Por: Germán Sarasty Moncada*
Fecha de publicación: 02/06/2025
Al dejar el avión, mi hija Alejandra y yo, en el aeropuerto John F. Kennedy (JFK), ubicado en el barrio de Queens de Nueva York, quedamos a 26 kilómetros del centro de la metrópolis. Este es el más grande de los tres que operan en el área metropolitana y de Estados Unidos, es el aeropuerto con mayor cantidad de entradas de pasajeros internacionales y también de encomiendas nacionales e internacionales. En 2023, el aeropuerto recibió 62.440.306 pasajeros.
La aventura continua, pues como de antemano habíamos escogido un hotel Marriott Residence en Jersey City, un condado a 30 minutos del centro de NY en bus, en donde encontraríamos, a mitad del precio de uno similar de los de Nueva York. Para llegar allí teníamos que utilizar transporte multimodal así: El JFK AirTrain, un tren sin conductor que circula las 24 horas del día, 365 días al año entre las distintas terminales del aeropuerto JFK y lo conecta con dos estaciones de metro cercanas. Luego metro de superficie y subterráneo, hasta la estación de bus Port Authority Bus Terminal, a una cuadra de Times Square y allí bus que recorrería en 25 minutos la autopista hasta la entrada al Túnel Lincoln que atraviesa en una longitud de unos 2,4 km bajo el río Hudson. El bus nos deja a una cuadra del hotel y opera las 24 horas. Jersey City es la segunda ciudad más poblada del estado estadounidense de Nueva Jersey, según el censo de los Estados Unidos de 2020, la población de la ciudad era de 292.449
Hemos decidido no armar planes como tal, sino salir a ver que nos antojaba hacer, comer donde quisiéramos y lo que apeteciéramos, caminar, montar en bus, en metro, eso sí vagar a buen ritmo, pero con calma, pues es mucho lo que se ofrece a la vista, el oído, el olfato, el gusto y todo lo demás. Obvio había unos imperdibles, como el Times Square, la Zona Cero, One Vanderbilt, las librerías, Central Park, la quinta avenida y algunos otros sitios, aunque ya los conozcamos. Es que en esos cinco distritos: Manhattan, Brooklyn, Queens, Bronx y Staten Island, es mucho lo que se ofrece.
El primer asombro lo tenemos en los medios de transporte público, la cantidad y variedad de personas de diferentes orígenes, razas, colores, olores, apariencias, formas de expresión, etc. es increíble. Constituye un vaivén permanente y se sorprende uno de la seguridad con la cual se desenvuelve la gente en el mundo. En la calle los contrastes son increíbles, pues se ve la opulencia, al igual que la carencia, la exuberancia y la penuria, el desaseo y la pulcritud, la salud y la enfermedad, pero no es segmentado, todos conviven y la calle es la mejor vitrina para darnos cuenta los estados tan lamentables en que sobreviven muchos seres humanos.
Al recorrer en bus la ruta que nos separa del hotel, podemos contemplar con asombro la magnitud de las obras públicas: túneles, puentes, autopistas, parqueaderos gigantescos, pasos elevados, etc. Constituye un movimiento perpetuo de demoliciones, adecuaciones de terrenos para edificaciones, y es por todo lado. Igualmente en las grandes tiendas y en las no tan grandes, cambios en las exhibiciones para atraer nuevos compradores, o adecuaciones a las modas emergentes. Es una ciudad en construcción, demolición, reconstrucción, y remodelación permanente. Además despierta las 24 horas.
En la ciudad hay alrededor de un millón de edificios, entre rascacielos, bloques de apartamentos, brownstones, bungalós, tiendas, grandes almacenes, ultramarinos, talleres mecánicos, colegios, iglesias, hospitales, y similares. Nueva York tiene más de 6.400 edificios con una altura superior a los 100 metros. El edificio más alto de Nueva York es el One World Trade Center, que tiene 541 metros de altura. Este edificio se construyó en 2014 en el lugar donde estaban las Torres Gemelas. También stand: One World Trade Center (541 m), Central Park Tower (472 m) , Steinway Tower (435 m) y One Vanderbilt (427 m).
