Volver

La belleza de lo simple

Por: Germán Sarasty Moncada*

Fecha de publicación: 02/07/2025

Abordar el libro Subrayados de Jorge Santander Arias constituye un placer enorme, pues se trata de un caleidoscopio con múltiples motivos de regocijo, pues estamos ante un maestro de la escritura quien con su erudición palpable, pero con su modesta discreción nos complace, nos hace reflexionar, nos enseña y nos incita a profundizar en los temas expuestos, pues encontramos nuevas palabras, novedosas formas de narrar, detalles desconocidos sobre aspectos sabidos, y otras cosas más. ¡Es un deleite!

Su producción intelectual reflejada en su columna en el diario La Patria, por su variada temática que cubría desde la cultura griega, romana, los eximios creadores de la moda como Balenciaga, Dior, Cocó Chanel y otros, los grandes y pequeños escritores, las estrellas del cine y hasta el hombre de la calle con sus angustias y problemas, al igual que  los simples albañiles y sus ejecutorias, hacen de cada tema una verdadera creación estética, didáctica y a la vez amena.

Este gran pensador nacido en Cali en 1924, por la muerte de su padre, llegó a Manizales en donde encontró un ambiente propicio para su desarrollo intelectual, aunque sus estudios solo los realizó hasta quinto de bachillerato, su despertar cultural lo afianzó en los círculos literarios y en lo periódicos escolares en donde participó. Igualmente el acceso que tuvo a las bibliotecas de sus tíos Gerardo y Emilio Arias Mejía, ex gobernadores de Caldas. Su vinculación al periódico La Patria como corrector de pruebas le permitió mostrar su talento, al llegar a ser jefe de redacción y luego subdirector hasta su deceso.

Muy loable la acogida dada por la Universidad de Caldas, en donde ejerció las cátedras de filosofía e historia del arte. El reconocimiento a su erudición lo destacó la universidad, al concederle en 1974, el año de su fallecimiento, el titulo de Honoris Causa en Filosofía y Letras. De toda esa profusión de sapiencia y goce, es necesario hacer una selección para podernos referir a esta cascada de conocimientos y divulgación lograda.

En Subrayados aparece una juiciosa escogencia de cincuenta columnas de las muchas publicadas entre los años cincuenta y setenta. Algunos de los encabezados muestran la variopinta y ecléctica forma de abordar la vasta temática, veamos:

            La muerte de las manos humanas, piezas de museo. Para el amor, para el adiós, para la oración. Apología y vituperio de las manos.  

            In Memoriam de Alberto Ángel Montoya. Una vocación de belleza. La frágil poesía de las cosas insustanciales. Recuerdo de Proust a través de Ángel Montoya.

            Un homenaje a un poeta nuestro. Solidaridad y fe en la belleza. Breve cita con el alma de Camilo Orozco.

            Padre Pérez Arbeláez vs. Eucaliptus Globulus. Una pelea mal casada. Los secretos del    eucaliptol.

            Una misiva extraña. La tremenda tragedia de los Padres Solteros. Las injusticias de nuestra sociedad y de nuestra legislación. Un grupo social desventurado que busca justicia y rehabilitación.

            Cómo se juzga, dentro de términos de memoria, el extraño caso de Christine Jorgensen. Análisis de un comportamiento veleidoso.

            La húmeda emoción de septiembre. El dual clima de Manizales. El encanto de los meses lluviosos. El verano, un espectáculo de Feria. Tranquila defensa del invierno.

            Drama y gloria de los correctores de pruebas. Un eslabón de una gran cadena.

Tomemos ahora algunos de sus escritos y tratemos de interpretarlos, aunque son múltiples las motivaciones y explicaciones que tiene cada texto, de acuerdo con el lector que las aborda, sería pretencioso pensar que es la más acertada. Parece muy premonitorio lo que augura para las manos y su utilización, pues con la tecnología se ha potenciado la parte física del hombre y los artefactos han pasado a servir como extensiones de su cuerpo y ahora irrumpe con gran poder, la inteligencia artificial que viene a revolucionar y apoyar la parte intelectual del hombre. Al respecto afirmaba:

Para las manos, solo botones que reducen, que reducirán su vigor, y su iniciativa. Y  pronto, en vez de botones, una simple orden oral, una elocución, que, por medio de vibraciones conmoverá el mundo, abrirá la ventana a la vorágine, al ruido insistente de  miríadas de tornillos y de gases, que hará posible la guerra, la conquista de nuevos mundos, el entierro definitivo de todas las esperanzas sencillas.

En cuanto al amor y su concreción, teniendo presente el regreso de Ulises a Ítaca, en donde lo más importante no era llegar sino sortear lo azaroso del recorrido y a la vez disfrutarlo, no duda en afirmar: Yo siempre he tenido reservas sobre la continuidad del amor, sobre su supervivencia y sobre la oportunidad de descansar de él. Y remata magistralmente con: …la fuerza visible de los efectos está, no en su consumación, sino en su expectativa. También diría: El amor, es siempre útil, y la manera más sencilla de recuperarlo es no malgastarlo.

