Por: Germán Sarasty Moncada*
Fecha de publicación: 28/03/2025
La surcoreana Han Kang (Gwangju, 27 de noviembre de 1970) estudió Letras en la Universidad Yonsei en Seúl, y después de graduarse trabajó durante tres años como periodista para algunas revistas como Publishing Journal y Samtoh, ha sido la primera mujer asiática y la primera surcoreana en recibir, en el año 2024, el premio Nobel de Literatura, instaurado en 1901, con ciento diecisiete entregas anuales hasta ahora, de las cuales dieciocho han correspondido a galardonar a la mujer; trabajó once años como profesora en el Departamento de Escritura Creativa del Instituto de las Artes de Seúl. Una muestra de sus extraordinarias capacidades la podemos apreciar en su novela La vegetariana.
Esta, su tercera novela fue escrita entre 2003 y 2005 y en ella trataba la escritora de desentrañar tristes preguntas que le rondaban como: ¿Puede una persona llegar a ser completamente inocente? ¿Hasta qué punto podemos rechazar la violencia? ¿Qué le sucede a quien se niega a pertenecer a la especie llamada humana?
Constituye un relato simple, narrado en tres partes en las cuales la describen, su marido, su cuñado y su hermana, ella Yeong-hye se constituye en un objeto de deseos, odios, malentendidos y empatía de los otros, pero su dictamen falla en comprenderla y así poderla conservar.
Para contrastar el relato de Han Kang con la actualidad norcoreana, revisado el número de enero del 2024, de la Revista Internacional de Culturas y Literaturas, editada en España en la cual se publican monografías de diversas universidades, he consultado la elaborada por Patricia Chica Morales y Eun Kyung Kang de la Universidad de Málaga, MUJER, FAMILIA Y SOCIEDAD EN LA VEGETARIANA DE HAN KANG, en la que sostienen que la sociedad surcoreana sustentada en un modelo eminentemente patriarcal sigue ostentando esa condición que se manifiesta en todos los ámbitos: familiar, social y laboral y a pesar del avance feminista, la mujer sigue subordinada al hombre.
Su estilo utiliza alegorías, fantasías, ecofeminismo y naturaleza. Inicialmente, el foco de la literatura de Han Kang no residía en las mujeres, pero, poco a poco, fue centrando sus relatos en torno a diferentes aspectos que las rodean. En sus obras, los personajes femeninos realizan un proceso de reconocimiento de la sociedad en la que se enmarcan y después cambian su actitud y comportamiento. Es común la denuncia de la violencia y opresión del sistema patriarcal y también es frecuente la relación con personas desconocidas y ajenas, los encuentros entre estos y el surgimiento de nuevas relaciones.
Yeong-hye antes de su matrimonio estudió en una academia de computación grafica, en donde ya graduada fue profesora asistente, además trabajaba en casa atendiendo requerimientos propios de su formación. Su esposo la describe como una persona casi por debajo de lo normal y su justificación para casarse con ella lo atribuye a la forma básica de ser de ella. Le bastaba con que lo atendiera en lo fundamental, era buena cocinera y hacía muy bien el oficio doméstico, además su aporte económico al hogar por su trabajo, aunque poco, servía. En esa monotonía llegaron a sus cinco años de sana tolerancia, como nunca estuvieron perdidamente enamorados y la relación era aparentemente de conveniencia, esta no se había deteriorado.
En ese momento comenzaron a aparecer los sueños perturbadores que alteraron a Yeong-hye, quien se despertaba sobresaltada y deambulaba por el apartamento como sonámbula y así una vez se dirigió a la nevera repleta de comida y comenzó a vaciarla, tirando al piso su contenido en bolsas plásticas o recipientes herméticos. Al suelo fueron a dar indistintamente carnes de todo tipo, pescados de diferente clase, y todo elemento que fuera de origen animal, de rio, de mar o de granja.
En uno de los sueños se encontraba perdida en un bosque, del que salió para entrar en un granero en el que había colgados enormes bultos de carne, de algunos corrían gotas frescas de sangre, pero no encontraba la salida, su blanca ropa se empapó de sangre. No se explica cómo escapó y llegó a un sitio de arboles primaverales en donde había mucho niño y olía delicioso. Al lado de un arroyo había gente comiendo rollos de arroz envueltos en algas. También había una parrilla de un asado y se oían risas alegres. Se escondió para que vieran que tenía manchas de sangre en la ropa, las manos y la boca, pues había recogido en el granero pedazos de carne cruda.
No pudo ser más vívida la sensación de desgarrar con mis dientes esa carne cruda. Y mi cara, mis ojos… Me había vuelto una desconocida, pero no había duda de que era yo. No, al revés. Era un rostro visto innumerables veces, pero no era mi cara. No puedo explicarlo. Conocida y desconocida a la vez, fue una sensación vívida y extraña, terriblemente extraña.
La vida en pareja tuvo obviamente cambios radicales, no solo en la alimentación, sino en los horarios de dormir de ella, completamente trastocados, casi no dormía para evitar los reiterativos y perturbadores sueños. Cada vez perdía más peso, su debilidad era notable y su dejadez en el arreglo personal dejaba mucho que desear, su marido trataba de comprenderla, pero no era fácil. Las cosas comenzaron a complicarse cuando ella debió interactuar con las demás personas, como en el caso de la cena que organizó el Presidente de la compañía en donde trabajaba su marido, la cual incluía las esposas de los pocos invitados seleccionados. En el momento de servir, ella manifestó que no iba a comer, por lo que el anfitrión le indagó:
—¿Es usted vegetariana? —le preguntó con tono jovial el presidente de la empresa—. En el extranjero hay vegetarianos estrictos y en nuestro país me parece que han comenzado a aparecer algunos, sobre todo ahora que los medios de prensa atacan tanto la ingesta de carne… No me parece exagerada la idea de que hay que dejar de comer carne para tener una vida más larga.