One Vanderbilt es el cuarto en la lista de edificios más altos de Nueva York. Inaugurado en septiembre de 2020, en él lo moderno y funcional se fusionan en un solo espacio. Este elegante edificio de cristal y metal de 427 metros de altura y 93 pisos, tiene una inspiradora aguja en su cima, de 30 metros de altura y cuenta con un maravilloso observatorio. Aunque se utiliza sobre todo para oficinas, One Vanderbilt también es un placer para los turistas de Nueva York. En este espectacular rascacielos que se haya junto a Gran Central Terminal, en pleno Midtown (otro sitio emblemático que aprovechamos para echarle una mirada), se encuentra el nuevo mirador de Nueva York, SUMMIT.
Desde el inicio de la experiencia de entrar a ese lugar, se siente uno asombrado pues subir a un ascensor en el primer piso, esperar que se llene con destino al piso 91, es la aprehensión de pensar cómo será ese arranque tan violento para subir sin parar hasta esa altura. Las puertas se cierran y uno no sabe qué pasará, pues nada se mueve, después de 50 segundos las puertas se abren en su destino, 300 metros más arriba. Increíble. Luego vendrá otra sorpresa, en los tres pisos del mirador, en donde tanto las paredes como los pisos son de cristal. Se domina en 360 grados, hacia abajo, todo Manhattan. Uno se siente caminando en el aire y al acercarse a las paredes externas produce una sensación de libertad, tal como si uno pudiera volar. Como todo es de vidrio, puede uno ver las personas que están en el piso de arriba y a los del piso inferior, pues son tres pisos de mirador. Los carros, las edificaciones y todo lo demás parecen miniaturas. En esa visita en uno de los costados estaban construyendo casi a esa misma altura, otro edificio y se veía a obreros, ingenieros y ayudantes laborando, otro espectáculo.
El último piso, el 93, es una terraza con una de las mejores panorámicas de Nueva York en la que además puedes ir de compras o tomar algo en una cafetería diseñada por la innovadora firma noruega Snohetta. Puedes sentarte a descansar del recorrido, comprar algún suvenir, tomarte una copa de vino rosado por solo US$26, o algo más económico como un café y un croissant, es de gustos, pero después de estar en esa cima, qué importa.
Times Square, situada en la esquina de la avenida Broadway y la Séptima Avenida, denominada así por la cercanía de las oficinas de The New York Times, conocida como el sector más céntrico de la ciudad, constituye un sitio obligado para el visitante ocasional o reincidente, pues allí confluyen todo tipo de culturas con sus lenguas, vestimentas, y demás características. La zona está formada por las manzanas situadas entre las Sexta Avenida y Octava Avenida que constituyen la parte occidental de la zona comercial del Midtown de Manhattan, por su animación y por la llamativa y permanente publicidad luminosa. Pantallas LED gigantescas como televisores están en continua interacción con el público. También es famosa por sus vallas con las principales marcas globales.
Además de ver desfilar el mundo por todos los costados, el programa es sentarse en las escalas rojas solamente a mirar y a tus ojos desfilarán los más extravagantes personajes, las más dulces criaturas de Disney, los consumidores de drogas o de alcohol, los desarrapados, los disfrazados y a veces uno que otro semidesnudo, además de los que hablan solos, o los que mendigan la caridad pública.
Las tiendas de suvenires pululan, y los almacenes de marcas insignia pueden también encontrarse, las solas exhibiciones de sus productos, son todo un espectáculo, como: la de M&M’s Store, que vende los famosos chocolates de todos los colores, la Disney Store, con dos pisos llenos de cosas de Disney, Hershey’s Chocolate World en donde encontraras los «kisses más grandes». También hay marcas de ropa famosas, como H&M, Forever 21 o Gap, y un Sephora para cosméticos. Si buscamos restaurantes temáticos encontraremos el Hard Rock Café y Bubba Gump y de museos contamos con el más famoso de cera, Madame Tussauds. También son espectaculares los musicales y otras obras que se presentan en unos 40 teatros en la zona.
