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Los libros perdidos

Por: Martín Rodas *

Fecha de publicación: 21/04/2026

Imagen de Leonardo Quijano, sacada de la memoria de mi infancia. (Dibujo de TiN)

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La historia de la literatura es vasta, incierta y rica en sucesos que rayan con el azar y el misterio. Es el caso de los libros que se creía desaparecidos o perdidos en los vericuetos del tiempo o que por decisiones de sus autores, estos prefirieron que no fueran publicados y terminaron en el cesto de la basura o alimentando las fogatas del olvido.

Franz Kafka le encomendó a su amigo Max Brod que quemara toda su obra luego de morir, pero la desobediencia permitió que conociéramos el prodigio de su escritura.

  1. P. Lovecraft, en su mitología del terror cósmico, creó el “Necronomicón”, supuesto libro perdido que el autor utilizó para ahondar en los dioses abismales, pero del cual hoy en día circulan versiones surgidas de la imaginación de seguidores del escritor que consideran que aunque Lovecraft hubiera inventado el tal libro, este merecía surgir de los territorios profundos de los dioses primigenios. Varias y diferentes versiones del libro se pueden conseguir hoy en día.

Así es como deseo dar a conocer el desocultamiento de dos libros inéditos que han permanecido escondidos en los anaqueles del tiempo y uno de ellos de la prohibición. El primero de ellos, “Mientras la noche se fragmenta”, de Jorge Hernán Flórez Hurtado, quien me lo regaló luego de un viaje alucinante con nuestro amigo Juan Carlos Navarrete por Supía, Riosucio y Anserma. Jorge murió, pero quedó su obra, en donde la pasión y el amor fluyen a la par de su profundo compromiso político. El libro es una serie de cuentos-poemas, en donde caleidoscópicamente aparecen y desaparecen los fantasmas de sus deseos. Carne, sexo y vitalidad sin tapujos se mezclan para dejarnos un testimonio que en la literatura caldense difícilmente podemos encontrar.

Este libro desafortunadamente fue vetado por la familia del escritor, que considera que lo narrado en el no puede ver la luz del día. Algo parecido a lo que sucedió con los escritos inéditos que dejó Andrés Caicedo y que la familia prohibió publicar durante mucho tiempo. El libro de Jorge reposa, perdido para la memoria de los lectores, hasta que una decisión sabia permita que sea conocido, pues doy fe que es una obra excepcional.

El otro caso es un documento de Leonardo Quijano, el escritor loco y maldito por antonomasia de Manizales, quien dejó un extenso testimonio de delirios en su peregrinar a la deriva de bohemia y extremos existenciales. Yo poseo un libro de él, “Manuelito hermano suicida”, que le compré, o más bien mi papá, cuando yo era un niño y lo veía deambular por la Carrera 23 de la ciudad de Manizales con su atado de periódicos viejos y papeles en donde dibujaba personajes callejeros. En esos tránsitos diarios por las calles seguramente escribió el libro que les menciono (no “Manuelito hermano suicida”, es otro), un poemario de escritura automática al mejor estilo de los poetas malditos franceses.

Esta introducción la hago para mencionar la manera como se dio la aparición del libro perdido de Leonardo Quijano. Fundadores Poéticos es un evento cultural que realizamos los últimos jueves de cada mes en la Taberna Fundadores. Hace poco, en la inauguración de esta acción poética se realizaron lecturas por parte de autores manizaleños. Una de estas intervenciones la realizó Augusto Muñoz, director del grupo de títeres “Punto de Partida”, quien leyó apartes del manuscrito inédito de Quijano. Esta fue la gran sorpresa de la noche, pues asombra que a estas alturas y después de tanto tiempo de fallecido el autor, aparezca un texto desconocido de uno de los escritores más desconocidos y misteriosos de Caldas. Yo, que he sido admirador del maestro Leonardo, le expresé a Augusto que ese libro merecía ser publicado como una joya de la literatura caldense.

Esta es a grandes rasgos la historia de dos libros perdidos que ojalá pronto los lectores puedan conocer, porque sería un reconocimiento, desafortunadamente póstumo, a dos grandes personajes de nuestras letras.

* Poeta, anacronista y pintor; editor de «ojo con la gota de TiNta (una editorial pequeña e independiente)».