la cultura continúa como motor de encuentro, esperanza y recuperación para la ciudad

Manizales se adapta a los nuevos retos que dejó el sismo del pasado 10 de agosto y, en medio del proceso, la cultura continúa como motor de encuentro, esperanza y recuperación para la ciudad.

La Alcaldía de Manizales, a través de la Secretaría de Cultura y Civismo, trabaja en la reorganización y adaptación de las actividades programadas para el segundo semestre del año; se tienen en cuenta las condiciones actuales de diferentes escenarios culturales y se prioriza la seguridad de artistas, gestores y ciudadanos.

Desde la Secretaría de Cultura y Civismo se destaca que la Administración Municipal trabaja para fortalecer el sector y garantizar que las actividades culturales puedan desarrollarse y adaptarse a la nueva realidad de la ciudad.

Como parte de la estrategia, se proyecta la utilización de nuevos espacios provisionales y escenarios no habituales, que permitirán trasladar actividades y mantener activa la programación cultural de Manizales mientras desarrollan los procesos de recuperación y adecuación de los espacios que lo requieran.

La apuesta busca que la emergencia no signifique detener la cultura, sino encontrar nuevas maneras de llevarla a diferentes sectores de la ciudad, generar espacios para el encuentro ciudadano y brindar continuidad a los procesos de artistas y gestores culturales.

De esta manera, la Alcaldía de Manizales demuestra el interés con el sector cultural y trabaja en alternativas para que la música, el arte, el teatro, la danza y las diferentes expresiones culturales sigan presentes en la vida de los manizaleños.

La programación y los nuevos escenarios serán anunciados oportunamente a través de los canales oficiales de la Administración Municipal.

La vida entre sismos

 Desde mis tres o cuatro años de edad, tengo fijas algunas imágenes de eventos y situaciones, corroboradas por mi madre, como estar en un patio interior de tierra de una vieja casona de bahareque y ver a varios adultos corriendo de un lado para otro, igualmente ver a mi madre descender presurosamente por unas escalas de madera y llegar desesperadamente hasta el lugar donde me encontraba y  cargarme, cubriéndome completamente la cabeza y rezar implorando para que cesara el movimiento de la tierra y el golpeteo de las cosas a su alrededor.

La verdad, yo en medio del rifirrafe, alcanzaba a ver con agrado la manera en que se movían unos vetustos materos adornados de bellos geranios y helechos crespos y una lámpara con un pequeño techo metálico de color verde, que colgaba de una varilla y estaba amarrada a una guadua en una vieja pared de esterilla, la que también se movía y chirriaba, se oía un sonido grave como ronquido de moribundos y luego una especie de revoltijo de chatarras.

Pero lo más histriónico y chistoso fue presenciar el momento en que una de las señoras que vivían en aquella casa, se arrodillaba en el patio de tierra a unos dos metros de distancia del punto donde yo estaba parado con ojos de infantil asombro. Esta mujer, de unos cuarenta años de edad, de tez morena, lucía una cabellera blanca y trenzada que le llegaba hasta la cintura, vestía una falda larga como de un satín morado con estampas de flores de azalea. En una especie de soliloquio, gritaba al cielo unas frases apocalípticas que invitaban a las demás personas que se encontraban allí a arrepentirse de sus pecados y odios, pues eran, según ella, los signos inequívocos del fin del mundo y en el que seríamos todos juzgados como pecadores e impíos. A mi corta edad no entendía sus rezos y premoniciones, quizás sin saberlo, solo podía disfrutar de su divertida representación.

Al cabo de mucho tiempo, cuando recordé a mi madre esas imágenes de los primeros años de mi vida, ella me contó que se trató del terremoto sucedido en el año de 1962 y el cual se sintió fuertemente en Manizales y en toda Colombia.

Este evento, nos contaba frecuentemente mi madre, ocurrió el día 30 de julio a eso de las 3 de la tarde y dejó un saldo de dos muertos en la ciudad. Uno de ellos, el reconocido hombre de la música Guillermo González Ospina, autor de la letra del pasodoble Feria de Manizales, como consecuencia del golpe que recibió en su cabeza al caerle uno de los guijarros de pared o revoque desprendido de uno de los edificios, al salir corriendo despavorido en busca de refugio. En este terremoto resultó severamente afectada la Catedral de Manizales. Curiosamente se cuenta que el compositor González Ospina, días antes, en una tertulia que llevaban a cabo en un café llamado Tropicana, había presentido su muerte, pues había sentido premonitoriamente el terremoto en el que seguramente él moriría, como así ocurrió. El otro muerto fue un hombre que falleció de un infarto ocasionado por el pánico. Contaba mi madre que en la región fueron cerca de cincuenta muertos el saldo trágico de dicho terremoto y la destrucción de varias edificaciones, especialmente en las ciudades vecinas de Pereira y Armenia, ambas aún municipios del Departamento de Caldas.