La Quinta Avenida es una de las principales arterias del centro de Manhattan. Los apartamentos de lujo y las mansiones históricas, son un símbolo de la bonanza económica de Nueva York. El sector de la avenida entre las calles 34 y 59, es una de las zonas de compras más exclusivas del mundo. Muchos de los edificios destacados de Nueva York están situados en la Quinta Avenida, en el Medio Manhattan y en el Upper East Side. En el Medio Manhattan están el Empire State Building, la Biblioteca Pública de Nueva York, el Rockefeller Center y la Catedral de San Patricio.
Entre la calle 34 y la 60 se encuentran lujosos comercios, incluyendo Tiffany & Co., Cartier SA, Burberry, Ermenegildo Zegna, Gucci, Louis Vuitton, Chanel, Prada, Hermès, Salvatore Ferragamo, Dolce & Gabbana, Bvlgari, Rolex, Emilio Pucci, Armani Exchange, Coach Inc., Escada, Façonnable, Christian Dior, Victoria’s Secret, Lacoste, Fendi, Versace, Kenneth Cole, Saks Fifth Avenue, Emanuel Ungaro, H&M, Hollister Co, Abercrombie & Fitch, Banana Republic, Hugo Boss, Zara, Tommy Hilfiger, United Colors of Benetton, Nike, Cartier, Diesel, Gap, Armani, Van Cleef & Arpels, Godiva y Swarovski.

Recorrer parte del sector constituye un banquete para los sentidos, las joyerías nos deslumbran, los almacenes de ropa y calzado constituyen toda una provocación, las vitrinas nos atraen con fruición y ansias de posesión, las exhibiciones y las vitrinas son casi obras de arte, aunque efímeras, ese constante ir y venir del público con bolsas con los logos mas apetecidos del mercado, nos dejan meditando sobre el consumismo que nos invade, a veces sin percatarnos, así funciona la economía. No faltan las tiendas de segunda con una oferta tentadora de ropa, accesorios y otras cosas.
Para los amantes de las novedades literarias es punto obligado entrar a las librerías y si se trata de Barnes & Noble, abierta en 1932, uno de cuyos puntos está en la Quinta Avenida, constituye un placer visitar la mayor librería de cadena los Estados Unidos. En este sitio como en otros, se dispone de un Starbucks Coffee, y allí se pueden conseguir igualmente revistas, periódicos, novelas gráficas, regalos, juegos y música.
Recorrer los pisos y sus estanterías perfectamente clasificadas, encontrar novedades al igual que clásicos de literatura, filosofía, economía, administración y otros tópicos es un placer. Tener a la mano libros en varios idiomas, ediciones, tamaños y temáticas, es una dicha. Saborear un café y degustar un postre sentado viendo como la gente se culturiza, es un espectáculo.
Ahora si buscamos libros de segunda, en buen estado y precio favorable, debemos ir a The Strand Bookstore, una librería independiente ubicada en 828 Broadway, en la esquina de East 12th Street en el vecindario East Village. Allí en varios pisos encontraremos tanto libros nuevos, como usados en magnificas condiciones y a uno precios muy favorables. En el sótano hay una gran variedad de libros en español, francés, alemán y otros idiomas. Además de libros también hay disponibles elementos de papelería, dibujo, música, diversión y otros. En la parte de afuera del establecimiento hay estanterías con libros disponibles a muy bajo precio (3 a 7 dólares), usted los escoge, entra y paga. Sorprende ver clientes con canastas como si estuvieran en un supermercado, alimento para el espíritu. El eslogan “donde los libros son amados”.
Sitio obligado de encuentros en Manhattan representa el Central Park en donde convergen más de 40 millones de visitantes al año. Con un área rectangular de 4.000 metros por 800 metros constituye una gran mancha verde en medio de tanta construcción, es un gran pulmón para la metrópoli y allí encontramos un gran sitio de diversión y esparcimiento, propicio para el deporte al aire libre, la lectura reposada y una reconfortante siesta sobre su césped. Además de su bello diseño con arboles majestuosos, plantas ornamentales, monumentos a personalidades, prados bien cuidados y amplia variedad de pájaros, tiene varios lagos artificiales y túneles que conectan diferentes aéreas, al igual que pistas de patinaje y canchas deportivas. En sus costados y a la entrada del parque es típico ver estacionados los famosos food trucks, camionetas acondicionadas con mostradores a cada lado en donde se ofrece todo tipo de manjares de comida rápida, como perros, hamburguesas, pizzas, todo con sus respectivas salsas y acompañantes, papitas fritas, ensaladas, etc., al igual que gaseosas, bebidas hidratantes, frutas y otra cantidad de productos agradables a la vista y al gusto. Es una delicia y parte del programa, comprar allí y degustar sentados en el césped o en cualquiera de las bancas del parque.
