Por: Juano Jurado *
Fecha de publicación: 14/07/2024
Desde hace aproximadamente 34 años, los colombianos hemos estado acompañados de una Selección Colombiana de fútbol que ilusiona, podríamos afirmar, que sólo desde la época de los noventa, el fútbol en Colombia a nivel selección, comenzó a tener un reconocimiento internacional diferente. Esa primera camada brillante de Valderrama, Rincón, Valencia, Asprilla e Higuita, pasaron a la historia por dar las primeras alegrías en campeonatos mundiales a un país que hasta ese momento deportivamente estaba más enfocado en las alegrías del ciclismo y el boxeo. En esa época entre 1990 y 1998, tuvimos la clasificación consecutiva a tres mundiales y por primera vez tuvimos una racha de invictos de 27 encuentros consecutivos.
Después, a comienzos del siglo XX la Selección Colombiana de fútbol tiene la fortuna de conmemorarse campeona de la Copa América en el año 2001, logrando esta hazaña por primera vez siendo anfitriones del evento, ganando todos los encuentros disputados y con la portería invicta. En ese momento, el reconocimiento fue para jugadores como Oscar Córdoba, Miguel Calero, Mario Yepes, Iván Ramiro Córdoba, Aristizábal, Totono Grisales y el Tigre Castillo.
La siguiente década, llega la época del equipo dirigido por Pekerman, quienes lograr llevar nuevamente a Colombia a un mundial después de 16 años, también se alcanza la clasificación consecutiva a dos mundiales (2014 y 2018), y en ambos mundiales el rendimiento de la selección es sobresaliente colectiva e individualmente, se clasifica por primera vez a los cuartos de final de un mundial, se avanza en ambos mundiales más allá de la fase de grupos, tenemos goleador de mundial y aparecemos en el 5 puesto en clasificaciones mundialistas. Allí los protagonistas fueron David Ospina, Pablo Armero, Camilo Zúñiga, James Rodríguez, Cuadrado, Guarín y Falcao.
En la actualidad, en esta nueva década, Néstor Lorenzo y los jugadores tienen a la Selección dentro de los primeros puestos de clasificación para el mundial de 2026, se superó el número de partidos invictos alcanzados con Maturana, y estamos a noventa minutos de ser campeones de América nuevamente. En esta ocasión, los jugadores y el técnico han vuelto costumbre los triunfos ante potencias como Alemania, España, Francia y Brasil, y ahora esta camada de Camilo Vargas, Yerry Mina, Muñoz, Sánchez, Mojica, Richard Ríos, Carrascal, James, Lucho Diaz, Borre y Borja, se enfrentarán contra Argentina en la final de la Copa América 2024, con grandes posibilidades de lograr el campeonato por el momento superlativo de las individualidades y el colectivo colombiano.
Pero más allá de los jugadores, de los técnicos, de los campeonatos, de los dirigentes, de los periodistas deportivos, está la afición colombiana, el pueblo que decidió cambiar el Tejo por el Fútbol, y aunque el Tejo siga siendo nuestro deporte nacional, el Fútbol es el deporte popular que despierta pasiones y mueve los sentimientos individuales y de las masas en Colombia.
Es que el fútbol se convirtió en el compañero inseparable de los colombianos durante los peores momentos de nuestra historia política, el amor a la Selección Colombia de los años noventa también se generó porque apareció en un momento de muchas coyunturas. Mientras escribíamos una nueva Constitución en el 91, mientras en las calles los carros bombas, las masacres, los secuestros y las guerras sin trinchera entre el Estado, los grupos revolucionarios y los narcos azotaban a toda la población; en los televisores, en la radio y en el estadio, se esperaba tener 90 minutos de tranquilidad y olvido. Así nos fuimos enamorando del fútbol, así nos enamoramos de los colores de la camiseta, así se despertó un sentimiento patriótico, se contagió la lucha en la cancha por la lucha del colombiano de a pie para también ganar sus propios partidos contra la vida y la violencia.
En el año 2001, mientras celebramos como campeones de América por primera vez, el país también se encontraba en un proceso de transición bien complicado, estaban fracasando los diálogos de paz, las guerrillas se rearmaron, aumentaron secuestros y asesinatos contra personajes de la vida política y contra la comunidad en general. Mientras que grupos paramilitares estaban tomando más y más fuerza en muchas zonas del país, se anunciaba que Colombia iba a ser la sede de la Copa América 2001, y era tan fuerte el proceso de violencia que vivíamos, que la Selección Argentina no quiso participar en el certamen, y la Selección Brasileña participó con un equipo de categoría inferior. Así se escribió la historia de nuestro primer título, que hasta la fecha es criticado señalando que fue un torneo donde las selecciones de otros países jugaron con miedo y que Colombia fue un campeón sin mérito.
Entre el 2014 y 2018 estábamos caminando por todo el proceso de los diálogos de paz con las FARC, con toda la conmoción que esto generó en el país, desde polarización política, reorganización de grupos armados, tomas de territorios por la delincuencia, promesas sin cumplir de reparación de víctimas, muerte de líderes sociales. Sin embargo, teníamos a la Selección Colombia caminando firme en las eliminatorias y poniéndonos a soñar en los mundiales.
En la actualidad, afrontamos polarización política en el país, crisis en el sistema de salud, reformas pensionales, reformas educativas, proyectos de modificación constitucional, crisis económica post pandemia, crisis económica por reajustes presupuestales, pérdida de capacidad adquisitiva, aumento de la delincuencia común, desconfianza en las instituciones, innumerables problemas que son permanentes en nuestro país. Pero también tenemos fútbol, hoy volvemos a esperar una alegría deportiva para menguar las tristezas sociales y las desilusiones políticas, hoy en nuestros deportistas y artistas ponemos las esperanzas. Sabemos como sociedad que se viene una crisis pensional y en el sistema de salud, pero queremos tener una última alegría antes de volver a una realidad cruda cotidiana.
Esperamos que la Selección se corone campeona ante Argentina y que llenemos las calles de harina, hablemos otros cinco, diez o quince años de nuestros pocos, pero sufridos logros, que todos nos volvamos expertos de futbol por unos meses, que las calles se vean como ríos amarillos para hacerle honor al realismo mágico de Gabo. Colombia necesita estas dosis de dopamina para afrontar nuestra realidad inestable, incierta, indescifrable. Necesitamos ser campeones, necesitamos medallas olímpicas, necesitamos un premio nobel, necesitamos ser de los países más felices y hermosos del mundo, necesitamos seguir demostrando que la sociedad colombiana no es la sucia casta política que nos malgobierna siempre.
Julio 2024.
* Músico, compositor, abogado y docente de la Universidad de Manizales y de otras universidades. Especialista en Investigación Criminal y Magíster en Derecho. Doctorando en Literatura.