Su marido desesperado decidió buscar aliados y se comunicó primero con su suegra, luego con su cuñada y pensó en hacerlo con el hermano menor de su esposa. Todos se sintieron no solo sorprendidos, sino muy apenados con el proceder de ella y le pidieron comprensión y disculpas y le prometieron buscar una solución conjunta, de igual manera se manifestó su suegro, cuando él mismo lo llamó. Los sueños iban cambiando de cariz y eso le resultaba preocupante.
He soñado otra vez. Alguien mató a una persona y otra ocultó el crimen a la perfección, pero me olvidé de todo cuando me desperté. ¿Habré sido yo la asesina? O quizá fui la asesinada. Si yo fui la asesina, ¿a quién habré matado? ¿A ti tal vez? Era a alguien muy cercano. O quizá fuiste tú el que me mató… Entonces ¿quién habrá sido la persona que ocultó el crimen? Seguro que no éramos ni yo ni tú… Fue con una pala.
Las cosas siguieron complicándose, los comportamientos eran cada vez más extraños, vivían como si fueran amo y empleada doméstica, las relaciones sexuales ya no existían y solo algo lograba su marido cuando algunas veces al llegar borracho y excitado, a la fuerza la poseía. Se organizó una reunión familiar para una celebración en la nueva casa de la hermana de su esposa. Allí se repitió la escena en el momento de pasar al comedor, pues ella manifestó que no iba a comer. Primero fueron los ruegos diciendo lo buenos platos preparados con varios días de antelación, las delicias gastronómicas ofrecidas, etc., luego los reproches y las premoniciones sobre el no alimentarse adecuadamente, las observaciones sobre la desnutrición a ojos vistas, el forcejeo de su madre primero y luego su padre para hacerla comer y finalmente el brutal desenlace.
—Padre, yo no como carne —dijo mi mujer, apartando con una mano los palillos de mi suegro, que temblaba en silencio.
Repentinamente la recia mano de mi suegro cruzó el aire y mi mujer se llevó la suya a la cara.
—¡Papá! —gritó mi cuñada, al mismo tiempo que aferraba del brazo a mi suegro.
Como si todavía no se hubiera aplacado su cólera, a mi suegro le temblaban los labios. Sabía que tenía un carácter violento, pero era la primera vez que le veía pegar a alguien.
Lo inesperado fue la reacción de Yeong-hye, quien cogiendo el cuchillo de la fruta y mirándolos a todos, quienes no tuvieron tiempo de reaccionar, se cortó las venas de su muñeca, se dobló y cayó al suelo. Después de la hospitalización de urgencia, vendría un periodo de recuperación en un hospital mental, buscando su estabilidad, aunque sola, pues su marido al quedarse sin empleada del servicio, optó por la separación.
En la segunda parte del relato denominada La mancha mongólica, será el marido de la hermana de la vegetariana, artista visual, quien no solo la describa, sino que la convierte en una obsesión. A propósito la mancha mongólica es una lesión pigmentada de color azul grisáceo que aparece en los recién nacidos, generalmente en la espalda o los glúteos.
El artista visual esposo de In-hye, no encuentra sosiego en sus concepción de arte, ya que su ideal de obra maestra está en la elaboración de un video que parezca pornográfico por el hecho de verse en él una copulación, pero artística, asiste a varios espectáculos de danza, coreografías de desnudos, etc., pero no logra concretar su inspiración, hasta que va urdiendo un encuentro con su cuñada Yeong-hye, quien tiene de nacimiento una macha mongólica que él pretende adornar con flores pintadas en su cuerpo. Hace los respectivos acercamientos y ajustes, hasta que logra no solo convencerla para que se deje pintar flores en su cuerpo, sino también que tenga con un compañero del artista, también decorado con flores dibujadas, un encuentro sexual y se dejen filmar. Feliz con los resultados de ese performance, se atrevió a preguntarle si lo haría con él, ella aceptó si él tendría su cuerpo pintado con flores. Ella asumió que haciéndolo, dejaría de tener esos sueños perturbadores.
En la parte final, luego de la fatal decadencia de Yeong-hye quien decide convertirse en planta, vendrá su desenlace, al cual la escritora se refiere:
Situé la escena final en una ambulancia, ya que esperaba que Yeong-hye siguiera viva en el mundo de esta historia. El coche avanza a toda velocidad por la carretera de montaña bajo hojas verdes resplandecientes mientras la hermana mayor, atenta, mira intensamente por la ventana. Tal vez esperando una respuesta, o tal vez en protesta. Toda la novela reside en un estado de cuestionamiento. Mirando y desafiando. Esperando una respuesta.
Ante tanta opresión Yeong-hye reacciona para hacer valer su condición de ser humano, y al no encontrar ningún eco, decide primero emanciparse de su matrimonio, luego de su familia, después de las reglas sociales, y así. Las repercusiones de ese patriarcado instaurado desde siempre en su familia, ese machismo lacerante y ese aplastamiento contra las mujeres, no logran sino acelerar el proceso de abandonar la sumisión a cualquier costo.
* Profesional en Filosofía y Letras Universidad de Caldas.