Por: Rubén Darío Zuluaga G. *
Fecha de publicación: 24/09/2026
Crítica teatral.
Nuestra generación se formó hablando de teatro, haciendo foros después de las obras. El placer de hablar de teatro, entenderlo, interpretarlo, seguir disfrutando de su significado después de terminar el espectáculo. Por eso nos enamoramos del teatro y de sus tramas, lo perseguimos en la literatura, el cine , la danza, las esculturas y, sobre todo en la vida real. Luego, escribir sobre teatro se convirtió en una manera de sobrevivir al olvido, mantener su resonancia, profundizar en sus misterios, meterse en sus dilemas y terminar creando otros desenlaces y dramas alternos (La Dramaturgia como crítica).
El mundo del teatro no termina cuando acababa la función, al contrario, parece volverse más importante cuando se cierra el telón. El teatro que se mete con la opinión publica, que toca sus intereses, que le habla a la intimidad personal, que susurra verdades al oído, que toca las emociones, ese teatro cobija no solo al equipo creativo sino que envuelve a la sociedad entera. El teatro es símbolo por excelencia, condensa el espíritu, difumina los colores y las formas, nos enseña la existencia de otros mundos, nos hace parte de ellos.
Por lo tanto, el teatro nos hace hablar, nos mueve a la creación, nos impulsa a decir lo inefable, despierta la creatividad, la Crítica Teatral no es más que la expresión de lo que el teatro promueve en la consciencia de las personas; por eso es válido todo lo que se diga sobre un espectáculo, porque es una percepción personal, un comentario, una apreciación y puede hacerla cualquier personaje anónimo, reconocido charlatán o especialista en el oficio.
Sin embargo, el teatro pareciera ser propiedad privada del que lo realiza y tener el monopolio sobre sus significados, el control sobre la interpretación posible de su obra. Qué sabe un interprete sobre lo que puede despertar en un espectador, un desconocido que llega a la sala con su propio paquete de experiencias personales, emociones y expectativas diversas. Obvio que puede haber críticas y comentarios mal intencionados, así como apreciaciones derivadas del deseo simple, hacer buena publicidad. Todo cabe en el ambiente cultural de una ciudad, lo que no puede existir es la objetividad o la verdad universal en relación con la obra de arte, pues cada cual la recibe en su propia mirada y la reflexión nace de su conexión particular con ella.
Cada vez parece menos importante hablar de teatro. Tal vez algún día desaparezca el teatro y ni siquiera nos demos cuenta o se siga realizando en lugares muy exclusivos para gente muy exclusiva; así como desaparece la Lectura, aunque estemos inundados de libros por todas partes: las librerías de segunda en sus promociones permanentes, las ferias del libro y la virtualidad que recoge millones de ellos gratuitos en la nube. Ahora no hablamos de arte, aparece otro tipo de conversación, si es que existe, la palabra del futuro no será la que vivimos los viejos enamorados del arte en nuestra juventud, aquella que nos llevaremos con nostalgia al infinito. Aparece otra palabra, otros abismos y el arte, si es que se conserva de alguna manera, estará supeditado a otra Inteligencia.
* Crítico Teatral.
Foto tomada de Internet.