Curiosamente, la víspera del terremoto del pasado diez de agosto del presente año, también, esa noche de domingo, comencé a experimentar una extraña sensación de presentimiento de algo tenebroso y devastador. Solo yo era capaz de guardar en el silencio ese estado de conmoción, pues comunicarlo a alguien no constituiría más que las exageraciones de un hombre sexagenario, que regresaba con las imágenes fijadas en la memoria prodigiosa de hace más de sesenta años, cuando el pavoroso terremoto de 1962 significó para sus ojos de inocencia infantil, solo un revoltijo de chatarras con las que se anunciaba el fin de los tiempos y muy distante de la que, se dice, sintió Simón Bolívar en el año 1812 en el terremoto que destruyó a Venezuela, ocasionando unos diez mil muertos, recién consolidada su independencia de la corona española y ante lo cual, con el desespero del hombre con vocación del espejismo de poder humano exclamó: “Si la naturaleza se opone, lucharé contra ella y haré que me obedezca”. Obviamente, mi presentimiento fue la del terremoto y nada más. Era una atmósfera pesada, un aire calenturiento, sofocante, una especie de movimiento incesante en el mundo infinitamente pequeño, ese mundo invisible a los ojos, pero presente en los poros de la piel, el aire que se respira, en las imágenes que rondan el pensamiento. De hecho, durante la noche desperté varias veces con la sensación de ver caer el mundo. Como siempre, pensé que era otra de las percepciones Kafkianas de estos tiempos, que crean la ficción de sentirse un escarabajo para iniciar otra jornada plena de cotidianidad o, en su defecto irracional, el caer en el abuso cada vez más frecuente de muchos impostores, al arroparse de iconografías religiosas, para hacerse notar como elegidos, tan de moda en estos tiempos que corren.

Y, efectivamente, a las siete y treinta y cuatro minutos de la mañana, ese Diez de agosto de 2026, comenzó otra especie del fin del mundo, un estremecimiento del suelo terráqueo, que nos tuvo en la realidad del caos e incertidumbre durante un minuto y medio, dejando a su paso la destrucción material y de vidas en campos y ciudades de Colombia. Por supuesto, al ir pasando esos segundos largos de terror y sostenidos por las ganas de vivir ante el fracaso, comencé a experimentar una especie de soledad compartida entre los llantos y el pánico de hombres, mujeres, niños y mascotas. Era otro terremoto que nos recordaba de nuevo, la fragilidad de la vida.

También en esos instantes, uno siente reducir el mundo a un metro cuadrado en el que todo parece derrumbarse indefectiblemente hasta quedar la absoluta oscuridad y el ruido telúrico, escabroso del inframundo. Después de minuto y medio fatídico, la ciudad ya era otra. Su paisaje urbano y natural lleno de optimismo y frescura, se fue llenando del polvo gris huracanado que revoloteaba con desenfreno y parecía perseguir las sirenas de ambulancias y ruidos de motores de autos en estado de aceleración, escapándose de los edificios que perdían su poder ingenieril ante la fuerza de la gravedad y lloraban con sus grietas de paredes y roturas de vigas y columnas, hasta derrumbarse junto a los sueños de sus habitantes que perecieron entre los escombros. Los otros, afortunadamente, en gran mayoría, pudieron sobrevivir Y claro, esos ojos aterrados de pobladores que con su mirada al cielo imploraban otra oportunidad para levantarse con vida y optimismo ante esta nueva prueba del poder de las fuerzas naturales frente a la fragilidad de los íconos humanos del poder y la vanidad.

Pero como ha sido la historia de nuestra bella ciudad, comenzó a despertarse, al mismo tiempo, ese gran testimonio cívico típico Manizaleño de humanismo que, con la solidaridad, también hace despertar la fortaleza y fraternidad ante el dolor de la tragedia. En ese contingente de optimismo, resiliencia e identidad con todo un pasado de una cultura edificante de valores vitales, todas y todos los habitantes debemos asumir que es nuestra hermosa Manizales, el centro del propósito colectivo de una nueva puesta en escena de sus hijos e hijas que juntos renacemos y crecemos, esa práctica poética cotidiana que un gran amigo suele  llamar “Las micro poéticas” vitales en medio de la dificultad, sin miramientos doctrinarios de ningún tipo, ni ideologías religiosas o políticas. Es el afecto aglutinante y sentimiento de compromiso ciudadano a la que nos convoca Manizales, una vez más, como reza uno de los hermosos versos de nuestro himno: “Manizales beso tu nombre que significa Juventud”.

 Manizales, agosto 19 de 2026

* Mg en Educación y Cultura. Actor, director de teatro. Integrante Teatro Portátil

 

 

Después del terremoto, recuperar las rutinas y apoyarse en otros ayuda a contener el impacto emocional

Al menos 239 muertos, más de 3.000 heridos y miles de viviendas afectadas dejó el terremoto del 10 de agosto en Colombia.

Más de 250 muertos, 3.000 heridos y miles de viviendas afectadas dejó el terremoto del pasado 10 de agosto. A estas pérdidas se suma una huella menos visible entre quienes lo vivieron: los efectos emocionales; por eso todavía sienten miedo ante una réplica, no pueden dormir o permanecen en alerta aunque el peligro ha pasado. Expertas de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) explican cómo afrontarlos durante los primeros días.

Para algunos, el terremoto significó perder en segundos la casa, un familiar o buena parte de lo construido durante años. Otros no estuvieron entre los damnificados directos, pero sí sintieron crujir las paredes de sus viviendas, vieron balancearse los edificios, tuvieron que detener el carro mientras la vía se movía o salieron a la calle sin saber qué estaba pasando. Tres días después, incluso lejos del epicentro, hay quienes se despiertan en la madrugada con la sensación de que la cama se vuelve a mover.

Ese miedo que permanece después de que pasa el peligro también forma parte de la emergencia. El sismo de magnitud 7,4, con epicentro en San José del Palmar (Chocó), afectó 13 de los 32 departamentos del país, con graves consecuencias en ciudades como Pereira, Cali, Manizales, Buenaventura y Quibdó. Mientras continúan las labores de búsqueda y rescate, el desastre abre el menos visible frente de cómo procesar emocionalmente una experiencia capaz de cambiar la vida de un momento a otro.

