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Reflexiones sobre el descenso de la satisfacción cultural en Manizales

Por: Quehacer Cultural

Fecha de publicación: 11/03/2026

Manizales se ha destacado a nivel nacional como una ciudad con una reconocida tradición cultural, un legado que sigue vivo gracias a su variada oferta artística, al talento humano local y a dos factores clave: el respaldo de instituciones sólidas públicas y privadas que impulsan el desarrollo cultural, y la amplia gama de programas académicos con enfoque estético que ofrecen las universidades y demás centros educativos de la región. No obstante estos factores, es indispensable reflexionar sobre los resultados de la Encuesta de Percepción Ciudadana 2025, presentada por Manizales Cómo Vamos en febrero de este año, particularmente en lo referente al estado de la cultura, un tema resumido en el siguiente análisis:

“La satisfacción con la oferta cultural registró un descenso de más de 20 puntos porcentuales en los últimos dos años, con insatisfacciones considerables entre las personas mayores de 55 años. Esto requiere revisar las razones de este deterioro, especialmente entre las personas mayores, cuya atención resulta estratégica para el futuro de la ciudad. Se encontraron resultados que muestran que las principales razones por las que no participan en actividades culturales son la falta de interés (29%) y la falta de tiempo (29%). Quizás se requiere una revisión de horarios y de la gestión del tiempo, con un análisis diferencial por género y edad”.

Conversamos con algunas personas estrechamente vinculadas al sector cultural de Manizales, para que sean ellas quienes aporten con sus opiniones y soluciones al análisis de estos resultados:

Camilo Vallejo. Director Manizales como vamos.

La encuesta siempre se realiza de la misma manera. Los encuestadores son personas capacitadas por la empresa encuestadora, es decir, no tenemos un contacto directo con ellos. Las preguntas forman parte de un extenso formulario que diseñamos en el programa “Cómo Vamos” y luego entregamos a Cifras y Conceptos para que formalicen la aplicación de la encuesta. Se podría especular sobre estas situaciones, pero considero que entraríamos en un terreno ambiguo, casi como buscar problemas donde quizá no los hay. Sin embargo, creo que algo de eso podría estar ocurriendo. El porcentaje en cuestión está disminuyendo, pero sigue siendo un dato que Manizales ha presentado en episodios previos. Lo crucial es analizar qué podría estar generando este comportamiento.

Clara Lucía López de Estrada. Directora del Centro Colombo Americano.

Sin duda el resultado reafirma la necesidad de conocer más a fondo los intereses, hábitos de consumo, disposición y disponibilidad de tiempo para participar de la oferta cultural de la ciudad. Segmentar las audiencias potenciales partiendo de las que actualmente acuden, insistir en la formación de públicos y en educar para un consumo cultural que aporte valor al desarrollo del ser. Los programadores necesitamos pensar en una oferta diferenciada para adultos mayores.

Santiago Dussán López. Arquitecto. Presidente de la Sociedad Colombiana de Arquitectos capítulo de Caldas.

Uno de los mayores retos que enfrenta el sector cultural en Manizales es la difusión. Esto se debe, en parte, a la falta de presupuesto y, en otros casos, a la creencia de que basta con publicar un post en Instagram para informar a la comunidad. Sin embargo, los cambios constantes en los algoritmos de las redes sociales complican esa estrategia. Existen otras maneras de comunicar, y sería valioso organizar talleres y cursos enfocados en mejorar estas prácticas. Manizales sigue generando una gran cantidad de procesos culturales y proyectos; desde que la alcaldía implementó las convocatorias de estímulos y mediante la curaduría que realiza la Secretaría de Cultura y Civismo, se ha visto una diversidad notable dentro del panorama cultural. A pesar de esto, aspectos clave como el manejo profesional de las redes sociales quedan desatendidos. Además, existe otro asunto importante: los mismos artistas tienden a invitar únicamente a otros que forman parte de sus círculos o están alineados con sus puntos de vista. Las generaciones contemporáneas suelen juzgar fuertemente a quienes no comparten su perspectiva, algo que debería abordarse desde un enfoque conciliador. Es esencial fomentar espacios donde distintos sectores puedan encontrarse sin barreras ideológicas y construir juntos desde perspectivas diversas. Un caso ilustrativo es el arte contemporáneo, cuyos espacios muchas veces no son acogedores para las personas mayores debido a que desconocen estas propuestas. Esto muestra claramente la necesidad de promover una educación cultural abierta y accesible para todas las generaciones. En Manizales hay un dinamismo cultural potente, pero carecemos de suficiente formación en arte y cultura desde niveles básicos como los colegios hasta ambientes más especializados como las universidades. Debemos potenciar los espacios intergeneracionales para enriquecer el diálogo cultural. Una cuestión que merece atención es cómo las personas mayores perciben los lugares culturales por ejemplo los museos. Muchos han compartido que se sienten excluidos o ignorantes al visitarlos, lo cual evidencia una barrera educativa y emocional que necesitamos desmontar. En ese sentido, fortalecer la interpretación y el conocimiento del arte podría abrir puertas para fomentar la inclusión. En resumen, Manizales necesita una alianza sólida en torno a la cultura, basada en dos pilares fundamentales: una estrategia efectiva de difusión y un eje educativo robusto. Solo así será posible integrar a todos los sectores y generaciones para desarrollar una escena cultural más rica y participativa.

Manuela López Amézquita. Profesional en Gestión Cultural y Comunicativa.

