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Un Lugar que crece gracias al Teatro

Por: Javier Humberto Arias O.*

Fecha de publicación: 03/10/2025

VIII Versión de la MIAT organizada por el Grupo Teatro TICH
Muestra Internacional Alternativa de Teatro

Uno de ellos: La Compañía Tropo Non Tropo, de Galicia España, y la obra: “La noche justo antes de los bosques” del autor francés Bernard-Marie Koltés (1948-1989). Una Dramaturgia de Los No Lugares y cuya puesta en escena dirigida por Sandra Maya, y protagonizada por Víctor Diaz, nos permitió con su función vivir, con riqueza de lenguajes y sensaciones artísticas, la urgencia del relato como lucha misma de un ser humano contra el olvido del otro.

Como preámbulo de estas notas, quiero destacar el Principio de Simultaneidad, que, a mi modo de ver, inspira al equipo humano de Artistas Teatrales reunidos en el Teatro Tich, al convocar la VIII versión de la Muestra Internacional Alternativa de Teatro, para compartir mundos sin exclusiones, sino el de proponerse existencialmente en otredad necesaria, al permitir también que nuestra ciudad viva desde el pasado 22 de septiembre y hasta el 4 de octubre, otros lugares del arte teatral, un valioso y pertinaz aporte de estos artistas que logran de nuevo reunir agrupaciones locales, nacionales y de otros países. Un loable proyecto que nace desde el arraigo del Lugar que se han venido luchando y construyendo como agrupación Teatro Tich, con el acostumbrado empecinamiento, sentido de pertenencia e identidad como trabajadores integrales del Arte Teatral en la región y a nivel nacional.

De manera muy particular, me ha gustado estar cerca de las experiencias significativas del teatro que me ponen en la línea roja de la cenestesia de la Sala o Espacio de escenificación, que despierta un estado alterado del cuerpo de sensaciones junto al olor de telones, tablas o rayos lumínicos que encandilan y casi queman las pestañas. Allí, el milagro de sentirse en el ritual del Lugar del Teatro, es una especie de vivencia casi mística o de transustanciación de los personajes míticos o los relatos de humanidad que nos hacen soñar despiertos e imaginar mundos posibles, más allá de las consabidas acciones de desarraigo y desesperanza. Además, el ejercicio humano del encuentro para la conversación presencial, antes, durante y después de las obras.

Pues bien, de esta experiencia significativa es que quiero compartirles algunas notas al asistir a la obra “La noche justo antes de los bosques”.  Coincidencialmente hace algunos días estaba investigando mis apuntes acerca de la Poesía de los No Lugares, un tema que me parece fascinante para sentir las desesperanzas que el actual mundo de la incertidumbre nos pone a veces como a la deriva, sin arraigo, una cotidianidad perdida en extramuros, hasta casi convencernos de que no existimos, negando por alejamiento subjetivo el “Homo socialis” que nos hace solidarios, convivenciales y el “Homo Políticus” que nos hace deliberantes, argumentativos y críticos y por tanto participativos en democracia. El resultado es el actual proceso civilizatorio de fracturación del sujeto o espacios múltiples de humanidad sin arraigo y sentido de horizonte.

La puesta en escena de la emblemática obra, “La noche justo antes de los bosques”, por parte de la Compañía Tropo Non Tropo, de Galicia, España, logra crearnos ese mundo de la Poesía de la crudeza. Con los recursos expresivos propios de la Poética actoral requeridos por el Monólogo dramático, transcurre el relato hasta hacer sentir en la atmósfera de la sala, la Metáfora de la Exclusión, a través de un buscar en la palabra y el grito del “Yo”, la desesperación, junto a unas voces operáticas desde una ventana desolada donde una mujer, quizás sea la evocación del fantasma que deambula con el dolor del vientre humano, en una lucha contra el olvido del otro, bien sea el extranjero, inmigrante, exiliado, perseguido o como lo refiere el pensador y pedagogo español Joan-Carles Mélich, “Los Hundidos”, cuando hace referencia a los cúmulos de africanos que llegan a las urbes mediterráneas como perdidos en un laberinto sin ningún arraigo y sentido de humanidad. Y allí nace el grito desgarrador del “Yo” entre el frío de la lluvia y la neblina o confusión reiterativa de un personaje fracturado, creado con contundencia actoral por Víctor Diaz, cuya actuación sincera e impecable nos pone en el borde de la empatía y la autoconciencia. Va quedando la hermosa imagen de una Ventana oscura, donde está una mujer salida como de una especie de Cabaret (representada igualmente con solvencia, por la directora de la obra), personaje misterioso y a veces farsesco, canta el dolor y la ironía de la situación trágica de los seres humanos en los mundos más bajos y ocultos que deterioran la dignidad pero que ante los demás, se convierten en paisaje que ya nadie percibe y por tanto son no lugares de la existencia, donde nadie se detiene a vivir un poco de humanidad; se les ha desprovisto de sentido.

La escena híbrida de los lenguajes cinematográficos y teatrales, son una estampa magistral que perdura en la memoria del espectador, como ese diálogo entre ausentes. El uso del plástico para componer objetos y seres imaginarios le dan un toque especial de delicadeza de alfarero que labra o deshace con sutileza. En toda la pieza, ese tono oscuro y luces unas veces en picada o en pequeños corredores, crean unos ambientes de olvido y desarraigo al personaje que increpa, a su vez, a los personajes imaginarios del monólogo, que bien puede ser cualquier espectador, acerca de su homofobia o su vacío de nicho afectivo que se ha extraviado en las fosas de la impotencia de una puta callejera donde ya no hay nadie, ni nada, solo hace frío en esa multitud de desnudeces arrancadas a la noche, cuando la terquedad del abandono quisiera arroparse en las estrellas, al mejor estilo de la sensación de arrojamiento y soledad del famoso cuadro de Van Gogh, “La noche estrellada” y el cuerpo ya tirado en el piso, como al final de la obra, ya es solo carne y hueso de una ausencia.

La obra de la Compañía Tropo Non Tropo, nos llevó la noche del 2 de octubre en la sala del Tich, a una paradoja en su forma de bello viaje que hizo deslizar terciopelos como sombras ahogadas y con las que los dos artistas teatrales, nos hicieron vivir momentos desde la ficción en donde el recuerdo o la resistencia de la memoria al olvido es la prolongación de la vida misma.

* Director, actor de teatro y escritor.