Por: Rubén Darío Zuluaga G. *
Fecha de publicación: 29/09/2025
CRÍTICA TEATRAL
27 FESTIVAL INTERNACIONAL DE TEATRO DE MANIZALES
GRUPO: LA LLAVE MAESTRA. ESPAÑA-CHILE
OBRA: PAREIDOLIA
“(Pareidolia) es un acto revolucionario que nos invita a volver a conectarnos con el espíritu lúdico de nuestra infancia, dónde todo era posible y dónde todo tenía un alma”.
Valga decir que es un espectáculo para la familia y que los niños son los primeros en soltar libres carcajadas cuando los desparpajados objetos toman personalidad: cantan, bailan y expresan sentimientos, ponen cara tierna o adusta, reclaman estatus o algún frustrado suceso, no esperado, sorprende y confunde su lógica ordinaria. Porque los objetos aquí están animados y cuando se les asigna una identidad, mutan y de manera asombrosa, rápida e ilusoria, se desvanecen para ir hacia otras formas.
Es una obra especializada y hecha para viajar de festival en festival, no tiene problema con el idioma y esto le da un valor agregado, la estandariza estéticamente para que llegue a una masa grande de público. Y en ese sentido, le quita un poco de profundidad, la hace obligatoriamente más leve, light y con mayores probabilidades de circulación. Antes que un defecto es esta una virtud, pues la tendencia en la contemporaneidad es la levedad; de todas maneras, detrás de lo ilusorio están los sentimientos y según la máxima del festival: también aquí el algoritmo se va a la m…
Este es un teatro en parte “físico”, en parte “negro”, con pinceladas surrealistas, altamente simbólico y rico en sugerencias; gutural en escenas completas y ambientado musicalmente de manera incidental. Es un espectáculo efectista, técnicamente muy elaborado, cuya base está en imágenes que cuentan historias, que cambian a partir de juegos de luces; los objetos vuelan y son tragados por una boca ubicada en el foro del escenario, en un abrir y cerrar de ojos.
La palabra «Pareidolia» se define como la capacidad que tiene la mente de reconocer figuras concretas en formas abstractas. Eso quiere decir que la obra apela a la creatividad del espectador de manera permanente, la escena genera formas a veces difusas, tensiones lúdicas que ponen al espectador en el reto de completarlas, de darles un sentido personal. Por ello hay un enganche solido con la platea, pues el expectante se convierte en coautor de las microhistorias y cómplice de los objetos que narran, pues todos ellos, animados, intentan asumir una identidad pasajera: sorprender, maravillar y talvez sugerir atmosferas poéticas para activar un sentido estético, perdido en los afanes diarios.
El espectáculo invita siempre a las asociaciones, analogías y metáforas visuales por lo tanto hay una llamada a la interpretación; hay momentos de ambigüedad en los que el humor bien puede resolver lo irresoluto o donde el absurdo e improbable se disuelve en acciones poéticas. La magia del teatro llega aquí en una combinación de acciones físicas y recursos técnicos, estéticas expandidas y búsquedas creativas, que terminan en una propuesta altamente valorada por el público asistente en Manizales.
Es digno de mencionar que al terminar la función y al salir los interpretes al reconocimiento del público, con un nutrido aplauso, fue mayor el alborozo, cuando dos de los participantes exhibieron la bandera de Palestina, eso enardeció los ánimos de muchos espectadores, con algunas pocas excepciones, de godos-ultra, que van a teatro y les parece que este no se debe contaminar con la política y menos con la que contradice al “mono” del norte.
Crítico teatral.
Fotografía Festival Internacional de Teatro