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Sueños de juventud

Por: Germán Sarasty Moncada*

Fecha de publicación: 12/01/2026

Como es de conveniente que con los años tengamos aun la capacidad de ensimismarnos con las aventuras que pudimos haber tenido cuando teníamos la edad de los protagonistas propuestos por Evelio Rosero (Bogotá 1958) en su relato Los escapados, él mismo debió haber tenido que hacer un especial esfuerzo para poder construir esa bella historia tan tierna y diferente a la narrada en su desgarrador libro sobre la violencia en Colombia, Los ejércitos.

En marzo del 2007 empezó a circular su libro Los ejércitos, con el cual obtuvo el II Premio Tusquets Editores de Novela, y se dio a conocer internacionalmente a través de las traducciones a siete idiomas; igualmente en 2009, en el Reino Unido, alcanzó el reconocido Independent Foreign Fiction Prize. La mayor parte de su infancia estuvo en Pasto y ya adolescente regresó a continuar sus estudios de primaria y secundaria en colegios católicos, y en la Universidad Externado de Colombia su carrera de Comunicación Social y Periodismo.

Por su parte con Los escapados también publicado en el 2007, obtuvo el Premio Nacional de Literatura del Ministerio de Cultura de Colombia 2006, así que estamos ante un gran creador de historias de toda índole, tanto para jóvenes y personas mayores con corazón sensible a esos bellos relatos.

Emilio el narrador siempre anda con sus amigos Jorge y Nando el hijo del general Matamala, aunque tiene otros cercanos pero no íntimos, viven en Bogotá y tienen doce años, ya tiene novia, pero como antes, una relación muy inocente:

Pues yo era el novio de Mónica, pero como si no lo fuera: en esos años, principios de los 70, a nuestra edad, las cosas de un noviazgo eran tan leves, y pasajeras, que resultaba mejor ser amigos. Ni siquiera un beso nos habíamos dado con Mónica, y Mónica y yo éramos novios: alguna vez le mandé a preguntar –con mi hermana menor que si quería ser mi novia, y Mónica me mandó a decir que sí, que sí quería ser mi novia.

Y entonces éramos novios. Eso era todo.

El tiempo trascurría entre partidos de futbol, patinaje, ciclismo, asistencia al colegio, encuentros después de clases, reuniones familiares, y las anheladas o temidas vacaciones, según el desempeño escolar. El año estaba por finalizar y el tema recurrente era si se iba a ganar el año o qué perspectivas había según el número de materias que se llevaran perdidas, y la reacción no solo familiar sino también de los demás compañeros y de la novia. Esas eran grandes incógnitas.

Pasó octubre, llegó noviembre y con él, la zozobra de entrega de notas de la cual ya sabían los resultados, así que decidieron no estar allí pues presentían el desenlace y optaron por la aventura

Jorge y yo disponíamos los planes, despejábamos el camino: iríamos al mar, eso estaba resuelto. Nos embarcaríamos en Cartagena. Pero nos enfrentaba justamente, el viaje a Cartagena: Jorge sugería el auto-stop, con el fin de ahorrar dinero. Yo proponía pagar el primer bus con destino a Cartagena y dormirnos y despertarnos en el mar. Había que poner tierra de por medio, de inmediato… Nando escuchaba, meneando la cabeza, sin una palabra: se cubría la cara con las manos, gemía, miraba al cielo, abría la boca igual que si se asfixiara.

Los preparativos se aceleraron, se acordó el día y la hora de la partida, se ajustaron los detalles, se elaboraron listas de indispensables y se empezaron a acceder a los ahorros familiares, la alcancía de marrano de la casa de Emilio, las alcancías de los hermanos de Jorge y otros elementos indispensables, entre ellos la navaja suiza del papá de Emilio. También debieron afrontar la decisión de Nando a quien su papá le había prohibido la amistad con ellos, de abandonar el plan concebido y ajustado por los tres. Igualmente la decepción por la deserción de Mónica quien ella misma inicialmente le dijo que aunque iba bien en el colegio, no podía dejarlo ir solo y así se lo manifestó en la nota que le envió:

No puedo Emilio. No puedo dejar a mi hermanita ¿Por qué no pensé en ella? Hoy me abrazó como si no fuera a verme nunca más y yo me puse a llorar y ella me preguntó por qué lloraba y yo le dije que de alegría, para que no se diera cuenta que lloraba porque ya no podría escaparme contigo. Emilio vengas cuando vengas te esperaré siempre…

El amanecer del día señalado llegó pronto, de acuerdo a lo previsto se encontraron en la calle, caminaron solitarios en la penumbra con la ilusión de lograr lo soñado, con auto-stop llegaron pero apenas a Facatativá en donde en un parque se pusieron a descansar y a ver con que plata contaban entre los dos. Emilio no había tenido la precaución de cambiar las monedas del marrano por billetes, así que se dedicó a separar las de mayor denominación y Jorge se dispuso a sacar las monedas de las alcancías metálicas de sus hermanos. A todas esas dos policías se pusieron a observar sus maniobras, para luego abordarlos, pedirle sus tarjetas de identificación y los teléfonos de sus padres. Les quitaron la plata que comenzaron a gastar en el camino y los condujeron a la estación de policía en donde los pusieron a asear las letrinas, los patios y aéreas de reclusión.

A la mañana siguiente sería su mamá quien los rescataría y una vez frente a los policías Emilio le dijo que ellos habían usado su dinero y se habían quedado con la navaja suiza de su papá, ellos desmintieron, exigieron respeto y la necesidad de un castigo para ambos. Uno de ellos agregó:  –Nosotros—dijo, somos servidores de la ley. Exigimos el respeto que merecemos. Hemos protegido a estos niños de quien sabe qué: un atraco en plena calle, una agresión, y, Dios no lo quiera, algo peor.

Constituye una lectura muy reconfortante y volver a esos tiempos en los cuales los problemas nos parecían muy complicados, los compañeros creíamos serían para siempre, los primeros amores nos marcarían por el resto de la vida, los padres nos querían, nos protegían y nos daban ejemplo de por vida, el colegio nos iba modelando imperceptiblemente y las lecturas nos iban despertando el interés por el conocimiento. La vida nos ha enseñado que todo eso fue necesario para lograr lo que hemos ido escalando en nuestro periplo vital, los valores aprehendidos, asimilados  y aplicados en nuestro diario desempeño  nos han posicionado como seres éticamente sociables.

* Profesional en Filosofía y Letras Universidad de Caldas.

Fotografía tomada de El Tiempo.com