Por: Germán Sarasty Moncada*
Fecha de publicación: 06/08/2025
El tema del padre ha sido tratado por Florian Zeller de tres maneras diferentes y en su respectivo formato, ha constituido un verdadero acierto tanto en el teatro, el cine y su texto original. Este gran escritor y director francés, nacido en París el 28 de junio de 1979, estudió en el Institut d’études politiques de Paris, obtuvo su diploma en el 2000, ha resultado toda una revelación. Se inició como novelista, pero pronto se destacó como dramaturgo. Es, según el semanario francés L’Express, “junto con Yasmina Reza, el mejor dramaturgo francés”, y según The Guardian “el autor teatral más apasionante de nuestra época”.
Desde 2004 ha escrito varias obras de teatro, creadas inicialmente en Francia y luego en el extranjero, las cuales han sido interpretadas por grandes actores, así: en 2006, Si murieras, en 2007, La otra, en 2010, La madre, en 2011, La verdad, en 2012, El padre, en 2013, Una hora de tranquilidad, en 2015, La mentira, en 2016, Antes de volarse, y Detrás de escena, en 2018, El hijo, y en 2019, La madre.
En Paris, entre 2004 y 2020 se estrenaron más de diez de sus obras, las cuales han sido aceptadas por un público tan experimentado y exigente como el francés, luego se han representado en todo el mundo, con reconocimiento universal. En el 2014, en Francia, la mejor obra teatral fue El padre por la cual recibió el Premio Molière. En el extranjero la opinión ha sido unánime. En Londres, el periódico The Guardian la eligió la “mejor obra de teatro del año”. Se considera que es “la obra más aclamada de la década”. Según The Times, es “una de las mejores obras del siglo XXI”. El Padre se estrenó en más de 50 países, entre ellos España, Estados Unidos, China, Brasil, Perú, Australia, India, Israel, Sudáfrica, Alemania, Italia, Hong-Kong, Eslovenia, Polonia y obtuvo numerosos premios en todo el mundo. En 2024, Florian Zeller, recibió el Prix du Théâtre de la Academia Francesa por el conjunto de su obra dramática. Hoy está siendo representada en temporada en Bogotá, en el Teatro Nacional.
Pasando a otro formato, Florian Zeller dirigió su primer largometraje en 2020, El Padre, adaptado a su propia obra teatral. Fue presentado en enero de 2020 en la selección oficial del Festival de Sundance y fue recibido con una excelente crítica. También fue seleccionada para el Festival Internacional de Toronto, el Festival de Telluride y para el Festival Internacional de cine San Sebastián.
Sus tres piezas, El Padre, La Madre y El Hijo, han sido inicialmente concebidas por el autor como una trilogía alrededor de la enfermedad mental (la demencia senil, la depresión y las pulsiones suicidas). Estas tres obras hacen parte hoy en día de las más representadas en el mundo. Esta trilogía apareció en 2021 en una recopilación de la Editorial Gallimard, en la cual se afirma:
Dolor: este es el tema común de esta “trilogía involuntaria”, como la define su autor. El dolor del padre, cuando todo a su alrededor se distorsiona gradualmente: lugares, rostros, objetos. El dolor de la madre, dominada por la soledad tras la partida de su hijo. Finalmente, el dolor del hijo, afligido por un malestar que nada parece curar. Pero mientras las certezas se convierten en arenas movedizas, el humor y la burla salpican constantemente los versos, anclando a los personajes de estas “farsas negras” en una realidad ilusoria, justo antes del punto de inflexión. La trágica sensación de una perturbación en la realidad hace que estas obras sean universales y convierte a Florian Zeller en el autor francófono vivo más representado del mundo.
En El Padre se narra la historia de André, el progenitor de Anne y de Élise, quien en su senectud ha comenzado a padecer de Alzheimer, lo cual lo ha ido minando y lo ha llevado a un deterioro implacable, en el cual se haya totalmente perdido, confundiendo lo real con lo imaginario, lo cierto con lo falaz, viviendo en un mundo que le cuesta trabajo entender y atendido por personas que no sabe si lo quieren cuidar o perjudicar. Este lamentable estado altera no solo la situación de sus cercanos, sino también, en muchos casos, la paciencia y la tolerancia de ellos.