En los primeros días no todas esas reacciones significan que exista un trastorno psicológico. Judy Constanza Beltrán, doctora en Psicología y neuropsicóloga del Hospital Universitario Nacional de Colombia (HUN), explica que después de un evento traumático puede aparecer estrés agudo, una respuesta que se puede expresar en desorientación, ansiedad, problemas para dormir, sensación de estar fuera de la realidad e incluso dificultad para tomar decisiones tan sencillas como qué comer o qué hacer primero.

“Estos síntomas suelen durar algunas semanas, pero si duran más de un mes pueden evolucionar hasta la ansiedad, la depresión e incluso el estrés postraumático”, asegura.

Por eso, durante esta primera etapa la prioridad no es exigirle a la persona que “supere” rápidamente lo ocurrido, sino ayudarla a recuperar poco a poco la sensación de seguridad y control.

La experta señala que la atención inicial se debe concentrar en la contención emocional y en reconstruir las rutinas más elementales que el desastre interrumpió, como comer, dormir, conversar y permanecer en contacto con otras personas.

“En la segunda semana hay que identificar qué personas están en riesgo de complicaciones, para hacer intervenciones más específicas como psicoterapia”, indica.

Aunque volver a lo cotidiano puede parecer un asunto menor frente a una emergencia de esta magnitud, ayuda a ordenar una realidad que de repente se volvió incierta.

La profesora Carmen Elvira Navia, directora del Servicio de Atención Psicológica de la UNAL, coincide en que la familia, los amigos y las redes cercanas se pueden convertir en un primer soporte para quienes todavía intentan comprender lo ocurrido.

“No siempre hay forma de enfrentarlo con psicoterapia, pero el apoyo social que viene de amigos o incluso de la religión o las creencias espirituales es fundamental para intentar conectar nuevamente con la realidad y contextualizar a la persona sobre lo que está pasando”.

Acompañar, escuchar y observar

Después de un terremoto, la urgencia por resolverlo todo puede aumentar la sensación de descontrol, como por ejemplo saber dónde dormir, cómo recuperar documentos, qué hacer con una vivienda averiada, localizar familiares, o simplemente decidir cuál problema atender primero. Por eso la profesora Navia recomienda establecer prioridades y avanzar paso a paso en lugar de intentar solucionar simultáneamente todas las consecuencias de la emergencia.

También aconseja concentrarse en las actividades del día a día y recurrir a ejercicios de respiración cuando aparezcan episodios de ansiedad o miedo persistente. “Recordarle a la persona que la situación de peligro ya pasó, que no debe resolver todos los problemas al mismo tiempo, y que debe darles una secuencia a las dificultades para evitar desbordarse”, añade.

Esa necesidad de recuperar la seguridad puede ser especialmente difícil mientras continúan las réplicas y permanece la incertidumbre. El cuerpo puede seguir reaccionando como si el peligro continuara; por eso cualquier ruido, vibración o movimiento puede devolver por unos segundos la sensación del terremoto. Al respecto, las expertas de la UNAL insisten en acompañar, escuchar y observar cómo evolucionan estas respuestas durante las semanas siguientes.

Un desastre que golpea sobre vulnerabilidades anteriores

El terremoto tampoco impacta emocionalmente a todas las comunidades por igual. En San José del Palmar y otros municipios del Chocó el sismo se dio sobre un territorio que ya enfrentaba dificultades de acceso a servicios básicos y de salud, problemas de conectividad vial y presencia de grupos armados. Allí, perder una vivienda, quedar aislado o afrontar la incertidumbre sobre un familiar se suma a cargas acumuladas durante años.

Por eso, haber vivido antes situaciones extremas no necesariamente hace que un individuo sea más resistente frente a un nuevo desastre. “Es erróneo creer que las personas están acostumbradas. Cuando alguien ha vivido violencia y pobreza sostenida, su sistema de respuesta al estrés ya viene desgastado, y un evento traumático como el terremoto hace que la reacción sea más intensa e incluso dure más tiempo”, señala la psicóloga Beltrán.

A esa vulnerabilidad se suma la limitada infraestructura disponible para atender problemas de salud mental en algunos de estos territorios, lo que puede retrasar la identificación y atención de quienes necesiten acompañamiento especializado.

Además, la profesora Navia advierte que un desastre puede desbordar incluso estrategias que una persona había desarrollado durante años para afrontar situaciones difíciles. “Un desastre de la magnitud de un terremoto puede romper por completo sus mecanismos aprendidos; no se puede predecir que reaccionará mejor solo porque está ‘acostumbrada’”.

Cuando los psicólogos o los servicios especializados no están disponibles de inmediato, las redes que ya existen dentro de las comunidades son especialmente importantes. Los líderes sociales, comunitarios y religiosos pueden ayudar a escuchar, orientar y acompañar durante los primeros días, explica la experta.

“En estos entornos, los líderes naturales de la comunidad que tienen buena escucha y empatía terminan ofreciendo, de manera informal, los primeros auxilios psicológicos necesarios”, concluye.

