Volver

La fatalidad consumada

Por: Germán Sarasty Moncada*

Fecha de publicación: 05/09/2024

Teniendo como referencia el teatro clásico griego escrito por Eurípides en sus tragedias Fedra y Medea, el grupo teatral Las niñas de Cádiz, han hecho una adaptación que nos ofrecen en El viento es salvaje (Fedra y Medea en Cádiz), que constituye el tercer trabajo del grupo y que nos permite apreciar el que las tragedias griegas no sean solo griegas, ellas son europeas, latinas, coreanas, alemanas, gaditanas y un largo etcétera. El ser humano siempre será no sólo cómico, sino trágico, bondadoso y malvado, triste y alegre, conflictivo y conciliador.

Todo esto lo vemos en el comportamiento de las dos entrañables amigas, que más que amigas se consideran hermanas. Estudiaron juntas, la una siempre triunfadora y la otra perdedora, la una de primera en notas, representación estudiantil, amigos, novios, realizaciones, pero la otra ganando los exámenes con notas casi insuficientes, también participó en las elecciones estudiantiles sin ningún brillo, ni novios, ni amigos, en resumen, muchas frustraciones, pero su amiga siempre pendiente alentándola para evitar sus desfallecimiento.

La una deseaba estudiar su carrera predilecta, la otra solo aprender para formar un emprendimiento, terminaron ambas preparándose para ello y así montaron su empresa, todos decían, esa si es una amiga. Su amiga siempre reclamaba a los dioses algo de suerte para la otra, ya que era buena gente. Para ir complicando las cosas, la de buena suerte se casó muy enamorada y tuvo un bello niño el cual fue rodeado de afecto por sus padres y por supuesto por el cariño de la amiga cuyo pretendiente algún día le dijo que ya no la quería, que había otra en su vida. Estoicamente lo aceptó, ya estaba acostumbrada a los rechazos y reveses de toda clase.

Cualquier día hubo problemas en el apartamento de quien ya sabemos y su amiga le dijo que se tomara el día para atenderlos, con tan mal suerte que al llegar a su vivienda, una viga le cayó encima con el resto del apartamento. Problemas para rescatarla, llevarla al hospital donde trataron de salvarla sin que quedara con muchas limitaciones. Meses de incapacidad que la de siempre acogió en su hogar al lado de su marido y su hijo adolescente, desplazando así los canarios que eran la pasión de su marido e incomodando al joven quien se resignó a dormir en un sofá.

Con la intimidad del hogar y la cercanía de sus ocupantes comienzan a fraguarse nuevas relaciones y con ello otros problemas, hasta que surge el conflicto facilitado por los dioses, de los cuales hace parte en el sur de España, el viento de levante, que vuelve loca a la gente influyendo en lo cotidiano. El marido termina viendo a la amiga en pijama y le dice “te comeré la boca aunque sea en sueños”. El hijo adolescente con sus feromonas y otros olores característicos de su edad y su comportamiento, comienzan a excitarla y lo por tanto tiempo aplacado, emerge de forma brutal.

Todos los implicados a su manera se irán dando cuenta de signos reveladores, hasta que los protagonistas son cogidos en flagrancia y lo que era una agradable comedia, termina por convertirse en una sangrienta tragedia en donde únicamente sobrevivirá la gran amiga para corroborar cómo la mala suerte la cobijó. Solo al final del recorrido vital se podrá concluir si alguien fue desgraciado o si por el contrario fue feliz. Los dioses han propiciado el conflicto, los humanos lo han desatado y la fatalidad ha reinado. Solo quedará el perdón divino, pues el humano después de la consumación, ha sido negado.

Profesional en Filosofía y Letras Universidad de Caldas.

Foto Andrés Valencia.