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Un sueño ligero, intencionalmente inocuo

Por: Rafael Santander

Fecha de publicación: 30/09/2025

El viernes 26 de septiembre la Compañía criolla de Argentina presentó su versión de Sueño de una noche de verano titulada Sueño en el auditorio de la Universidad Nacional en el marco del Festival Internacional de Teatro de Manizales. Si bien al final hubo muchos aplausos y durante la representación hubo carcajadas, incluso algunas mías, no puedo decir que la disfruté.

El año pasado la Compañía estuvo en el Festival también. Me entusiasmé con su trabajo gracias al monólogo El brote, que tomaba unos pocos elementos de La tempestad y con ellos construía una obra crítica de la industria cultural, llena de humor y, además, capaz de suscitar emociones profundas —algo que no podría lograrse sin un buen conocimiento de la obra de Shakespeare, creatividad para la adaptación y una impecable ejecución técnica en el escenario.

Por esto mismo, quizás, mis expectativas eran muy altas para este montaje y de ahí viene mi decepción. Sueño es una obra con cuatro actores que interpretan entre cuatro y cinco personajes cada uno durante una hora. Su ritmo es frenético: canto, baile, combate escénico, diálogos rimados y un tempo veloz se entremezclan con numerosos cambios de escena tan fluidos que se siguen sin pausas aparte de las planteadas por el texto, rupturas de la diégesis que están igualmente ensayadas y puestas en escena, pausas que son también interpretadas y que no son ni se sienten como pausas. El montaje es complejo para sus intérpretes, en términos técnicos y de ejecución la compañía mantiene su estándar. Mis cuestionamientos tienen más que ver con el texto, el proceso de adaptación y aquello que dice Shakespeare pero que ya no está presente.

Así como la obra dramática comenta el mundo, su puesta en escena comenta la obra dramática, independientemente de que se quiera o no. Más aún cuando se trata de textos clásicos y, sobre todo, cuando hablamos de William Shakespeare, el más famoso de los dramaturgos en occidente. Interpretar una obra es entrar en diálogo con esta: las adiciones, los cambios y las omisiones con respecto al texto original hablan con fuerza.

Estas ideas facilitan el comentario: la Compañía criolla toma Sueño de una noche de verano y —asumo que con fines prácticos— reduce su extensión, suprimiendo dos líneas argumentales de la obra. La primera, el matrimonio de Teseo e Hipólita, que se menciona pero no se aborda, probablemente por el poco peso dramático que tiene, sin considerar su relevancia temática y la segunda, la reunión de los artesanos para realizar el montaje de la tragedia de Píramo y Tisbe. Ambas son clave para la obra: la dramaturgia shakespeariana entreteje con mucho cuidado los hilos argumentales y los utiliza todos para su exploración temática.

La presencia de Teseo enmarca el conflicto de Herminia en un contexto político. La ley ateniense la obliga a elegir entre morir, hacer un voto de castidad o casarse con Demetrio, pues es el favorecido de su padre. Ella huye con Lisandro al bosque buscando un territorio fuera de la jurisdicción de Atenas y en este desplazamiento geográfico vemos también que se configura una oposición clásica entre civilización y naturaleza, lo cual dado el tema de la ensoñación, también sirve para separar los planos de vigilia y sueño o realidad y fantasía, tanto así que al inicio del cuarto acto, después de levantado el encantamiento de Oberón, los personajes recuerdan toda su experiencia en el bosque como si hubiera sido un sueño.

En el caso de Sueño, si bien se establece que Herminia es una mujer que se niega a casarse con Demetrio y que será condenada a muerte de negarse, el montaje no toca el tema del poder estatal, del duque o del padre, sino que hace énfasis en la rebeldía de Herminia, una más relacionada con la natural desobediencia adolescente que con cualquier cuestionamiento al poder.

Al no haber un representante del poder institucional fuertemente establecido en el primer acto y ante una escenografía funcional sin cambios que permite transiciones ininterrumpidas de escenas presentadas en un flujo constante a partir de la puesta en escena, no se siente una fuerte delimitación territorial. Así, al atravesar el umbral que separa Atenas del reino de las hadas no sentimos que los personajes pasan de un mundo a otro, limitando las lecturas posibles de la obra. Por ejemplo, el bosque puede leerse como un espacio de resistencia contra este poder representado por la ley ateniense, involucrando aquello con lo que se lo relaciona: el sueño, la fantasía y la magia; además, con el epílogo del hada Puck, sugiriendo que la obra pudo haber sido solo un sueño, también le otorga al teatro este poder subversivo. Estas lecturas se pierden cuando se pierde el límite entre los espacios y no se fragmenta el tiempo mediante los cambios de escena, pues el espacio y el tiempo aquí se tratan como algo continuo, fluido y homogéneo. Una lectura adicional podría sugerir que así como en los sueños, en el montaje de la compañía el tiempo y el espacio no se rigen por lógicas tradicionales, pero esto no se elabora posteriormente, de manera que aquí tampoco se realiza ningún comentario.

Por otro lado, desaparece la subtrama que en el texto original ubica un grupo de artesanos que ensayan a escondidas una representación de la tragedia de Píramo y Tisbe para el matrimonio del duque y obtener de ello una pensión — y que resuena con lo que parecen ser las circunstancias en las que la obra fue escrita y representada, para el matrimonio de algún noble inglés—. Esto es reemplazado por una línea argumental en la que los propios actores de la compañía montan esta tragedia para Teseo y al final la representan. Uno de los mejores momentos del montaje en términos de humor, pero que me dejó con el mal sabor en la boca.

La omisión de los artesanos cambia el discurso de la obra. El calderero, el tejedor, el sastre, el carpintero, son esenciales en su contexto, su oficio es creador: ellos transforman las materias primas en objetos útiles. Al hacer de los artesanos también actores, Shakespeare emparenta estos oficios, habla del actor —el artista— como artesano y obrero y lo ubica en el mismo lugar en el entramado social. Al eliminarlos se elimina otro comentario político y cambia también la representación de la tragedia de Píramo y Tisbe del final, que en el texto está planteada como una mala obra hecha con las mejores intenciones desde una ignorancia de la técnica escénica y, por esto, graciosa. Los actores de la Compañía criolla, con su intencional mala representación de la tragedia se pintan a sí mismos como incompetentes, haciendo humor denigrante autorreferencial, muy popular en otros formatos escénicos, por ejemplo, el stand-up.

La supresión de elementos contextuales y del subtexto político presente en Sueño de una noche de verano no representan solo una pérdida del comentario más superficial, aunque pareciera que esta omisión pretende esto, suprimir posibles lecturas políticas de la obra con el objetivo, quizás, de hacer un montaje más amigable para todo público, para familias, para niñas y niños o de que no incomode a algún sector de la población. Con esto, se reduce también el potencial humorístico que el propio contexto con su subtexto facilita, forzando la recurrencia a otras formas de humor más «políticamente correctas» como el humor físico y el autorreferencial que no incomodan a nadie, pero que por esto mismo tienen menos poder y no estimulan el pensamiento. Aparte de la exhibición del virtuosismo técnico de los actores de la Compañía criolla, no hubo mucho más teatro en Sueño.