Por: Germán Sarasty Moncada*
Fecha de publicación: 03/11/2025
La Academia Sueca otorgó el Premio Nobel de Literatura 2025 al autor húngaro László Krasznahorkai “por su obra convincente y visionaria que, en medio del terror apocalíptico, reafirma el poder del arte”. Explora la naturaleza humana en su esencia catastrófica y con su escritura instaura el poder del arte. En sus novelas escudriña la realidad “hasta la locura”, como él mismo afirma. Krasznahorkai se convierte en el segundo húngaro en recibirlo, después de Imre Kertész en 2002.
Nació el 5 de enero de 1954 en la ciudad Gyula, al sureste de Hungría, creció en plena dictadura comunista. Allí vivió hasta poco antes de empezar sus estudios superiores en la Universidad József Attila, en Szeged, finalizó la carrera de Derecho en dicha institución de 1973 hasta 1976, y viajó a Budapest para continuar su formación en la Universidad Loránd Eötvös, en donde realizó estudios en Educación para adultos e idioma húngaro, al mismo tiempo que inició su carrera como escritor independiente, trabajando con la editorial Gondolat Könyvkiadó.
En la segunda mitad de la década de 1980 el escritor pudo salir de Hungría y viajó y residió en países como Alemania, Francia, España, Italia, Grecia, Países Bajos, Reino Unido, EE. UU., China y Japón, volviendo siempre a Hungría. En 1990 visitó Mongolia y China, y en 1992 emprendió un viaje en barco por el océano Atlántico. A su regreso, en 1994 recorrió Europa durante un año, en preparación de su novela Háború és háború. En 1996 realizó una residencia en la Wissenschaftskolleg de Berlín. Tras una estadía en Bosnia, partió a Japón en 1997 y regresó a China un año después.
Varios de sus libros han sido traducidos al español y entre ellos encontramos Guerra y guerra, publicado en 1999 el cual es presentado como:
En un oscuro puente del ferrocarril, Korin está a punto de ser atacado y robado por unos violentos adolescentes. Desesperado, enloquecido por momentos, pero siempre empático, ha descubierto en los archivos de una pequeña ciudad húngara un antiguo manuscrito de sorprendente belleza: narra la épica historia de dos camaradas que luchan por regresar a casa tras la guerra. Korin está decidido a suicidarse, pero antes de hacerlo cree que debe huir a Nueva York con el precioso manuscrito y preservarlo para la eternidad colgándolo en una web. Siguiendo a Korin obsesivamente por las calles de Nueva York, la novela relata sus encuentros con los diversos tipos humanos que pueblan un mundo dividido entre el vicio y una misteriosa belleza.
Pero el libro es mucho más que eso, pues con una prosa enriquecida por un vasto conocimiento y una profunda investigación tanto histórica como socioeconómica de diferentes culturas actuales, pasadas y ancestrales, logra cautivarnos de tal manera que así sean voluminosos sus libros, largas sus frases y profundas sus descripciones, nos fascinamos con ellos y no queremos que se terminen así aspiramos conocer los desenlaces. La minuciosidad y preciosidad de sus escritos los percibimos tanto al describir la belleza de una mujer, como al tratar de indicar la reacción sobre un paisaje de la naturaleza, veamos:
…frágil arco del cuello, los suaves valles de los hombros, la masa turgente y juvenil de los pechos que se mecían, aunque no se podía saber si eran éstos los que obligaban a los ojos a buscarla una y otra vez o si era la falda corta, azul oscuro, ceñida a la cadera, que apretaba los largos muslos, o el pliegue de la prenda, que trazaba la línea del vientre, si era todo eso, o el cabello negro, espeso, brillante, que le caía sobre los hombros, o la frente despejada, la barbilla maravillosamente cincelada, los labios gruesos y blandos, la nariz ligeramente curva, o esos ojos centelleantes en cuyo fondo ardían inextinguibles dos inmortales gotas de luz, en una palabra, realmente no se podía decidir qué era…
Este magistral retrato de una bella criatura nos eleva el espíritu y nos hace creer en la belleza que puede opacar tanta suciedad y bajeza que nos toca soportar, nos predispone a la admiración y al mismo tiempo al respeto por una diosa así descrita. Con ese mismo espíritu e idéntica estética nos ofrece la naturaleza en una de sus bellas facetas:
… y el espeso césped bajo su cuerpo, como si fuese el plumón más delicado, y la tibia caricia del viento, como si viniese de la mano más cariñosa, y la luz ondulante del sol, como si fuese un respiro proveniente de la cercanía más próxima, y la suave densidad de las plantas que lo rodeaban, y los animales que descansaban a la sombra lejana, y el cielo, esa tela azul arriba, y la tierra, esa masa fragante abajo, y esto y aquello, dijo, la yuxtaposición interminable, inabarcable, inacabable, aunque cada hecho mantenía una estabilidad inamovible, igual que él, igual que él mismo en esa estabilidad e inmovilidad, tumbado, estirado, clavado, por así decirlo, extendido, sumido, sumergido, echado en esa dulzura mareante de la paz, como si tal paz y tal dulzura existieran, como si tal paisaje y tal calma existieran…
Ahora si hablemos de nuestro antihéroe húngaro, Korin quien trabaja como archivero o como sostiene, aspirante a archivero jefe, se identificaba con los perdedores y siempre estaba al lado de ellos. Los solitarios y carentes de afectos podían contar con él, pues siempre acompañaba a los desvalidos y marginados, con quienes se sentía cercano y los sabía comprender. Comulgaba con quienes habían tenido algún descalabro y con una dulzura especial los acogía en su derrota que compartía.