En uno de los costados y sentado en un muro al lado de la acera, contemplando el Trump Central Park Hotel, hotel de cinco estrellas con un restaurante con dos estrellas Michelin, y el cual afirma, ofrecer un estilo impecable, un servicio espectacular y comodidades de lujo, incluido el servicio, lo comprobé cuando al arribar una camioneta Mercedes Benz, pude ver como alguien muy elegante se bajó con un portafolio de cuero en su mano, en ese instante salieron como cinco botones a recibirlo y a bajar su equipaje, que derroche de servicio o de zalamería, me pensé, pero mis cavilaciones fueron interrumpidas por el paso en la acera, enfrente de mí, de un vagabundo con la mirada perdida, desarrapado, mugriento, caminando mirando al piso y oliendo muy feo, qué contraste en la misma visual, la opulencia y la indigencia.
La ciudad de los contrastes con una infraestructura pública asombrosa, un control permanente del tráfico del cual no hacen parte las motos, como en nuestros países, no hay sino las de la policía, los olores son una mezcla de agradables, hasta pestilentes, con una presencia en las calles de muchos sitios pasados a marihuana y otros nauseabundos hedores. Hay indigencia notable, niños vendiendo dulces en las estaciones o en vagones del metro, personas recolectado cartón y plástico que luego venderán por centavos, pero es su fuente de ingreso. Desfile de carros de lujo y otros de alta gama. Aparente seguridad en las calles y ventas de artículos para todos los gustos y los bolsillos. Una fascinación.
La Grand Central Terminal es la estación de tren más grande del mundo, inaugurada el 2 de febrero de 1913. La primera sorpresa la constituye el enorme vestíbulo de la estación, que mide 114 metros por 36 metros, con un piso impecable, un rio de gente buscando en las pantallas informativas el arribo o la salida de su interés, la taquilla correspondiente a su viaje o el sitio de llegada, para estar pendiente. Otros haciendo fila ordenadamente para comprar su billete y otros como nosotros observando el mundo correr. Tiene un techo de 38 metros de altura del cual cuelgan hermosas lámparas que dan vida a esa gran área. En el techo pueden apreciarse las pinturas de César Helleu, que representan las constelaciones.
Lo más destacado de Grand Central, además de las bellas escaleras y balcones, es el reloj de cuatro caras encima del panel que indica las salidas y llegadas, con sus horarios. Cada día más de 750.000 personas pasan por la estación y a pesar de eso el aseo y la presentación son impecable. El área alrededor de la estación cambia constantemente, una de las más recientes incorporaciones es el rascacielos One Vanderbilt, que acoge el Summit Observation Deck.
Aprovechar para ir de compras es todo un espectáculo, por las personas que uno ve, sus reacciones, sus afanes por encontrar lo buscado y la satisfacción al lograrlo, el consumismo en acción. No puede faltar la visita a una de las grandes superficies de aquellos almacenes en los que se encuentra todo lo imaginado y otras cosas, desde una fina loción, hasta una útil herramienta. Lo mismo ocurre en las grandes cadenas: Macy¨s, Walmart, Target, Levi´s, Victoria´s Secret y un largo etcétera. Tomemos como ejemplo ésta última.
Ingresar a un icono de la moda femenina en plena Quinta Avenida, constituye una experiencia imperdible, eso es lo que se siente en la tienda de Victoria´s Secret, pues desde la entrada se inicia la exposición con una bella modelo a un costado de la entrada principal, en una sesión fotográfica, con una flor en su mano, su sonrisa cautivadora y una indumentaria como un pleonasmo, a la moda. En varios pisos con una elegante decoración y una muy bien lograda exhibición que invita a comprar, pues como afirman, tiene tallas para todos los cuerpos.