Foto: JOAQUÍN SARMIENTO/AFP

 

El imperio de la felicidad

Casting
Las caritas felices me sonríen por todas partes. Mis pantallas lanzan rostros satisfechos que pretenden provocar en mí la misma reacción… esa de tener que ser feliz a toda costa… ¡qué martirio!
Por el contrario cada vez me siento más infeliz por esa estúpida obligación de la felicidad, tan absurda e inhumana como la verdad absoluta. Y es que todo se encadena. Los niños deben sonreír, porque es bonito verles así; los jóvenes deben estar alegres porque es su “naturaleza” de ser jóvenes; los adultos deben dar ejemplo… sonriendo a toda hora… y, los viejos no pueden mostrar amargura, porque ya deben ser sabios, serenos, prudentes, amables y adornar su rostro con muecas de felicidad.
Me atropella tanta felicidad, tanto optimismo maquillado… el de las selfies de gestos forzados para aparentar, mientras los corazones lloran de tristeza. No creo en tu mirada hipócrita, no creo en tus labios seductores, no creo en tu máscara, esa que esconde lo que eres, la que te oculta, la que te venden, porque el gran mandato es ser feliz.
Somos como los payasos, obligados a hacer felices a los demás, mientras ellos están desgarrados por dentro, como se expresa en el poema de Juan de Dios Peza, “Reír llorando”: “… yo soy Garrick, cambiadme la receta”.  Sí, por favor, cambien la receta, porque no soporto más las caritas felices, mientras que mi percepción del mundo real es otra: dolor, sufrimiento, lágrimas, injusticia, inequidad, violencia… miseria maquillada por el márketing del buen vivir, esa utopía que nos ofrecen inmisericordemente mediante el bombardeo permanente desde las pantallas, las vallas, la autoayuda y los discursos grandilocuentes de nuevos gurús que te venden cómo ser felices, porque ellos son la verdad verdadera.
Y es que alguna vez lo dijo Bruce Lee: “esperar que la vida no te ataque por ser bueno (y yo parafraseo: por aparentar ser carita feliz), es como esperar que un tigre no te ataque”.
Foto Carita feliz en el Parque Caldas. (Fotografía: Carlos Mario Uribe).
* Poeta, anacronista y pintor; editor de «ojo con la gota de TiNta (una editorial pequeña e independiente)».

Nueva mirada al viejo continente

Salir del país constituye una gran oportunidad para entender que el mundo se extiende de una manera increíble, como las costumbres, las comidas, las diversiones y en general todos los aspectos que conforman la convivencia, por eso hay que saber entender y asimilar las culturas para poder primero expandir la mente y segundo disfrutar plenamente el viaje.

Esta vez salimos en agosto del 2025 por un mes para Europa a visitar a nuestras dos hijas y sus familias. Silvana vive con su esposo Willem en Bélgica en la localidad de Mol y Alejandra, la mayor, vive en Barcelona con Ignacio (Nacho) su esposo catalán y nuestra nieta Julia de diez años. Estuvimos tres semanas con Silvana y Willem y luego la última semana con Alejandra, Nacho y Julia. La idea era hacer el recorrido sin afanes y, sobre todo, como ya habíamos viajado varias veces, hacer los programas más especiales que permitieran disfrutar esas ricas culturas. Ya veremos.

Cada vez que se tiene la oportunidad de viajar a Europa no deja de sorprender la forma como las personas cuidan su entorno, respetan las señales de tránsito, sean semáforos, cebras, pasos preferenciales, y colaboran para que todo funcione adecuadamente, sin temor a normas o restricciones, lo hacen por convicción y formación en el ejemplo. Otra cosa es la puntualidad marcada por los estrictos horarios de los trenes, buses y aviones. Igual sucede con los paraderos de buses y las zonas de acopio de taxis, están demarcados y se respetan, aunque nadie vigile.

En los aeropuertos internacionales, como los de Madrid, Bruselas y Barcelona, la señalización es muy clara y está en varios idiomas, los paneles con la información de llegada y salida de los diferentes vuelos están por doquier. Vale decir que parecen ciudades por la cantidad de almacenes, librerías, bares, restaurantes, salas de espera, sanitarios muy limpios como las demás áreas, mostradores para atención de los viajeros, etc. Es impresionante y funciona 24 horas.

Bélgica se divide en tres regiones federales: Flandes (Región Flamenca) al norte donde se habla neerlandés, Valonia (Región Valona) al sur, predominantemente francófona y Bruselas-Capital el corazón bilingüe del país. La localidad de Mol se ubica en la región flamenca de la provincia de Amberes con una superficie de 114.3 km² (Manizales tiene en su área urbana 508 km²). Un vividero muy tranquilo, con sitios muy agradables para disfrutar la comida y los helados belgas en Isidoor Ijs (“El helado resuelve todo”) y las hamburguesas donde Mr. Faluche. Tiene casas campestres con extensiones de tierra en donde los lugareños cultivan sus productos o tienen sus animales. Muchos de sus habitantes trabajan en municipios cercanos y se desplazan en tren, buses intermunicipales o en sus vehículos.

En Bélgica el tema de las cervezas es un capítulo aparte, su rica tradición cervecera sigue vigente. Existen unas 400 cervecerías en el país, considerando grandes industrias internacionales y pequeñas destilerías artesanales. Hay aproximadamente 1.600 cervezas belgas originales. La mayoría de las cervezas se embotellan, rara vez se enlatan, y casi todas tienen su vaso o copa de forma exclusiva. El uso del vaso correcto mejora, supuestamente, el sabor de la cerveza. Los diferentes tipos de elaboraciones son: Las cervezas trapenses elaboradas por monjes o bajo su estricta supervisión dentro de monasterios. Las cervezas de Abadía y Ale Rubias Fuertes, se inspiran en las recetas históricas de los monasterios, aunque algunas son producidas por fábricas comerciales.  Y las cervezas de Trigo y Frutales.

La gastronomía belga tiene influencia de varias culturas: la francesa, la del norte de Europa y la propia. Sus elementos claves  son el chocolate, la cerveza, los mejillones, las patatas fritas y las endivias. Veamos algunas de sus características:

Moules-Frites (Mejillones con patatas fritas): Es el plato nacional por excelencia. Los mejillones se cocinan al vapor (generalmente con vino blanco, ajo y cebolla) y se sirven acompañados de una buena porción de crujientes patatas fritas belgas.

