Por: Germán Sarasty Moncada*
Fecha de publicación: 05/11/2024
La vida está llena de sorpresas, vivimos en un caleidoscopio en el cual cada vez que lo movemos se reconfiguran las imágenes anteriores y así podemos disfrutar de los mismos elementos, pero organizados por el azar para brindarnos otras imágenes, así evitamos la monotonía que entraña la inmovilidad.
Para mostrar estos cambios tantas veces tan imperceptibles, pues ocurren a diario, de tal forma que el pasado condiciona el presente y desfigura el futuro, debemos recurrir a aquellos escritores que con su capacidad de análisis de la cotidianidad y la síntesis de sus observaciones, nos pueden ofrecer luces a la oscuridad que tantas veces nos enceguece, no por falta de luz, sino de razón, pues tantas veces hemos actuado sin el discernimiento que implica el raciocinio, hemos obrado por impulso, cegados por las emociones y desconociendo la razón. Como afirmaba Pascal: El corazón tiene razones que la razón ignora. Igualmente David Hume sostenía: La razón es, y sólo debe ser, esclava de las pasiones, y no puede pretender otro oficio que el de servirlas y obedecerlas. La razón actúa al servicio del sentimiento y el instinto.
Uno de los analistas de la conducta humana, las relaciones sociales, los grupos de interés y todas las interrelaciones que entrañan, ha sido Jonathan Franzen (Chicago, Estados Unidos – 17 de agosto de 1959), quien estudió en Swarthmore College, y luego en Alemania. Sus primeras novelas de 1988 y 1992, no despertaron el interés del público. Seria en 2001 con su novela Las correcciones, de la cual vendió más de dos millones de ejemplares, cuando alcanzaría la figuración que hoy mantiene. En el 2011 aparecería Libertad, en el 2015, Pureza y en el 2021 Encrucijadas.
En más de seiscientas páginas con la maestría que posee, entrelaza más de seis historias con la caracterización de los personajes en temas tan disimiles como la guerra de Vietnam, la contracultura, las drogas, la religión, la familia y un largo etcétera. Los primeros amores, los deseos ocultos, las verdades encubiertas, las relaciones descubiertas, las pasiones y vicios desenfrenados y la triste realidad tan distinta a la pregonada en los diferentes hogares descritos.
Se trata del primer libro de la trilogía, que el autor ha denominado La clave de todas las mitologías, centrada en la pequeña ciudad de New Prospect, Illinois, donde la familia Hildebrandt será el foco de atención para desarrollar su análisis sicológico y socioeconómico desde la década de los 70´s. La familia está compuesta por el pastor Russ, de la Primera Iglesia Reformada, Marion su esposa, quien vive tan inconforme con su matrimonio, como él; sufrió un trastorno sicótico hace treinta años y empieza a asumirlo, para lo cual a escondidas frecuenta semanalmente una siquiatra.
De los cuatro hijos, Clem el mayor, estudia en una lejana universidad y solo en las fiestas navideñas regresa, vive confundido entre su despertar sexual con su novia y el participar en la guerra de Vietnam, pues le parece injusto que solo los negros y los pobres sean enviados a luchar. Perry, el más inteligente y sagaz se ha convertido no solo en consumidor de drogas, sino en proveedor de sus compañeros de escuela, aunque espera rehabilitarse, dice él. Su hermana Becky es el centro de todo lo que se propone, la chica preferida por todos en la secundaria y odiada por todas, acaba de recibir de su tía una sustancial herencia. El pequeño Jay o Judson, es el protegido y pocos problemas crea, aun.
Los conflictos afloran en todo tipo de organizaciones, llámense públicas, privadas, hogar, iglesia, colegio, universidad y lo inteligente del ser humano es saber navegar por esas turbulentas aguas, se requiere inteligencia emocional de la que tantas veces nos mofamos. Fue lo que le paso al pastor Russ en su Primera Iglesia Reformada y la sección denominada Encrucijada, en la cual fungía como líder Rick Ambrose quien sabía conectar con más de cien jóvenes que participaban en las actividades allí programadas. Con este esquema, su falta de tacto, su poco carisma con los jóvenes y alguna conversación inapropiada con una de las chicas participantes, haría que no lo aceptaran allí.
