Por: Quehacer Cultural
Fecha de publicación: 05/06/2026
A un año de creación de la Universidad Intergeneracional, programa pionero en el país liderado por la Universidad de Caldas, ha certificado a la fecha cerca de 2.000 personas mayores en diversas áreas del conocimiento que van desde historia, género, arte, ciencia y tecnología hasta producción de alimentos, entre otros, convertida en “una estrategia clave para promover el intercambio de saberes, reducir brechas generacionales y fortalecer la cohesión social”, según reza en el informe presentado a la comunidad: “Un año entre generaciones”.
Testimonio de estas afirmaciones es el siguiente “Manifiesto de una experiencia compartida” del primer diplomado del proyecto, Lectura y Escritura Creativa bajo la dirección de la profesora Olga Lucía Jaramillo, leído por algunos de sus estudiantes durante el acto:
En la receta para cocinar una universidad intergeneracional, estos son los ingredientes:

” Una universidad pública dispuesta a abrir sus puertas y a recuperar en su quehacer su raíz etimológica, reunido en un todo. Varias luchas generosas de democracia para que nadie vuelva a confundir el aprendizaje con un privilegio económico.
” Una mesa larga, casi infinita, capaz de invitar a aquellos banquetes griegos donde los filósofos ejercen la ceremonia de discutir sobre la belleza, el amor, la filosofía, la política y el desconcierto de estar vivos. Un padre que trabajó toda la vida para agradar a sus hijos y que por primera vez cruza la puerta a la universidad como estudiante. Una mujer que regresa décadas después de haber obtenido su título y descubre que volver a estudiar también es una manera de desafiar el tiempo y de desobedecer a la idea de que la universidad solo pertenece a los jóvenes.
” Un hombre que decide abandonar la contemplación pasiva de los días para volver a ejercitar la curiosidad y el placer de aprender. Una persona joven y una mayor que descubren que las generaciones pueden dialogar sin competir entre sí y sin restar valor a la experiencia ni a la novedad. Personas dispuestas a leer, escribir, bailar, tejer, cocinar, pintar, dibujar, cultivar, conversar, crear y compartir aquello que saben hacer mientras aprenden de los conocimientos y experiencias de los demás.
” Puñados abundantes de paciencia, escucha, curiosidad y ganas de continuar conversaciones que parecían aplazadas desde hace décadas o de iniciar nuevas que enriquezcan el diálogo intercultural. Una ración generosa de historias, canciones, recetas, libros, flores, movimientos, colores, texturas, memorias y saberes construidos a lo largo de la vida.
” Ahora vamos con la preparación.
” El primer paso. Abra las puertas de la universidad. Comience por eliminar la pregunta más inútil de todas. ¿Qué edad tienes? Permita la entrada de quienes nunca pudieron estudiar, de quienes quieren volver a hacerlo, de quienes aplazaron sus sueños para sobrevivir y de quienes crecieron alimentando el mito de que la educación, al igual que una lata de atún tenía fecha de caducidad. Mezcle generaciones en un mismo salón. No separe a las personas por fecha de nacimiento, género, procedencia o cualquier otra etiqueta.
” Segundo. La receta mejora cuando alguien de 20 escucha a alguien de 70 y ambos descubren con cierta sorpresa que todavía tienen algo que aprender mutuamente. Cuando alguien del campo intercambia una flor con alguien que trae un confite empajado en la ciudad. La sazón se potencia con la variedad.
” Tercero. Agregue distintos saberes. Incorpore palabras y silencios, libros y conversaciones, agujas e hilos, pinceles y colores, flores y jardines, música y movimiento, recetas y aromas. Revuelva hasta comprender que el conocimiento tiene muchas formas y que todas ellas pueden dialogar.
” Cuarto. Permita la creación. Dejen que las personas imaginen, experimenten y se equivoquen. Permita que unas escriban historias, otras diseñen arreglos florales, otras descubran el ritmo de una danza, otras pinten su mensaje imaginado o recuperen una receta heredada. Toda creación es también una forma de conocimiento.
” Quinto. Cocine a fuego lento. La educación intergeneracional no es una competencia contra el tiempo. Necesita tiempo para marinar las ideas, practicar habilidades, equivocarse y descubrir que aprender nunca ha sido una carrera contra el reloj.
” Sexto. Incorpore experiencias de vida. Añada trabajos agotadores, maternidades, duelos, pueblos violentos, paisajes bucólicos, amores tardíos, dolores antiguos y sueños que sobrevivieron a los años. Revuelva todo hasta que cada persona encuentre el valor de compartir aquello que la ha convertido en quien es.
