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“Regreso”. El arte de no olvidar

Por: Liliana Hurtado Sáenz *

Fecha de publicación: 03/07/2024

El día sábado 29 de junio del presente tuve la gran satisfacción de presenciar “REGRESO” una producción escénico musical realizada por el Taller de Opera de la Universidad de Caldas, Danza Lab de la Universidad de Caldas, la Orquesta Sinfónica de Caldas y la Orquesta Típica Contrastes. Fue como un viaje hacia la memoria de la Colombia profunda que guarda las más disímiles historias ligadas al relato territorial de la región del eje cafetero atravesada por el conflicto armado, y las muchas generaciones de los habitantes de esta región, que al igual que muchos colombianos, han sido desplazados de sus territorios originales y han sufrido la desaparición y la pérdida de su terruño, historia que se origina desde mediados de los años 40 con la violencia bipartidista, pasando por las guerrillas liberales  de los 50, la aparición de narcotraficantes paramilitares y las guerrillas entre los 70 y 90, la crisis cafetera entre los 90 y el 2000, hasta las alianzas entre narcotraficantes, paramilitares y políticos que han perdurado hasta bien entrado el nuevo milenio.

Las victimas siempre silenciadas y anónimas cobran vida  en “REGRESO”, un trabajo hecho con seriedad, investigación y un gran sentido artístico. La obra se desmarca de la narración tradicional de este tipo de hechos y nos transporta hacia el universo bucólico de la vida cotidiana en la ruralidad, allí donde la conexión con la madre tierra, el respeto por la otredad, la felicidad del trabajo en comunidad y el valor sagrado de la vida eran el pan diario. Todo ello recreado por el ritmo de esplendidos pasillos ejecutados a la vista del público por el virtuosismo de  la Orquesta  Sinfónica de Caldas y la Orquesta Típica Contrastes dirigidas por el maestro Nelson Monroy, melodías entrañables que nos remiten a nuestros orígenes campesinos y danzadas magníficamente por todo el cuerpo de los participantes en escena; el grupo Danza Lab hace un increíble trabajo de integración y armonía pues sus destacadas virtudes y profesionalismo dancístico logran embellecer la escena de manera natural y fluida.

Por medio de movimientos y composiciones coreográficas vamos adentrándonos en una historia de violencia y dolor donde la palabra no es la protagonista sino que es la imagen bien lograda la que consigue narrar de manera contundente, y a la vez estética, situaciones y hechos propios del desplazamiento y la desaparición de los habitantes de nuestra dolida Colombia .

La acertada combinación de lenguajes artísticos puestos al servicio de la obra, nos lleva en un abrir y cerrar de ojos de la fiesta de la vida y el jolgorio a la desposesión y a la muerte, una suerte de cascada o marea de sensaciones tan bien planteadas, que el espectador no tiene otro camino que sumergirse en su belleza a pesar de que su contenido albergue tanto dolor. Pero la ilusión es lo último que perdemos, y el rescate de la memoria es el camino a la no repetición, en la emblemática figura de la mujer anida la esperanza, su figura visionaria y llena de sabiduría ha sido la contenedora y el pegamento para los nuevos comienzos. La imagen caleidoscópica femenina que presenta la puesta en escena no es otra cosa que un homenaje y un reconocimiento a esas generaciones de  mujeres que a lo largo de la historia han sido las protagonistas de la resistencia y las hacedoras activas de la paz.

Enhorabuena a esta bella propuesta producida en la ciudad de Manizales y ofrecida al mundo, en la que sobresalieron también las bellas voces de los solistas Estefanía Hurtado, Sofía Zapata y Carlos Herrera, Licenciados en Música de la Universidad de Caldas, acompañados por el coro de la ópera.

Lástima que semejante obra de arte no cuente con el apoyo suficiente para ser presentada en un escenario apropiado y digno de su calidad. No se entiende cómo la ciudad y sus gobernantes no viren la mirada a hechos artísticos tan necesarios y valiosos. Cómo es que el Teatro Los Fundadores no ofrece sus instalaciones para albergar una obra de esta magnitud, no todo es el mercantilismo y politiquería. El coliseo deportivo de la universidad no es un lugar apropiado, pero pese a eso el poder del arte es mayor y se sobrepuso a la adversidad. No se justifica ni se valida, por supuesto, la dejadez con que la cultura es vista en una ciudad que se dice es un baluarte de la cultura.

Brilló por su ausencia el rector de la Universidad de Caldas y varias de la directivas que según cuentas patrocinan este tipo de proyectos.

Aún así, larga vida al Taller de Ópera de la Universidad de Caldas, un proyecto sostenido a pulso por el amor y el profesionalismo de sus integrantes.

* Dramaturga, directora y actriz.

Fotografías de Juan Lince.