Su hija Anne quien lo cuida, consideró más adecuado, a partir del rechazo por las cuidadoras que le proporcionó, traerlo de su apartamento cerca a su casa, al suyo para poder estar más pendiente de él. Pierre la pareja de ella, se resiente con esa decisión y comienza sutilmente a insinuarle que lo mejor para su padre es internarlo en un sitio especializado, después de haber tenido que cancelar sus vacaciones, para no dejarlo solo. André al comienzo no entiende quien es Pierre y porqué está instalado en su propio apartamento, pues cree que así es.
Un día a la hora de dormir, después de que delante de él, se discutió el hecho de internarlo, para poder ellos hacer mejor su vida, su padre le pide que le cante una canción de cuna y así se queda apaciblemente dormido. Luego Anne sostiene una conversación con su pareja:
Pierre: ¿Él ha escuchado? Quiero decir.
Anne: Si, tú lo has visto. Él estaba allí. Si. Necesariamente ha oído.
Pierre: ¿Pero, no ha dicho nada?
Anne: No, estaba muy triste. Parecía un niño. Te dije, me pidió que le cantara una canción de cuna. Eso me hizo llorar.
Pierre: Entiendo.
Anne: Me acuerdo el hombre que era… Me asustaba de pequeña. Si supieras. Era muy autoritario. Y ahora, está ahí, le he cantado una canción de cuna y se ha dormido. Me parece increíble. Y triste. Profundamente triste…
De todo esto solo nos queda pensar en esas desilusiones, pues estas personas sin darse cuenta alteran la vida de los demás, pues mezclan deseos y frustraciones con realidades o fantasías, el pasado con el presente, lo imaginado con lo vivido, tienen memoria selectiva u olvido indiscriminado, o a veces inmediato. Una verdadera tragedia más común de lo que se cree y que requiere de comprensión, conocimiento, tolerancia y mucho amor. Los sentimientos de impotencia y dolor, son lacerantes. Sufren más sus seres queridos que el propio paciente quien además no se da cuenta de su mal.
Le sucede a André respecto de su hija Élise, a quien en varias ocasiones se refiere y con diferentes personas, pero solo para manifestar que hace tiempo no la ve porque debe estar recorriendo el mundo con su arte de la pintura. Excusa su ausencia por su exitoso papel de artista que se debe a su público y a sus creaciones, pero con ansia espera su llegada, como se lo manifestó a Pierre:
…pero me haría muy feliz si un día viniera a verme. La tomaría en mis brazos y nos quedaríamos acurrucados durante horas, como hacíamos hace mucho tiempo, cuando era pequeña, y todavía me llamaba “mi papito”, “mi papito”. Así me llamaba. Es bonito, ¿verdad? “mi papito”.
La cruel verdad ignorada adrede o por la enfermedad, era que después de la alusión a un accidente, Élise, no vuelve a ser mencionada.
A título informativo sobre el tema, tenemos que en Colombia se estima que cerca de 260.000 personas mayores de 60 años padecen de Alzheimer, según datos de 2024. La enfermedad de Alzheimer es una forma de demencia que afecta la memoria, el pensamiento y el comportamiento. En Colombia, el Ministerio de Salud y Protección Social ha expresado que el 40% de los mayores de 65 años han presentado síntomas de demencia.
En cuanto a El Padre, la obra representada o leída nos permite mirar desapaciblemente las vidas humanas, sus interrelaciones, implicaciones, certezas y desaciertos, con lo cual muchas veces nos identificamos o rechazamos de plano. Son obras que siempre nos dejarán pensativos sobre el qué haríamos en situaciones similares, o que no haríamos para evitar los errores que vemos reflejados; son una especie de experimento mental tan útil como queramos o tan inútil, como nos parezca lo planteado, pero siempre nos inquietarán. Analizamos lo que ha pasado y veremos la posibilidad de que nos pueda pasar y como actuaríamos. Hasta premonitorio puede llegar a ser.
* Profesional en Filosofía y Letras Universidad de Caldas.