Carbonade Flamande: Un reconfortante estofado de ternera cocinado a fuego lento con cerveza negra belga, cebolla y especias. Su sabor es ligeramente dulce y combina a la perfección con puré de patatas o frites.

Gofres (Waffles): Famosos a nivel mundial, destacan dos variedades: el de Bruselas (rectangular, ligero y crujiente, ideal para comer con nata, fresas o chocolate) y el de Lieja (más pequeño, denso y con azúcar caramelizado en su interior).

Patatas fritas belgas (Frites): Son un símbolo nacional. Tienen el secreto de ser cortadas más gruesas y freírse dos veces en grasa (tradicionalmente de buey), logrando un interior tierno y un exterior súper crujiente. Se sirven en conos de papel con una amplia variedad de salsas, como la salsa andaluza o la mayonesa tradicional.

Viajar en tren por Europa constituye una grata experiencia no solo por la comodidad, la velocidad de desplazamiento, los paisajes en su recorrido y muchas otras cosas gratas. Los vagones son limpios, las sillas adecuadas y la información en altavoces y pantallas es la pertinente, además en varios idiomas. Las estaciones del tren constituyen otras sorpresas, pero nada comparable con la de Amberes, conocida como la “Catedral del ferrocarril”, y desde luego no desmerece este apelativo, porque es una estación de tren impresionante, no sólo de Flandes, sino del mundo.

Recordar es vivir.

LaEstación Central de Amberes, también llamada “Antwerpen Centraal” (su nombre original en neerlandés) fue construida entre 1895 y 1905 y sustituyó a una estación construida en 1854 por el ingeniero Auguste Lambeau. Pero fue el rey Leopoldo II quien, a finales del siglo XIX, ordenó construir una estación que pudiera conectarla con el resto de Europa. Louis De la Censaire, se encargó del espectacular hall, que por petición del rey de Bélgica está inspirado en la estación Lucerne de Suiza y el Panteón romano. Construido en piedra, tiene elementos neo-renacentistas e influencias del Art Nouveau y del neo-barroco. Sus impresionantes columnas dóricas, jónicas y corintias, y el hecho de que está decorada con más de veinte tipos diferentes de mármol y piedra, hacen que se conozca a esta estación como el “Templo de mármol”.

Los andenes están cubiertos por una enorme bóveda de hierro y cristal, que fue restaurada en los años 90. Tiene 185 metros de largo y 44 metros en su punto más alto. La plataforma y las vías originales están elevadas y los dos niveles inferiores se agregaron más tarde para la conexión del tren de alta velocidad a Ámsterdam y París. La Estación Central consta de cuatro niveles y catorce pistas para los diferentes trenes que llegan o salen.

Y ya estando en Amberes, capital mundial del comercio de diamantes, una visita obligada es ir a un buen restaurante y a la sombra de la Catedral de Nuestra Señora de Amberes, en el centro histórico se encuentra el edificio que hoy alberga desde 1425 el Elfde Gebod Cathedral, sobreviviendo a varias guerras y conflictos. En un momento dado, pasó a ser propiedad de la iglesia y se le conocía como Het Paradijs (“El Paraíso”). Este es el restaurante más antiguo de Amberes. Su nombre en neerlandés significa “undécimo mandamiento”: Beberás cerveza y disfrutarás de la vida.

Pero lo más singular del restaurante es su interior, repleto de una magnífica colección de arte cristiano que incluye estatuas y figuras antiguas de Jesús, María, santos y ángeles, además de algún que otro objeto con contraste irreverente. La música ambiental obviamente no es religiosa. Las bebidas, la comida, la atención y todo lo demás inigualables. Para ir a la fija hemos pedido los típicos: Moules-Frites (Mejillones con patatas fritas) y Carbonade Flamande.

Al salir satisfechos llegamos a la plaza al frente de la catedral en donde encontramos en el piso una figura escultórica de un niño y su perro, abrazados y cobijados con periódicos, un homenaje a Nello y su fiel perro Patrasche. Él, un huérfano que no pudo estudiar por ayudar a su abuelo a repartir leche en un carro que tiraba su perro, el cual habían encontrado muy maltrecho y lo recuperaron. A Nello le gustaba dibujar por lo cual cada vez que iba a la ciudad con su perro visitaban la catedral para admirar las pinturas de Rubens. En un diciembre, con un invierno muy severo, quisieron asistir a una exposición del pintor en la catedral, pero la entrada era pagando por lo cual no pudieron entrar y se quedaron a la intemperie. Al día siguiente los encontraron congelados por el penetrante frio y ventisca.

Los juguetes han sido parte esencial en nuestras vidas, siempre recordaremos nuestro preferido. A través del tiempo se han desarrollado, evolucionado y adaptado diferentes tipos de ellos, utilizando todo tipo de tecnologías. En Malinas son plenamente conscientes de esto y han sido capaces de reunir una de las colecciones de juguetes más grandes de toda Europa en el Museo del Juguete en una edificación de cuatro plantas.

En la primera planta vemos, a través de diferentes salas, una evolución, desde los juguetes más primitivos encontrados en Flandes hasta los más actuales. Durante este 1recorrido por la historia del juguete, encontramos una gran colección de muñecas de todo tipo, juguetes móviles, hasta llegar a los videojuegos. En otra de las plantas encontramos salas dedicadas a marcas de juguetes míticas, como Playmobil o Lego, con varias maquetas gigantes y figuras de tamaño real. Además, hay salas dedicadas a famosas sagas cinematográficas que han sido protagonistas de una gran cantidad de juguetes, como Star Wars,  a tipos específicos de juguetes, como los coches, o juegos de mesa, y a juguetes típicos de todas las zonas del mundo.

