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Una ferretería de Corea del Norte: brevísimas reflexiones sobre Volúmenes del presente de Juan Sebastián Oliva

Por: Tomás Marín Puerta *

Fecha de publicación: 22/06/2026

Hace poco mi algoritmo de Instagram me recomendó un reel que mostraba una tienda en Dubai, a simple vista colmada de una variedad de productos de la canasta familiar, que comercializaba versiones squeezable de artículos de grandes empresas de abarrotes. Los nombres de Colgate, Ariel, Coca Cola, Nutella, Ajinomen, entre muchos otros, acaparaban los estantes del negocio. Aunque en un primer vistazo su apariencia pudiese generar la ilusión de que se trataba de víveres comunes y corrientes, la opacidad de sus superficies, sus bordes carentes de ángulos y el gran tamaño de los empaques evidenciaban que aquellas eran falsificaciones ¿Tendrían permiso de uso de marcas? En los comentarios de la publicación los usuarios opinaban que tal emprendimiento era un despropósito, que no tenía sentido, que era una fachada para lavar dinero y que lo único que producían era basura difícil de degradar para el medio ambiente. Coincidía con las réplicas, salvo quizás las que afirmaban que así eran los supermercados de Corea del Norte ¿Sabía alguien a ciencia cierta cómo eran los almacenes del régimen de Kim Jong-un?

No resulta difícil trazar aparentes paralelos entre aquella tienda medioriental y la exposición de grado, Volúmenes del presente, del artista Juan Sebastián Oliva, inaugurada el lunes 4 de mayo a las 6:00 p.m. en el primer piso del Centro Cultural Universitario Rogelio Salmona, en una sala contigua a la entrada del joven Museo Universidad de Caldas y con curaduría a cargo de Sebastián Rivera, profesor del programa de Artes Plásticas de la Universidad de Caldas y asesor de tesis de Oliva. La muestra exhibía réplicas hechas en cerámica de herramientas de uso cotidiano tales como atomizadores, mosquetones, alicates, tijeras, tubos y un pequeño tarro de popper, alivio cómico dentro del solemne recinto; también se encontraban expuestos algunos de los moldes que sirvieron para producir aquellas réplicas de arcilla. Quizás la pieza que generó más revuelo, conjeturado por la cantidad de stories que vi sobre ella en Instagram, era un reluciente y agrietado atomizador a tamaño real, adornado con barnices y añadidos que simulaban muy convincentemente la textura del moho y la descomposición, demostrando la notable pericia de su autor con el manejo de la cerámica y los engobes.

En cuanto a las temáticas tratadas por la muestra, encontré que se proponían dos líneas oficiales al respecto. La primera, difundida por Rivera a través del texto curatorial que hizo para la exhibición, planteaba que el proyecto de Oliva era “un pequeño sabotaje a la lógica utilitaria” que le da sentido a las herramientas dentro de la sociedad contemporánea: si un alicate no sirve para agarrar, cortar o doblar entonces ¿merece que se le dé atención alguna? señalando a su vez que la materialidad de las obras, un medio delicado como la cerámica, representaba una propuesta “donde lo industrial se vuelve frágil, donde lo rígido se vuelve poroso, donde lo exacto se permite el error” (Rivera. S, comunicación personal, 4 de mayo de 2026).

La segunda perspectiva la ofrecía la cuenta de Instagram del MUC (2026) en una publicación, subida el 28 de mayo a modo de cierre de la exposición, donde se citaba el texto La belleza del objeto cotidiano del autor japonés Soetsu Yanagi, concretamente un extracto en el que este, primero hacía un elogio de la creación artesanal: “La mano es el don más precioso que la naturaleza ha concedido a la humanidad. Sin ella, la belleza no existiría”, para luego proceder a lamentarse por la proliferación de la manufactura automatizada a cargo de las máquinas. El post sugería una mirada distinta a la aludida por Rivera, una centrada en la dicotomía entre lo manual y lo industrial, en donde lo más importante no es preguntarse por la razón de ser en el mundo contemporáneo de una herramienta que no puede cumplir función alguna, sino reflexionar sobre el valor de la creación análoga en una época en la que prima la rapidez y la mecanización.

Ahora bien, yo me aventuraría a proponer una tercera mirada de la muestra como un espacio donde simplemente se resalta el valor estético que poseen los objetos de nuestro día a día. Porque probablemente la mayoría de nosotros usamos atomizadores a diario, pero cuántos nos hemos detenido a detallar su diseño, las diferencias que existen entre el atomizador para limpiar la mesa del comedor, el que mantiene húmeda la arcilla en el taller de cerámica, el que rocía alcohol en las máquinas del gimnasio, el que desinfecta los consultorios médicos, el que humedece el cabello en las peluquerías. Considero que Volúmenes del presente es, antes que nada, un elogio a la disciplina del diseño que invita a contemplar la belleza de los objetos en general, más allá de su carencia o no de utilidad y de la forma en la que estos fueron manufacturados.

Dicho esto, me hubiese encantado que Oliva se hubiese atrevido a experimentar más con el espacio de exhibición, a saber, cambiando alguno de los enchufes o de las luces por copias hechas en cerámica (siguiendo obviamente protocolos que garantizaran que no existiesen riesgos de electrocución para los asistentes) o tal vez proponiendo un diálogo directo con la materialidad de la estancia: las paredes, puertas o el suelo. Incluso, hubiese sido interesantísimo que el artista hubiese planteado el montaje de la exposición como un ejercicio performático abierto en el que las piezas de su autoría terminasen mezclándose y dialogando con las herramientas de ensamblaje del MUC.

Pese a sus similitudes, a diferencia de la tienda de conveniencia de “juguetes” dubaití, la muestra de Oliva sí que me gustó y me parece muy valiosa, no sólo porque se aleja y de alguna forma crítica las lógicas mercantiles de producción y consumo masivo que dan como resultado, entre otras cosas, el nacimiento de aquella tienda viral del Medio Oriente, sino porque, a nivel local, sus cuestionamientos van más allá de los cómodos lugares comunes a los que la mayoría de estudiantes del pregrado de Artes Plásticas recurren al momento de proponer su proyecto de grado: lo íntimo, el hogar, la pérdida, el duelo, el cuerpo, el archivo personal, etc.

Aunque en últimas lo verdaderamente importante es preguntarse si Volúmenes del presente evidencia cómo se ven las ferreterías de Pionyang. Pero eso ya tendrá que explicárselo Oliva al Bowibu.

REFERENCIAS:
Museo Universidad de Caldas. [@museo.muc]. (28 de mayo de 2026). ✨Soetsu Yanagi, en La Belleza Del Objeto Cotidiano, dice: “El arte popular debe ser, necesariamente, un arte manual. [Fotografías]. Instagram. https://www.instagram.com/p/DY4s5ZFFirf/?img_index=1

* Tesista Artes Plásticas Universidad de Caldas. Integrante del Semillero de Mediaciones y Teorías del Arte Contemporáneo.