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Poeta “Errante”

Por: Martín Rodas*

Fecha de publicación: 21/10/2024

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Caminar, caminar y caminar… es un destino metafísico, asignado por los dioses a quienes transgredieron sus mandatos, es como una especie de condena eterna para aquéllos no se ajustan a las normas y no aceptan una existencia lineal. En esta condición se encuentran los “errantes”, como el judío bíblico, o Lilith, la primera esposa de Adán, expulsada del paraíso por no someterse a la voluntad de los hombres y considerarse igual a ellos… ahora vaga por el mundo como súcubo seduciendo y atesorando almas.

Hago esta introducción, porque mi invitado, Paulo Villa, ha decidido nombrar su ópera prima como “Errante. Poemas y antipoemas”, en donde la ruta es precisamente la de los marginales, los excluidos que viajan con su carpeta en el sobaco transformando en poemas las huellas que dejan a su paso. Como los malditos de esta Tierra, Paulo recorre cementerios, calles desoladas, esquinas turbias… con una mirada distinta a la normal, pues la norma no es su ley, más bien es un infractor de la misma que escribe a partir de la desobediencia: “Es famosa esa tal ‘licencia poética’, solicito también una ‘licencia antipoética’ para que me dejen ser agüevado, ingenuo, cursi, superficial, incorrecto, descontrolado, estrambótico, banal… y así sucesivamente. Es decir, déjenme ser libre, ser lo que soy, un animal que escribe, que medio piensa, que medio siente, que quiere aprender a vivir”.

Los seres que habitan su sombra junguiana, como homúnculos, están en las calles, en los semáforos, lanzando bocanadas de fuego desde sus almas tremendamente solitarias y abandonadas al asfalto: “me miró a los ojos/y con su aliento de metanol me dijo/-es estúpido romper los espejos-/y fue/como si me hubiera escupido/su fuego más potente”.

Sus revelaciones, o más bien, “rebelaciones”, son epifanías que están en la otra cara de la moneda, en la cruz… la anticruz de la antirresurrección: “quiero usar la palabra Sepulcro/me parece que suena bien/imagino al hijo de Dios/levantándose después de morir/como enguayabado de la vida tan perra/y tal vez piensa/que no vale la pena resucitar en este mundo”.

Porque en su andar profético, el antipoeta se permite algunas licencias mesiánicas, mediante la predicación a las multitudes invisibles e indiferentes: “cuando damos gracias por el agua/deberíamos dar gracias también/por la sed/cuando damos gracias por el pan/deberíamos dar gracias también/por el hambre/cuando damos gracias por las alas/deberíamos dar gracias también/por el abismo”.

Toques de humor a veces se insinúan en su obra, como aquel que asoma como mueca funambulesca por entre las palabras del poema “Simulacro para el fin del mundo”: “Cuántas fechas falsas/para el tan esperado Apocalipsis/este mundo se despide más que circo pobre”.

Y también el amor, que ha estado presente de maneras retorcidas en poetas como Boudelaire, Rimbaud y Bukowski, humedece con gotas de tinta las hojas de esta ópera prima, y como un manifiesto exclama: “me enamoro con frecuencia/porque de antemano sé/que voy a ser rechazado/y toda esa porquería/me sirve para escribir poemas”. Porque en los devenires del deseo y el desamor, la poesía es la pócima que exorcisa la frustración: “si me partes el corazón/yo no muero/simplemente te amo el doble”.

Para finalizar estas palabras que expresan mis sentimientos hacia la poesía-antipoesía de Paulo Villa, me encontré en las páginas de su obra la visión de un personaje que también hizo parte de mi vida en la lejana juventud, del cual hace una profunda reflexión en el poema “El profe Pepe”. Me conmovió, pues yo conocí a “Pepe” Ruiz en mi juventud y fue mi guía en algunas de las aventuras más absurdas y atrevidas de mi vida. Me identifico con las palabras del poeta y su sentimiento hacia este amigo mutuo que marcó ambas existencias: “de su boca salía cada tanto/una palabra delicada para nosotros/rebuscada/rara/y lo hacía con una voz andrógina/como la de un hombre sensible/el tufo/nunca le faltaba”.

Querido poeta, tu libro, que me gustó harto, me trae recuerdos como de vidas paralelas, pues mis tránsitos han sido también de errabundo por calles, esquinas, andenes… bohemio y delirante… como demiurgo que esculpe a dentelladas el cemento, la niebla y el polvo… me alegra que todavía, en las juventudes de hoy sobrevivan seres como tú, que expresan el mundo de formas distintas y escriben antipoemas que también exaltan la belleza de lo monstruoso y absurdo, pues siempre he considerado que allí está la esencia de lo que pretendemos ser.

Referencia bibliográfica: Villa, P. (2024). Errante. Poemas y antipoemas. Manizales: Editorial Bisiesta.

* Poeta, anacronista y pintor; editor de «ojo con la gota de TiNta (una editorial pequeña e independiente)».