todo, y del que nunca se deja de crecer”.

Es una obra preciosista, desde el principio hay un ambiente onírico, macabro, muy sugerente, hay oscuridad, humo. Un personaje busca una dirección, la casa de sus padres, lleva una torta para una celebración familiar, sin embargo, los fantasmas lo asedian, llenan el ambiente de humo, hay perturbación total, aturdimiento, barullo, trauma en acción. El inicio es pura confusión, una pesadilla, donde nada es claro. El personaje no sabe dónde está ni cómo llegar a su destino.

La parte clave es cuando llega a una feria abandonada y lúgubre, donde es conducido por tres payasos, bufones negros, grotescos, con aspecto aterrador que lo empiezan a vapulear, le ponen trabas para entrar y cuando lo logra, se recrea el escenario con su memoria infantil: sus padres, la celebración del cumpleaños, los compañeros de escuela; todo en un ambiente grotesco, extraño y van apareciendo los recuerdos a pedazos, a jirones, hasta que aparece el recuerdo indicado, el malestar eterno, la sombra de su tío, la canción del lobo… jugaremos en el bosque mientras… y entonces la máscara esconde el trauma, el recuerdo sumergido; se abre la puerta y se “recapitula” lo olvidado.

La escena final le permite encontrar la casa de sus padres y preguntarse dónde estaban cuando pasó el fatídico suceso, tal vez por eso la reticencia, sí los quiere, pero dónde estaban. El tránsito por la memoria, la superación de las pruebas y por fin, encuentra su casa, llega a la celebración: allí está el tío, la sombra, el lobo malo del cuento y entonces deben caer las máscaras, se devela el secreto bien guardado, se reconoce y enfrenta el dolor. Fluye la terapia. Viva el Psicoanálisis.

La entrada al portal, una especie de castillo embrujado, con bombillos de colores, es la perfecta metáfora del acceso al inconsciente, al mundo de los sueños, al lugar de los deseos reprimidos, los que quieren ser olvidados y que es necesario traer a la Consciencia para seguir viviendo.

Es una propuesta formal muy consistente, unos payasos excelentes, sarcásticos, negros, de esos que se burlan de la herida y le echan sal para que duela a punta de retoricas divertidas, gags repetitivos e imprudentes.

Mi compañera de butaca espantada dijo: “…Fue como ver un portal bufonesco al inconsciente, que miedo. Ja ja ja.”

* Crítico teatral.

Fotografía Revista Alternativa.