Sin duda, los indicadores relacionados con el alcance y la participación en las agendas culturales siguen siendo un tema de gran interés y relevancia para las organizaciones y los actores de la ciudad. Sin embargo, resulta especialmente llamativo cuestionarse por qué los adultos mayores no están asistiendo a estos espacios. La encuesta plantea esta inquietud encendiendo una alerta sobre el fenómeno, pero no brinda respuestas más profundas. Realmente no sabemos con certeza qué está ocurriendo. Sería pertinente abrir este debate con los agentes directamente involucrados, democratizando estas agendas en escenarios públicos para entender si ellos también perciben esta disminución en la participación de los adultos mayores y comenzar a identificar las causas y posibles soluciones. Es crucial que nos preguntemos si somos o no conscientes de los cambios o ajustes que hemos implementado en nuestras agendas y cómo estos podrían estar dejando de influir, interesar, acoger o conectar con esta población específica. Inicialmente, plantearía el análisis desde ese punto. Además, no se puede ignorar el auge actual de políticas dirigidas a la juventud, mujeres y diversidades sexuales. Este enfoque probablemente responde tanto a estudios como a planes de desarrollo que buscan cubrir vacíos históricos en estas áreas. Sin embargo, esto también podría estar evidenciando una menor atención hacia las necesidades culturales de las personas mayores. Por ello, es imprescindible encontrar un equilibrio que permita integrar una política sólida y significativa para los adultos mayores. Esta población juega un rol esencial en la gestión cultural de la ciudad y su participación es clave para el fortalecimiento y enriquecimiento del panorama cultural.

 Juana María Echeverri. Poeta.

Al observar los resultados en el ámbito cultural respecto a la oferta y el consumo, llego a la conclusión de que nuestra ciudad tiene un enfoque marcadamente centralista. En las zonas periféricas, donde se ubican las casas de cultura y las bibliotecas públicas, no se logra una verdadera conexión con los contenidos culturales, en gran parte porque los coordinadores son personas más interesadas en servir intereses de sus padrinos políticos. Esto dificulta que exista una circulación más equitativa de los bienes culturales. Al fin y al cabo, son precisamente esos programas los que deberían servir como puente entre los barrios y la periferia.

 Liliana Díaz. Actriz. Directora Sala Actores en Escena.

Es fundamental que quienes trabajan en el análisis de lo cultural tengan la posibilidad de sumergirse directamente en los espacios donde estas expresiones cobran vida. Solo experimentando su esencia en primera persona es posible entender su dinámica auténtica. Un buen ejemplo es la Ruta del Teatro, que reúne diversas salas en la ciudad. Si bien no atrae multitudes, cuenta con un público fiel que la respalda. Esto contrasta notablemente con la realidad de hace dos décadas, cuando la falta de asistentes obligaba a cancelar funciones. En la actualidad disfrutamos de una programación rica y diversa que asegura calidad en las propuestas. Ante esta evolución, surge la pregunta sobre la precisión y representatividad de ciertos estudios que tal vez no reflejan esta transformación cultural. Es importante comprender que la cultura no busca necesariamente convocar grandes masas como en los eventos deportivos, y eso no tiene por qué considerarse algo negativo. El arte, por su propia naturaleza, tiende a concentrar un público más reducido y selecto; sin embargo, siempre nos esforzamos por mantener una participación constante. Por ejemplo, en la sala Actores en Escena, con una capacidad aproximada de 80 personas, reunir entre 30 y 40 asistentes resulta satisfactorio, ya que esa conexión íntima y directa forma parte integral de la experiencia artística. Al mismo tiempo, no podemos ignorar el reto de integrar a sectores específicos, como las personas mayores, quienes suelen abstenerse de salir por las noches o muestran poco interés en ciertas propuestas teatrales. Diseñar una programación accesible para ellos, con horarios diurnos que se ajusten mejor a sus hábitos, es clave, especialmente porque se trata de un grupo poblacional en constante crecimiento. Por otro lado, vivimos inmersos en una era digitalizada donde cada vez más personas prefieren interactuar con dispositivos electrónicos en lugar de participar en espectáculos en vivo. Para los gestores culturales, esto presenta un desafío significativo, dado que el teatro exige presencia física y plena atención en el momento, características que parecen chocar con las dinámicas de hiperconectividad actuales. La esencia misma del teatro se fundamenta en la conexión única y efímera entre los artistas y la audiencia dentro de un espacio compartido. En este contexto marcado por la digitalización, resulta imperativo reflexionar y desarrollar soluciones creativas para proteger y revitalizar la experiencia cultural. Adaptarse a las nuevas realidades sociales debe ser una prioridad. Este desafío nos llama a actuar colectivamente para preservar el vínculo entre las artes vivas y una sociedad en constante evolución.

Pedro Felipe Hoyos. Historiador.

Este fenómeno puede interpretarse como una consecuencia de la falta de políticas públicas que promuevan el acceso a la cultura, entendida como un bien común. Es necesario fomentar que las personas disfruten asistir a recitales de poesía, exposiciones de arte o presentaciones de libros, pero actualmente no existe ese hábito en la población. Esto implica no solo un cambio cultural, sino también la creación de espacios adecuados. Aunque hay varios, faltan dinámicas efectivas para que la información llegue a la gente. En muchas ocasiones, los eventos culturales se concentran en áreas específicas, como el centro o sectores emblemáticos como El Cable, lo que deja a numerosos barrios sin acceso cercano a estas actividades. Este centralismo limita la participación, ya que muchas personas no se sienten motivadas a desplazarse hasta esos puntos. El gran desafío es lograr una descentralización real de la oferta cultural y llevar los eventos a los barrios, acercándolos a las comunidades para que todos tengan la oportunidad de ser parte de ellos.

Fuente de las ilustraciones Manizales como vamos.