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“Cuarto de desahogo”

Por: Javier Humberto Arias Ospina*

Fecha de publicación: 14/09/2026

Pieza teatral: ¿Más allá del drama?

El marco convencional del teatro dispone un escenario o tablado al frente de un público y entre ambos la cuarta pared invisible, que hay que mantener bajo el ilusionismo y los recursos propios del drama o acción desarrollada por unos ejecutantes o actores que monologan, dialogan, saltan, cantan, danzan, etc., hasta el punto de culminar con un abrazador aplauso del público que desde unas butacas pareciera haber aterrizado de un viaje emocional, entre el llanto y la risa. ¿Y eso es ir a teatro?, se pregunta quien seguramente no ha tenido la oportunidad de vivir otras experiencias, como aquel avezado escritor colombiano que afirmó alguna vez que no iba a teatro, pues le fatigaba ver y oír a unos actores gritones tirarse la musicalidad y métrica de los versos blancos de Shakespeare. ¡Vaya!, con razón se dice que “la ignorancia más que una carencia es una llenura”.

Y esta especie de “desahogo”, me lo ha causado el asistir a una función de la obra “CUARTO DE DESAHOGO”, escenificada por el Grupo Teatral Tich de Manizales el pasado 3 de septiembre en la sede de Punto de Partida, del barrio Minitas de Manizales.

El texto dramático es de Diana Chery Ramírez, la dirección escénica de Piedad Jurado y las actuaciones de Leidy Yuliana Saraza Saraza (Ángela) y Elizabeth Castañeda González (Rebeca). Además, en la ficha técnica de la obra está Alejandro Silva en las luces y el sonido.

Y tal desahogo, porque esta pieza es breve, se lleva a cabo con el cuidado escénico de no trastocar la atención del espectador, pues desde el inicio sus actrices delinean cada detalle con la suavidad casi imperceptible de sus actos expresivos. Así que, desde un comienzo, se sucede la situación simple de dos mujeres: Las hermanas Ángela y Rebeca, atrapadas en los convencionalismos de una sociedad asfixiada en sus ritualidades frente al amor y los valores fundantes de una familia nuclear tradicional, a la que le deben un comportamiento digno de la escala de valores que rige para ellas como mujeres con relación a su libertad, afectividad y sexualidad, el aborto y la infidelidad principalmente.

Una de ellas, la joven Ángela, se refugia en el alcohol como fuente de desahogo emocional, para declarar su rebeldía y rechazo ante la infidelidad de su marido y la condena o encierro a la que es sometida por las apariencias. La otra, Rebeca, hermana mayor, es la típica mujer asustadiza que decide encerrarse en sí misma y es quien, paradójicamente, pretende encontrar las llaves que Ángela sabe guardar para escapar del cuarto de desahogo y al que renuncia, pues poco le significa en su condición de sometimiento.

Precisamente, he escrito “Texto dramático” y no obra, pues en dramaturgia se escribe para ser representado y solo existe como tal durante la presencialidad efímera de una función ante un público, lo que genera una estética de recepción siempre renovadora.  Y este ha sido el reto de las actrices que logran crear ante los ojos de los espectadores esa performancia corporal, temporal y espacial requeridos para su justa expresión, sin adornos o figuraciones, más allá de los que exige el momento de la ejecución o el mismo acto de la representación. Y ese es el aporte de estas manifestaciones intimistas del teatro en la actualidad.

Esta puesta en escena titulada “Cuarto de desahogo”, lleva a pensar en la propuesta contemporánea de un teatro liminal que irrumpe los modos tradicionales de piezas dramáticas y que nos hace preguntar: ¿Es eso teatro? El espectador siente que su recepción es trastocada bellamente por los actos poéticos y dramaturgia del actor llevados con limpieza y buen sentido, como es el caso de esta obra, y que nos sigue reconciliando con la fuente del teatro, expuesto por el dramaturgo Peter Brook: “Interpretar requiere mucho esfuerzo. Pero en cuanto lo consideremos como un juego, deja de ser trabajo. Una obra de teatro es juego”. Y a eso le apuestan estas dos jóvenes y talentosas mujeres de la escena manizaleña, en la obra “Cuarto de desahogo”.

Además, el Teatro, como arte de la presencialidad, es el exponente de las “Artes vivas”, que permitió a la literatura surgir como narrativa de los mundos rituales de la memoria de la humanidad, aunque algunos sigan pensando, como el referido escritor, que el Teatro es un subgénero de la literatura y de manera asombrosa digan “no voy a teatro”.

* Mg en Educación y Cultura. Actor, director de teatro. Integrante Teatro Portátil.

Manizales, septiembre 13 de 2026