Desde el momento en que se cruza la entrada, el ambiente elegante y glamuroso envuelve a los visitantes. La iluminación cálida, la música envolvente y la fragancia característica de la marca crean una experiencia sensorial incomparable. Los enormes carteles con imágenes de las famosas “Angels” de Victoria’s Secret decoran las paredes, mientras que los displays cuidadosamente diseñados muestran las últimas colecciones de lencería, ropa deportiva, pijamas y fragancias.
La atención personalizada, sin afanes ni reproches, ayuda a los clientes a sentirse cómodos y dispuestos a escuchar los consejos de la moda de acuerdo con las edades, caprichos y apetencias de los compradores, siempre hay una talla, un estilo y un color que encanta y esa camaradería de las dependientes logra una complacencia con los clientes.
En resumen, una visita a Victoria’s Secret en la Quinta Avenida va más allá de la simple compra de productos; es un recorrido por un mundo de lujo, belleza y sofisticación que deja a cada visitante con una sensación de exclusividad y estilo.
Visitar la Zona Cero en Nueva York es una experiencia profundamente conmovedora y reflexiva. Ubicada en el bajo Manhattan, esta área es el sitio donde se erigían las Torres Gemelas del World Trade Center, antes de los ataques del 11 de septiembre de 2001. Hoy en día, el lugar ha sido transformado en un monumento conmemorativo y un símbolo de resiliencia.
El recorrido suele comenzar en el 9/11 Memorial, un impresionante homenaje a las víctimas de los atentados. Dos enormes fuentes cuadradas ocupan el lugar exacto donde se encontraban las torres, con cascadas de agua que aparece, cae y luego desaparece en un vacío, simbolizando la pérdida y el recuerdo. Alrededor de los bordes de las fuentes, los nombres de las casi 3.000 víctimas están grabados en paneles de bronce, permitiendo a los visitantes rendir homenaje en silencio.
El Memorial 11-S cuenta también con un museo que expone una colección de más de 10.000 objetos recuperados de los escombros, que pertenecieron a las víctimas y a las personas que trataron de socorrerlas tras el atentado. Se inauguró en mayo de 2014 y documenta la historia y el significado que tuvieron los ataques. El museo alberga una impresionante colección de objetos recuperados de los escombros, grabaciones de llamadas de emergencia, testimonios de supervivientes y restos de estructuras del World Trade Center. Entre las exhibiciones más impactantes están el “Last Column” (la última columna en pie tras el colapso de las torres) y el “Survivor’s Staircase” (la escalera por la que muchas personas lograron escapar).
A través de imágenes y grabaciones junto a la voz de bomberos, policías y supervivientes, se pueden apreciar objetos como fragmentos de cristal de las ventanas de las torres y artículos de oficina abandonados, documentos bancarios, diskettes, fragmentos de los aviones que quedaron en las calles, en medio de una especie de neblina, puro polvo de los escombros. En las grabaciones está el testimonio de los que dejaron truncados, los sueños por realizar, las conmovedoras historias de cada uno.
Apareció la muerte igualadora pues era una estructura indestructible, una cimentación más que apropiada y así y todos perecieron ejecutivos, administrativos, personal de servicios generales, visitantes, y algunos curiosos. La televisión anunciando un extra, “véanlo en las noticias, un avión acaba de impactar el World Trade Center”, creyeron era un accidente. El terror cundió, no solo por lo que estaba pasando, sino por lo que seguiría.
En conjunto, la visita a la Zona Cero no solo permite recordar a quienes perdieron la vida, sino que también evidencia la capacidad de Nueva York para reconstruirse y seguir adelante. Es un lugar de memoria, respeto y resiliencia que deja una profunda impresión en cada visitante.
Queda mucho por describir de este apasionante reencuentro con Nueva York, del 23 al 30 de octubre de 2024, pero sirve de abrebocas para quien lo quiera realizar. Viajar es expandir la mente y la percepción de la vida, mientras podamos, no dudemos en hacerlo.
* Profesional en Filosofía y Letras Universidad de Caldas.