La construcción de una mansión al frente de su casa le servirá de pretexto no solo para exaltar la arquitectura, que puede ser considerada como arte y como ciencia, por su capacidad de expresión estética y la creatividad utilizada en los diseños y como ciencia por la utilización de principios científicos y técnicos para concretar su concepción. Pero en este caso trata de resaltar el papel de esos artesanos de la construcción, que aunque no son artífices si son realizadores de las concepciones de los arquitectos.

El afán, su pericia, la misma mezcla inexplicable de risa y sudor, la patética ilusión de sus brazos incansables, la manera como rellenan los resquicios, atienden con el nivel las incorrecciones de las perspectivas, perfeccionan los ángulos para el estuco, horadan las maderas con sus honrados martillos y claves, son formas persistentes del mismo rumor peligroso del universo… Y allí están ellos, desde el alba al ocaso, asimilando al trabajo la gratitud cerebral del esmero, con cierta intuición erudita, como si cada ladrillo valiera tanto como el sitio efímero de una estrella.

Pasa sin problemas de algo tan mundano como la construcción, a algo tan sofisticado como la moda y al abordar los grandes artífices lo hace de una manera tal que parece un erudito en esos cánones tan variables y efímeros, que han marcado el paso en muchas épocas. Aborda las propuestas estéticas  de Balenciaga, Dior y Cocó Chanel con la profundidad de los conocedores.

Mientras Dior pinta, Balenciaga edifica… Balenciaga supo interpretar el cuerpo   femenino, Dior, se ha limitado a vestirlo. Una gran diferencia. De ahí su máxima un tanto paradójica: para un vestido chic, una mujer chic. Y punto. Una época feliz, desgraciadamente oscurecida por la competencia siniestra de los tailleurs masculinoides de Cocó Chanel.

Y enfatiza sobre su preferido, pero con argumentos, esto muestra cómo se tomaba en serio todo tema que abordara, así fuera considerado por algunos banal y de poca trascendencia intelectual:

Porque Balenciaga era un tirano, a su modo. Mujer que no le gustaba, mujer que no vestía. Y al hacerlo, lo hacía sin esbozos previos, sin maniquíes, casi que con las uñas. Conocía todas las desinencias del cuerpo femenino, sus perfecciones y sus paradojas… Y así mismo sostenía la estabilidad de la moda, no haciendo concesiones a las novedades   periódicas, a las locuras de los vestidos de “estación”. ¿No sostenía que la Venus de Milo tenía veinte siglos el mismo vestido, y era siempre inmensamente bella? 

Sabía ser sarcástico cuando las circunstancias lo exigían y sus criticas eran muy bien recibidas ya que se refería sin solemnidades, pero con contundencia, cuando era necesario, para así tratar de ridiculizar a los recién aparecidos con ínfulas de expertos en el tema que estuviera de moda o que les parecía que era fácil posar de eruditos en él. Nos ha tocado en nuestro tiempo ver expositores de toda clase en los temas de la paz, los famosos pazólogos, en los momentos más cruciales de la erupción del volcán del Ruiz, aparecieron los vulcanólogos, en las ferias anuales todos son expertos en la tauromaquia, en los mundiales de futbol opinan como máximos directores técnicos, en épocas de violencia, surgen los violentólogos, ni se diga en la pasada pandemia del covid, todos eran epidemiólogos y así van surgiendo expertos de toda laya y calaña.

La invasión del cine a todas las orbitas, la instauración de la sabiduría del celuloide, la luminoplastia surgida de la contracción de las virtudes técnicas sobre las humanas, han producido en el mundo la revolución del engreimiento erudito. Todo el mundo puede hablar de todo, “porque lo ha visto en el cine”. El cine ha rebosado el sector propagandístico de la cultura y no puede detenerse.

 Un tema de los considerados serios, lo constituye el pasar de los cincuenta y vislumbrar el ocaso y la proximidad no tan lejana de la muerte, nos muestra la angustia que se siente de la cercanía del final y el final de algunos placeres inolvidables.

No aconsejaría yo a mis coetáneos la licencia, el desenfreno, las pruebas seniles de una cansada virilidad, como tampoco el ascetismo, la renuncia, el desapego a la fugaz compensación de una vida hermosa. Pero, ¿puede haber un término medio para la desesperación ante las canas, la prostatitis, el cáncer, la expectativa del infarto? ¿Tendrá el hombre, en la edad en que todavía se puede esperar, desesperar, sujetarse a ser demasiado bueno, demasiado gentil, demasiado acomodado a una vida que se le escapa? Ese es el dilema angustioso. Y sin solución.

Es admirable como la erudición, el humanismo, el conocimiento y un estilo tan propio y sugestivo lo haya adquirido en el trasegar mundano y lo haya hecho con esa pulcritud, elocuencia y sapiencia. ¡Un gran personaje!

* Profesional en Filosofía y Letras. Universidad de Caldas.