Por: Quehacer Cultural
Fecha de publicación: 31/07/2024
“Luis Felipe Millán Parra es un personaje que está entre el mundo de la plástica, el color, el diseño, el vestuario, las máscaras, soy una simbiosis de estas expresiones del arte”. Es la presentación de quien ha participado desde el año 1993 con el vestuario y puesta en escena de 60 montajes del Taller de Ópera de la Universidad de Caldas, ha diseñado para 10 cuadrillas del Carnaval del Diablo de Riosucio y 22 obras de grupos de teatro de Manizales y otros municipios, y para el Festival Internacional de Teatro de Manizales.
Tal es el inventario a vuelo de pájaro de Luis Felipe Millán encargado durante 31 años de gestar, crear y sacar adelante una expresión artística en Manizales, indispensable para el desarrollo de las artes escénicas, como es el vestuario.
Nació en Ibagué donde estudió 8 semestres de música, pero para él la vocación se dirigía hacia las artes plásticas por lo que resolvió radicarse en Manizales, ciudad donde existía la carrera. “Arribé en 1988 un domingo a las 5:00 p.m. con 25 años, ya viejito para estudiar”. El Maestro Nelson Monroy llegó a Manizales con ganas de hacer ópera y solicitó a la decana de ese momento, Oliva Manchola, una persona para ayudar en el vestuario y me recomendó. Me gustaba mucho porque me crie en ese mundo: mi hermano sastre, mi mamá modista, un tío músico”.
Su mamá le enseñó a coser y esa habilidad le ha servido, tanto para confeccionar su propia ropa como para sacar a flote una profesión en la que brilla.
Y así comenzó a aflorar el talento de este artista qué con su capacidad estética y formación ha contribuido a complementar, como pedagogo apasionado, el pensum académico de la Licenciatura en Artes Escénicas de la Universidad de Caldas, en su rol de profesor, desde 1995, en las materias de escenografía, vestuario, color y plástica teatral.
Dados sus estudios musicales, el lenguaje de la ópera tampoco le ha sido extraño. El primer montaje como vestuarista con el equipo de trabajo del Taller de Ópera de la Universidad de Caldas fue Orfeo. El Maestro Nelson Monroy, su director, le dijo en el momento, “hay 500.000 pesos, usted verá que hace con eso y elaboramos un vestuario casi de papel. Muchas veces nos ha tocado sin presupuesto, pero ya tenemos de donde echar mano y de donde organizarnos para adaptar y transformar, que es una de las cuestiones que pongo en práctica”.




En los inicios lo instalaron en un “cuartico oscuro” en el edificio de Bellas Artes al que le decían La Cueva, hoy nos recibe Luis Felipe en su taller, bien iluminado, situado en el edificio Bicentenario del alma mater caldense, donde crea plácidamente rodeado de vestidos de todas las épocas, dispuestos a llenar de majestad un nuevo montaje de un proyecto como el Taller de Ópera que le ha dado lustre no solo a la universidad sino a Manizales, en el concierto nacional. Lo acompaña también una máquina de coser y feliz porque llegarán otras cinco donde sus estudiantes podrán aprender el oficio de la modistería que tantas satisfacciones le ha dado.
La dinámica de sus propuestas para la ópera comienza con una reunión con el director general, la coreógrafa, el director de escena, se ponen de acuerdo en la estética de la obra, tanto del maquillaje como del vestuario. “Si hay presupuesto mucho mejor porque podemos hacer las cosas grandiosas que uno se imagina. Como diseñador de vestuario empiezo a tomar medidas, cuantos solistas, cuantos bailarines, selecciono los colores y las formas y lo presento al equipo de trabajo. En estos 31 años debo agradecer a mis compañeros porque me dejan mucha libertad y eso para mí es muy importante, implica más compromiso porque creen en mí, no es un sacrificio, al contrario, me reafirma y me hace feliz”.
En este momento está embarcado en un proyecto de investigación con profesores de Artes Escénicas y otros departamentos de la Universidad de Caldas, al que han denominado Dionisio el diablo y como resultado final harán una puesta en escena de calle para presentar en el Festival Internacional de Teatro de Manizales.
Millán Parra se pensionará el año entrante y siente tristeza porque deja una de sus razones de vivir, pero también, dice, se siente contento porque va a descansar y a dejar el camino a los jóvenes que vienen detrás, ya expertos en confección, diseño, color, habilidades que han adquirido a través de los lenguajes que habla a sus estudiantes: el color, las formas y las texturas.
“Cuando me jubile voy a extrañar esto. Yo sé que uno pelea con estudiantes, tiene diferencias con los compañeros docentes porque no todo el mundo piensa igual, pero de eso se trata, esta es mi segunda casa, aquí tengo mi complemento intelectual y creativo. Aquí transmito mis conocimientos a mis alumnos para que formen parte de este mundo mágico”.
Cuando se retire, Luis Felipe retomará el taller que tuvo con su hermana, el que debió suspender por la carga académica, donde, afirma, seguirá trabajando con el entusiasmo de siempre, “me quedaré en Manizales donde me reconocen y me pagan por lo que me hace feliz, vivo muy agradecido con la vida”, concluye.