Por: Javier Humberto Arias Ospina*
Fecha de publicación: 08/05/2026
Puesta en escena del Grupo Teatro Tich de Manizales, dirigida por Piedad Jurado. Pieza teatral del dramaturgo Sueco August Strindberg (1849-1912).
El elenco de esta obra, evidencia la trayectoria y madurez de dos artistas escénicas manizaleñas, ahora con una distinción internacional: “Premio a la mejor obra escenificada en el XXIV Festival Iberoamericano de Teatro-Mujeres que cuentan”- realizado en Mar del Plata (Argentina) el pasado mes de marzo de 2026.
“La más fuerte”, es una pieza teatral de finales del siglo XIX, período artístico del teatro en el cual surgió una generación de dramaturgos como Strindberg, quienes irrumpieron en la larga tradición realista, con un nuevo drama Expresionista, caracterizado por la ruptura de la linealidad del Arco dramático del realismo, o” pieza bien resuelta” que representa en la escena la vida tal como es y cuya relación con el espectador es la identificación emocional e ilusionista hasta el desahogo. Las piezas de estos dramas llenaron las salas convencionales, e incluso, todavía marcan el éxito de los dramas comerciales en series. Por su parte, el nuevo drama que anuncia ya un expresionismo, mezcla sueño y realidad, da prelación a los mundos de la subjetividad, hace de la realidad algo incómodo más allá de las idealizaciones propias de un rancio y acartonado romanticismo.
Ahora con Strindberg, el teatro puede hacer uso del lenguaje de manera incorrecta, exhibe el desorden espiritual de los caracteres humanos, utiliza la máscara para resaltar o extrañar los estados de ánimo o ideas, el lenguaje ya no es una gramática ortodoxa sino un mundo de ambigüedad y de doble sentido. Algo sustancial en este expresionismo dramático, es que se reta la identificación del espectador hacia la extrañeza y la tensión como desarrollo del conflicto fundamentado en los mundos internos del sujeto, más allá de la exposición realista o “rebanada de vida” centrada en los modos de los comportamientos sociales e históricos.
La exposición anterior de contexto, para resaltar el hecho de que ahora es una compañía manizaleña, en este caso el Grupo Teatro Tich, con la dirección escénica de Piedad Jurado, la que ha logrado entregar nuevamente una puesta en escena de “La más fuerte”, evidenciando un alto valor artístico y vigencia dramatúrgica, lo que nos reconforta como espectadores del siglo XXI, o siglo del sujeto fracturado, donde la vida también transcurre en las tensiones que en el teatro se pueden ver y sentir de manera asombrosa y que nos permite unos momentos de goce estético desde las mismas locuras y flaquezas del ser humano, como sus amores y desencantos, las tiranteces entre los códigos y convencionalismos sociales y sus necesarias rupturas.
Desde el comienzo la obra se va descubriendo paso a paso en el detalle de los personajes, la situación y el cuidado en la forma de las acciones físicas apreciadas por el público y de cada uno de los demás lenguajes escénicos (música, escenografía, vestuario, maquillaje, composición textual y objetual). Gracias a una fina y delicada elaboración, se evidencia madurez y desafío en las impecables actuaciones de Piedad Jurado Ramírez representando a Amelia o señorita Y, Olga Patricia Friedman Giraldo como la señora X, además la presencia de las nuevas generaciones de mujeres para el teatro como Lady Yuliana Saraza Saraza, actuando de mucama o asistenta y para completar este elenco femenino, se incluye en su ficha técnica a la actriz Elizabeth Castañeda. La puesta en escena del Grupo Tich crea el espacio presencial de una auténtica experiencia teatral que deja claro que cualquier texto dramático depende del talento y disciplina de sus intérpretes escénicos en el ritual de su encuentro: el acontecimiento de la Función Teatral frente al público. En dramaturgia, el elemento que da la identidad al teatro como expresión artística de la presencialidad frente a la de la literatura, es la distancia cenestésica o de tensión entre el texto dramático y la puesta en escena como arte vivo.
La puesta en escena de “La más fuerte”, transcurre como un monólogo de Amelia, al encontrarse con otra mujer, la señora X. Mientras pasa simplemente la acción de compartir un café, lo sorprendente es la profunda y compleja situación que se va creando como es la de vivir una relación cercana entre ambas mujeres, pero con la existencia de una realidad oculta entre ellas: La señora X ha estado involucrada con el marido de Amelia, hasta el extremo de que ésta, viva el mundo material de la otra, con sus gustos de ropa, colores y en general el mundo objetual de las cotidianidades comunes con el marido. Así que, en su debilidad por sostenerse en los convencionalismos de conservar el hogar y a su esposo, Amelia vive en los ruidos y reclamos que hace hasta la desesperación a la otra mujer, la que, como respuesta, solo le comunica un eco fantasmal de un rostro maquillado con el blanco de máscara cómica que se burla con el poder siniestro y oscuro. Amelia cree que está siendo “La más fuerte”, pero en realidad, es una vida débil y ridícula, con el miedo y los convencionalismos que mantienen la institucionalidad de una sociedad hipócrita y decadente.
La obra recrea el elogio del silencio y el sarcasmo ante el desespero de la palabra en estado de incapacidad emocional. En la puesta, se permite al espectador vivir el detalle, la limpieza de la dicción, el gesto y el movimiento escénico. Es lo justo puesto en escena lo que cobra sentido. Hasta la risa en los espectadores parece acompasar la musicalidad del tiempo de la obra. Se destaca el contraste entre un personaje, Amelia, quien vive el mundo de la percepción subjetiva de los hechos que la hacen frágil e inestable, frente a la señora X, quien aparece en la escena como el poder del silencio, hasta llegar a hacer sentir al espectador su no presencia material, solo la evocación de una máscara que ríe con el trueno tenebroso del poder de la más fuerte. Con una estructura de cuadros cortos, este monólogo transcurre como un apasionante diálogo donde solo un personaje habla (Amelia), mientras la otra, la señora X, permanece en silencio hermosamente poblado de ironía que lo dice todo, gracias a esa estupenda actuación minimalista de esta actriz manizaleña Patricia Friedman y el mundo de conflicto interno subjetivo creado con lujo de detalles por Piedad Jurado al interpretar a Amelia, ambas actuaciones lejos muy lejos de los pastiches figurativos y de las caricaturas emocionales tan de moda en el teatro Wow, propio del consumismo en el arte por estos días.
Un sentido reconocimiento a todo el elenco del Grupo Tich, por entregarnos esta puesta con el brillo y resonancia en escenarios locales, nacionales y ahora en eventos internacionales como el referido en Argentina, justo antes de que esta agrupación local se prepare la celebración de los Cincuenta Años de una fructífera actividad artística en las tablas, como con emoción nos lo hizo saber la actriz Patricia Friedman, al terminar el nutrido aplauso de quienes asistimos a una de las funciones recientes de la obra en la actual sede de la Casa de la cultura del Barrio San José. Y sea esta una oportunidad de dar reconocimiento a la Alcaldía de Manizales y Secretaría de Cultura y Civismo, que a través del programa de Estímulos a la creación artística y a las convocatorias LEP (Ley de Espectáculos Públicos), están permitiendo llegar los recursos económicos para que nuestros artistas locales puedan nutrir la ejecución de sus proyectos en las diferentes áreas del hacer cultural y artístico.
* Magister en Educación y Cultura-director teatral. Integrante Teatro Portátil.
Manizales, mayo 6 de 2026