Cuando Marion, después de su humillación, se comprometió lealmente a odiar a Rick Ambrose y lo tachó de “charlatán”, Russ la interrumpió (la censuró) diciendo que Rick podía ser muchas cosas, pero no un charlatán: el caso era que él había perdido la chispa…
Las relaciones familiares no eran lo que parecían, Russ adoraba a su hija, Lem era con ella como un cómplice para lo bueno, con Perry casi no se entendía pues cada vez que hablaban este se ponía a llorar, como temiendo ser descubierto. De todas maneras el ingreso de Becky a Encrucijada, lo consideró una traición y cuando Perry quiso hacer lo mismo, le respondió: Creo que necesitas un objetivo en la vida. Si eso es lo que quieres no voy a impedírtelo. Perry sabia que a su papá poco le importaba lo que él hacía.
Russ tan dedicado a su iglesia, ahora a sus cuarenta y siete años con su esposa de cincuenta y con sesenta y cinco kilos de peso, cree que veinticinco años de matrimonio son una carga insoportable, por lo que decide hacer caso a las que él cree, insinuaciones de su feligresa Francis Cattrell de treinta y seis años, con un hijo compañero de Perry. Poco ayudaba a Marion el complejo de culpa que le enrostraba su consulta siquiátrica:
¿Fuiste afortunada de encontrar a alguien que se casara contigo? ¿Por qué? ¿Que había de malo en ti? ¿Tenias experiencia sexual? ¿Habrías sufrido una crisis nerviosa? ¿Eso habría sido un problema si hubieras sido un hombre? ¿Habrías sido afortunado de encontrar una esposa? ¿Y porque era tan importante casarse, ya que estamos? ¿Por qué una mujer no es una mujer de verdad sino puede encontrar marido y procrear? ¿Porque…?
Las cosas fueron escalando a tal punto que Marion ya se veía no solo desplazada, sino excluida por sus hijos a quienes tanto amor había dedicado y nunca escatimó nada para su protección, pero el mundo no es como lo idealizamos y menos cuando su hijo Perry le cuenta todo lo tan reprochable que hace. Ni conocía a Perry, ni él la verdadera historia de su madre:
Ante el panorama que se abría, la imagen de sus hijos conspirando para excluirla, Marion sintió el vertiginoso resurgir del trastorno. Se veía a la legua que no era ni por asomo la madre indispensable y confidente que había imaginado ser. Había engañado a Russ, pero no a sus hijos, y su inteligencia salvaje fue rápida al reconocer que eso era una especie de licencia: si alguna vez se arreglaba para irse, no la añorarían tanto.
Para terminar de deteriorar las relaciones familiares será Clem al informarle a su padre sobre la decisión de abandonar la universidad para enrolarse en el ejército, quien más violentamente reaccionará:
–Y no te importa lo que yo pueda sentir como padre. No te importa lo que pueda sentir tu madre. / –¿Desde cuándo te importan los sentimientos de mamá?/ –Me importan y mucho. –/Patrañas. Ella es leal contigo y la tratas como si fuera basura. ¿Crees que no me doy cuenta? ¿Crees que Becky no se da cuenta? ¿De lo frio que eres con mamá? Es como si desearas que no existiera.
Su padre hizo una mueca de dolor, el puñetazo le había dado de lleno. Clem aguardó a que dijera algo más para derribarlo, pero su padre siguió callado. Estaba indefenso ante la lógica aplastante de Clem, que conocía a fondo sus defectos.
Será necesario que sucedan muchos infortunios a cada uno de los miembros de esa disfuncional familia, para que las aguas recobren su cauce normal, para que cada uno entienda que la lealtad es una garantía de convivencia, que la suerte de los hijos y los padres, estará siempre ligada al apoyo que entre todos se puedan brindar, pero por convicción y no por compasión.
Entender que entre la ilusión a la concreción, media la fantasía, que las relaciones no siempre son desinteresadas, sino mas bien complementarias, será el hilo que nos conduzca a dilucidar este terrible entramado. La satisfacción que produce la reevaluación del otro, siempre será la vía del entendimiento y la armonía, siempre tan necesaria.
Profesional en Filosofía y Letras Universidad de Caldas.