El recorrido está ilustrado con paneles que narran aspectos del desarrollo e importancia de los juguetes tanto para los niños como para aquel que llevamos oculto los adultos y no debemos dejar crecer para no frustrar la imaginación y el asombro que caracterizan a la infancia. Muy diciente:

Todo el mundo juega. Pequeños y grandes, jóvenes y menos jóvenes, todos jugamos a lo largo de nuestra vida/Cada uno juega a su manera. Y tú también. ¿te gusta reflexionar largo tiempo? o ¿prefieres obrar rápidamente? En esta sala podrás descubrir qué tipo de jugador eres./Nada más sencillo: juega los juegos que más te gusten. No olvides observar cómo juegan los demás./Es el momento de dar alegría a tu corazón.

También en Amberes encontramos el Museo del chocolate en donde logramos una visión amplia sobre el cacao y cómo se transforma en esos deliciosos chocolates de fama mundial como Côte d’or o Leonidas. Se puede ver en acción a los maestros chocolateros preparando sus diversas variedades que luego podremos degustar. Al final del recorrido hay fuentes de chocolate: blanco, ruby, con caramelo, con leche y negro. Te proporcionan cucharitas para poderlos degustar y en la tienda podrás hacer tus compras.

Una visita a la región francesa de Champagne para conocer la cuna de ese tradicional vino espumoso, los cultivos de diferentes uvas, su elaboración, los pasajes subterráneos en donde se guarda su producción y enterarse en una visita guiada que incluye el recorrido a 18 metros de profundidad y la respectiva degustación, es una gran aventura. Es obligado visitar en Reims después de recorrer su catedral, en la plaza san Nicasio, la Maison Taittinger, sede de esta champaña de fama mundial.

El recorrido en carro por cómodas autopistas en las cuales no se pagan peajes, permite apreciar las extensas áreas de cultivo de maíz usado como forraje para alimento del ganado, de la misma manera apreciar la cantidad de molinos modernos de energía eólica, conocidos como aerogeneradores, que transforman la energía cinética del viento en electricidad.

Quedan muchas historias en el tintero como la emblemática tienda de Le Petit Prince en todo el centro de París, el espectacular hotel Van der Valk en Luxemburgo con amplias y cómodas habitaciones en donde tienen un asistente robot para colaborar en el comedor, el Manneken Pis en Bruselas, la abadía de Orval y su deslumbrante construcción que data del siglo X, ocupada por monjes benedictinos venidos de Italia que se instalaron allí en 1070, el emblemático sitio de la batalla de Waterloo al sur de Bruselas, en donde Napoleón fue derrotado, el recorrido por Pelckmans un gigantesco almacén en donde se encuentran desde una planta de adorno hasta una piscina para una finca. Lo relativo a Barcelona merece otro capítulo que espero complementarlo en nuestro próximo viaje ahora en agosto.

Profesional en Filosofía y Letras Universidad de Caldas.

“Fragmentación y búsqueda de unidad”. La atormentada poética de Alejandra Quintero

Una multiplicidad de espirales que se acercan y se tocan, le dan forma a la compleja estructura de la obra poética de Alejandra Quintero (Cali, 1960). En la poesía de esta doctora en letras y profesora de Literatura, una multiplicad de ondas temáticas giran sobre si mismas, aparecen y desaparecen, para luego reaparecer, en rápidas y móviles constelaciones de las que solo percibimos resplandores, no la unidad de un tema que se aborda, se desarrolla y agota en la forma lógica y lineal, sino las refulgentes curvas de un bucle que se sobrepone sobre su propia continuación, sobre sus curvas hacia “abajo” o  hacia “arriba”; en un cúmulos de “signos en rotación” moviéndose hacia lo profundo o hacia la superficie del otro poema, en donde vemos reaparecer el mismo motivo de uno anterior; o los significados de un libro posterior que, misteriosamente, nos dan la siembra que revela los sentidos latentes en uno previo que ya hemos leído. Así, los motivos de su poesía siempre están en fuga, porque el Dasein del ser-poeta también lo está (sobre todo en fuga ontológica de si misma); por eso ambos, poesía y poeta, están en movimiento fluido de permanente presencia-ausencia.

La obra poética reunida de Alejandra Quintero “Devenir de la ausencia” (2022), se resuelve a través de resonancias intradiegéticas con ella misma, y con nosotros como lectores, sobre los avatares existenciarios que desocultan nexos entre una y otra versión del mundo poético de la escritora; permanentes flujos-reflujos desequilibradores, resultado de la pugna con la vida, que la poeta emite con alta intensidad a su lector, situándolo frente a imágenes de traumáticas reacomodaciones y transformaciones vida/muerte, pulsión de vida y desesperanza, desasosiego y anhelo, el lodo del desamor y su antagónico: el éxtasis y la euforia. Series de duplas ligadas, pero trágicamente inconexas y en desarmonía entre ellas mismas que, en su vertiginoso movimiento espiralado, unas veces revelan un lado de la cara y en otras, la otra. Porque la espiral, no ordena secuencialmente los acontecimientos en el tiempo, no los separa causalmente, ni alinea su sentido: en este tipo de estructura (“loco” crono-topo poético), y en esta forma de ser del ser: el devenir ausencia, como el titulo de su obra lo manifiesta, el pasado, el presente y el futuro coexiste en un juego “siniestro” de apariciones y desapariciones.

