Volver

Sigilo

Por: Martín Rodas *

Fecha de publicación: 22/08/2025

Casting

Cipriano El Escribano, el mago hereje, el mago anarquista, el mago escéptico, el mago del caos, el mago panteísta, el mago politeísta, el mago monoteísta, pero sobre todo el mago imaginista… se levantó esa mañana de martes 13, inconforme consigo mismo y con el mundo… porque él tenía una misión fundamental y por eso era necesario actuar… era su destino… su misión.

Los días de Cipriano El Escribano deambulaban entre una cotidianidad que él no soportaba y las ansias de lo trascendental… por eso se convirtió en mago. Su iniciación estuvo a cargo de El Profesor Estrella, famoso culebrero que atendía a sus pacientes mediante consultas radiales en el programa que tenía vasta audiencia en una emisora popular de la ciudad. Fue El Profesor Estrella tutor de Cipriano El Escribano durante muchos años, con la batuta de Samael Aun Weor, quien merced a libros esotéricos que escribió y eran ampliamente difundidos forjó su carácter místico… y más tarde se unió a este séquito de maestros ocultistas Chamancho, otro mago surgido del delirio y la bohemia.

Desde muy joven, Cipriano recorrió cultos y sectas variadas, tratando de descubrir la verdad única, esa que nunca halló en el catolicismo en el cual fue criado desde el nacimiento. Fue acólito, sacristán, catequista, legionario de María, del Grupo Juvenil Cristiano… y llegó a realizar el acto que más ansiaba en la iglesia… tocar las campanas. Recuerda con una sonrisa pícara el curso que le dio el sacristán que él iba a reemplazar en las vacaciones, para que las campanas sonaran adecuadamente, lo cual nunca pasó, puesto que aunque él se esforzó por hacerlo con toda la curia, siempre sonaron desentonadas y sin ritmo… sin embargo logró realizar su sueño… lanzar las campanas al vuelo en tañidos que elevaban su alma a las alturas celestiales… tan, tan, tan… tantantán… tan, tan… a pesar de que siempre se precipitaba de nuevo en vertical y furiosa caída… ¡TAN!

Recuerda sus asistencias a las reuniones de la Gnosis, las sesiones con los rosacruces, con los Testigos de Jehová, los mormones, los pentecostales… en fin, su curiosidad, en esos tiempos religiosa, fue proverbial.

Ahora, en su vejez, instalado en el ser de Cipriano El Escribano, todo son recuerdos, memoria, nostalgia. Se encontraba en el declive de su existencia y el camino se le presentaba incierto, pero convencido de que la epifanía llegaría en algún momento y se abrirían las puertas de lo insondable.

Esa mañana de martes 13, luego de una meditación profunda, se instaló frente al altar que tenía en un cuarto especial de su casa, allí permanecía su libro, el Grimorio de Cipriano El Escribano, un manual de encantamientos que había escrito en el transcurso de muchos años. Lo abrió en la página del poema que debía recitar con solemnidad mientras con su daga ritual seguía las líneas del texto, el cual de tanto repetir, algún día le permitiría traspasar el portal hacia el misterio insondable, porque estaba convencido que él era el elegido para tan supremo propósito.

Según los principios de la magia que él practicaba, era necesario utilizar la técnica del sigilo, un sistema milenario practicado por brujos y chamanes. Esa mañana del martes 13 preparó el escenario con velas, inciensos, mandalas, una calavera de cuarzo y el espejo de obsidiana negra. Antes de iniciar el ritual vestido con su traje ceremonial de monje, negro y con capucha, en completa soledad, comió pan ácimo, con forma de pentáculo, y que cocinaba poniendo la masa sobre piedras calentadas al sol como se hacía en tiempos inmemoriales, luego bebió en su pocillo ceremonial el vino tinto importado y barato que se conseguía en algunos supermercados de la ciudad, porque en este acto de transubstanciación invocaba a los dioses que lo guiarían por el recto camino de este ritual. No podía faltar la sal, el papel, la pluma y la tinta negra. Pensó en el deseo y lo escribió en el papel, luego suprimió las vocales y las consonantes repetidas, con las letras que quedaron trazó un anagrama, símbolo que era solo comprensible para él. Sus pensamientos se volcaron en el dibujo abstracto que acababa de realizar cargándolo de intención y energía espiritual, para esto también utilizó la técnica excitativa mediante el acto masturbatorio, enfocando esta práctica en el sigilo mientras sentía que la energía sexual recorría su columna vertebral como serpiente Kundalini desde el chacra más inferior hasta el séptimo, ubicado en la coronilla de su cabeza, el cual sentía girar como rueda o vórtice energético, en este proceso no podía interferir ningún pensamiento libidinoso, pues su esencia solo era para los dioses, no para la carne, por eso no era permitido eyacular… a pesar de que algunos de sus amigos le habían dicho que estas prácticas eran peligrosas, puesto que podía terminar loco, aunque Cipriano llevaba haciéndola durante mucho, mucho tiempo… Luego liberó el sigilo quemando el papel en el crisol especial que tenía para tales fines. Esta intención iría a lo más profundo de su subconsciente, como semilla, y debía ser olvidada allí para que la conciencia racional no interfiriera en el proceso y el sigilo pudiera germinar y transformar la realidad que él deseaba transformar.

Así fue el último ritual de Cipriano El Escribano para la salvación del mundo, porque él había sido el elegido por el Único, por el Innombrable… porque continuó convencido de su gran misión en este mundo miserable que debía trascender hacia lo supremo, aunque él tampoco sabía a ciencia cierta qué era eso… pero confiaba en el horizonte, en lo inasible, en ese otro estado intangible que estaba más allá de esta cárcel material, reino del Demiurgo y sus demonios arcontes que, según él, nos vigilan como pastores a rebaño de ovejas hacia el matadero.

Esta leyenda de Cipriano El Escribano, el mago hereje, el mago anarquista, el mago escéptico, el mago del caos, el mago panteísta, el mago politeísta, el mago monoteísta, pero sobre todo el mago imaginista, continuará…

Caosfera-sigilo-anagrama de Cipriano El Escribano. (Dibujo a tinta china de TiN)

* Poeta, anacronista y pintor; editor