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Querido Nando

Por: Martín Rodas *

Fecha de publicación: 11/09/2025

Casting

Era el año 1982 y un grupo de muchachos iniciaba, con los anhelos y la ansiedad juveniles, la carrera de Derecho en la Universidad de Caldas. El salón de primero era heterogéneo en clase social, ideología, etc… algunos provenían de colegios privados y otros habíamos estudiado en instituciones públicas y habitábamos barrios populares, varios llagaron de otros municipios. Estas afinidades de clase social y económica permitieron que se formaran luego los parches consolidados en amistades fuertes y duraderas.

En mi caso estos nuevos amigos hacían parte de sectores populares. Fue una selección gestada en miradas iniciales, conversaciones casuales, tintos, acercamientos intelectuales, políticos y la certeza de que coincidíamos en las complicidades. Luego, con el tiempo, nuestra gallada se fortaleció y la disfrutamos en medio del goce, la bohemia, el cine, la música, el teatro y las tertulias.

Esos fueron años maravillosos, pues realmente le mamamos gallo al rigor académico y supimos condimentarlo con actitudes vitales, extracurriculares, en otros espacios de la ciudad que también enriquecían nuestro quehacer. Recuerdo que muchas veces nos volábamos de las clases para ir a bohemiar a San Carlos, un bar que quedaba diagonal a la facultad, para continuar las discusiones interminables sobre muchos temas… y siempre había humor, mucho humor… en donde también eran protagonistas nuestros profesores con los cuales muchas veces no teníamos piedad para achacarles los apodos más inmisericordes.

En esa camaradería que formamos desde muy temprano en la Universidad, nuestras inquietudes literarias e intelectuales nos llevaron a crear un colectivo que tuvo inicialmente el nombre de “Círculo Cultural Universitario”, conformado por los riosuceños Mario Londoño “El Ratón” y Samuel Vinasco “El Diablo”, Luis Alberto Meza “Mezita”, Jairo Hernán Uribe Márquez “Jhum”, Abelardo Benjumea “Benyu”, Hernando Yara, Eduardo Gallego, Fernando Reyes y yo, Martín Rodas, de quien no quiero mencionar los múltiples apodos que me pusieron estos desalmados.

Al tiempo, luego de varias discusiones, le cambiamos el nombre al grupo por el de “El Escaparate”, pues este era más afín con nuestras acciones, ya que en uno de los pasillos de la Facultad de Derecho instalamos una cartelera mural en donde publicábamos semanalmente los productos de nuestras reuniones, las cuales sucedían mayoritariamente en mi casa, en San Joaquín, oficina a la cual denominamos “La Escombrera”. Esta dinámica duró casi toda la carrera y en ella participé hasta que me fugué de la Facultad en año cuarto en los brazos de Cupido hacia rumbos inciertos y aventureros.

En este momento deseo trazar una elipsis que inicia en esas épocas protohistóricas y llega hasta hoy, en donde uno de estos grandes amigos, mencionado anteriormente como integrante de “El Escaparate”, José Fernando Reyes Cuartas, finaliza una etapa definitiva en su exitosa carrera profesional como magistrado de Corte Constitucional de Colombia. No es necesario adentrarme en el currículo de él, pues es bien conocida su destacada trayectoria como jurista, juez, magistrado y académico, de la cual siempre he sido admirador en la distancia, y que no ha sido obstáculo para que en las comunicaciones (correos electrónicos) que tenemos, pocas realmente dadas las múltiples ocupaciones de su trabajo en la Corte, persista todavía una camaradería arraigada desde esos lejanos tiempos.

De “Nando”, como siempre lo he dicho, tengo los mejores recuerdos de su compañía fraterna y curiosidad intelectual, en donde el intercambio de libros y opiniones fue permanente. De su biblioteca me nutrí con los mejores libros. Jack Kerouac y “El vagabundo del Darma”, la obra de Jorge Luis Borges, García Márquez, Truman Capote, Salinger y “El guardián entre el centeno”, Faulkner, Pavese, Thomas Mann… en fin, un acervo de lecturas que surgía de esas reuniones de “El Escaparate” y continuaron luego de mi retiro de la Universidad. Fernando siempre ha sido un gran lector, lo cual se refleja en su producción jurídica, que se nutre mucho de las fuentes literarias que lo han alimentado a lo largo del ejercicio profesional. Se destacan sus sentencias alimentadas por la literatura, la poesía y una gran sensibilidad, las cuales son paradigmas para juristas nacionales e internacionales.

Culmina Fernando una etapa en su vida, y continúa otra, seguramente en la academia como profesor de varias universidades, en donde seguirá impartiendo su sabiduría con base en la experiencia de tantos años forjada en un camino que ha labrado a pulso, inteligencia, trabajo, tesón y persistencia.

De esos años pretéritos, luego de mi retiro voluntario de la Universidad para irme a aventuriar, y mientras estaba trabajando en la selva del Darién con una empresa bananera, Banacol, y tenía mi residencia en Apartadó, conservo la correspondencia entrañable que Fernando me enviaba y que me servía de bálsamo mientras estaba en las profundidades solitarias y oscuras de la selva del Atrato, en donde mi labor era como auxiliar de calidad examinando el banano que se exportaba a Estados Unidos y Europa. Fue una época hermosa en la que el género epistolar era a la vez comunicación y poesía.

Recuerdo que las cartas llegaban a Apartadó y como no se repartían en las casas porque no había carteros, en la oficina de Adpostal se pegaban en una cartelera para que el destinatario la reclamara, era una forma de comunicación primitiva que a mí me fascinaba, pues esa región todavía estaba en los inicios de un desarrollo que ha acabado con la naturaleza y que en aquellos tiempos estaba incipiente en medio de la destrucción y la violencia de diferentes grupos armados. En una de esas cartas tan sentidas, Nando me escribía:

“Aún amo a la misma mujer y aún frecuento las mismas amigas, fuentes de palabras y placer. Mujer que se ama es solo una, y tal vez precisamente no sea la madre. Ya te imaginas quién será y cómo me ha ido.

En todo caso espero que me envíes unas gotas de sangre, tres plumas y un pedazo de corazón. Entonces sabré que somos amigos y que el viento es un usurpador de nuestros cuerpos y nuestros sueños.”

Este es un pequeño homenaje de gratitud, admiración y cariño para mi amigo José Fernando Reyes Cuartas, quien me regaló momentos gratos en el tiempo y párrafos inolvidables como el citado en su correspondencia… en la que expresa toda la sensibilidad y belleza poética… ese es quien en su grandeza de múltiples distinciones no ha dejado de ser sencillo, como cuando vivía en el barrio Malabar de Manizales y nos prodigaba su amistad con creces… ese es Fernando Reyes… Fernando… y como siempre lo nombro en los correos electrónicos mediante los cuales le comparto estas columnas… mi “Querido Nando”.

Caricatura de los integrantes del colectivo “El Escaparate”. (TiN, 1986)

* Poeta, anacronista y pintor; editor de «ojo con la gota de TiNta (una editorial pequeña e independiente)».