Invoco aquí el poema “Existencia”, penúltimo del libro “La mirada de sal” (2004), que funge, para mi, como uno de los portales o entradas fundamentales a este complejo sistema, que acciona no uno sino múltiples pasadizos, ventanas, túneles, válvulas y puertas giratorias y, por lo tanto, opera como origen-delta, dinámico y multicausado, de cascadas de signos poéticos de la obra de Quintero:

XXIX. Existencia

“Sobre la multiplicidad me hago y me deshago.
Construyo
desbarato mis castillos
los laberintos iluminados donde suelo volar.
¡Astros perfectos definiendo el contorno de mi noche!
¡Soledad!
¡Demonios por los que rehago mi juego!
¡Por los que rompo mis ataduras!
Ser otros
todos
ninguno.
Déjalos ser
déjalos ser en su propio paraíso.

Nos abandonaron los dioses.
Crecimos a una orilla del paraíso buscando adentro un dios rebelde.
Hurgando con mirada sin final el río
dejándolo pasar
ser años
huyendo de la sombra que siempre caminó a nuestro lado.

Siempre el sueño nos reveló otra verdad que al despertar se extinguió encandilada con el día.
Y tuvimos que aceptar figuras de trapo a cambio
y ancestrales dinosaurios colgando de los árboles
y enormes frutos rodando bajo los cascos de los caballos.

Después de muchas noches he vuelto a soñar.
Quienes hace mucho tiempo no veía volvieron con un lenguaje que creía olvidado.
Y volvió el fuego de las dos de la tarde en calles empolvadas.
Desérticas dos de la tarde
agobiantes dos de la tarde cuando no hay esperanza de sombra
anónimas dos de la tarde en que pedí a mis pasos establecer su propio rumbo para no tener qué pensar.

Y cuando fui en el sueño cuerpo que se deja llevar
otros dentro de mí hablaron
otros reclamaron ser golpeando mi corazón y mi espalda desde adentro
otros
ángeles y demonios
otros
pidiendo romper mis ataduras.” [1]

Traigo, e izo este poema-símbolo, lo mas visiblemente posible, para dejarlo sembrado como índice y clave de interpretación de la onto-estética de Elvira Alejandra Quintero.

Este fragmento de la obra de la poeta, que constituye, para mi, un manifiesto ontológico, me permite observar el fondo abisal de sus constelaciones de vivencias, pues como ella lo afirma: “No me interesa fantasear, persigo la realidad existencial, eso tiene que ver con la profundidad de la indagación existencial individual y ese choque con los elementos de la realidad histórica en que nos movemos (…) pasar de la vida a la palabra es un trabajo fuerte, que mi poesía logre ser fiel, que no sea mentirosa, sino que logre construir la imagen de ese desgarramiento, del asombro, del desconcierto.” [2]

De este modo, la poeta se auto constituye como lo primeramente interrogado, desde la pre-comprensión de sí, como ser arrojado y fragmentado, dando lugar a re-flexiones circunvaladas y a las rotaciones a las que antes me he referido: bucles líricos girantes, devenidos meditación sobre el tiempo como origen, recuerdo, nostalgia, mecánica de cronos y kairos, y sobre el espacio, cuánticamente doblado en ciudad, barrio, esquina, casa, hogar, campo, territorio. Resultado filosófico de un pensar-se, entendiendo lo que dice Heidegger, que: “Sin embargo, o precisamente por eso, el Dasein es ontológicamente lo más lejano. Ciertamente a su modo más propio de ser le es inherente tener una comprensión de este ser y moverse en todo momento en un cierto estado interpretativo (***) respecto de su ser.”[3]

Desde el origen de ambas agrupaciones de motivos, encuentro marinada en una profunda melancolía, el magma de una poesía atormentada que busca desesperadamente la unidad, impulsada por el anhelo metafísico de comunión con el origen, de restauración del vinculo con la otredad, de una posible (siempre fallida) re-unión con el mundo a través de una eventual “fe” en la “iluminación”, a su vez, producida por un laborioso trabajo con la palabra y la belleza.

Con ese telón de fondo y en medio de ese atormentado tour de forcé ontológico, percibimos como se activa, y se instala, en la poética de Quintero, la fragmentación como principio de incertidumbre en su vida, y como clave creativa de su obra.

Ahora encontramos la develación. Los canales por entre los cuales fluye esa existencia en estado de fragmentación, producto de múltiples obstrucciones, han acumulado tanto oxigeno que, al aumentar circunstancialmente la presión, la válvula de regulación creadora, a la más mínima apertura, explota y libera el fluido, esparciendo esquirlas sobre la superficie simbólica que privilegia la existencia de Quintero: el poema. Entonces, en un estertóreo devenir, este “percepto” (la fragmentación como principio dinámico de su existencia, y como clave creativa de su obra ), se expresa en versos episódicos, párrafos impensados, alusiones y manifestaciones sobre: El doble, la visión fragmentada e idílica del padre, el origen de la desesperación, el fenómeno bifronte apego/desapego, la precipitud, el final y el comienzo como muerte permanente, la vida en caída, el paraíso perdido de la infancia,  la cara oculta (penumbrosa) de la dicha, la irreversibilidad existenciaria, el sinsentido del tiempo, entre otros cúmulos de imágenes-mundo.

