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La trayectoria musical de Lorena Uzuriaga: un testimonio de vida

Por: Quehacer Cultural

Fecha de publicación: 19/06/2026

Desde la terraza del noveno piso del Centro Cultural del Banco de la República, compartimos la inspiradora historia de Lorena Uzuriaga, una joven artista que, gracias a su talento, virtuosismo y gran disciplina, ha conseguido sobresalir en diversas facetas de su carrera musical. Su trayectoria abarca desde la producción musical hasta el canto, tanto en grupo como en solitario, la composición, la interpretación de instrumentos, la danza, además de desempeñarse como docente y destacarse, a su vez, en el ámbito de la gestión cultural.

Soy oriunda de Manizales. Tengo tres hermanas: Luisa con quien crecí y Yuly y Andrea por parte de mi papá. En mi familia no existe una tradición musical, pero desde pequeñas, Luisa y yo jugábamos a cantar juntas, a hacer armonías, y fue en esos momentos donde nació mi pasión por la música.

Recuerdo que estuve en la banda de marcha de mi colegio; comencé con los platillos y luego pasé a la lira. Aquello me hacía inmensamente feliz. Más tarde, participé en el curso básico de música en Bellas Artes de la Universidad de Caldas, y esa también fue una experiencia maravillosa para mí. Desde entonces la música ha sido una constante en mi vida. Después de graduarme del colegio no tenía muy claro qué profesión elegir. Entré a estudiar Derecho, pero la música siempre permaneció latente en mi corazón. Hasta que un día decidí arriesgarme y dedicarme a ella por completo. Fue una decisión valiente, porque muchas personas me cuestionaban preguntándome cómo iba a sostenerme. Mi respuesta siempre era: “Ya encontraré la manera”.

Gracias a una beca, me mudé a Bogotá para estudiar Producción musical en la Universidad de los Andes. Durante ese tiempo comencé a participar en presentaciones y grabaciones junto a compañeros en distintos lugares. Luego de un año de haber culminado mi carrera decidí regresar a Manizales, ciudad donde empecé a trabajar en Batuta como profesora de producción musical y canto. También fue allí donde comenzó mi recorrido con Tambor Hembra como cantante y productora musical. Esa experiencia marcó profundamente mi vida y me ayudó a crecer en muchos niveles, especialmente a defenderme en el escenario.

Como cantautora desde el año 2019, hago mis propias composiciones y actualmente formo parte del live band de Julián Cardona, explorando géneros como música electrónica, afro, house y melodic. Ha sido un universo completamente nuevo y emocionante para mí. La dinámica de la música folclórica es muy distinta a la del pop o al ambiente de los DJs en las fiestas nocturnas; desde los horarios hasta las energías, todo cambia de un espacio musical a otro.

Me considero muy afortunada y le agradezco a Dios por todas las oportunidades que he tenido. No ha sido un camino fácil; al principio hice muchas cosas gratuitamente para construir mi portafolio, pero esos pasos fueron necesarios para despegar. Con el tiempo gané experiencia, maduré mentalmente y se me abrieron puertas. Hoy puedo decir que vivo bien económicamente, gracias a mi trabajo en la música, y al apoyo incondicional de mi familia.

Mis canciones están disponibles en plataformas digitales, pero reconozco que vivimos tiempos retadores debido a grandes avances tecnológicos, como la inteligencia artificial. Me impacta ver cómo competimos con herramientas o artistas que producen enormes cantidades de contenido en plazos imposibles para los humanos. Mi ritmo creativo es distinto: está marcado por lo que puedo hacer tanto emocional como desde las finanzas. No tiene sentido competir con las máquinas porque seguimos caminos muy diferentes. Aunque es crucial adaptarse al panorama actual, creo firmemente que debemos ser fieles a nuestras raíces; no podemos permitir que las demandas del mercado nos desvíen de nuestra esencia artística y humana.

Recientemente, el Congreso de la República aprobó la Ley de la Música, oportunidad que considero una bendición. Aún necesito estudiarla a mayor profundidad, pero ya he oído de detalles alentadores, como incentivos específicos para apoyar a las mujeres en la música y fondos destinados para impulsar las presentaciones en vivo. Esto último me parece fundamental ya que siento que estas actuaciones son esenciales dentro de la industria.

En lo personal, antes me aterraba subirme sola a un escenario. Me sentía vulnerable, como si no fuera suficiente llenar ese espacio con mi voz y mi guitarra. Sin embargo, de tanto practicar, fui superando ese miedo. Con cada presentación entendí que no se trata de alcanzar la perfección, sino de disfrutarlo y compartir lo que amas hacer. Hoy en día alterno entre presentarme sola con mi guitarra y actuar junto a mi banda, lo cual me encanta porque puedo compartir escenario con amigos extraordinarios: Juan Manuel Ocampo en la percusión, Javier Loaiza en la guitarra, Jerónimo Salazar en el teclado, Diego Oyola en la batería y Oscar Castaño en el bajo. Me siento profundamente agradecida de poder tocar con músicos tan talentosos; su energía convierte cada concierto en una experiencia única e inolvidable.