Por: Rubén Darío Zuluaga G. *
Fecha de publicación: 26/03/2025
Crítica teatral.
Creación Colectiva Corporación Caza Retazos y Daniela Narváez, Edwin Narváez y Juan Felipe Gómez.
Es un Laboratorio de Creación. Gran intensidad, tensión permanente, esto llama la atención, obliga a tener los sentidos puestos sobre el escenario. Es una explosión de los demonios interiores, catarsis o sublimación, puesta en escena con alto sentido simbólico (estetización del dolor). Es una propuesta pintoresca, de colores fuertes y gran carga psicológica; la palabra es cáustica, desolada, fría y dolorosa, no vislumbra el paraíso, “rompe muros, abre ventanas”: es el cansancio, el hambre y el deseo de renunciar. Tal vez la esperanza esté escondida detrás de alguna imagen, tras los iconos que aparecen al frente o podría ser la poética misma del cuerpo.
En la performance, que está en desarrollo, hay una idea poética aún en ciernes, con imágenes convulsas, detonadas por la música y un eco delirante que genera una atmósfera de obsesión: es un grito desesperado y desgarrador, fuerte y parsimonioso, que navega en la superficie. Sin embargo, hay dispersión en los cuadros, que se pueden leer independientemente y parecen no integrarse a una lectura total. No hay una unidad de la pieza y tal vez es intencional, es fragmentaria, un poco estática y los elementos escenográficos son artesanales, (no acompasan con la fuerza del personaje, que contiene en sí mismo mucho sentido). Personaje y persona se confunden, hay verdad escénica: no hay simulacro, la fuerza nace de manera autentica.
En La Ventus no hay conformidad (acontecimientos de una vida sumida en otros cuerpos que van desvaneciéndose al ser enfrentados), es necesario revertir algo, decir algo para lo cual no tiene aún las palabras, ni las imágenes, ni los colores, ni el gesto preciso, aunque los efectos lo insinúan. (Se aproxima a la metáfora, los lenguajes analógicos van apareciendo. Quizá la atmosfera onírica propicia la libertad poética al personaje, intenta conectar las escenas, liberarse del logos y fluir en “un arte vivo”.
La relación con el público es demasiado convencional para el tipo de propuesta creativa (contemporánea o postmoderna, en un sentido más preciso, del unipersonal). ¿Qué es teatro?, no hay duda: Un escenario, espectadores y una acción premeditada y cargada de sentidos. Tal vez este tipo de acción requiere otra disposición distinta a la implementada, “a la italiana” (con cuarta pared), y se permita mayor juego, integración al público, que es constantemente interpelado y que la contundencia de la narración obtenga un retorno más cercano que alimente a la intérprete. La Ventus, perturba, sensibiliza y se involucra con los abismos que corren paralelos.
La obra, es una pieza inacabada. Al finalizar se realiza un foro para conocer las impresiones del público y es un elemento que enriquece la estructura en creación. En general el teatro que se ve, son obras terminadas, pero en la Ventus hay una búsqueda, un sentido perfeccionista, en el que los artistas hacen coparticipe al público y con sinceridad plantean su “no saber” como principio de una indagación estética a partir de la percepción. La escena final de la obra es una conversación con los espectadores, donde cobra mucha importancia “la recepción”, pues escuchan con atención y se lanzan preguntas a la platea.
Esta conversación final es realmente reveladora, no solo para la producción del espectáculo, sino para todos los asistentes que pueden comprobar lo disímil o cercano que puede ser un punto de vista en el teatro.
Es pues esta magnífica experiencia visual, una performance en evolución, que se transforma, se amolda y tal vez nunca llegue a su formato final, pues se actualiza en cada función y renacen sus posibilidades a través de la mágica relación espectadores-escena.

* Crítico teatral.
Fotos Facebook Universidad de Caldas.