El cambio de una vida apacible, casi monótona, a una azarosa, llena de riesgos e incertidumbres fue asumida como un destino inexorable. Todos los golpes físicos y morales, así como fueron llegando fueron tolerados para poder lograr lo propuesto como nuevo plan de vida, el cual se originó en su propio trabajo, el día en que después del cierre, se quedó en el archivo y encontró entre una serie de documentos, de la familia Wlassich, un legajo que le llamó la atención pues no correspondía a lo tradicional como: cartas y los apuntes de diario, los inventarios de bienes y las copias de testamentos, entre los certificados y las partidas de nacimiento, defunción y matrimonio. De repente bajo la signatura IV.3/10/1941-42, apareció un escrito que, como se dio cuenta enseguida, no se correspondía con ≪documentos familiares≫. Buscó un número, un nombre, algo que permitiera identificar el objeto, pero no encontró nada, el manuscrito, consistente, en unas ciento ochenta páginas mecanografiadas y sin numerar, no contenía nada que no fuese él mismo, ni título, ni fecha, ni indicación al final sobre quién lo escribió y dónde, nada de nada. Estuvo en el archivo más de siete horas leyéndolo con sumo interés y luego volvió a hacerlo en su casa. Supo que estaba en posesión de algo que impactaría la humanidad y se decidió a ser parte de su difusión
… estaba en posesión de un material genial, estremecedor, asombroso, de importancia para todo el mundo, y así fue leyendo y leyendo las frases una tras otra, y en la madrugada, aún no había salido el sol, aún reinaba la oscuridad, debían de ser las seis, él ya sabía que algo tenía que hacer, grandes ideas se formularon en su interior, grandes decisiones respecto a su vida, a la muerte, y también relativas al manuscrito, que no debía llevar de vuelta al archivo, sino trasladar adelante, a la inmortalidad, adonde pertenecía de hecho y de derecho, eso fue lo que entendió en aquel momento, por eso decidió dar la vida en aquel momento, en el sentido más estricto de la palabra…
Para lograr la inmortalidad del documento analizó todas las opciones: piedra, pergamino, película, microfilm, etc. pero todos expuestos a la destrucción. Por azar escuchó unos muchachos hablando de tecnología y supo así, de internet y los miles de computadores conectados a ella, que les garantizaba la inmortalidad. Encontró su destino: Nueva York.
Salir de un pueblo pequeño de Hungría, después de haberse separado, vendido su apartamento y sus haberes, sin saber inglés, pero con la firme certidumbre de hacer lo que le correspondía, fue toda una odisea moderna con todos sus monstruos ocultos, sus peligros latentes, sus infinitos escenarios todos llenos de incertidumbre para él, como el desenvolverse en los grandes aeropuertos, caminar entre los enormes rascacielos, convivir con indeseables y en general luchar por sobrevivir fue todo un peligro y una amenaza constante. No contaba sino con la convicción del deber hacer.
Su peregrinaje lo llevó a concluir que se había ubicado en medio de torres de Babel que era al final lo que el hombre había erigido con esos rascacielos deslumbrantes, ese abigarramiento de culturas y ese derroche de conocimiento y recursos, en donde cada ser humano era apenas un átomo:
…el hecho de que el camino sin Dios conducía allí, al hombre maravilloso, fascinante, deslumbrante, que de sólo una cosa no era ni sería nunca capaz: dominar aquello que había creado, porque a su juicio realmente no había nada más maravilloso, declaró, que el hombre, bastaba con pensar, por ejemplo, en nuestros ordenadores, nuestras naves espaciales, nuestros teléfonos móviles, nuestros microchips, nuestros coches, nuestros medicamentos, nuestros televisores, nuestros aviones robot no pilotados, y podía continuar así hasta el infinito, pues sí, ése podía ser el motivo y la explicación que lo condujeron a Nueva York, para extraer la sustancia de lo banal, para comprender y transmitir que lo demasiado grande era demasiado grande para nosotros…
Cada vez que avanzamos en la lectura nos sumergimos en un torbellino en donde están presentes la locura, la desolación, la humillación del otro y el abandono, allí el universo de lo absurdo es permanente y el apocalipsis está siempre latente, sus personajes están dispuestos y sometidos a todo y nunca vislumbramos salidas dignas y posibles. Constituye una guerra silenciosa pero real, una verdadera descripción de la lucha del hombre por la supervivencia y el huir no solo del peligro acechante constante, sino de sus propios temores que son los que lo condenarán.
Su historia y la del manuscrito eran tan similares en su afán de búsqueda de la paz en sitios lejanos, en épocas remotas, en donde todo finalizaba en guerras, que nuestro personaje se fue impregnando tanto del destino de los protagonistas de la historia manuscrita, que no descansó hasta encontrarles la paz a ellos y a él. Esto implicó un eterno retorno desde su viaje desde Hungría a Nueva York, para finalmente regresar de Nueva York a un museo en Suiza, en donde todo concluyó.
* Profesional en Filosofía y Letras Universidad de Caldas.