” Séptimo. No elimine las diferencias, déjelas convivir dentro de la misma olla. Las miradas distintas enriquecen las conversaciones, amplían la comprensión del mundo y transforman la manera de interpretar la realidad.
” Octavo. Sirva en comunidad. Porque en una universidad intergeneracional el aprendizaje se materializa en comunidad, en la escucha de la experiencia acumulada y por acumulado, en la conversación, en el intercambio de saberes y en la posibilidad de descubrir que lo que cada persona conoce adquiere un nuevo valor cuando se comparte. Aquí no se percibe la lucidez individual como una conquista aislada, sino la construcción compartida de conocimientos. Esa certeza de que comprender mejor el mundo también implica comprender mejor a quienes lo habitan.
” Noveno. Conceda algunas estrellas Michelin al empeño de los cocineros, a la calidad de los ingredientes y al plato terminado. Añada como guarnición un diploma que dé testimonio de las ilusiones, aspiraciones y metas cumplidas.
” Décimo. Celebre y disfrute del banquete. Reúna a familiares, amigos, compañeros y maestros alrededor de la mesa. Brinde por los aprendizajes, las amistades, los descubrimientos y los sueños que encontraron una segunda oportunidad. Sirva con generosidad y recuerde que esta receta puede prepararse tantas veces como sea necesario.
” Manifiesto de una experiencia compartida. La experiencia de la Universidad Intergeneracional confirma el valor de una educación que propicia el encuentro entre generaciones, saberes, oficios, expresiones artísticas y experiencias diversas.
” A lo largo de este proceso, el diálogo, la creación, la práctica compartida y el aprendizaje colectivo se han convertido en herramientas para fortalecer los vínculos comunitarios. Ampliar las perspectivas de comprensión del mundo y reconocer que el aprendizaje es una posibilidad que acompaña toda la vida. Cada curso, taller, diplomado y espacio de encuentro demuestra que nunca es tarde para comenzar algo nuevo ni demasiado temprano para aprender de quienes han recorrido otros caminos.
” En las aulas, los talleres y los espacios de creación, las diferencias llegan desde barreras para convertirse en oportunidades de intercambio y enriquecimiento mutuo. La Universidad Intergeneracional es, ante todo, una comunidad que reconoce el valor de cada experiencia humana y que entiende la educación como un bien común, un lugar donde las personas se encuentran para aprender, enseñar, crear y construir memoria colectiva”.

RESULTADOS DEL PRIMER AÑO UNIVERSIDAD INTERGENERACIONAL
Darío Arenas Villegas, Vicerrector de Proyección Universitaria de la Universidad de Caldas, dependencia encargada de producir el proyecto, agradeció al ecosistema intergeneracional. “Nos hemos venido convirtiendo en una gran familia”. Y estas son las razones que esgrimió para hacerlo: “Uno, que después de un año estemos aquí juntos, como una gran alianza de ciudad y como una gran alianza de territorio. Dos, que hoy la historia nos la estemos contando no solo desde las directivas, sino que la cuentan los estudiantes y los profesores en su propia voz. Y tres, que estemos celebrando que hoy la Universidad Intergeneracional sea el programa que más personas mayores, con un modelo de intergeneracionalidad, marque la pauta en el país”.
75 % de los estudiantes mayores de 60 años, el otro 30 % menores de 60 incluyendo jóvenes y niños, entraron en una conversación bidireccional muy potente por la experiencia de quienes la han vivido, empieza de una manera, pero termina de formas absolutamente inesperadas, según lo relataron algunos de ellos.
A continuación los principales resultados de este primer año de la Universidad Intergeneracional:
La Universidad Intergeneracional surge en respuesta directa a una realidad sociodemográfica urgente. Según el Observatorio de Planeación y Territorio de la Alcaldía de Manizales, cerca del 21% de la población de la ciudad tiene hoy más de 60 años, una cifra superior al promedio nacional. Las proyecciones del DANE indican que para 2042, esa proporción ascenderá al 27%, convirtiendo a Manizales en uno de los territorios con mayor proporción de personas mayores en Colombia.
Es por lo anterior que el proyecto, además de su carácter innovador y de los positivos resultados en este primer año, enfrenta también retos fundamentales para reducir barreras de acceso a la educación de toda la población, según llamó la atención el Vicerrector Arenas Villegas: crear una red entre las universidades del país que contemplen programas similares; ampliar la cobertura en barrios socio económicos marginados y zonas rurales del territorio; agregar nuevos aliados para garantizar más efectividad en los programas y cursos; fortalecer la modalidad virtual, oferta que ha permitido la participación de personas mayores de otros sitios de Colombia y del exterior.