Al auto-percibirse en fragmentos, a la vez lejanos y cercanos, la comprensión de sí, exige la disposición permanente hacia una actitud meditativa que busca asir lo des-integrado y devolverlo a su unidad, y para ello, se empeña en develar las claves de los mecanismos que gobiernan la existencia, y al mismo tiempo, elaborar un imago como sistema (una poética), de articulaciones, tramas y veladuras, a través de las cuales, da cuenta del sentido pre ontológico de sus heridas: “La escritura siempre fue para mi la expresión de un acto de buscarme, en el sentido de que toman forma las ansiedades, las preguntas que siempre han tenido que ver con el estar, con el mal estar del estar; porque, aunque sé que hay bien estar, en gran medida pesa mas el mal estar…¨[4]. Por eso la poesía de Quintero está permanentemente inclinada hacia la reflexión. Porque la poeta esta en permanente comparecencia ante sí misma, pasando, en cada obra transitoriamente terminada, del estado de comprensión al de contemplación.

Quiere decir esto, que el ser, trágicamente, no logra recobrar la unidad, pero la poeta, en su contemplación, si puede acceder a los significados profundos e implicaciones vitales de la imposibilidad del intento, y a la complejidad de sus sentidos: “Sinceramente -nos dice- creo que hay algo que buscamos con la poesía y con la escritura, y es la valentía; lograr la valentía que en la vida material solemos no tener. ¿Qué me ha impedido? la cobardía. De lo que me he dado cuenta, con el paso de los años, es que había cosas que me planteaba de una manera y que no eran así, que había otra forma. De alguna forma hay cosas que son más livianas de lo que las percibía antes. (…) en la juventud había mucho laberinto que con los años se va limpiando y las preguntas ya no son esas.”[5] . Así, la existencia, como devenir-angustia, continúa, pero el conocimiento sensible-poético calma, por eso mismo, la poeta siempre aplaza la huida definitiva, porque sabe que no hay nada definitivo.

Referencias

[1] (Quintero, Elvira Alejandra, “Devenir de la ausencia”, Vinciguerra, Buenos Aires, 2022, pág. 195).

[2] Quintero, Alejandra, entrevista con Mario Valencia, Julio 24-2026, Popayán.

[3] Sic. Heidegger, Martin, Ser y tiempo, Trotta, Madrid, 2016, pág. 36.

[4] Quintero, Elvira Alejandra, entrevista con Mario Valencia, Julio 24-2026, Popayán.

[5]  Quintero, Elvira Alejandra, entrevista con Mario Valencia, Julio 24-2026, Popayán.

* Escritor.

Banda de Caldas campeona en el Mundial de Bandas en Kerkrade

El sueño de miles de niños, el legado de décadas y el trabajo incansable de todo un departamento alcanzaron la cima del mundo. La Banda Sinfónica Juvenil de Caldas se coronó campeona del Mundial de Bandas de Kerkrade en Países Bajos, logrando un triunfo histórico que hizo sonar el Himno Nacional de Colombia desde lo más alto del podio y confirmó que, desde Caldas, el talento, la disciplina y la educación pueden conquistar cualquier escenario del planeta.

La emoción inundó a toda la delegación caldense al conocerse el histórico resultado que convirtió a la Banda Sinfónica Juvenil de Caldas en campeona mundial. Detrás de este logro hay años de disciplina, esfuerzo, talento y el compromiso de cientos de personas que han creído en el poder transformador de la música.

Con este triunfo, los jóvenes músicos no solo representaron al departamento, sino que hicieron sonar el Himno Nacional de Colombia desde lo más alto del escenario mundial, demostrando que desde Caldas se forman artistas capaces de conquistar los escenarios más exigentes del planeta.

El gobernador de Caldas, Henry Gutiérrez Ángel, afirmó que este campeonato mundial es el resultado del esfuerzo colectivo de cientos de personas que han creído en el poder de la música para transformar vidas y abrir oportunidades a los jóvenes del departamento.

“Es un logro espectacular, un logro que nos visibiliza a nivel mundial gracias al trabajo denodado, continuo e incansable de esos 54 muchachos, provenientes de los municipios y corregimientos de Caldas. Detrás de este triunfo están sus profesores, sus padres, sus familias y los amigos que los rodean, trabajando conjuntamente para hacerlo realidad. En la Gobernación de Caldas estamos de plácemes. Hacemos un reconocimiento inmenso a nuestro director, Juan Sebastián Velasco; a todos los profesores de música de Caldas; al diputado Beto Bedoya, que tiene el alma comprometida con este proyecto; a la Asamblea Departamental, que nos ha apoyado incansablemente; y a nuestra Secretaría de Educación, con el doctor Luis Herney Vargas, que hoy está en Holanda gozándose y llorando con los muchachos este histórico triunfo.”

El director de la Banda Sinfónica Juvenil de Caldas y coordinador del Programa Departamental de Bandas, Juan Sebastián Velasco Serna, aseguró que el campeonato mundial representa el esfuerzo de todo un departamento.
“Parece un sueño hecho realidad para muchas familias y para toda una familia bandística. Este no es solo un logro musical; es el resultado del trabajo de los padres, las madres, los rectores, la Secretaría de Educación, el gobernador de Caldas, el diputado Beto Bedoya y de todo un departamento que creyó en este proyecto. Acá están 54 jóvenes representando a los cerca de 18 mil niños que hacen parte de nuestro Programa Departamental de Bandas. Ganamos todos. Este triunfo es de Colombia, un país que demuestra al mundo que es arte, música y paz.”

La obtención del título mundial ratifica el liderazgo de Caldas como referente nacional e internacional en formación musical y fortalece el legado del Programa Departamental de Bandas Estudiantiles de Música “Hernán Bedoya Serna”, una iniciativa que durante décadas ha transformado la vida de miles de niños y jóvenes a través de la educación artística.

* Con información de la Gobernación de Caldas.